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Razones de Angola (X)

  • dic 29, 201020:55h
  • 13 comentarios

Maestros y margaritas

Las revoluciones tienen dinámicas centrípetas centrífugas. Necesitan diseminarse y algunas, ya sabemos, llegan incluso a disfrutarlo. La norteamericana quiso extenderse hacia Canadá; la francesa, ya convertida en Imperio, terminó arrasando con media Europa; la rusa pujó hacia Mongolia, Finlandia y el Este; la “Gran Marcha” de los chinos no se detuvo cuando llegó al mar, y la Revolución cubana, para no ser menos, enseguida quiso tumbar a Trujillo con un desembarco de opereta.

La razón podría ser geométrica y termodinámica: la diseminación de un volumen aumenta la superficie de contacto, y produce un incremento drástico de los espacios intersticiales. Todas las revoluciones son plazas sitiadas; al diseminarse, obligan al enemigo, que es siempre más poderoso, a esparcir y diluir medios y fuerzas de una forma desproporcionada. De esa forma el sitiador se ve obligado a diseminar una mayor cantidad de energía y recursos materiales que de otra forma servirían, dicen los revolucionarios, para el asalto final de la plaza sitiada. La diseminación es, entonces, un imperativo de sobrevivencia.

Las más importantes revoluciones de izquierda —me refiero a la rusa, la china y la cubana— hacen dejación del carácter poco original y estrictamente necesario de sus diseminaciones e intentan convertirlas, a fuerza de propaganda constante y al precio de la ruptura de una supuesta unidad revolucionaria, en las más justas y originales, en las más puras desde el punto de vista ideológico y económico.

Una posible explicación de esas tensiones podría estar en el hecho de que todas esas revoluciones son portadoras, según el dogma central de la ideología que defienden, de un pecado original. Carlos Marx dejó dicho, bien claro, que el paso de capitalismo al comunismo tendría que ocurrir, en toda lógica, en las economías capitalistas más desarrolladas, o sea, en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos. Los bolcheviques, a pesar de la famosa carta de Carlos Marx a Vera Zasulich, pasaron por alto ese requerimiento esencial, desde el punto de vista económico, y dejaron que Lenin se sacara de la manga una alianza obrero-campesina que si para algo sirvió fue para convertir al socialismo ruso en el camino más largo y más cruel entre el feudalismo y el capitalismo. Fue ese momento —junto con la muerte de Lenin y el desmontaje estalinista de la Nueva Política Económica— el que marcó el abandono, en términos reales, de la ley fundamental de la economía política del socialismo (la satisfacción de las necesidades cada vez más creciente de la población) para concentrarse en una lucha, ideológica y militar, contra un capitalismo que a pesar de ser “cruel” e “injusto” seguía desarrollándose económicamente a un ritmo inalcanzable para la Unión Soviética.

Si de mangas se trataba entonces nadie podía impedir que Mao borrara a los obreros del binomio leninista y propusiera revoluciones puramente campesinas, o que un tiranuelo en La Habana decidiera meter la cuchareta con su propuesta de “castro-guerrillas” sostenidas con armamento soviético y aderezadas con guapería cubana.
Para Moscú, justo es reconocerlo, todos esos “retos” ideológicos y militares significaron un gran dolor de cabeza. De malas a primeras se vieron lidiando con “líderes” tan prepotentes que eran incapaces de reconocer que sus “ideas” y “estrategias” no pasaban del descubrimiento del agua tibia. Mao era incapaz de aceptar, por ejemplo, que sus campesinos victoriosos habrían sido derrotados si el Ejército Rojo no les hubiera pasado todo el armamento que le ocupó a los japoneses. Al mismo tiempo, el Che Guevara y Fidel Castro, después de unos cuantos meses de lucha guerrillera contra un ejército completamente desmoralizado, quisieron sentar cátedra frente a un país, la URSS, que había sido capaz de organizar una resistencia de cientos de miles de hombres y mujeres en la retaguardia de un ejército tan feroz y eficiente como el alemán.

Una idea que emergió a partir de esas tensiones por el protagonismo revolucionario, y que ya hoy se ha convertido en un lugar común, es que los soviéticos siempre se opusieron a la “exportación de revoluciones”. Niet, camaradas, para la URSS —revolución al fin, y atrapada como estaba en su propia ineficiencia económica— era imprescindible llevar la “lucha” al terreno internacional. Ya en 1956 Nikita Jruschov lo había dicho en el XX Congreso del PCUS, lo repitió en 1959, en las Naciones Unidas; y el cuadro que puso al frente de la KGB, Alexander Shelepin, empezó, desde su nombramiento en 1958, a implementar esa política y terminó por formalizarla, con toda claridad, en 1961. El 29 de julio de ese año Shelepin le envió a Jruschov el informe de su estrategia global contra los Estados Unidos y sus aliados, en el cual dejó bien claro que se trataba de una estrategia encaminada a “crear circunstancias en diferentes áreas del mundo que podrían ayudar a desvirtuar la atención y las fuerzas de los Estados Unidos y sus aliados, y podrían restringirlos durante el arreglo de un tratado de paz para Alemania y Berlín occidental” (Shelepin a Jruschov, memorándum n. 1861, 29 de Julio de 1961. Decreto del CC n. 191/75; vol. 6, cap. 5, par. 5. Archivos del Comité Central del PCUS).

Esa estrategia fue aceptada por el Comité Central del PCUS y sirvió de guía para el trabajo de la KGB y para una buena parte de la política exterior de la Unión Soviética. El sucesor de Shelepin, Vladimir Yefimovich Semichastny (un cuadro formado y promovido por su antecesor) continúo la implementación de esa política y su sucesor, Yuri Vladimirovich Andropov, la reconoció como esencial para sobrevivencia de la URSS cuando dijo en 1968: “Uno debe entender que la lucha entre los órganos de la seguridad del estado y los órganos especiales del adversario refleja, en las condiciones actuales, el escenario de la presente intensificación de la lucha de clases. Eso significa que esa lucha es más despiadada. Hoy se decide la misma cuestión que en los primeros días del poder soviético: ¿Quién prevalecerá sobre quién? Sólo que hoy esa cuestión no está siendo decidida dentro de nuestra patria sino en el marco del mundo como un todo, en una lucha global entre dos sistemas mundiales”.

La documentación ya desclasificada indica que los soviéticos reconocieron, a partir de 1956, la necesidad de apoyar a los movimientos de liberación nacional, y de utilizarlos para alcanzar los objetivos de una ideología “comunista” de la que ellos siempre se consideraron dueños y guardianes. La experiencia acumulada durante varias décadas de lucha, que incluían una guerra civil, varias campañas militares y una guerra mundial, así como el trabajo de sus servicios secretos dentro y fuera de la Unión Soviética los capacitaba, o al menos así ellos lo creían, para tratar con cautela, o franco rechazo, a cualquier advenedizo de última hora que intentara sembrar revoluciones a partir del presupuesto, falso y simplista, de que cuatro margaritas hacen un jardín.

Los cubanos —a diferencias de los chinos— aprendieron rápidamente, después de tres o cuatro descalabros latinoamericanos, y gracias a los antiguos cuadros del PSP que ya estaban bien posicionados dentro de la jerarquía castrista, que para lograr algo en el terreno de la exportación de revoluciones tendrían que utilizar los enormes recursos de la URSS y, sobre todo, la enorme experiencia que ese país ya había acumulado en esos asuntos. Durante cinco décadas la propaganda castrista ha intentado esconder, por razones del ego que gasta el máximo líder, y para dar una falsa imagen de autonomía e independencia, el hecho de que a partir de 1968 siempre existió, a pesar de las diferencias superficiales que el castrismo se ha dado a la tarea de amplificar, un coincidencia esencial en la política exterior de cubanos y los soviéticos.

Hay dos mecanismos que Fidel Castro y sus voceros han utilizado de forma reiterada, para ocultar esa coincidencia esencial. Uno es hablar hasta el aburrimiento de las broncas del comandante con los políticos soviéticos, para esconder que mientras el jefe bravuconeaba sus hombres cooperaban a toda máquina con las “sugerencias” e intereses de la KGB. El otro es esa marcada tendencia a presentar como jefes de las operaciones castristas (sobre todo en África) a hombres no vinculados al PSP, y apenas mencionar que los segundos al mando siempre fueron, en una proporción demasiado alta, cuadros del Partido que gozaron, de una forma u otra, de la “confianza” de los soviéticos.

(Continuará…)

César Reynel Aguilera
Montreal

Foto: Raúl Castro, a la derecha, junto al agente de la Inteligencia soviética Nicolai Leonov (centro) y Fidel Domenech (izquierda). Los tres posan a bordo del crucero italiano “Andrea Gritti”, rumbo a la Habana, en 1953.

PD: Razones de Angola (entregas previas)

13 respuestas
Comentarios

  • cuba libre dice:

    abajo castro y sus conspirantes. ya viene llegando el momento donde la sabiduria arrevatara para siempre , ese tirano perpetuo, la mentira continua la verdera libertad iluminara el camino libre del pueblo cubano sin un tirano fanatico…… viva cuba libre….

  • Walter John dice:

    Muy importante esta tarea que estas realizando, para contribuir al desmonte de los mitos de la llamada revolucion cubana, sabes que el conocimiento con el que hoy se puede contar para este proposito, es nada o casi nada, en comparación a cuando se pueda acceder a los archivos de la DGI, DGOE y la DGCI. Pienso y digo que el trabajo de los intelectuales en este sentido es tremendamente importante, pues aun esta fresca la memoria y esta tarea que realizan hoy,facilitará el trabajo de los futuros historiadores en relación al tremendo desastre de la nación cubana. No quería escribi tanto pero así salio . Un gran abrazo en la distancia y próspero 2011..

  • César Reynel Aguilera dice:

    Esta es la última entrega de este año y quiero aprovecharla para agradecer el tiempo que algunas personas le han dedicado a mis escritos. Yo sé que es difícil encontrar tiempo para leer y opinar. Así que para cada una de esas personas, sin distinciones, mi agradecimiento y un feliz 2011.

  • Pedro Pablo dice:

    Estando en Vietnam en los años 80, los vietnamitas, que eran muy agradecidos de los bolos, se quejaban de como las versiones de los Misiles AA que les proporcionaban los rusos, eran provistos con modificaciones que afectaban su efectividad ante los ataques de los norteamericanos y de como con la ayuda de tecnicos rusos en tierra vietnamitas los modificaban para mejorar sus prestaciones. Muy aliados serian, pero no joder mucho a los norteamericanos parecia una premisa de la era Breznev. En algunos mtos de las negociaciones de Paris, cortaban o aminoraban los flujos de ayuda y entonces los de Hanoi, recurrian a los chinos.

  • Jacobo dice:

    Bueno, esto es más aceptable. Abandonas bastante las teorías conspirativas fantasiosas que tienen por centro todopoderoso al exiguo grupito cubano que se llamó PSP.

    Mi divergencia comienza desde el primer párrafo. De las revoluciones que mencionas la única que de verdad lo ha sido fue la francesa de 1793 (y no digo 1789), que barrió el orden social establecido por la aristocracia, el clero y la monarquía y abrió paso al nacimiento del capitalismo. La revolución bolchevique pudo haber sido verdadera, si Lenín hubiera implantado el capitalismo liberal –como lo planteaba Marx– en lugar de ese engendro totalitario que se llamó socialismo científico. La revolución americana fue una guerra de liberación por la independencia, no una revolución.

    Si, los soviéticos si se opusieron a la exportación de la revolución, o mejor que decir “los soviéticos” diremos Stalin. Bajo la teoría de “defender el bastión” el padrecito Stalin –más que el bastión su poder absoluto– reprimió a todos aquellos que seguían la línea trotskysta empezando por Trotsky, como es natural. Después de esta etapa, habiendo salido de la II Guerra Mundial como una gran potencia militar, se vieron obligados a rebasar sus fronteras ideológicas, como bien escribes. A partir de Kruschev.

    Hay que diferenciar entre miembros del PSP y prosoviéticos cuando te refieres a los mandos militares en Angola o en otras partes. Los segundos, o los terceros, o los primeros a veces, pudieran ser prosoviéticos, pero nada que ver con el antiguo PSP, como insinúas.

    Saludos, Jacobo

  • Cuco dice:

    OY hasta de la “muerte” de Pablo de la Torriente(brother de mi abuelo Manuel) en la Guerra Civil española, de la de Antonio Guiteras en El Morrillo junto al venezolano Carlos Aponte,Tte Coronel del “Pequeño Ejército Loco”,del poeta revolucionario Martinez Villena y hasta de la polio de José Carlos Mariátegui me atrevería de acusar a ese PSP!….
    Me acuerdo de Roa,gozndo con una foto de Nicolás Guillén,vestido de mambí sobre un caballo,recibiendo a Batista cuando era alcalde de no se si Cienfuegos o Camagüey…..Dónde consegiste esta foto Manolo?!!!…preguntaba el Canciller cagado de la risa.

  • Cuco dice:

    Ya hasta el Cardenal Ortega y Alamino se ha interesado en el marxismo….!!!!
    Me gustó mucho la parte de la “muerte” de Lenin,se me parece tanto a la de Julio Antono Mella,a la Trotsky, a la de Frank País, de Camilo Cienfuegos y hasta a la del mismísimo Ché Guevara y la de Carlos Fonseca….que me pregunto hoy……Habrán sido los hijoeputas del PSP?….

  • Güicho dice:

    Síguelo, CRA, y un feliz y próspero 2011!

  • oscar canosa dice:

    La Revolucion de Fidel Castro siempre ha sido centrifuga.

  • Florencio Avalos dice:

    Hasta Cuando dios Mio!

  • César Reynel Aguilera dice:

    Polo, tienes razón es centrífuga, hacia afuera. Enseguida le digo a Ernesto que lo cambie, gracias.

  • Anonimo dice:

    Centripeta o centrifuga, geometrica o termodinamica, que mas da?

    Las que son de opereta son las teorias del autor sobre las revoluciones.

  • PolO dice:

    ¿Centrípeta o centrífuga?