- nov 15, 2010 • 13:49h
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Las tres F
Para analizar la relación de Fidel Castro con el PSP hay que empezar por reconocer la verdadera naturaleza de esa organización, sus objetivos fundamentales y su funcionamiento. Una vez hecho esto, resulta relativamente fácil entender cómo hizo el Partido para domar, embridar y cabalgar al “príncipe de las guerrillas”.
Ese reconocimiento de la verdadera naturaleza del PSP también permite establecer una relación directa, y una línea de continuidad, entre muchos de los grandes eventos de la historia reciente de nuestro país.
El Partido siempre ha intentado, a través de sus voceros dentro y fuera de Cuba, presentar esos eventos como hechos aislados, cuando en realidad sólo pueden explicarse a cabalidad si se toman como lo que realmente son: puntos de una misma línea de conducta.
Muchos cubanos están convencidos de que la fundación del Partido Comunista de Cuba, en 1925, marca el inicio de esa ideología en nuestro país. La realidad, sin embargo, es que en el año 1925 ya el comunismo tenía una larga historia entre los cubanos. Lo que sí sucedió en esa fecha fue el surgimiento de una organización político-conspirativa de marcado carácter pro-soviético y estalinista. Llama la atención, por ejemplo, que los tres primeros acuerdos del Congreso Fundacional de ese Partido no estén relacionados, como deberían haberlo estado, con la lucha de los trabajadores cubanos contra la explotación, con las ideas de Carlos Marx, o con la construcción de una sociedad más justa en nuestro país. Los tres primeros acuerdos de ese congreso fueron —si nos guiamos por el artículo de Blas Roca publicado en el periódico Hoy (15 de agosto de 1965, Suplemento dominical, pp. 2-6)— un canto de adoración y obediencia. A saber: guardar un minuto de silencio por la muerte de Lenin; enviar una bandera y un saludo a los marineros soviéticos del barco “S. S. Vorovsky”, y solicitar la afiliación del Partido a la Internacional Comunista, con la promesa solemne de obedecer los 21 requisitos establecidos por Lenin para los miembros de esa organización.
Esas premisas dieron lugar a una organización cuya historia puede ser descrita en tres etapas, y con tres nombres que yo desconocía la primera vez que escuché a un viejo comunista decir: “mientras la tres F estén bien, todo está bien; mientras las tres F estén bien, el banco pierde y se ríe”.
Fundación: Fabio Grobart
Así lo conocen los cubanos. Su verdadero nombre, según declaró él mismo, parece haber sido Abraham Grobart. Fabio fue un pseudónimo para la clandestinidad. También se le conoce, entre otras identidades, como Yunger Semjovich, Otto Madler, Serguei Skalovich, José Michelón y Alberto Blanco.
Llegó a Cuba en 1924, y unos pocos meses después, a pesar de hablar muy poco español, fue uno de los 18 delegados al primer congreso de los comunistas. En 1926 fue elegido miembro del Comité Central del Partido, posición que conservó hasta la disolución de esa organización.
Su verdadera historia debe estar guardada en algún búnker lejano. Nació, el 30 de agosto de 1905, en un poblado cercano a Byalistok, Polonia, y murió en La Habana el 21 de octubre de 1994. De él se sabría mucho menos de lo que hoy se sabe si a finales de los años 80, quizás desencantado por la inobjetable derrota de las ideas que defendió, no hubiera roto su código de silencio para dejarnos un librito escrito, o hablado, con esa mezcla de inteligencia, cinismo, socarronería y falsa bondad que caracteriza a los viejos comunistas. En ese texto, titulado El Polaquito, están, para cualquier persona habituada a leer párrafos y oraciones como si fueran crestas de icebergs, muchas de las respuestas que esclarecen la vida de este señor, y su verdadero papel en la historia de Cuba.
Leer El Polaquito es darse cuenta, por ejemplo, que la llegada de Fabio Grobart a La Habana marcó el inicio y el traspaso de una experiencia que los cubanos no tenían. Con él llegó, además del pro-sovietismo estalinista, un manual de conspiración y reclutamiento “escrito” por personas que fueron perseguidas durante una buena parte de sus vidas, y ya llevaban varios años convertidos en perseguidores. Con Fabio llegó, también, el diseño de una organización de nuevo tipo, una estructura en anillos concéntricos capaces de extenderse, como un frente de onda, sin dejar de proteger un centro que siempre respondió, hasta en sus decisiones más ilógicas (por su elevado costo político) a los intereses de la Unión Soviética.
Nada de eso sucedió espontáneamente. El libro también recoge, con su sintaxis centro-europea, su retórica plural y su asco por el protagonismo, la aparente contradicción de establecer una férrea disciplina conspirativa mientras se hablaba de participar en la vida política y electoral burguesa; el reclutamiento, desde edades tempranas a través de los pioneros y otras organizaciones juveniles, la creación de empresas-tapadera (la primera fue un restaurante en la esquina de las calles Luz y Compostela) capaces de proveer los fondos necesarios para mantener económicamente a los cuadros profesionales del Partido (el “oro de Moscú” nunca hizo falta); el uso del Secretario General como figura decorativa (de origen obrero, siempre que se pudiera); la penetración de los sindicatos, de las organizaciones estudiantiles, y la creación de una poderosa maquinaria de propaganda*.
En el año 1935, a consecuencia del ascenso del fascismo en Europa, y del análisis que hizo Jorge Dimitrov sobre ese reto en el VII Congreso de la Internacional Comunista, se inicia una nueva etapa en la lucha de clases que estará marcada por la búsqueda de alianzas con cuanto partido político, grupo, o personas (de origen pequeño burgués), estén disponibles para ser reclutadas, conducidas o utilizadas por los Partidos Comunistas. En Cuba eso se tradujo con una apertura del PSP hacia sectores de la vida política cubana que anteriormente no eran del interés del Partido, o que eran vistos, por los militantes de la vieja guardia, con franco desprecio.
Fue ese cambio en la estrategia de lucha (no hay que ser cuarto bate para jugar en la novena) el que hizo posible que el Partido extendiera sus conexiones, e influencias, hasta los rincones más remotos de la sociedad cubana. Cuando Fabio Grobart salió de Cuba, en 1948, expulsado definitivamente por el gobierno de Prío, dejó detrás una organización político-conspirativa muy eficiente, un sistema de recogida de información al que casi nada escapaba, y un centro de inteligencia soviética capaz de demostrar su lealtad hacia Moscú con hechos tan disímiles y contradictorios (en apariencia) como el abandono de la huelga general contra Machado (temiendo la intervención de “32 cruceros” americanos y el desmantelamiento de una organización que todavía se consideraba muy vulnerable); el asesinato del líder comunista Sandalio Junco (por una supuesta filiación trotskista); su alianza con Fulgencio Batista durante los años de la Segunda Guerra Mundial, y la negación a sumarse a la huelga de abril de 1958.
Esplendor: Flavio Bravo
Ese no dejó librito. De él se sabe muy poco. Recuerda al piel roja que caminaba de espaldas, en cuatro patas, muy lentamente, para ir limpiando con las manos el rastro que dejaba su paso por el monte. Buena parte de esa discreción que siempre lo caracterizó se debe al hecho de que, a diferencia de Fabio Grobart, el creador, Flavio no tuvo que pagar el precio de una estructura todavía imperfecta. Todo lo contrario: el inicio de su trabajo en el Partido coincide con la mejor época de esa organización; aquellos años en que los comunistas lograron alcanzar una masa crítica de militantes de filas, intelectuales comprometidos, simpatizantes, compañeros de viaje, miembros secretos, agentes encubiertos y esbirros batistianos, que le permitieron alcanzar, junto con una cuidadosa estrategia de posicionamiento (“cuatro gatos”, pero en los buenos tejados), ese sueño al que aspiran todas las organizaciones clandestinas: la visión global (vista de aura tiñosa), el desplazamiento en paralelo (sombra, en el argot cubano), y la influencia indirecta (la famosa carambola).
Flavio Bravo es el producto de muchos años de trabajo partidista y del éxito organizativo alcanzado por un pequeño grupo de comunistas (núcleo central de inteligencia soviética) que siempre estuvo bajo la dirección de Fabio Grobart, y que a partir de 1948 quedó al cuidado de Joaquín Ordoqui.
Cuando Flavio Bravo es elegido, en el año 1944, al buró nacional de la recién fundada Juventud Socialista, tiene a su disposición una organización que ya no necesita reclutar para conducir. Si usáramos el juego de los bolos como símil, y viéramos a las personas con aspiraciones políticas como bolas que se lanzan, podríamos ver al PSP como esas barreras (bumper alleys las llaman en inglés) que se levantan a ambos lados de la pista, para garantizar, con independencia de la calidad del lanzamiento, que el proyectil no pueda caer en las canales y vaya rebotando a cada lado hasta tumbar las piezas.
Decadencia: Fidel Castro
Cuando llegó a la Universidad de La Habana, en septiembre de 1945, le decían “Bola de churre”, y todo el mundo sabía que le daba lo mismo jugar a los bolos que a la petanca. Flavio Bravo le echó el ojo y lo condujo con esa sabiduría que tienen los comunistas para hacerle creer al domado, y al público, que el centro del espectáculo es la bestia rugiente —y esclava.
(Continuará…)
César Reynel Aguilera
La Habana
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estoy esperando por el próximo capítulo!
Oscar,
Ud., o es muy inocente, o ha estudiado poco sobre el comunismo. No se cual de los dos es, y le quiero dar el beneficio de la duda.
Vuelvo a repetirle lo que ya comente hace unas semanas atras. El consejero y mano derecha de Mikhail Gorbachev, el Sr. Alexander Yakolev resumio perfectamente el por que el comunismo ha fallado en todo el mundo y es imposible que prospere.
Por que es anti-humano y es anti-natural.
Mas claro ni el agua.
Jamas fue Comunismo eso, Sharpshooter. Jamas.
Todos eran una partida de oportunistas y vividores a costa del dolor del pueblo y lo siguen siendo
Sr. Canosa,
Hay mas de 100 millones de muertos documentados en los récords históricos por motivo del sistema comunista en el mundo, y Ud. nos dice mas fresco que una lechuga que no tiene nada en contra del comunismo?
Y Stalin, Mao Tse Tung, Pol Pot, Hoenecker, que son estos miserables asesinos, niños de teta inocentes?
Le zumba la berenjena tener que leer estas cosas.
En que mundo vive Ud.? Sera que llego del Planeta Venus ayer?
Marx era la parte visible y Engel la oculta. Lenin se dejaba ver en el escenario, mientras Trotsky actuaba entre bambalinas. Fidel y Raúl el anverso y reverso de una mascara griega… jejeje
Jejeje La conspiración judeo-masónica-comunista, lo mismo sirve para un entierro que para un homenaje.
[...] J’ai traduis un passage ic-dessous. On trouve le reste, en espagnol, là. [...]
No tengo nada en contra del Comunismo ni Karl Marx. Si contra Fidel Castro.
Este es un excelente articulo que viene a confirmar muchas teorias acerca de las conspiraciones del comunismo internacional; que no ha muerto y sigue activo en muchos paises. Despues de 1989 los ideologos comunistas han dejado a un lado las teorias de Lenin y han retomado las tesis de Carlos Marx en cuanto a que el comunismo tiene primero que triunfar en los paises capitalistas/imperialistas mas desarrollados del mundo pR despues extenderse por el resto de los paises del mundo. Nada mas logico que formar una punta d lanza a solo 90 millas del pais mas poderoso del mundo y en cinco decadas penetrar sus estructuras de poder hasta el punto de elegir un presidente que pertenece a las filas secretas del partido comunista y goza del apoyo de un nutrido grupo que ha dedicado sus vidas a hacer fortuna, hacer dinero para financiar su “lucha por el proletariado”, la nueva forma e esclavitud!
Sobre bases racionales, eh Fidel? Tu sabes muy bien que no es asi, pero bueno, se te advirtio.
Obviamente que una estrategia en la ciberlucha es desencantar al que la inicia.
Agh, yo no estoy en esto.
La huelga contra Machado empezó por el transporte, y ese era un sector controlado, en una buena parte, por los comunistas (siempre buscan controlar las comunicaciones). Muchos trabajadores de ese sector se sumaron a la huelga inicial (todavía no era general) y cuando la huelga empezó a crecer recibieron la orden de dejarla (de ahí el “abandono”). Aliarse con Machado, después de una reelección fraudulenta, en medio de una devastadora crisis económica, y con el descontento galopante que existía, habría sido cosa de locos, y los comunistas son cualquier cosa menos locos. El no sumarse a la huelga encaja mejor con la famosa idea leninista de que las revoluciones valen lo que son capaces de defenderse, y con la Enmienda Platt todavía “en activo” los americanos tenían el derecho -”legal”- de intervenir; de haberlo hecho los comunistas no habrían podido defenderse y eso, según los lineamientos fundamentales de la organización (pro-soviéticos), habría sido un craso error estratégico. A la hora de explicarlo a la membrecía del Partido (todo lo que no fuera el núcleo central), claro está que tuvieron que inventar, o dejar que otros inventaran, cualquier cantidad de cuentos.
Cesar, no poseo la politologia para poder argumentar contigo todas esta series de datos acerca del Partido Comunista Cubano(PSP). Pero si poseo la fidelologia para saber, que en el mejor de los casos, FC y el PSP se manipularon mutuamente.
Por orden del Comintern tdoso los partidos comunistas del mundo tenian dos grupos de militantes. Aquellos que estaban al descubierto y los oros en la clandestinidad. EN USA por ejemplo, por muchos años existio esa dualidad de los miembros clandestino y los que estaban en publico.
Para ilustrar a quien quiera saber mas sobre este temo, leanse el libro “Los secretos Venona”, en ingles The Venona Secerts”.
Alli des pues de largos añios de recopilacion de datos provenientes de los archivos del Comintern y otros atraves del Freedom of Information Act en USa, se pueden leer como el partido comunsita de USA habia infiltrado las mas altas esferas del gobierno federal norteamericano llegando hasta tener varios agentes infiltrados en la Casa Blanca cuando F.D. Roosevelt y Harry Trumann fueron presidentes. EL consejero mayor de F.D. Roosevelt el Sr. L. Currie eran un agente de la NKVD, asi como Harry Dexter White y Harry Hopkins. Por su parte Alger Hiss y Whitaker Chambers estaban dentro del Dept de Estado. Recientemente hace solo dos años vimos el caso de la pareja de los Myers que llevaban 30 años espiando para la inteligencia cubana.
Los partidos comunistas de USA no eran patriotas que disentian de las politicas de sus gobierno como se han hecho queuer pasar, al contrario, todos absolutamente cooperaron de una manera u otra con las agencias de inteligencia sovieticas y su lealtad era para la Union Sovietica no para USA.
Los comunistas no “abandonaron” la huelga de 1933, sino que pactaron oficialmente con Machado, como me contaron por separado Alberto Guigou y Carlos Montenegro, miembros ambos del partido en esa época. Tampoco ese pacto se debió a temores de una intervención de Estados Unidos, sino a la promesa de Machado de darles libertad de prensa y, de algún modo, poner en sus manos el movimiento obrero. Hasta Martínez Villena apoyó esta movida desde su lecho de moribundo. La razón para justificarla se resumía en esta frase: “Machado nos está dando ahora lo que la derecha (es decir el ABC) no nos dará mañana”. Obrando en consecuencia, los comunistas movilizaron a todos sus cuadros para abortar la huelga general, pero fracasaron; Machado cayó una semana después y con él gran parte del prestigio político del partido comunista, que perdió muchos militantes y que no vino a reponerse hasta la alianza con Batista en el 40.
Aguilera, una pregunta sobre un tema que se discutió en un foro. El experto en transformar conflictos, Juan Antonio Blanco Gil, es hijo de Elena Gil. ¿Es también hijo de Fabio Grobart, alias Alberto Blanco? Gracias
¿De qué Polaquito estamos hablando? ¿Del libro de Jorge Fuentes basado en entrevistas a Grobart o de otro? Si es una nota basada casi enteramente en un libro, bien se debía decir cuál es.
Algunas cosas de “El Polaquito” que se me queadron en el tintero electrónico:
Una de las cosas que Fabio Grobart menciona en El Polaquito, de forma tangencial, podría ser el discutido origen de su filiación. Para muchos, Fabio siempre fue un enviado a Cuba de la Internacional Comunista. Él siempre lo negó, y siempre lo hizo con un desprecio que mezclaba el rechazo a esa acusación, a sus acusadores, y a su pertenencia a cualquier organización puramente política. En El Polaquito, sin embargo, Fabio dedica un párrafo completo (más de los que dedica a hijos y nietos) a la entrada de Félix Edmundovich Dzierzynski al frente de las tropas soviéticas, en Byalistok, y como su “corazón estaba plenamente conquistado por esas tropas entonces harapientas, descalzas y hambrientas”. Lo que no aclara el libro es que en esa época ya Félix Edmundovich era el jefe de la temida Cheka y que, por orden expresa de él, miles de chekistas fueron movilizados hacia el frente polaco. En la ciudad donde vivía el joven Grobart entró, entonces, algo más que un ejército regular; entraron miles de hombres con chamarras de cuero, “corazón ardiente, mente fría y manos limpias”.
Cuando los soviéticos se retiraron de Byalistok tienen que haber dejado por detrás un aparato clandestino muy cercano a la mentalidad y experiencia de la Cheka. Eso implica la posibilidad de que Fabio Grobart, además de haber sido un militante de filas, como él mismo dice que fue allá en Polonia, haya sido reclutado y entrenado por la organización de represión y espionaje más exitosa en la historia de la humanidad.
En ese sentido, hay otra cosa que menciona El Polaquito —de una forma que podría causar risa si no fuera por las implicaciones que pudiera tener—, en la que es importante detenerse. Me refiero a la salida de Fabio de Cuba, alrededor del año 1941, y su regreso unos meses después. En ese momento el P.S.P. estaba en la legalidad, tenía un par de hombres en el gobierno de Batista, podía publicar su periódico y, a pesar de todo eso, Fabio insiste en decir que su salida de Cuba, alrededor del año 1941, se debió a una preocupación del Partido por su seguridad. Lo primero que salta a la vista es la siguiente oración. “Ante esa situación, en la que se esperaba que en cualquier momento podían ponernos fuera de la ley, el Partido tomó medidas de prepararse para la ilegalidad. Esto fue a principios del año 41 o fines del año 39” (pag. 139, El Polaquito, Editorial Gente Nueva). Esa oración llama la atención por dos cosas, una: para referirse a esas transiciones de un año a otro (respetando la línea del tiempo) casi todo el mundo dice “a fines de… o comienzo de”; la otra: hay un salto ilógico del 41 al 39. Es como si existiera una necesidad freudiana del tragarse el 1940.
Ese año, en el mes de agosto, la NKVD asesinó a León Trostky. El asesino fue Ramón Mercader, un comunista español que con nombre y pasaporte canadienses logró penetrar la casa del profeta desarmado, y matarlo con una pica para cortar el hielo. El asesinato, sin embargo, salió mal. El plan concebido Leonid Eintingon, el legendario oficial de la NKVD que preparó todo, descansaba en una muerte instantánea y silenciosa, de forma tal que Mercader tuviera tiempo de abandonar la casa, y escapar en el carro en el que Eintingon y María Mercader (la madre cubana del asesino) lo estaban esperando. Las cosas salieron mal, Ramón fue apresado por los guardaespaldas del asesinado y María y Leonid tuvieron que salir de Méjico inmediatamente. Fueron a parar a La Habana, y allí estuvieron escondidos durante seis meses. Eso sucedió en agosto de 1940. A principios de 1941 Fabio Grobart va a Méjico y, según sus propias palabras, regresó en junio de 1941. Cuando regresó Batista seguía en el poder, los comunistas seguían en la legalidad y nada había cambiado (incluido el hecho de que el Partido, por órdenes expresas de Fabio, nunca dejó de ser una organización clandestina, y nunca dejó de estar preparado para la ilegalidad). ¿Cuál fue, entonces, la verdadera razón de ese viaje a Méjico, en un momento en el que la NKVD acababa de sacar de ese país a una buena parte de su agentura, y en el que, además, existía la gran incógnita de cómo se portaría Mercader en los interrogatorios y durante el juicio? ¿Fue Fabio a cubrir el vacío dejado por la estampida de Iosif Grigurevich, Leonid Eintingon y María Mercader? ¿Fue Fabio un simple mensajero, o fue su salida hacia Méjico parte del plan de salida de Eintingon y María Mercader desde Cuba hacia los Estados Unidos? Cuesta trabajo pensar que el polaquito no haya estado relacionado con esos eventos, cuesta trabajo pensar que la mención de ese viaje en sus memorias, en esa fecha, la forma en que lo hace, y las sinrazones que usa para explicarlo, no sean su forma ladina y comunista de decirnos “yo estuve ahí”.
Para cerrar, este detalle: en el año 1961 Ramón Mercader fue liberado por las autoridades mejicanas. El vuelo que lo llevaba hacia Moscú hizo escala en el aeropuerto José Martí. Mi padre era en esa época “el político” (o algo así) del aeropuerto, y tuvo que preparar, por órdenes de arriba, las condiciones para recibir al ilustre personaje en su escala habanera. Ya se pueden imaginar quién lo estaba esperando.
Esta es una de las series mas interesantes de articulos que he leido en un largo tiempo, algunas cosas las sabia por conversasiones a gente cercana a Carlos Rafael Rodriguez y Joaquin Ordoqui… pero nunca habia logrado formar el contexto en que son presentadas aca… esperando avidamente la continuacion…