ABC: El ex preso político cubano Nelson Molinet Espino cumplió ayer cinco días de huelga de hambre con el objeto de reclamar al Gobierno la concesión de asilo político para regularizar su situación en el país.
La concesión del estatuto de refugiado político en España tiene ventajas pero también acarrea problemas notorios.
Como es lógico, España solo entrega el estatuto de refugiado político a aquellos cuya vida en su país de origen es imposible por la persecución que sufren. Por tanto, automáticamente pierden el derecho de visitar su país de origen; ya que sería una contradicción que pudiesen visitar el país del que tuvieron que huir por la persecución.
Creo que quienes luchan por lograr el estatuto de refugiado político, como si fuese un honor que les deniegan, deberían de sopesar las consecuencias de que por fin lograsen ese reconocimiento.
También creo que es de mal gusto organizar una huelga de hambre contra la casa donde te han acogido.
Hacer una huelga en España es notoriamente más difícil que en Cuba y tiene más mérito. Yo comenzaría por quitar, como primera medida, todos esos jamones que cuelgan de los techos en los bares de España, es un insulto.
A ver, según tengo entendido, a todos estos presos se les ofreció la residencia y permiso de trabajo. También leí que algunos rechazaron esto y en vez pedían el status de asilo político. ¿Es esto cierto y es este caso uno de ellos?
La recepción de estos ex presos fue un gesto hipócrita del actual gobierno español, logrado por el ex ministro Moratinos, un torpe elefante dentro de la cristalería de las relaciones exteriores española. Como era de esperar, ahora estas personas sufren el desconcierto y las desventajas de un limbo legal en un país agitado por el exceso de emigrantes y el desempleo. Sin embargo, opino que es de mal gusto una huelga de hambre contra los anfitriones, aunque no hayan honrado sus compromisos. Deben exigir la solución de sus problemas a través de los procedimientos legales normales, incluida la prensa. Ellos sabían a las incertidumbres y riesgos que se exponían al aceptar el destierro.
Bueno, si es el ex-preso, el de la panza grande, yo pudiera comprenderlo….
La concesión del estatuto de refugiado político en España tiene ventajas pero también acarrea problemas notorios.
Como es lógico, España solo entrega el estatuto de refugiado político a aquellos cuya vida en su país de origen es imposible por la persecución que sufren. Por tanto, automáticamente pierden el derecho de visitar su país de origen; ya que sería una contradicción que pudiesen visitar el país del que tuvieron que huir por la persecución.
Creo que quienes luchan por lograr el estatuto de refugiado político, como si fuese un honor que les deniegan, deberían de sopesar las consecuencias de que por fin lograsen ese reconocimiento.
También creo que es de mal gusto organizar una huelga de hambre contra la casa donde te han acogido.
Bueno, si lo luchan, quizas pudieran regresar a Cuba.
Hacer una huelga en España es notoriamente más difícil que en Cuba y tiene más mérito. Yo comenzaría por quitar, como primera medida, todos esos jamones que cuelgan de los techos en los bares de España, es un insulto.
A ver, según tengo entendido, a todos estos presos se les ofreció la residencia y permiso de trabajo. También leí que algunos rechazaron esto y en vez pedían el status de asilo político. ¿Es esto cierto y es este caso uno de ellos?
La recepción de estos ex presos fue un gesto hipócrita del actual gobierno español, logrado por el ex ministro Moratinos, un torpe elefante dentro de la cristalería de las relaciones exteriores española. Como era de esperar, ahora estas personas sufren el desconcierto y las desventajas de un limbo legal en un país agitado por el exceso de emigrantes y el desempleo. Sin embargo, opino que es de mal gusto una huelga de hambre contra los anfitriones, aunque no hayan honrado sus compromisos. Deben exigir la solución de sus problemas a través de los procedimientos legales normales, incluida la prensa. Ellos sabían a las incertidumbres y riesgos que se exponían al aceptar el destierro.