- ago 12, 2010 • 18:30h
- 6 comentarios

Finalmente, me siento en la silla de un hotel, abro la laptop y miro hacia ambos lados. Al verme, el guardia de seguridad musita un breve “ya llegó” en el micrófono prendido a su solapa. Después aparecerán algunos turistas, mientras mi dedo índice acciona el mouse a toda velocidad para optimizar los pocos minutos de acceso a Internet. Es la primera vez en diez días que logro zambullirme en la gran telaraña mundial. Un listado de proxys me ayuda con las páginas censuradas y la portada de Generación Y la veré desde un servidor anónimo, puente hacia sitios prohibidos. En tres años, me he vuelto especialista en las conexiones lentas, minusválidas y vigiladas de los cibercafé públicos. A tientas, administro un blog, emito tweets de los que no puedo leer respuesta, gestiono una cuenta de email casi colapsada.
Después de saltarnos las limitaciones para llegar hasta el ciberespacio, los cubanos comprobamos que la censura nos atenaza desde dos lados diferentes. Uno proviene de la falta de voluntad política de nuestro gobierno para permitir en esta Isla el acceso masivo a la red de redes. Se materializa en blogs y portales filtrados y en prohibitivos precios para una hora de chapaleteo en la WWW. El otro —doloroso también— es el de los servicios que excluyen a los residentes en nuestro país bajo la justificación del anacrónico bloqueo/embargo. Ingenuos son quienes creen que limitar para mis compatriotas las funcionalidades de sitios como Jaiku, Google Gears, Appstore, tendrá algún efecto sobre las autoridades de mi país. Sepan que quienes nos gobiernan tienen antenas satelitales en sus casas, banda ancha, Internet full, iPhone llenos de aplicaciones, mientras nosotros —los ciudadanos— nos tropezamos con una pantalla que aclara “este servicio no está disponible para su país”.
Como mismo esquivamos las restricciones de aquí adentro, también nos colamos por la verja cerrada de quienes nos excluyen desde afuera. Por cada candado que nos ponen hay un truco-ganzúa que lo abre. Pero no deja de frustrarme que después de evadir a los segurosos en los bajos de mi casa, de pagar por una hora de Internet el tercio de un salario mensual, de ver la ojeriza en la cara de los custodios de los hoteles, de comprobar que Revolico, Cubaencuentro, Cubanet y DesdeCuba siguen bajo la larga noche de las webs censuradas, me voy y tecleo —como un conjuro de alivio— una URL y en lugar de abrirse me aparece el muro que han levantado al otro lado.
Yoani Sánchez
La Habana







Recibi fotos de las victimas de Mazorra a lguien me ayuda a subirlas ?
No le conteste anonimo….dejalo con la palabra en la boca, asi le gusta parece al estupido verde que ni citroen volador tiene…
Yoani, que aguante!, aquello no hay quien se lo meta…
Yo si se para quien trabajan el Fantomas
Que le pasa a este?
Yo si se para quien trabajan el Fantomas y el Infortunato…
Pronto pero muy pronto van a estar en el paro.
Yoani tiene mucho todavia para seguir aportando sus bien elaboradas y ciertas estampas de lo que es la vida bajo ese gobierno mafioso.
Mi madre que es muy dicharachera siempre me dice que: Nadie sabe para quién trabaja.
pd, Yoani va en picada