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Instantánea de una desilusión

  • ago 02, 201022:32h
  • 35 comentarios

Mi amigo Pedro Yanes me envía una foto tomada por él hace casi tres décadas, que muestra a cinco hombres sorprendidos en la pausa de una conversación. Están sentados en los bancos de la terraza (deck) de una casa rural de Connecticut y, por sus ropas y el lujuriante bosque que los rodea, es un día —una tarde más bien— de verano. Además de la amistad, une a estos hombres la política y la literatura de un país en el que cuatro de ellos han sido notorios.

Aunque no haya quedado ningún registro de esa plática —irrecuperable ya como ellos mismos, pues todos están muertos— es fácil suponer que la revolución cubana, con la que alguna vez tanto se esperanzaran y de la que derivaran tantas frustraciones, es de lo que conversan, acaso con la obsesión de quienes cuentan una y otra vez la misma historia con la secreta esperanza de revertir los hechos o, al menos, de entender por qué las cosas no salieron como las habían imaginado.

Por la expresión de los rostros, es fácil deducir que Carlos Franqui, el segundo de izquierda a derecha —el único que lleva corbata, aunque con el nudo corrido— es quien acaba de hacer un comentario, tal vez con esa socarrona rotundidad del connaisseur que también le era peculiar. Si de algo sabe es de la revolución y del carácter de su líder devenido tirano, con quien estuvo en la Sierra Maestra como jefe de información y propaganda. Franqui, que dirigió desde la insurrección las transmisiones de Radio Rebelde y quien fuera el primer director del periódico Revolución (órgano del Movimiento 26 de Julio), fue el Goebbels de Castro en los primeros años del régimen. Desde su periódico se orquestó el terror revolucionario y se celebró el fin de la libertad de expresión, que arreciara en mayo de 1960 con la intervención y el entierro simbólico del Diario de la Marina, la publicación de mayor solera de Cuba y el decano de nuestra prensa. Él quería olvidarse de los excesos de ese pasado, que tal vez le parecieron necesarios en un momento para demoler un orden que tachaba de injusto, pero no para el establecimiento de un régimen totalitario. Había sido siempre un revolucionario fervoroso, a quien los comunistas ya habían desencantado antes de que el castrismo llegara al poder. Creía, como tantos de su generación, en la inevitabilidad redentora de la Revolución (con mayúscula) y en que el proyecto liderado por Castro encarnaba ese sueño. Franqui presumía de su origen campesino y pobre que, al parecer, lo había llevado a pronunciarse a favor del cambio violento contra una odiosa oligarquía.

La encarnación de esa oligarquía está a su derecha en esta foto en la persona de Raúl Chibás, quien parece menos interesado en lo que se habla y se concentra más en la lectura de un periódico, uno de los tantos tabloides, políticos o literarios, que los cubanos han producido a lo largo de este dilatado exilio. Chibás proviene de la clase alta, pero la notoriedad revolucionaria de su hermano Eduardo, fundador y líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y mentor político de Castro a fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, determinó que se asociara a la aventura de la Sierra Maestra, de donde bajaría en enero de 1959 con los grados de comandante. Eddy Chibás, aunque anticomunista, fue un demagogo natural que ayudó a dinamitar, con sus estridencias, los cimientos de la república cubana. Murió a consecuencia de un alarde cuando, puesto en ridículo por una denuncia que hiciera desde su programa radial y que resultó falsa, no encontró mejor salida que un pistoletazo. Que se hiciera el disparo en el vientre y no en el corazón o en la cabeza hace pensar que su decisión de matarse no era muy seria. El joven Fidel Castro, quien se encontraba a las puertas de la emisora, lo llevó en su automóvil a la clínica en la que sucumbió a una complicación de peritonitis varios días después. Muerto, Eddy se convirtió en una bandera de denuncia y de cambio de la que Castro terminaría por apropiarse y a la que Raúl Chibás —no obstante su carácter mesurado e incluso gris— no pudo ser inmune. En enero del 59 era un flamante comandante de la revolución. Poco más de veinte años después, casi los mismos que duraba su exilio, ya era un profesor jubilado. En el periódico que se le ve leyendo en esta foto, aparece, en la última página, un anuncio —ominoso—- de la Funeraria Rivero de Miami.

A la izquierda de Franqui, vistiendo una chaqueta veraniega y con los pies sobre una mesa de tablones, Guillermo Cabrera Infante parece concentrarse, ligeramente cabizbajo, en lo que acaba de ser dicho. En el rostro se le dibuja una sonrisa casi imperceptible que tal vez revela uno de sus típicos sarcasmos. Aunque en esta foto se encuentra a la izquierda de Franqui, siempre estuvo a su derecha, en más de un sentido, desde la dirección del semanario Lunes, que empezó a publicarse en 1959 al amparo del periódico Revolución. Lunes era un suplemento cultural que agrupó a escritores y artistas plásticos que, si bien se identificaban con el nuevo orden, representaban su vanguardia liberal e ilustrada, la que la historia enseña que está condenada por la inexorable radicalización de las revoluciones sociales en el poder. Los chicos de Lunes eran los girondinos y los mencheviques de la revolución cubana.

A Cabrera Infante la militancia comunista de su familia lo había inmunizado contra las utopías; y su relativo éxito en La Habana de los años cincuenta, como crítico de cine de una de las revistas más importantes del país, le había dado a probar las ventajas del capitalismo. Su infancia en Gibara —donde su familia había sido víctima de la persecución política— y las carencias de un muchacho inteligente que vive en un solar habanero lo identificaron con las aspiraciones y reivindicaciones de la revolución; pero una buena dosis de cinismo sirvió para librarlo de los lugares comunes de una militancia que tenía mucho de religiosa. “Burla burlando” fue creciendo su vocación de escritor, que fue también, y sobre todo, la de un hacedor de fulgurantes juegos de palabras, de las que nos queda un regusto, aunque no la huella de ningún personaje memorable. Guillermo tenía una enfermedad raigal y crónica: Cuba, y particularmente La Habana, a la que nunca habría de volver, pero que nunca estuvo ausente de su escritura ni de sus fantasías.

El Dr. John Alexander Coleman, catedrático de la Universidad de Nueva York y experto en literatura latinoamericana, era casi un cubano por adopción. Era el dueño de esta casa donde recibía con frecuencia a ilustres exiliados cubanos que padecían el síndrome de la idée fixe. Gracias a ellos, y a su propio interés, se hizo experto en una crisis insoluble. En la foto puede vérsele de bermudas y calcetines negros, con una actitud ligeramente obsecuente y retraída. Es un hombre que sabe mucho de América Latina, pero sabe también que está en presencia de algunos notables protagonistas de la historia política y cultural de esa problemática isla del Caribe que, hasta 1958, un norteamericano habría considerado un amable traspatio turístico. La revolución cubana fue una reacción inevitable para alguno de los presentes: la tiranía castrista una infortunada malignidad.

Al extremo derecho de la foto, justamente a la izquierda del profesor Coleman, Heberto Padilla, en una camiseta deportiva, encarna la mayor dosis de ingenuidad e irreverencia de toda la escena. Él, en sí mismo, era una viva contradicción. Desde joven se sintió revolucionario, por rechazo a una sociedad en que le tocó la pobreza (si bien no la miseria) y en la que llegó a odiar visceralmente a esa clase filistea que disfrutaba de todos los privilegios y que tan poco se ocupaba de la cultura. Su aplauso irrestricto por la destrucción de esa clase apenas si duró cinco minutos, contenido por la evidencia de que servía para edificar una asfixia y una opresión mayores. El desdén de los ricos daba paso a la utilización interesada de la cultura por la tiranía totalitaria. El pensamiento cautivo, en el que Milosz ya había advertido en 1951 del precio a pagar por los intelectuales en un régimen comunista, se convirtió para él en un siniestro libreto. Quiso entonces jugar al desentendido, a tomar a la lettre la libertad que decían ofrecerle “dentro de la revolución”. Como revolucionario se sintió con derecho a criticar, a denunciar el rumbo de un caudillismo feroz y llevó su propia inmunidad más allá de los límites aconsejables. Su arresto, tortura y retractación marcaron un antes y un después en la historia literaria y política de la revolución cubana. Con él se probaron esos límites, pero su psique no fue lo bastante fuerte para resistir la prueba, que sólo sirvió para acentuarle la tristeza, de la cual su depresión y su alcoholismo serían fieles reflejos. Escéptico por aprendizaje, era crédulo por naturaleza y siempre estaba a la espera de una palabra salvadora, aunque, al igual que a Unamuno, su razón no se lo permitiera.

Aquí, en esta escena bucólica de una tarde estival de New England, la historia de la violenta y frustrante revolución cubana pareciera encontrar un apacible y metafórico colofón, cuando algunos de sus fervientes portavoces y luego acerbos críticos se quedan congelados en una pausa que podría resultar más elocuente que sus mejores argumentos: el melancólico silencio que denota una insuperable desilusión.

Foto: De izquierda a derecha, Raúl Chibás, Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante, John A. Coleman y Heberto Padilla. © Pedro Yanes.

Vicente Echerri
Nueva York

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35 respuestas
Comentarios

  • Mayra dice:

    Y los castristas se llevaron el peje al agua y de ahí pa´lla se armó el salvense quien pueda…unos primero otros después.Dios ayude a este pueblo vilipendiado y manipulado a encontrar la paz y justicia sin derramamiento de sangre.

  • el guajiro dice:

    Yo creo q la REVOLUCION fue legitima ,hecha ademas por los mejores , contando a los muchachos del Directorio y de Santiago ; pero se la robaron antes q triunfara y despues , todos pusimos las victimas

  • scrutinizer dice:

    De acuerdo.

  • Amadeus dice:

    Scrutinizer—Totalmente de acuerdo contigo, sólo los citaba para demostrar de alguna manera que Cabrera Infante, Franqui o Padilla eran boy scouts en comparación con los pejes gordos de Fuentes o Hidalgo; y que en la época en que colaboraron con el régimen era bien distinta a la época de estos últimos. Por eso no puedo comprender el ensañamiento con estos tres intelectuales que sí creyeron de buena fe y se desilusionaron como todos los que vinieron después. Convertirlos de facto en los responsables de la desgracia en la Isla, es tan absurdo como injusto.

  • scrutinizer dice:

    Amadeus…siempre de acuerdo con lo que escribes.
    Sin embargo, hay que reconocer que, sin desertores al estilo de Hidalgo o Fuentes, para mencionar los mismos (bastante mal que me cae el Norberto ese, por cierto), entonces no podríamos conocer más a fondo la pudrición y del sistema. Esa es quizás la parte positiva.

  • Ernesto González dice:

    No hablen así, mal de ellos, estos cuatro intelectuales cubanos (o tres, sacando a Chibás) se equivocaron, como muchos otros, miles, al inicio de la revolucion, y ellos fueron honestos cuando se retractaron.

  • Cuco dice:

    Y q podemos esperar de la derechona batistiana caballeros?….nunca perdonaran porque son fascistas tambien (solo q viven en este generoso pais) y si pudieran borrar de la Historia q en Cuba ocurrio una Revolucion con el apoyo de la inmensa mayoria de los cuban@s con 2 dedos de frente, lo harian gustosos….lo q sucedio despues, con el psicopata enloquecido con las “mieles del poder”,ya lo sabemos de sobra…

  • cubanolibre dice:

    amadeus: cierto que pusimos clavos en nuestro sarcofago pero los hay – como los ‘personajes’ de la foto – que no les alcanzaron las 2 manos p’a clavarlo bien cerrao….. En fin al final del cuento perdimos todos. gracias por tu respuesta

  • Amadeus dice:

    Para cubanolibre— Pues entonces tú también eres culpable porque de alguna manera también le aguantaste la pata a la vaca. ¿o eras preso político plantado?

    Para sonora y matancera— Un año o cuatro después de 1959 y metidos dentro de la vorágine de la joven revolución, llena de mentiras y panfletos, no era suficiente para ver muy claro lo que se venía. Al menos como dice usted, estos intelectuales se rebelaron 10 años después cuando ya se veía la trampa en que habían caído. Si vamos a comparar, un acto meritorio si se tiene en cuenta que hoy y 50 años después, todavía siguen personeros como Norbeto Fuentes, Alcibiades Hidalgo, y toda esa caterva de caraduras del “exilio de baja intensidad” despertando del “letargo”. Si vamos a caer en la superficialidad de quién se desilusionó primero, tienen más méritos los primeros y no la legión de oportunistas que hoy empiezan a abandonar el Titanic. Vaya, así es muy fácil.

  • Eon Flux dice:

    Muy bueno el articulo.

    Le doy las gracias al compañero Echerri por provocar la ???????? en los lectores del blog.

  • Aspirina para el cancer dice:

    La verdad es que los intelectuales cubanos, ya esten dentro o fuera, no necesitan jabobinos ni inquisidores que los enloden y arrastren.

    Son como Chacumbele, solitos se destrozan…

    What a shame….

  • Cito al 10:12: “¿No estabamos NOSOTROS también haciendo guardia del CDR y asistiendo a la asambleas de mérito y demérito y yendo a la Plaza; en fin, “embarajando”? Qué tire la primera piedra quien está libre de pecado.”

    Ese NOSOTROS es muy peligroso, muy divisorio en su aparente esfuerzo de unirnos a todos en la cochiquera de las justificaciones tardías.

    Yo no soy religiosa y por lo tanto no me considero pecadora, pero sí me siento libre de culpa y libre de opinar.

    Cuba y su historia es una secuencia de errores, hasta el día de hoy. Los señores de la foto, ya hombres hechos y derechos cuando los acontecimientos del 59, se creyeron la mentira y en su fervor ampliaron el error cubano. Como muchos otros. Pero no rectificaron en el 60 ni el 64. Vinieron a hacerlo más o menos una década después, cuando ya estaba más que comprobada la mentira.

    Aun así, eso no quita que GCI y HP sean dos de los escritores más importantes que haya dado Cuba, como que su obra pre-exilio es la que cuenta, y eso no lo puede negar nadie.

  • cubanolibre dice:

    Amadeus…..y tu preguntas que da~o hicieron?: te contesto en criollo: tanta culpa tiene el que mata la vaca……como el que le aguanta la pata

  • pau-pau dice:

    lo unico interesante de este articulo malescrito es la idea del impase, de la pausa engorrosa, de los que se han quedado sin nada que decir…

  • Janitrol dice:

    Ahi falta Agustin Tamrgo que EPD

  • Miguel Iturralde dice:

    Excelente artículo, felicitaciones a Echerri, y gracias a PD por reproducirlo. El comentario de Nic, en mi opinión, sintetiza muy bien la esencia del escrito. Saludos.

    MI

  • elena dice:

    Leo los comentarios y parece como si la Inquisición hubiera entrado en el lugar… Qué manera de acabar con todos…
    Da igual que se la pasaran en el exilio la mayor parte de sus vidas, denunciando la dictadura donde hiciera falta; da igual que escribieran de las cosas más increíbles que se han escrito en la isla, da igual… la cuestión es echarlos a todos a la hoguera. ¡¡¡Qué pena, caballero, pero qué pena!!!

  • abel costa dice:

    Muy buen articulo y una inolvidable foto

  • JM dice:

    Adivina, adivinador, cuál de los presentes en la foto escribió esto en el diario “Revolución”, en marzo de 1959:
    “Pero la Revolución que no es fría, maquiavélica ni calculadora, que pudo fusilar a los criminales de guerra en una semana, por la convicción material y moral de sus crímenes, prefirió el procedimiento del más amplio y exhaustivo derecho, con todas las oportunidades para el acusado, basado en el concepto de la mejor justicia: que ni un solo inocente fuera ejecutado, aunque los juicios demoraran meses y la campaña de calumnias y aislamiento contra la Revolución cubana se desatara con la mayor violencia.”
    Y cual es el autor de esto otro, en el mismo periódico, unos meses antes, en enero de 1959:
    “Los fusilados son connotados criminales; sus crímenes han sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre sentimental no ha movido un dedo para que sigan los ajusticiamientos; hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez.”
    Muy bien, Echerri.

  • Amadeus dice:

    ¿Qué daño hicieron estos señores?
    Que yo sepa ni Cabrera Infante ni Heberto Padilla condenaron ni chivatearon a alguien para que lo fusilaran.

    ¿Qué creyeron en la Revolución?
    Los primeros 10 años de la revolución estuvieron llenos de euforia e ilusiones y nuestros abuelos y padres también se involucraron llenos de esperanza, a pesar de la muchas injusticia y crímenes que veladamente se cometieron. Otra historia es en lo que ese fenómeno se convirtió después, la razón por la que hoy todos estamos aquí.

    ¿Acaso Montaner, Rivero y cientos de inlectuales no estuvieron hasta el otro día en la Isla y ahora son los más acérrimos críticos del régimen? ¿No estabamos nosotros también haciendo guardia del CDR y asistiendo a la asambleas de mérito y demérito y yendo a la Plaza; en fin, “embarajando”? Qué tire la primera piedra quien está libre de pecado. Vamos..

    Lo primero que hay que hacer antes de reaccionar como el perro de Pavlov, es tomarse 30 segundos antes de hablar boberías.

  • fernando dice:

    excelente texto. el tono y los datos justos. muy bueno.

  • unas arenas del más allá dice:

    “Los chicos de Lunes eran los girondinos y los mencheviques de la revolución cubana.”

    Los despistes del echerri, siempre hablando de lo que no sabe mientras salta en la patita impar: en todo caso serían los bolcheviques y los jacobinos, que no por nada Cabrera Infante, Franqui y Candela tenían una sección en “Revolución” titulada “El Jacobino” y cómo pedían desde ella paredón para todo el mundo. Basta buscar en la NYPL los tomos del diario, pero Vicente jamás ha leído nada fuera de alguna solapa, no por nada lleva doce patas a cuesta.

  • cubanolibre dice:

    si estos ”iluminados” gritaron paredon, paredon, abajo los gringos, educacion romana para que?…..que se podia esperar de la plebe embriagada con la ilusion de que les habia llegado la hora del poder…..Son doblemente culpables de la tragedia nacional

  • omar dice:

    Cuánto daño hicieron todos, y cómo todos se largaron después

  • Jacobo dice:

    Magnífico artículo Echerri. Lo felicito.

  • el berraco dice:

    …..y pensar que todos estos personajillos(todos funestos y en el primer circulo de poder) fueron los escalones en que se encaramo el mas astuto y perverso de todos ellos…..que se arrepintieron? Quiza…….. pero los muertos, las carceles y las injusticias cometidas diariamente en esos 3 primeros a~os de la ROBOLUCION los mancho y marco hasta el ultimo dias de sus vidas y con esas manos manchadas, fueron cayendo en la tumba uno a uno. En mi humilde opinion, ni el agua del exilio las limpio de su pecado

  • Nic dice:

    Estupendo Echerri. Muy bien caracterizados los personajes en par de frases que los sitúan en su justo lugar histórico. Sin estridencias pero sin concesiones. Incluso con la visión benévola que sentimos por el tonto que se deja engañar por un estafador. Gracias

  • Anónimo dice:

    Esta es la primera generacion de los intelectuales lameculos que tuvimos en el an~o de la desgracia cubana.

  • la flaca dice:

    Para exigir integridad, hay que manifestarla. No se quien crio al escritor, pero una cosa esencial es aprender a perdonar. Este analisis me entristece porque se le quita el pellejo sin la menor piedad a hombres que no estan vivos para defenderse. En el boxeo (deporte de mi padre) eso se llama dar golpes por debajo del cinturon…

  • Los “otro-culpistas”: Todos fueron partidarios del paredón y hubieran merecido perecer ante él.

  • lo más elocuente es la planta marchita en el medio –lo que puede ubicar la foto a principios de otoño y no verano–, que los sitúa a todos como frutos secos de un árbol mal sembrado, porque a fin de cuentas… haberse creído (y ayudado a que creciera) la bobería 10-15 años los hace tan culpables o más como los que aún se la chupan y se la tragan sin agua… ninguno logró superar lo que hicieron dentro del jueguito, y una vez fuera vivieron de esos ecos.

  • ROSITICA dice:

    Parece, que la foto fue tomada alrededor del tiempo cuando la filmacion de Conducta Impropia.

  • oscar canosa dice:

    Es una gran pena, pero para escoger correctamente en la politica, hay que tener la madurez de la Nacion.

  • Luis Casacó dice:

    estupendo retrato.
    gracias, vicente y PD, por el artículo y la foto. saludos,
    L

  • [...] This post was mentioned on Twitter by PenultimosDias, ney. ney said: RT @PenultimosDias: Instantánea de una desilusión: Mi amigo Pedro Yanes me envía una foto tomada por él hace casi tres décadas, que m… http://bit.ly/9KwIqC [...]