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El amigo pródigo

  • nov 23, 201023:54h
  • 7 comentarios

Regresa a media voz, toca la puerta con cautela ese amigo que hace más de un año no ha querido acercarse. No habla del largo tiempo que pasó sin venir, ni de las causas, pero de la manera en que nos mira todo queda dicho. El miedo, ese elemento que pone a prueba los afectos y echa ácido corrosivo sobre las declaraciones de fidelidad lo ha mantenido lejos. Ahora ha vuelto por sólo unos minutos.

Mientras se queda en nuestra sala habla en un susurro y señala hacia micrófonos diminutos y ocultos que él imagina en cada esquina. Lo invitamos a compartir un par de huevos fritos, un trozo de malanga y algo de arroz, ni una palabra de reproche. Actuamos como si lo hubiéramos visto ayer o nos hubiera llamado esta misma mañana, como si nunca se hubiera alejado.

Sin embargo, algo se ha roto irremediablemente. De ahí que sólo le comentemos de la familia, de las nietas de Reinaldo que crecen cada día y del nuevo interés de Teo por tocar la guitarra. Ni una sola frase de ese lado gratificante y doloroso de nuestras vidas que surge de expresarnos libremente en un país lleno de máscaras. Cuando parece que los temas se agotan, estiramos la conversación mencionando la lluvia o las historias de violencia que cada día se vuelven más comunes en esta ciudad. Para llenar el vacío que ha creado la distancia, contamos que el aceite para cocinar está perdido y al detergente le ha tocado esta semana jugar a los escondidos en las tiendas. Obviamos, a propósito, los proyectos futuros, las aprensiones cotidianas, el cerco policial y el dolor que nos traen los que se apartan.

Después de un rato, el amigo se va y nos quedamos convencidos de que no regresará en un año o dos, en una eternidad o dos. Quién sabe, quizás esté aquí antes de lo que creemos, palmeando nuestros hombros y diciéndonos que cuando todos se retiraron espantados, él no se dejó contagiar por el temor y desde su habitación, desde su protegida lejanía, nos acompañó en cada paso.

Yoani Sánchez
La Habana

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7 respuestas
Comentarios

  • Cuco dice:

    Sabe usted por qué entro por vez primera,en tono ácido con Y ?..
    Si sómos demócratas es para interactuar y “ripiarnos” en público si es necesario…
    Con altura q ha alcanzado Yoani Sánchez me parece un desperdicio que se ponga a escribir de mandarinas y del bobo al q le ofreció arroz con huevos y un trozo de malanga hervida….por x ó por y, uno no espera eso.
    Pero es problema de cada cual,hacerse de vanas ilusiones. A lo mejor ese es su techo de ella, escribir y ganar premios.

  • ecgalup dice:

    Criticones perjudiciales como cuco siempre los hay, si dice que come bistec igual lo hubiese encontrado reprobable.
    Son muchos anos de miedo, a muchos nos han educado en el miedo desde pequeños, y es difícil superarlo, confiemos en que poco a poco valla cediendo.

  • Odalis dice:

    Por desgracia es asi, hay mucha gente con mucho miedo, el miedo ha calado hasta los huesos y como bien dicen, hasta fuera de cuba la gente sigue temiendo tan siquiera hablar.

  • Cuco dice:

    Vámos Cardenal…! No se meta conmigo q a ud núnca lo molesto…Apuesto q a más de uno le habrá llamado la atención el menú de ocasión….

  • Ortega y Alamino dice:

    Cuco, no se puede negar que lo “anodino y trivial” es un mal genético en esta generación de primos de su familia.

  • Cuco dice:

    Lo único q me llamó la atención fué el arroz con huevo y un cacho de malanga…yo creía q Y ha ganado con los premios algo de dinerito para vivir algo más desahogada. Lo otro, es q tal vez no le da la gana de ir a la “shopy” de los hermanitos Pompones…No debe de ser fácil la vida de ésta muchacha y su familia.

  • Alejandro dice:

    Mucha razon , como siempre , no todo el mundo tiene tus ovarios Yoanis , auerdate que hasta en la lejania nos tienen pisados , con muchisimos recursos , especialmente la eventual y arbitraria posibilidad de no entrada al pais.