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The Twitter Devolution*

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    Editor Jefe
  • jun 12, 201000:30h
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Por Golnaz Esfandiari

Antes de una de las mayores protestas iraníes del año pasado, una periodista en Alemania me mostró una lista de tres destacadas cuentas de Twitter que estaban comentando los sucesos de Teherán y me preguntó si conocía las identidades de sus participantes. Le dije que sí, pero pareció desilusionada cuando le conté que una estaba en Estados Unidos, otra en Turquía y la tercera —especializada en urgir al pueblo a “tomar las calles”— tenía por base Suiza.
Tal vez rompí sus sueños de una “revolución Twitter” iraní. Ciertamente, la prensa occidental nunca se ha cansado de proclamar que los iraníes usaban Twitter para organizar y coordinar sus protestas, tras el aparente robo electoral por parte del presidente Mahmoud Ahmadinejad el pasado junio. Incluso el gobierno norteamericano pareció seguir el juego. El antiguo consejero de Seguridad Nacional Mark Pfeifle proclamó que Twitter debería obtener el Premio Nobel de la Paz porque “sin Twitter el pueblo de Irán no se habría sentido con el poder y la confianza necesarias para alzarse en defensa de la libertad y la democracia.” Y el Departamento de Estado norteamericano supuestamente le pidió a Twitter retrasar algunas tareas de mantenimiento para permitir a los iraníes comunicarse a medida que las protestas crecían.
Pero ya es tiempo de ver con objetividad el papel de Twitter en los sucesos de Irán. Digámoslo de la manera más fácil: no ha habido una revolución Twitter en Irán. Como Mehdi Yahyanejad, el administrador de “Balatarin,” uno de los websites más populares en farsi, le dijo al Washington Post el pasado mes de junio, el impacto de Twitter dentro de Irán es nulo. Declaró: “Aquí [en Estados Unidos], se habla un montón del asunto. Pero cuando observas lo que ves son sobre todo norteamericanos twitteando entre ellos.”
Algunos activistas de la oposición me han dicho que usaban mensajes de texto, correo electrónico y posts en los blogs para publicitar acciones de protesta. Sin embargo, el boca a boca tradicional fue, de lejos, el medio más influyente empleado para dar forma a la actividad de la oposición después de las elecciones. Todavía hay una ardiente discusión en Facebook sobre cómo los activistas difundieron su información, pero Twitter definitivamente no era una herramienta de comunicación importante para los activistas que estaban sobre el terreno en Irán.
Sin embargo, la “Revolución Twitter” fue un meme irresistible durante las protestas posteriores a las elecciones, una historia que se escribió por sí misma. Varios analistas estuvieron dispuestos a hacer sonar las campanas en torno al supuesto papel de Twitter en el Movimiento Verde. Algunos eran expertos en política, como Andrew Sullivan y Marc Ambinder en The Atlantic. Otros eran expertos en nuevos medios de comunicación, como Sacha Segan de PC Magazine. Los periodistas occidentales que no lograban llegar a la gente sobre el terreno en Irán —¿o no se molestaban en hacerlo?— simplemente recurrían a los tweets en lengua inglesa publicados con la etiqueta #iranelection. Mientras tanto, a nadie parecía preocuparle por qué gente que intentaba coordinar protestas en Irán pudiera escribir en cualquier otra lengua que no fuera el farsi.
Un ejemplo prístino de esa miopía fue un perfil, publicado en el Guardian británico, de Oxfordgirl, una tuitera descrita como “pieza clave” en el desorden posterior a las elecciones. “Antes de que comenzasen a bloquear los teléfonos móviles, yo casi estaba coordinando los movimientos individuales de la gente —“ve a tal o cual calle,” o “no vayas ahí, los Basij están esperando,” dijo. Es una historia cautivadora —pero al reportero se le olvidó preguntar cómo Oxfordgirl se las arreglaba para comunicarse con los residentes de Teherán a través del teléfono móvil si el gobierno iraní había apagado todo la red de móviles de la ciudad, como siempre hacía en los días de protesta.
Al final Oxfordgirl tuvo más éxito consiguiendo publicidad personal que ayudando a las protestas en Irán. Comparemos sus 10,000 seguidores de Twitter con los 300 de un activista Verde con base en Karaj (que prefiere no ser identificado o ver su página Twitter anunciada). El activista twittea en persa, que pocos periodistas occidentales pueden leer, y es a menudo una fuente de información valiosa sobre el ánimo en el país.
La historia de Oxfordgirl nos da una pista sobre el papel real que jugó Twitter. No hay dudas de que ayudó a difundir las noticias sobre las protestas iraníes —a menudo muy aprisa. Twitter interpretó un papel importante a la hora de narrar los sucesos en Irán para el resto del mundo. Junto a Youtube, ayudó a centrar la atención del mundo en la lucha del pueblo iraní a favor de la democracia y los derechos humanos. Los nuevos medios de prensa a lo largo del último año crearon y sostuvieron una solidaridad internacional moral sin precedentes con la lucha iraní —una lucha ya desarrollada con coraje mucho antes de que Twitter fuera siquiera concebido.
Pero un recuento honesto del papel de Twitter en Irán deberá también tomar nota de su perniciosa complicidad en la difusión de rumores. Comenzó con muchos informes no sustentados sobre las protestas. En los primeros días de represión postelectoral circuló rápidamente en Twitter el rumor de que los helicópteros de la policía estaban arrojando ácido y agua hirviendo sobre los manifestantes. Un año más tarde sigue siendo eso: un rumor. Otras historias de Twitter fueron rápidamente desmentidas, como la sugerencia que circuló el pasado junio de que Mousavi estaba bajo arresto domiciliario en Teherán.
Los seguidores Twitter de #iranelection también mencionaron rápidamente a Saeedeh Pouraghayi —que habría sido supuestamente arrestada por gritar “Allah Akbar” en su techo, para luego ser violada, desfigurada y asesinada—, una nueva “mártir del Movimiento Verde. Su historia rápidamente recorrió Twitter y otras redes sociales. Incluso Mousavi y sus ayudantes acudieron supuestamente a una ceremonia conmemorativa celebrada en su honor en Teherán.
Sin embargo, toda la historia resulto ser una mentira. Pouraghayi apareció después en un programa de la televisión estatal iraní y dijo que la noche en que había sido supuestamente arrestada, se había escapado saltando desde su balcón. En los dos meses siguientes, dijo que había sido tratada en la casa de la persona que la encontró en la calle. Un website reformista escribió más tarde que el gobierno iraní había colocado la historia para sembrar dudas ante las protestas de la oposición sobre la violación de detenidos y preparar el camino para el arresto posterior de líderes opositores. Twitter, al parecer, puede servir a las necesidades del régimen de Irán tan fácilmente como puede ayudar a los activistas del país.
Seamos claros: no es que los propagandistas en Twitter de las protestas iraníes no hayan jugado un papel en los sucesos del año pasado. Lo tuvieron. Pero no es el papel desmesurado que ha menudo se les ha dado. Y en última consecuencia, eso ha sido una terrible injusticia para los iraníes que han hecho sacrificios reales, no remotos ni virtuales, en busca de la justicia.

* Publicado originalmente en Foreign Policy, 7 de junio de 2010. Traducción: Juan Carlos Castillón. Este artículo es parte de un buen dossier sobre Irán, que sale en el último número de la revista, y que junta opiniones de Reza Aslan, Azar Nafisi, Abbas Milani Nazila Fathi, entre otros.

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