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Ojos de pescado

  • jun 19, 201023:28h
  • 2 comentarios

Están ahí para mirarnos y grabarnos. Decenas, cientos de cámaras regadas por toda la ciudad como si ya no fueran suficientes los camiones cargados de policías, los CDR en cada cuadra y los segurosos con camisas a cuadros. Han sido instaladas con una eficiencia que rara vez se ve en la ejecución de algún proyecto de beneficio popular. Su sofisticada estructura asoma lo mismo en una calle donde la mitad de las casas están a punto de derrumbarse que en los modernos enclaves turísticos o en la suntuosa Quinta Avenida. Captan al que trafica con carne de res, vende drogas o arrebata una cadena de oro; pero también vigilan a quienes no guardan armas bajo la cama, sino opiniones en sus cabezas.
Cuando esos “ojos de pescado” empezaron a ser instalados por todas partes, generaron entre los habaneros una sensación de parálisis. Me recuerdo buscando los puntos ciegos donde sus globos de cristal no pudieran captarme. Después me relajé un poco y aprendí a vivir con ellos, sin dejar de sentir esa comezón en la nuca que da el saberse observado. Entre las especulaciones alrededor de estas máquinas filmadoras está la de que tienen programas para detectar rostros —ya incluidos en una base de datos— a partir de medidas antropométricas. Pero los comentarios de ese tipo bien pudieran pertenecer al catálogo fantasioso que genera todo lo nuevo.
Estas cámaras públicas —materialización de la telepantalla orwelliana— han dado inicio a una nueva cinematografía. Aunque funcionan básicamente de forma automatizada, algunas manos han filtrado su contenido hacia las redes alternativas de información. Decenas de imágenes salen de los archivos policiales y circulan ahora mismo a través de las memorias USB. Videos donde se nos ve delinquir y sobrevivir, hurtar y rebelarnos. Minutos de golpizas policiales, choques de autos y vistas de prostitución entre muchachos muy jóvenes y turistas que le duplican la edad. Una completa muestra de un impactante snuff movie que desde hace semanas va de una pantalla a otra, brinca de los teléfonos móviles a los reproductores de DVD.
Sin pretenderlo, la policía nos ha dado el más crudo testimonio que se puede tener sobre nuestro presente. Una sucesión de escenas que —no hay dudas–– quedarán almacenadas en la memoria visual de este país.

Yoani Sánchez
La Habana

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2 respuestas
Comentarios

  • anonimo dice:

    OTRA IDEA ABSURDA DEL GOBIERNO CUBANO.

  • Pan con gorgojos dice:

    El gobierno compra tiempo a expensas del miedo. Pronto comenzarán a verse las cámaras en el mercado negro y entonces tendrán que poner otras cámaras para vigilar que no se roben o rompan las primeras y así sucesivamente. ¿De veras alguien puede creer que un sistema que no le puede dar dos platos de frijoles al dia al pueblo pueda darle mantenimiento a miles de cámaras regadas por toda la ciudad de La Habana? Como se hubiera dicho hace muchos años: no creo que duren lo que un merengue en la puerta de un colegio.