- sep 28, 2010 • 11:00h
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“Mi esposa también es de mil batallas”. Y le recuerda el día que en la zafra de 1970 llevaron al cañaveral a Frank Ernesto, el hijo que entonces tenía solo ocho meses de nacido. “Lo acostamos debajo de una carreta y nos fuimos a picar caña. Cuando el niño lloraba, ella le daba una vuelta. Así cumplimos con la jornada.”
Pacheco, cederista ejemplar (H/T: Café Fuerte)




Y el ni~ito llora
Lo que no dice es que el hijo esta en el exilio.
Ja ja, Güicho, yo sí que me río con tus chistes…
En realidad el dios de la barba no le pidió al compañero Abrámamao Pacheco que sacrificara al pequeño Isácame de la Carreta, pero el que nace pa’ cantimplora…
En un pais normal en vez de cederista destacado serias un HP desalmado tu y tu mujer y estarian frente a un juez for abuso infantil.