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Desde el Nido del Águila

  • dic 18, 201013:20h
  • 28 comentarios

Lástima lo que cuesta preservar algo intacto en esta vida. Ni siquiera nuestro pasado tiene un status definitivo. Un dato cambia la forma de los acontecimientos, altera la memoria y ya aquel momento es otro, disfrazado o desnudo, nunca lo sabremos y tampoco importa, o sí, pero como no se puede dominar, lo aceptamos, lo incorporamos como parte esencial de aquella historia, o de un viaje, por ejemplo, donde el estado puro de los hechos se convierte en la materia gelatinosa de los recuerdos.

Tendría por aquella época unos siete meses de embarazo. Era una señora barriga, pero como me mantuve tan delgada casi ni se notaba y si viajaba con chaqueta nadie me prohibía subir al avión. Se nos había ocurrido hacer una excursión en carretera desde París hacia el sur de Francia. Las gestiones de la travesía, las escalas y el paradero final no lo teníamos muy claro, sólo sabíamos que en cierta fecha debíamos pasar por Cannes para asistir a un festival, y luego vagabundear un poco. Vale la pena viajar por esa zona de Francia sin un programa fijo, no hay desperdicio, ni un sólo bocado, excepto que por las náuseas yo me había censurado todo lo que corría, caminaba, volaba o nadaba, y con una sonrisa de asco decía: excusez-moi, avec bebé. Ahora que estoy estudiando francés me doy cuenta que había muchas otras formas más fáciles de excusarme ante aquellas gigantescas lombrices que me sirvieron en un restaurante de Aix-en-Provence. Aún así, he tenido suerte con los franceses y nunca me han sometido al trato que les da fama.

La típicas náuseas matinales habrían sido un regalo; lo que me tocó a mí era un tormento en la cabeza las veinticuatro horas del día, los nueve meses de término. Aún así, viajaba cada vez que podía. Sabía que pronto mi libertad quedaría limitada, así que con vómitos y malestares continuaba dándole la vuelta al mundo. Si no estaba llena, tenía hambre, y mi vida se reducía a eso, reposar el hartazgo o planificar la próxima digestión.

Atravesábamos las montañas por un camino singular y estrechísimo, hundido en una neblina inusual que me entumecía los nervios y me los devolvía ensanchados, a flor de piel. Todas las vueltas alrededor de aquel monte macizo en plena ribera francesa, los baches incontrolables sobre las carreteras y la altitud multiplicaban los síntomas diabólicos. Por fin llegamos a un pueblo que mi compañero de entonces encontró anotado en su libretica con apuntes de lugares pintorescos y restaurantes que valían la pena visitar. Nos interesaban las iglesias y los museos, pero la comida era la prioridad de cada día. En sus notas también había ciertas a las mejores vistas. O a Grasse, la capital del perfume, cuya fragancia de lavanda se me trabó en el tabique hasta hoy.

Al llegar a la próxima aldea de paisajes impresionantes y platos suculentos, ya era incapaz de apreciar mis alrededores. Pedimos una mesa y rápidamente ordené una Coca Cola, excelente elíxir para controlar el deseo de atomizar restos estomacales. Comimos, y no fue hasta que me bebí el café fue que me percaté del panorama que nos acogía. Estábamos en Gourdon, entre el mar y la montaña. El restaurante, rodeado de vidrio y prácticamente colgaba de lo más alto de la cumbre. De pronto sentimos que almorzábamos en las puertas del cielo, y una muerte allí habría sido dócil y rápida, sin obstáculos, de una belleza profunda, casi infinita.

El papá de mis hijas me tomó varias fotos con aquel fondo que mis ojos miraban con cierta incredulidad. Un señor de más o menos sesenta años, con el bigote meticulosamente recortado, se ofreció de fotógrafo. Luego le pedimos que posara con su esposa para devolverle el favor con la promesa de que apenas llegáramos a casa le mandaríamos la imagen por correo electrónico. Recuerdo que el extremo de su amabilidad nos conmovió, concluyendo lo bien que nos caían los franceses y lo equivocado que estaba cualquiera que nos llevara la contraria. Nos explicó la fascinante historia de cómo habían construido aquél castillo y el área del restaurante que ahora ha cerrado sus puertas, y lo más importante, adónde ir a cenar esa noche que estaríamos en ruta al próximo destino. Nos despedimos afablemente, como si nos fuéramos a encontrar en otro sito, en otro momento. Fue un viaje sin restricciones, sólo instintos. Al regresar a casa enseguida le enviamos la foto prometida, pero pasaron los días y no recibíamos respuesta.

A los pocos meses, cuando ya habíamos olvidado el asunto, por fin respondieron. El mensaje era de la hija del hombre. Nos contaba que su padre había fallecido hacía unos meses y que recién en esos días había podido ocuparse de sus asuntos personales. Ese viaje había sido el último en su vida, esa foto había sido la última que le habían tomado. Estaba enfermo de cáncer terminal y se había ido con su esposa a escaparse, o a despedirse agradablemente, supongo. Me impresionó aquél correo electrónico de una mujer a quien no conocía y que me daba una noticia tan mala como si se tratara de algún familiar lejano. Pero había algo de enseñanza en todo aquello, algo que me tranquilizaba, por así decirlo, sólo que a punto de dar a luz no atinaba a captarlo. Más adelante, cuando le daba el pecho a mi hija, cuando la miraba encantada por su presencia y pensaba en el más allá, supe que ese momento era el único que realmente importaba, el presente con ella por fin en mis brazos. Supe también que el hombre de la montaña tenía algo importante en su vida, había hecho lo que pocos pueden darse el lujo de hacer: planificar al detalle los últimos días que le quedaban en este mundo.

Grettel J. Singer
Miami

28 respuestas
Comentarios

  • Maria Silvia dice:

    Ja,ja, de acuerdo con Babalao y el resto de los comentaristas que invocaron a “Zoe la chusma”. Grettel, eres muy talentosa ,ademas de bella. Felicidades por tu blog

  • Babalao dice:

    Deja que la Soez se entere que Grettel se ha sumado a la lista de sex symbols de escritoras y blogueras cubanas. La va a meter en la cazuela junto con las otras.

  • Sexy, sexy thing… Y agradable prosa.

  • vitola dice:

    carajo, casi me mato por el pasillo de PD con todo el líquido pegajoso que hay en el suelo… niños por dios, como si nunca hubieran visto hombros destapados… con permiso de todos los anteriores enamorado-as que aquí (se) han corrido a detallar su admiración por la autora del post, permítanme también declararle a gretelcita mi amor arrollador y decirle que vitola la adora

  • Abel dice:

    atajenlo!!!! el jeti suena Soez!!
    Abel

  • Friend dice:

    Ese Jeti es uno que sí me suena a aliado de la Soez… Que se prepara Grettel si sigue escribiendo y sacandose fotos tan bonitas. Allá irá la Cachalote de Paris ( o sus acolitos) a insultarla y a minimizarla, como ha hecho ya con otras blogueras y escritoras cubanas.

  • OLPL dice:

    Mala edición: la primera foto debió ser la última, pues no me deja concentrarme para leer el resto del artículo…

  • el jeti dice:

    que cursileria, banalidad y ñoñería… grettel cuando tengas algo de contar de verdad, escribe,mientras tanto sigue haciendote foticos de escritora interesante y guarda silencio

  • Norberto dice:

    A jhon noarms:

    ¿Qué quieres decir con eso de que “Grettel es akguien que Zoe esta montando para contrarrestar a la yoani”. Hasta donde sé, Grettel no tiene nada que ver con la Soez.

  • Maniel Rodriguez dice:

    Aquí hay unos cuantos que se quieren jamar a Grettel.

    Grettel felicidades escribes muy bien.
    Me gusta cada vez que veos cubanos que se destacan en lo suyo.
    Felicidades.
    Por cierto los franceses, aparte de su torre y los cartier, son abominables.

  • Güicho dice:

    Gran relato, GS.

    Sí, la vida es el momento, y la mejor virtud es saber planear -propiciar- los buenos momentos.

  • Teresa Cruz dice:

    Tierno relato.

  • Grettel tu eres un regalo para mi-siempre…gracias por ser tan deliciosamente viva. me encanto’ el cuento. podemos planear nuestros ultimos dias juntos porque la amistad verdadero dura toda una vida!

  • Ketty Mora dice:

    Grettel, siempre disfruto muchisimo tus posts, los leo todos todos en cuanto salen (cosa que, debo admitir, nunca hago a pesar de querer apoyar a otros blogueros) y este me parecio exquisito, ademas de que esta misma manhana hablaba de los paisajes de Francia camino al sur y de los pueblos asentados alrededor de un castillo, algo muy parecido a este lugar. Me ha conmovido la historia y ver la foto, acompanhada de tu reflexion, me ilumina el dia y me recuerda que “ain’t no better time than now”.

  • amaury dice:

    Y guanajera en cubano moderno? Que quiere decir?

  • Abel dice:

    y que linda Grettel!! y el paisaje sobrecogedor!

  • jhon noarms dice:

    grettel escribe muy bien y es muy bonita pero me huelo q es alguien q la zoe esta montando para contrarrestar a la yoani,cosas d cubanas envidiosas, q porqueria

  • Abel dice:

    muy bonito y triste este relato, unos se van y otros llegan, descanse en paz el senor y bienvenida a la vida la pequena de Grettel!!!
    Abel

  • Armando Tejuca dice:

    que hermoso relato, forma leve de narrar.
    Creo que Grettel tiene todas las condiciones para ser nuestra próxima musa. Pensé por un momento que ya no nos quedaban.
    Felicidades por el toque divino.

  • [...] Desde el Nido del Águila… en Penúltimos Días Compartir: [...]

  • andres dice:

    qué lindo escribes…..qué hermosa eres. No te conozco, pero después de leer este articulo, te confieso, estoy enamorado de ti!
    Mucha suerte, y escribe más, eres genial

  • Alina Brouwer dice:

    Qué delicia Grettel, gracias.
    Te quiero.
    Ali.

  • César Reynel Aguilera dice:

    Muy bonito, casi un regalo, aguilera, en castellano, es nido de águilas. Gracias.

  • Manny dice:

    Querida Grettel,

    Siempre me sorprendes!
    Me ha encantado leer este relato.
    Te mando muchos cariños, Manny

  • Pedro Julio Suarez dice:

    Grettel, que articulo mas encantador, me encanta como escribes, he leido muy poco de ti, me gustaria leer mas.

  • Friend dice:

    Esto es un ejemplo de una bloguera cubana bonita y talentosa. Grettel es una chica encantadora (además de ser muy humana, algo que no se encuentra todos los días). Conmovedora historia. Y muy hermosa la foto de Grettel, en medio de la Madre Naturaleza. Parece una modelo renacentista.

  • Miguel Iturralde dice:

    Muy bonito este relato. Saludos.

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