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El síndrome de la cucarachita Martina

  • Dic 15, 201021:12h
  • 9 comentarios

El dinero vino en un sobre blanco, traído hasta la puerta por una agencia —alternativa e ilegal— de distribución de remesas. Lo acompañaba una carta del tío que se fue hace treinta años hacia New Jersey y nunca más volvió. “Úsenlo para celebrar la Navidad”, decía con su letra estilizada y concluía la nota con un breve “bye“. La señora cerró la puerta aún sin creer que el pariente emigrado les hubiera mandado aquellos 50 salvadores dólares por fin de año. Llamó a gritos al hijo y a la nuera, mientras la gran pregunta comenzaba a cobrar forma en su mente: “¿Qué me compraré?”

Primero pensaron en reparar el techo que se filtra con cada aguacero, pero al quitarle el 20 % de impuesto del USD en Cuba, no quedó suficiente para los materiales. Otra posibilidad era invertir en sacar la licencia de una cafetería para vender jugos en el portal de la casa. El hijo de la señora la convenció rápidamente de que no, pues las ganancias de tal labor por cuenta propia demorarían en llegar y ellos estaban urgidos de dinero cuanto antes. Le recordó que su esposa pariría en tres semanas y que la prioridad eran los pañales desechables para el bebé. Sin embargo, la dueña de la casa se negó a convertir todo en Pampers, pudiendo con el pequeño capital reparar el motor de la lavadora, roto desde hace años. “Además, yo necesito un par de zapatos, porque me da pena seguir yendo al trabajo así”, sentenció la ya malhumorada mujer. El tío —en la distancia— era ajeno a la agitación que su remesa estaba causando.

Estuvieron el resto de la semana discutiendo qué hacer con los 40 pesos convertibles que les dieron como cambio en el banco. La querella tomó por momentos tintes agresivos, cuando la hija que no vivía en la casa se apareció para reclamar la parte que le tocaba a ella. Ninguno se planteó en serio cumplir con lo que el familiar exiliado había deseado: que adquirieran unos turrones, una botella de sidra y un pedazo de cerdo para Noche Buena. Al amanecer de un sábado de diciembre, la taza de baño apareció tupida. Buscaron un plomero que cobró 38 CUC por repararla y cambiar un trozo de tubería. La propia vida había establecido así sus prioridades de gastos. La mujer se sentó entonces en el sillón de la sala y volvió a preguntarse qué se compraría, ahora, con los 2 CUC restantes.

Yoani Sánchez
La Habana

Foto: Orlando Luis Pardo.

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9 respuestas
Comentarios

  • damian dice:

    es que los que ablaron de metaforas paresen que se fueron de cuba ase 40 anos porque 38 fulas por ese trabajo esta rasonable en cuba y mas bien tirando a lo barato asi que actualisense que yoany no esta contando ningun cuento de ciensia ficcion

  • anonimo dice:

    oye, de verdad que muchos de ustedes, estan perdidos. no se imaginan lo que es una cañeria tupida, rota o lo que sea en la habana, es tremendo por que las piezas de repuesto despues de zapatear media habana si aparecen, estan por los cielos en precio, al albañil lo tienes que zancajear, darle cafe, buscarlo temprano<, vigilarlo para que no se emborrache; darle almuerzo y todo eso con el fula corriendo. diganmelo a mi que a mi mama le ha tocado practicamente rehacer su depart. y todos los cubanos estan como la cucarachita martina: que me comprare? esa es la pregunta.

  • anonimo dice:

    oye, de verdad que muchos de ustedes, estan perdidos. no se imaginan lo que es una cañeria tupida, rota o lo que sea en la habana, es tremendo por que las piezas de repuesto despues de zapatear media habana si aparecen, estan por los cielos en precio, al albañil lo tienes que zancajear, darle cafe, buscarlo temprano<, vigilarlo para que no se emborrache; darle almuerzo y todo eso con el fula corriendo. diganmelo a mi que mi mama a hecho de nuevo su depart. y todos los cubanos estan como la cucarachita martina: que me comprare? esa es la pregunta.

  • librepaloma dice:

    oye ella lo que quiso decir del plomero que tipo por el cambio de una taza seguro usa y tuberia junto con mano de obra cobro 38 fula si es verdad en cuba por tumbar una cocina o plomeria te peden una pila de fula,stan atras del palo.desde cuando no le arreglan las casas a sus padre,porque si mi madre se le rompe el bano mete el grito en cielo de la pila de fula que tiene que dar y mas cuando saben que tienen hijos afueras,stan de madre ustedes.

  • LEAH dice:

    Este dilema lo viven a diario las familias cubanas, es asi mismo como lo describe Yoani. Es cierto que se paso y bastante con el ejemplo de los 38 cuc, pero estoy segura de que fue una metafora. De cualquier manera, es terrible la situacion alla, nadie alcanza a imaginarla si no se vive.

  • Abelardo A Tous-Mulkay dice:

    Me duele el alma y hasta los ojos leyendo este cuento de Yoani. Desgarrador y muy triste.

    Los que nos fuimos de Cuba hace mucho tiempo, en mi caso 50 años el próximo 6 de Enero (aunque mi Padre no me ‘vistió de marinero’) y hemos rehecho nuestras vidas y echado pa’lante, realmente no alcanzamos a comprender y dimensionar lo que han sufrido nuestros hermanos que se quedaron.

    Sabemos lo que sufrimos nosotros en el exilio, pero leyendo relatos como este palidecen las muchas vicisitudes del exilio (mas del espíritu que materiales), al lado de esta miseria.

    Podrá ser ‘faction’ (facts + fiction) con licencia literaria de Yoani, pero no tengo ninguna duda que historias como esta, parecidas o ¡peores! se han repetido (y se repiten) miles de veces en la querida, añorada y recordada tierra que me vió nacer.

    ¡Dios mio!, cuando carajo se acabará esto…

  • Cuco dice:

    Este es uno de los más tristes,desgarradores,de Yoani….hasta a los hombres le dan ganas de llorar.
    Qué malos son estos pendejos!…

  • paulina dice:

    Que me perdone Yoani pero ningun plomero en La Habana cobra 38 cuc por destupir una tasa de baño con el trozo de tuberia incluida. Lo mas que cobra un plomero por ese trabajo son entre 5 y 10 cuc, si el trabajo es mucho cobran hasta 15, pero jamas 38.
    No se, me imagino que Yoani quiso establecer una especie de metafora con la miseria que hay alla respecto de la moneda dura, pero se paso con el ejemplo que puso.

    Paulina

  • Abel dice:

    las necesidades son enormes, es el nunca acabar…