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    Editor Jefe
  • feb 03, 201122:41h
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The Economist, sobre el mercado inmobiliario en Cuba.

PD: Traducción al español de Rolando Cartaya:

¿Permutamos? Cuando una casa en la playa puede ser (casi) suya por una calderilla

The Economist, 3 de febrero de 2011

Al gobierno de Cuba le gusta alardear de que más del 85% de los cubanos son propietarios de sus viviendas. La afirmación es técnicamente correcta. Sin embargo, hay una trampa: poseer el título de una propiedad no da derecho a venderla. La única manera legal de mudarse en Cuba es intercambiar residencias, un proceso lento, burocrático y a menudo corrupto, que se conoce como “la permut”a, y que requiere encontrar dos propiedades más o menos similares y obtener la aprobación del Estado. Para evitarse este trajín, algunos cubanos prefieren casarse con el dueño o dueña de una propiedad, transferir la escritura, y divorciarse.
Debido a que no se incentiva la construcción de nuevas viviendas, Cuba sufre una grave escasez habitacional. Muchos edificios han sido subdivididos una y otra vez. En algunas familias, tres generaciones comparten un cuarto.
Después de que Raúl Castro reemplazara a su hermano como presidente en 2008, ha legalizado y gravado segmentos de la economía informal de Cuba, como las ventas de DVDs pirateados y de muebles de uso. Ahora se ha vuelto hacia el sector inmobiliario. En 2010 el gobierno relajó las reglas sobre la formación de empresas de construcción y sobre la compra de materiales. También proyecta permitir que los extranjeros adquieran propiedades en zonas turísticas. Y en abril, se espera que el Congreso del Partido Comunista autorice a los cubanos la “compra, venta o permuta” de sus casas.
El efecto de estas medidas podría ser limitado. La mayor parte de las permutas ya involucran dinero por debajo de la mesa, desde unos cuantos miles de dólares hasta $40,000 por un elegante piso de tres dormitorios. El mercado estará fuertemente regulado: las autoridades dicen que quedará prohibida la (todavía por definir) “acumulación” de propiedades. Y los compradores podrían desalentarse si tienen que demostrar que su dinero no procede del enorme mercado negro.
El mercado probablemente se beneficiará de la relajación del embargo por parte de Barack Obama. El ha suavizado más las reglas para los viajes y las remesas, lo cual debe incrementar la demanda de propiedades inmobiliarias en Cuba y las cantidades que los compradores puedan pagar. Algunos cubano-estadounidenses están considerando regresar a la isla una vez que se jubilen. “Ahora es el momento de mudarse”, dice Ada Fuentes, quien regresó hace poco a La Habana, después de vivir 49 años en Nueva Jersey. “La vida
aquí es buena. Si tienes dinero”.

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