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Motivos para la Historia

  • dic 31, 201012:54h
  • 20 comentarios

En su hermoso poema “Tiempo de siesta”, Eliseo Diego dice ver a Asurbanipal —emperador asirio de siglo VII AC a quien los griegos llamaron Sardanápalo— concentrado en la lectura de un libro de aventuras. El emperador se siente observado por este poeta del futuro y vuelve la cabeza en busca de esa mirada inquisitiva; “pero antes de mirar a quien lo mira/han de pasar los días de aquel año/los años de su vida, más las vidas/ de Ciro y Alejandro y Empédocles y Cristo/y el tiempo con las nubes a toda prisa…”

En esta estrofa memorable se encuentra resumida, en mi opinión, la motivación principal de cualquier vocación por el estudio de la historia, ya sea de los profesionales en ese campo, es decir, de los historiadores, como de aquellos que de manera más libre, aficionada y lúdica nos acercamos al estudio del pasado y que bien podrían llamarnos “historiófilos” o amantes de la historia. Unos y otros creemos —confesa o inconscientemente— que es posible salvar o anular el tiempo que media entre algún personaje o acontecimiento del pasado y el momento desde el cual se le juzga o indaga. De niño, yo tenía la fantasía de que esa anulación era factible tan sólo si podía llegar a conocer todos los sucesos que habían mediado, por ejemplo, entre la época de María Antonieta y la mía. El dominio de todos y cada uno de los eventos ocurridos en los años de esa mediación constituía la clave para suprimir el tiempo que me distanciaba de la guillotinada reina de Francia y convertirme en su contemporáneo. El interés por la historia siempre se afinca —creo— en la pertinacia de esa ilusión.

Es difícil sobreestimar la importancia del conocimiento de la historia en la convivencia civilizada de Occidente, como difícil es condenar lo bastante la ausencia de ese conocimiento. El descuido del estudio de la Historia, si no su franco abandono, ha venido ocurriendo en muchos países durante varias generaciones. En Estados Unidos, que sienta pautas en tantas disciplinas, se ha visto sustituido en el currículo de la educación secundaria por ese engendro al que se le ha llamado “Estudios sociales”, que se arma con retazos de historia, geografía y algunos rudimentos de sociología y antropología para dar lugar a un híbrido plagado de obviedades que no contiene ningún saber auténtico. Son muchos los norteamericanos, incluso de rango profesional, que tienen, gracias a estas deficiencias académicas, una versión torpe y nebulosa del tiempo y del espacio en que se inscribe la civilización a la que pertenecen. Las graves secuelas de esta ignorancia se reflejan fielmente en la crisis de nuestra sociedad.

Tiempo y espacio —cronología y geografía— son los rigurosos parámetros que determinan el conocimiento de la historia. Son disciplinas o instrumentos que es preciso dominar antes de emprender cualquier estudio histórico medianamente serio. Una amiga, a quien ayudo en la redacción de sus memorias, me reprocha mi “obsesión con las fechas”, que ella tiene bastante dispersas en sus recuerdos; sin embargo, no es posible contar el hecho histórico sin esa referencia temporal, como tampoco es posible sustraerlo al sitio exacto donde tuvo lugar. Si mencionamos el descubrimiento de América por Cristóbal Colón estamos refiriéndonos a un evento que ocurrió el 12 de octubre de 1492 en una isla de las Bahamas que sus naturales llamaban Guananí y que Colón bautizó como San Salvador. Si en nuestra conversación surge la batalla de Waterloo, aludimos a una acción de guerra que se libró en una llanura situada a unos 12 kilómetros al sur-sureste de Bruselas el 18 de junio de 1815.

Puesto que la Historia obliga a estas referencias geográficas y cronológicas es aconsejable que cualquier estudio histórico parta siempre de los bosquejos generales o de las tablas que van a fijar la secuencia temporal de los hechos y el teatro donde estos hechos suceden. Pienso, por ejemplo, que The Outline of History de H. G. Wells es un texto bastante minucioso y abarcador para brindarnos una visión panorámica del acontecer histórico, precedido de un instructivo resumen de la prehistoria e incluso de las eras geológicas que antecedieron a la aparición del hombre sobre la tierra. En su defecto, cualquier compendio de historia general puede brindarnos estos prolegómenos.

Me acuerdo que yo era bastante chico, de siete u ocho años, cuando leí el libro de Historia antigua y medieval de Leví Marrero, texto que, al igual que el de Edilberto Marbán Escobar, estaba dirigido a los estudiantes de segunda enseñanza en Cuba, y al que le agradezco el haber adquirido —aunque fuera rudimentariamente— el sentido de tiempo histórico y la conciencia de que existía un registro que iba dando cuenta de la peripecia de los seres humanos. Me acuerdo también de la perdurable impresión que me hicieron las ilustraciones de ese libro (la tumba de Tamerlán, la estatua yacente del Príncipe Negro, el Crac de los Caballeros). Casi cincuenta años después, fui a visitar la catedral de Gloucester, cuyo magnífico claustro también aparecía retratado en el libro de Marrero. Cuando le dije a mi guía la satisfacción que me daba asomarme a ese claustro, creyó que me motivaba la primera película de Harry Potter que se había filmado allí hacía poco. ¡Su sorpresa sería mayor cuando le expliqué que me inspiraba la ilustración de un texto de historia leído en español en una isla del Caribe casi medio siglo antes!

El tener en cuenta la historia —para no hablar de su conocimiento o su dominio que son palabras mayores— conlleva el sentirnos seres en el tiempo, tener conciencia de que el mundo no comenzó con nosotros y, a menos de que ocurra un cataclismo universal, no terminará con nosotros; que somos herederos, continuadores, transmisores e intérpretes de ese pasado que va a ser decisivo en la configuración del tiempo en que vivimos y del que queremos construir y legar, es decir del futuro. Prescindir del pasado —o intentar hacerlo ya que realmente no es posible— no consigue más que reducirnos a la condición de cavernícolas, empeñarnos en obtener nuestro certificado de salvajes.

Optar por la historia es, fundamentalmente, reconocernos insertos en esa concatenación de causas y efectos que los historiadores se esfuerzan en describir y explicar, en ser miembros de una civilización con sus momentos fundacionales, así como de auge y de decadencia, sucedáneos y generadores de esos hechos sobresalientes —revoluciones, migraciones, conquistas, etc.— que van marcando el rumbo y las fronteras de esos órdenes que se conocen por civilizaciones.
Occidente es, ha sido, en toda la historia de la humanidad, la más rica, compleja y pujante de esas concreciones, por natural absorción, en el marco de la latinidad, de las diversas culturas que florecieron en la cuenca del Mediterráneo, o en su inmediata vecindad, en los tres o cuatro milenios que preceden al nacimiento de Cristo en medio de la era de Augusto. El cristianismo es una levadura que ingresa la visión semita en el mundo romano. Los griegos ya habían hecho su contribución: el pensamiento especulativo, las ciencias y las artes; los judíos, por vía del cristianismo, introducirían la ética revelada, la justicia social como una emanación de la justicia divina. Roma será la vasija donde se mezclarán esas fermentaciones, Roma aportará el orden a esos ingredientes disímiles y contradictorios, el molde donde se fundirá la civilización occidental llamada por las propias fuerzas y detonantes que contiene a replicarse y extender su acción dominadora por el mundo.

Los orígenes de Occidente son inseparables del origen mismo de la historia como género literario. Los fundamentos de Occidente como concepto están en Herodoto, que nos muestra el mundo griego como cultura que absorbe y, de alguna manera, suplanta a Egipto en el Mediterráneo, al mismo tiempo que enfrenta y derrota a los persas. Occidente se define, desde el principio, en su enfrentamiento con el Oriente —un enfrentamiento que incluso puede tener un antecedente simbólico en la guerra de Troya— que llega hasta nuestros días. Cambian los actores —culturas, religiones, naciones—, pero el conflicto sigue siendo el mismo y los lindes del encuentro fluctúan a lo largo de la misma región: persas y griegos, macedonios y persas, romanos y partos, bizantinos y sasánidas, cruzados y sarracenos, cristianos y otomanos…; la disputa actual entre israelíes y palestinos puede leerse perfectamente como el episodio más reciente de esta pugna de 25 siglos.

Sin embargo, en su sentido más estricto, la Historia no consiste en esos hechos que los textos históricos narran y describen (movimientos sociales, guerras, legislaciones), sino en los textos mismos. Como ya bien se sabe, los hechos no hablan por sí solos; deben verse sujetos a la exégesis de los historiadores y estos, a lo largo de los siglos, han ido creando un corpus que define y redefine los sucesos humanos de mayor relieve conforme a ideologías, criterios y opiniones particulares. La Historia no es, pues, una entidad abstracta, sino las voces de esos intérpretes cuyas obras son referencia obligada para situarnos y entendernos: Tucídides, Jenofonte, Tito Livio, Tácito, Filón, Eusebio, Beda, Hume, Gibbon, Macaulay, Mommsen, Toynbee… entre otros que descuellan en la tarea de “hacernos” la Historia, no sólo de contárnosla.

Vicente Echerri
Nueva York

Fotos: Asurbanipal cazando leones, en el Museo Británico de Londres; vitral de la catedral de Gloucester.

20 respuestas
Comentarios

  • cuba libre dice:

    No es tiempo de cerremonias. um empujonsito. y(todo se derumbo dentro de ti. dentro de ti) spion mata libertad.

  • cuba libre dice:

    , Si el pueblo cubano interpretaria nuestro Himno nacional, otro pajaro cantaria. leetelo. esa es la formula……

  • EL Califa de Santos Suarez dice:

    Jacobo,
    si Ud. cree que el cristianismo le ha hecho daño a la civilizacion europea actual, deje que la civilizacion islamica (bueno es un decir, porque realmente es barbarie) finalmente se apodere de Europa. Entonces Ud. va a saber lo que es canela fina, si es que sobrevive vivir entre ellos cuando esta gente sean los que manden y no le hayan cortado el gaznate para entonces.

  • Jacobo, lo suyo es sólo supina ignorancia, menos mal, porque tiene cura, el tratamiento se llama estudio.

    Mis respetos

  • Jacobo dice:

    Don Liborio del Campo, creo que parte de sus excrecencias humanas han saltado fuera del recipiente. La civilización europea actual desciende de esos maravillosos pensadores griegos. A pesar del daño que ha producido el cristianismo, es todavía superior en exceso sobre cualquier cultura oriental.

    Saludos, Jacobo

  • Ah no jodas, la lucha entre israelíes y palestinos es la lucha entre occidente y oriente, jejeje, déjenme que me carcajee jejejeje. ¿y quién hace el papel de occidente? en esta lucha. No me vaya a decir Echerri que son los judíos.

    Durante la mayor parte de la historia de la humanidad Oriente ha sido la cuna y fuente de la civilización. Los griegos eran unos salvajes en la época de Troya. Cuando Alejandro llega a Babilonia se da cuenta que los bárbaros eran ellos. La acrópolis de Atenas son un conjunto de chozas al lado de los conjuntos ceremoniales de Uruk, Ur, Susa, Nipur, Babilonia, Asur, Nínive, Giza, Karnak, Luxor u otros de oriente próximo y de China vinieron los grandes inventos técnicos que han posibilitado el desarrollo de occidente, desde los estribos de las monturas de caballos, hasta el uso de la hulla, el papel, la brújula, el timón de los barcos, etc. La concepción de la historia de Echerri, como no podía ser de otra manera en él, es eurocentrista y racista. La historia como la concibió Heródoto es investigación, exploración, búsqueda…Los historiadores hasta ahora lo que han hecho es acomodar los hechos a los intereses de las clases dominantes de cada época incluso defender sus propios intereses personales… Heródoto mismo es conocido como el padre de las mentiras y mucha de su obra son inventos, historias escuchadas en cualquier esquina y refritos de Hecateo y otros autores

  • Cuco dice:

    Y quién podía imaginar al Sr. Vicente Echerri escribiendo estas hermosas cuartillas,ha tan solo unos añitos ??!!!
    Solo 100 años atrás Vicente Echerri se moría siendo el mismo de antes;hoy que todo transcurre a velocidades insospechadas,te encuentras con gusto con un Echerri q crece por dias….
    Hay q agregarle a la Historia de hoy, la compnente de veocidad q aporta la Internet incluyendo una interactividad humana jamás vista en toda la Historia.
    Y todo tiempo futuro será mejor! (Me parece estarlo oyendo un día al Sr. Vicente Echerri)

  • Anonimo dice:

    Estimado Jacobo:

    Soy ateo, admirador de Darwin, izquierdista, partidario del modelo socialdemocrata europeo y aunque acepto que el capitalismo tiene ciertos beneficios, rechazo la version a rajatablas estilo americano.

    Pero considero las teorias de Marx y Engels tan ridiculas como las de los Creacionistas que Ud. menciona. Ambas darian ganas de reir si no causaran tanto daño gracias al elevado numero de creyentes en las mismas que deambulan por ahi.

    No soy experto en las civilizaciones Mesoamericanas, pero me interesa el tema y lo he estudiado lo suficiente para no meter la pata con explicaciones espurias.

    Saludos.

  • Jacobo dice:

    Estimado Anónimo de las 20:28

    Ilústreme, por favor, con sus conocimientos sobre civilizaciones precolombinas.

    Me lo imagino, a Ud, como un gran creyente en el Creacionismo, enemigo de Marx, Darwin y Nietzshe.

    Saludos, Jacobo

  • Jacobo dice:

    Si, Carl Philipp, no se preocupe que de mi no recibirá ofensas.
    Don Vicente Echerri escribe muy bien, y es además un conservador inteligente y mesurado, cosa que no abunda en nuestra prensa y radio, ni en muchos “círculos intelectuales”; pero le hace falta un método para analizar las causas detrás de los hechos históricos, que es evidente –manifestado en otros artículos suyos–que no lo tiene.

    Siempre es un placer leer a Echerri.

    Saludos, Jacobo

  • Anonimo dice:

    Estimado Jacobo:

    Su conocimiento de los Aztecas y Mayas es, siendo caritativo, cero y nulo.

    Y sus teorias antropologicas tienen la validez que se puede esperar de quien las busca en Marx y Engels.

    Saludos y FAN 2011.

  • Carl Philipp Emanuel dice:

    Muy bien, era eso lo que quería, una aclaración calma y serena. No me han convencido, pero tampoco me han insultado, y eso es ya bastante.

    Felicidades a Vicente Echerri, que escribe con tanta elegancia sobre temas universales!

  • Jacobo dice:

    Anónimo de las 20:12

    Imagínese una batalla entre dos tribus aztecas, cosa muy frecuente. Y Usted, combatiente victorioso, logra hacer un prisionero. Pero como los métodos agrícolas en esa época consistían en abrir un huequito con un palo en la tierra, dejar caer un granito de maíz y taparlo, resulta que un ser humano solo logra producir para su propio consumo. Luego, todo lo que produce el esclavo que Ud hizo se gasta en alimentar al esclavo. Pero hay que vigilarlo y cuidarlo. Es economicamente estúpido tener un esclavo.
    Si lo deja libre, se une a sus gentes y lo tendrá de nuevo combatiendo frente a Ud.

    ¿Que hacer? Pués sacrificarlo a los dioses y después comérselo. Es simple. Los sacrificios humanos y el canibalimo lo practicaron todos los grupos humanos en el estadío de la barbarie. Las tribus europeas y americanas.

    Si la civilización americana precolombina hubiera conocido el arado y la rueda entonces quizás un esclavo podía producir alimentos para diez personas y sería “economicamente factible” mantenerlo como esclavo. Una parte para el propio esclavo, otra para el que lo vigila y quedan ocho partes para la comunidad.

    ¿Hay que ser Carlos Marx para razonar tan simple problema?

    De todas formas, y para calmar a Emanuel Bach es bueno leer el “Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” de Engels, basado en los trabajos de Morgan, norteamericano que vivió 25 años entre las tribus norteamericanas en la etapa de la barbarie.

    Saludos, Jacobo

  • Jacobo dice:

    Carl Philipp Emanuel Bach, ¿acaso Marx era tan soberanamente estúpido que se equivocó 100% en todo? No sé, pero no existe nada malo, ni terrible, ni abominable, ni despreciable en pensar que son las relaciones económicas y el nivel de su desarrollo quien determina la marcha de la sociedad a través de sus diferentes etapas.
    Además, si lo de los sacrificios humanos “le sonó a marxismo” debió haberle sonado más lo de la Revolución Francesa.
    Y dejemos esto, que se trata sobre el magnífico artículo de Echerri y no de mis comentarios.
    Muy bien por Oscar Canosa, siempre breve pero directo.

    Saludos, Jacobo

  • Anonimo dice:

    Sorprende en un autor como este, un articulo tan ingenuo. Cuantos lugares comunes. “El dominio de todos y cada uno de los eventos ocurridos en los años de esa mediacion constituia la clave para suprimir el tiempo…”, cuando es todo lo contrario: es un proceso de sintesis. Menos es mas: mas cerca se esta.

  • Anonimo dice:

    Loa Aztecas y Mayas les arrancaban el corazon aun latiente a los guerreros enemigos cautivados en batalla. Lo hacian en grandes espectaculos en los que morian cientos o miles de desafortunados.

    Estos ritos tenian diversos motivos religiosos y marciales, la economia no era uno de ellos.

    PD. Y desde cuando hay que ser marxista para hablar de “causas economicas del sacrificio”?

  • oscar canosa dice:

    Muchas veces me asombro de la estulticia de Muchos. Pero si todo ya esta escrito!

  • Carl Philipp Emanuel dice:

    Jacobo, cuando habla usted los sacrificios humanos eso me sonó a marxismo, “la causa económica que los determina?”
    ¿Cual causa es esa? Me gustaría que me explicara. Gracias. CPE

  • fereus dice:

    EN su escrito, leo:
    “Me acuerdo que yo era bastante chico, de siete u ocho años, cuando leí el libro de Historia antigua y medieval de Leví Marrero, texto que, al igual que el de Edilberto Marbán Escobar, estaba dirigido a los estudiantes de segunda enseñanza en Cuba,”
    yo tambien estudie con esos textos… fue una buena base en nuestra formacion..

  • Jacobo dice:

    ¡Ah, Leví Marrero! ¡Mi profesor de Geografía durante mis estudios de bachillerato en el Instituto de la Víbora! Además de Hortensia Pichardo, Portuondo del Prado, etc. ¡Que clase de sistema educativo teníamos y perdimos!

    Excelente artículo Don Vicente.

    Pero…la historia no es solo conocer los hechos, hay que saber interpretarlos de forma acertada. No se puede ver en los sacrificios humanos de los pobladores de la América precolombina solo unos pueblos sedientos de sangre, sin analizar la causa económica que los determina; ni ver en la Revolución Francesa un simple hecho sangriento sin tener en cuenta las transformaciones sociales que provocaron en todo el mundo civilizado occidental.

    Saludos, Jacobo