- sep 18, 2010 • 10:29h
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Todos los caminos no conducen a Roma y, en algunos casos, más bien suelen alejarnos. Fue allí, precisamente en Roma, donde lo comprobé. Agosto estaba por terminar, y eso siempre es mala señal en una ciudad que durante esas fechas padece una asfixiante ola de calor. Estudiantes mochileros y americanos malcriados toman por rehén hasta el rincón más recóndito, mientras un puñado de romanos vestidos de blanco se paran en las esquinas con risitas de chulo asumiendo que pueden manosear todas las nalgas que se le cruzan por delante.
Llegué extenuada, pero entusiasmada. Visitar la Capilla Sixtina era una especie de misión, y recién había culminado la restauración de todos los frescos, así que me sentía afortunada de poder verlos. Me bajé de la estación de trenes y me subí a un taxi. Cuando había hecho la reserva un mes antes me aseguraron que la dirección donde se encontraba la casa de huéspedes no quedaba lejos del tren. De hecho, casi se podía caminar, pero entre el peso de las valijas y el calor agobiante, opté por el servicio de un taxista, por no decir un atracador. Me dió ni se sabe cuántas vueltas para confundirme, pero no es fácil confundirme de esa forma, y mi memoria fotográfica me lo advertía cada vez que recorríamos el mismo sitio aunque a una cuadra más arriba o más abajo. En una especie de cubano/italiano, más en cubano que en italiano, comencé a perder el juicio y por fin el taxista me llevó al lugar correcto. Me bajé, tiré la puerta y no volví a mirar atrás.
Toqué el timbre más de una hora. Nadie contestaba y era uno de esos edificios en los que sólo se puede entrar con una llave o si alguien abre la puerta. Al rato entró una señora mayor y la seguí impulsada por la desesperación. Subí hasta el quinto piso con mi equipaje, muerta de calor, y para mi sorpresa no encontré a nadie, aunque la viejita ya me había explicado, o así me pareció, que allí no se alquilaban habitaciones. Bajé los cinco pisos y el sol me recibió con una euforia innecesaria. Estaba alejada del centro, en un barrio residencial donde no había un alma. Caminé un poco arrastrando la valija hasta que por fin vi un taxi. En efecto, era el mismo taxista que se había aprovechado de mí, pero no me di cuenta hasta que entré en el coche y le pedí, lo más calmada que pude y en mi cubano/italiano, que me llevara a la plaza del Panteón, una zona muy céntrica donde tal vez podría encontrar dónde alojarme.
El muy desdichado me soltó frente al Panteón y desapareció. Todo lo que veía a mi alrededor era grandioso, magnífico, pero todavía no tenía dónde pasar la noche, así que no me podía dar el lujo de disfrutar el panorama. Se acercaba la noche. Caminé, corrí, volé, subí infinitas escaleras por muchos callejones, pero en ningún lugar había sitio para mí y cada vez me repetían lo mismo: scusa amore, non c’è camera en questo albergo. Regresé al Panteón y me senté en la plaza para descansar y organizar mis pensamientos, ya para entonces dominados por el pánico. Casi me eché a llorar cuando vi frente a mí el Hotel Pantheon. Allí tampoco había habitaciones disponibles, pero insistí para que llamaran al jefe de reservas. Ese hombre malhumorado, que de pronto se convirtió en un ángel, me explicó que lo que tenía disponible no me iba a agradar. Le rogué tanto y de tantas maneras que por fin se animó a enseñarme el único cuarto desocupado. Le informé, como agarrándome a la última posibilidad, que era cubana… siempre un plus en Italia. Incluso, le enseñé mi pasaporte que sólo lo cargo en caso de que mi otra ciudadanía no sea bienvenida. Lo abrí y casi no me reconocí, qué horrible foto, pero a él le hicieron gracia mis esfuerzos.
El cuarto era angosto, casi del ancho de la cama y el techo caía en diagonal porque encima había una escalera. Acostada se podía tocar el papel de diseño campestre del techo. El baño, en cambio, era amplio y cómodo, con una bañera tentadora, y había, además, una ventana grande por la que se podía ver el Panteón tan de cerca que parecía un edificio insignificante.
Acepté pagar de más y salí corriendo a conocer, a comer, a caminar, a ver la historia de siglos. Porque Roma no es muy grande y en cualquier iglesia hay un caravaggio, en todas las direcciones hay algún monumento importante, alguna plaza conocida que uno reconoce de los libros, fotos y películas…
Hice la cola para entrar al Vaticano, vi lo que tenía que ver, sentí la dicha prevista. Comí los helados más ricos, volví a nacer cuando presencié la Pietá, hice la gira del claroscuro y subí hasta el último escalón en busca de la mejor vista. Sin embargo, cuando me fui decidí que si regresaba a Italia debía ir a cualquier otro sitio menos a Roma. Años después tuve la oportunidad de pasar una temporada en Umbria, que queda a una hora de Roma y fue entonces que llegué a tomarle a la ciudad el cariño apropiado, o digamos merecido. Porque en cierto modo viajar depende de la generosidad de los extraños que uno va conociendo, de los beneficios del buen comer y beber, del clima, de los paseos junto a quienes conocen los detalles que otros desconocen. Entonces por fin me sentí deslumbrada ante la belleza imperial, esa cultura que se afinca a sus costumbres como si el mundo entero dependiera de ello.
Grettel J. Singer
Miami







Y entonces por fin me sentí deslumbrado ante la belleza insular en primer plano con las ruinas de la incivilización al fondo…
“…ta buena, tigre”
Gretel tomale la palabra a Xavier , supongo que con alguien afincado en Roma todo puede ser mas fácil , yo estuve en la cuidad y si es verdad que tiene un aspecto muy viejo y lo viejo a veces parece sucio , pero compararla con la habana vieja seria un crimen en Roma te puede dar la noche caminando por sus calles, tomando un helado sin que tengas miedo a que te roben una cadena o un reloj de colección, puedes caminar con tu pareja sin que una manada de delincuentes te agobien, .los taxistas son un poco descaraos en todas partes yo la verdad que no tuve problema tenia un hotel a las afueras y el taxi me cobraba entre 10 y 14 euros algo que me pareció bastante barato.
Y lo mejor siempre es ir a hoteles algo mas caro pero no dan bateo.
Aparte de todas la piedras y monumentos que dan a entender la historia que ha tenido esa cuidad, otra parte es ver sus tiendas en especial sus zapatos Roma y los Romanos/as derrochan diseño y buen vestir , demás esta decir que no te encuentras a nadie en camiseta y cadenas chapadas de oro por la calle o almenos yo no lo vi.
Gritones me parecieron un poco aunque en según que sitios porque si entras en algunos sitios con cierto nivel chocas con la educción europea.
Gretel por cierto no saques mas el pasaporte de cubana y menos en Roma, no valla a ser que te confundan con lo que parece que no eres.
Suerte en tu próximo viaje.
Vente por Barcelona.
Por cierto se pusieron pal bolso de mi mujer, pero nos levantamos le meti una mirada al tipo y no paso nada, como cuidad turística están los ladrones que dan el pecho, pero lo encontré normal, despues de haber salido de la isla a uno no se le olvidan ciertas costumbres hay que estar alerta na damas.
en roma ay una muchos hoteles quisas ay en el centro casi to staban llenos.pero antes de ir primero informense de todos los hoteles de roma principalmente los que stan cerca de la metropolitana,.yo vivo cerca de roma,provincia di lalitna.
Que placer el tener lectores cultos!
Y efectivamente, lo mas cercano ( en cuanto a griteria y escandolo ) a los cubanos son los italianos!, comprobado en el escandalo o quizas conversacion entre una comparadora y el tendero en una bodega florentina.
Por un momento me senti en la Habana Vieja.
Anonimo, Gracias, de verdad, por tu clase de gramatica. Acuerdate que muchos de nosotros estamos escribiendo un idioma que dejo de ser nuestro principal idioma hace ya CINCO decadas… Y que tambien dejamos de asistir a la escuela (yo estaba entrando al septimo grado) donde se nos ensennaba a mejorar nuestros conocimientos del idioma por esa misma epoca. En mi caso, considero casi un milagro que mediante la lectura (y mi esfuerzo) he podido conservar lo que todavia demuestro como un dominio pasajero de la gramatica y el vocabulario de un adolescente. Te agradezco tu leccion y, por favor, perdonanos el resto. Muchas gracias.
Deberías escribir más, Gretel, me encantan tus cronicas
Dice la RAE:
Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque).
En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo.
Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala, Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala, Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto.
Gretel, tambièn soy cubano, o italocubano desde hace un tiempo, lo que cuentas de mi Roma es todo cierto pero me gustarìa para la pròxima, si hay, si deseas, si te atreves nuevamente, que seas nuestra huèsped, vivimos bastante cerca del Vaticano y un espacio te podemos brindar para hacerte ver otra Roma desconocida, acogedora y menos turistica.
Un lector que te sigue.
El post me resulto formidable, tanto que me anime a venir a los comentarios. Estos ultimos, en cambio, me han desanimado. Vamos, es lo mejor que han podido escribir?.
Yo en cambio me senti nuevamente en Roma. Gracias!
Chévere, mamisela. Eso de buscar desesperadamente alojamiento en Roma me pasó una vez… claro, que tal vez porque íbamos un grupito de cubensis lesbintensis haciendo bulla por todas partes, no nos querían alquilar nada. Además, a una loquita de Hialeah le habíamos pegado un letrero en la espalda que decía: “Ragazza cubana in cerca di ragazzina italiana per portare a Hialeah, il nuovo colosseo di Miami”. Y bueno, conseguimos una pensión malísima con tremenda peste… pero estábamos en Roma, aunque a mí… ni fu ni fa.
Hola, si fueras tan amable de explicar cual es el error en la conjugación del verbo haber en esa frase creo que muchos te lo agradeceríamos
Italia, especialmente el sur, es un país agotador. Hay que tener continuamente el cerebro alerta para evitar que te timen.
Al final por mucho esfuerzo que hagas, te terminan timando exactamente igual.
Es un país completamente caótico e incómodo para el turista.
“Allí tampoco habían habitaciones disponibles”
esta frase tiene un error, cuidado con la ortografía y la conjugación de “haber”; a mí Roma me gustó, sin más…
saludos
asi mismo es Roma, un Centro Habana europeo, solo para desdicha faltan las mulatas y los buenos solares de rumba, ron y domino.