- ago 07, 2010 • 23:39h
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Mi madre oscila de un lado a otro. Se apoya primero en una pierna y luego en la otra, mientras yo me abrazo a sus caderas con mis delgados brazos de siete años. ¿Para qué es la cola? No sé, quizás estamos en la parada del ómnibus, a las afueras de una tienda donde han sacado platos o frente a una farmacia para comprar unas aspirinas. Es una larga fila al sol y tal parece que nuestro turno nunca llega.
Se abanica. Sigue bamboleándose a la derecha y a la izquierda. Con ese movimiento, mi madre —sin percatarse apenas— me está enseñando el arte de la espera, el ejercicio de paciencia para enfrentar las largas colas que me aguardan.
Yoani Sánchez
La Habana




Eres tan simpática además…dale.. escribe Yoa que no puedo dormir sin leerte. Dice Abel que es un horror…y hasta de eso hemos tenido que reirnos…jajaja
Vete a la Coubre para que tengas alguna historia verídica de lo que son las colas…si no tienes los 5 cuc más el pasaje carísimo puedes dormir tres días allí.
que horror vivir en una infinita espera!