- mar 31, 2010 • 17:56h
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Ayer por la mañana salieron del puerto de Mariel hacia Estados Unidos
dos embarcaciones que procedentes de la Florida recogieron 48 elementos antisociales.
Hoy saldrán 11 embarcaciones de la misma procedencia que trasladarán a ese país más de trescientos. ¡Un buen ritmo!
“Noticias del Mariel”, Diario Granma, La Habana, martes 22 de abril de 1980, primera plana.
Y entonces fue que se formó el desbarajuste. Las “Noticias del Mariel” que habían salido en el diario oficial el martes 22 provocaron en todo el país un sacudimiento general, como si toda la isla hubiera sido víctima de un terremoto mental y, de inmediato, físico, a nivel de los individuos y de la situación cotidiana. La gente fue tomada por sorpresa, nadie se esperaba una cosa así. Todo el mundo sabía que Granma era la voz del gobierno y que ese tipo de textos se usaba para enviar señales exploratorias a la opinión pública, pero esta vez el entrenamiento previo no sirvió de mucho: el país en pleno estaba aturdido por la novedad. Las señales emitidas por aquel pequeño recuadro en primera plana podían ser tanto abrumadoras como deslumbrantes.
Y toda la población, no sólo los que se querían ir sino también los que no lo habían pensado aún, se dio de inmediato a la tarea de descifrar lo que aquel parrafito quería decir en realidad.
Porque instintivamente todos sabían que ahí no estaba dicho todo, que el gobierno nunca hablaba con claridad, que cuando se formulaban esos avisos había que leer entre líneas y tratar de adivinar lo que se escondía detrás de lo explícito. ¿Cómo había que acoger aquello? ¿Qué intenciones tenía ese anuncio? ¿Se había iniciado un nuevo Camarioca, aquel puente de yates privados que a fines de los años 60 se había llevado hacia Estados Unidos a miles de personas durante las pocas semanas en que las autoridades de Cuba permitieron que estuviera vigente? Y en ese caso, ¿cuáles eran los requisitos para entrar en el juego, ya que el anuncio daba a entender que los refugiados de la embajada no eran los únicos “antisociales” que podían irse de la isla? ¿O se trataba de una nueva provocación internacional, una jugarreta del “mandamás” para forzar a las autoridades de Washington a entrar en negociaciones y, llegado el caso, hacer determinadas concesiones?
De nuevo, como cuando habían anunciado, un poco más de dos semanas antes, la entrada en la embajada del Perú de los primeros refugiados, las familias o los grupos de amigos se entregaron a conciliábulos y suposiciones, para conocer sin pérdida de tiempo qué significaba aquello y qué les convenía hacer. El que más y el que menos releyó aquel día muchas veces el anuncio, esperando descubrir la clave que encerraba. Desde luego, los que deseábamos irnos del país queríamos determinar, sobre todo, si por fin aquello constituía una oportunidad para salir hacia los Estados Unidos. Aquel ajetreo podía reducirse a una trampa para que la gente manifestara sus deseos de irse y así tenerlas mejor “fichadas” de ahí en lo adelante.
Porque costaba mucho trabajo imaginarse en esas primeras horas que aquello se iba a convertir en un éxodo masivo y casi descontrolado, que duraría meses y que permitiría a unas 125,000 personas lanzarse al mar en embarcaciones de todo tipo, desde naves de pesca hasta yates privados, muchos de ellos inseguros. Nadie podía suponer en ese momento que hasta fines de septiembre de ese año saldrían a diario del puerto de Mariel decenas y decenas de esas embarcaciones, ni que éstas partirían atestadas de emigrantes, corriendo el peligro de zozobrar en alta mar a consecuencia del excesivo peso, bajo presión de las autoridades cubanas.
Pues nadie podía suponer en esos momentos que las autoridades obligarían a los capitanes de esas naves para que aceptaran en cada caso un número riesgoso de refugiados (so pena de que esos barcos no pudieran llevarse a las personas que sí habían venido a buscar, las cuales eran familiares de los dueños de la embarcación correspondiente o de las personas que habían pagado en Estados Unidos a esos capitanes para que sacaran de Cuba a sus parientes). Nadie podía prever que aquello se iba a convertir en un gigantesco éxodo de miles y miles de personas dispuestas a lanzarse al mar, incluso en esas condiciones, sin otro equipaje que la ropa que tenían puesta, con la única esperanza de escapar de la realidad cubana de entonces y llegar a otro país.
Lo que vino después es posible que ni siquiera los altos jerarcas del poder lo hayan previsto. Sin embargo, a pesar de la confusión general y los temores, al cabo de algunas horas de relectura del anuncio, una cosa comenzó a quedar en claro: el gobierno quería convencer a la gente de que una embarcación privada de Estados Unidos podía llegar a Mariel, un puerto ubicado al norte de la costa occidental del país, a buscar personas residentes en Cuba que desearan emigrar. Tras anunciar que ya habían llegado a ese puerto las dos primeras naves y que éstas habían regresado a la Florida con 48 personas, las sibilinas palabras del anuncio precisaban que “estas embarcaciones vinieron por su propia cuenta y fueron recibidas con toda cortesía”, lo cual en la jerga del poder quería decir: “¡vengan, los recibiremos bien, y se podrán llevar a las personas que pidan!”… ¡Qué autoridades tan amables y corteses!
Unas líneas más abajo venía algo aún más revelador: “Sus tripulantes solicitaron llevar un grupo de los que fueron huéspedes de la embajada de Perú y a algunos familiares de residentes en Estados Unidos. Fueron plenamente complacidos.” Cabía sorprenderse de lo complacientes que se mostraban en esa circunstancia los funcionarios cubanos de aduana y de inmigración, pero el detalle definitorio era que en esas dos embarcaciones iniciales ya se habían mezclado dos grupos de refugiados: los que habían estado en la embajada hasta recibir el “salvoconducto” para regresar a sus respectivos hogares y seguir esperando allí a que la situación se resolviera, y otras personas que no habían entrado en la embajada y que serían autorizados a partir si eran “familiares de residentes en Estados Unidos” y éstos venían a buscarlos en sus propios yates o si pagaban a alguien para que viajara a Mariel a buscar a esas personas. Ahí estaban todas las claves: desde ese primer aviso, la intención del gobierno de Cuba fue provocar un éxodo masivo hacia la Florida que pusiera a Washington en la obligación de aceptar, no sólo a los refugiados de la embajada, sino a todo aquel que las autoridades de La Habana quisieran poner a bordo de las embarcaciones del Mariel.
(Continuará…)
Reinaldo García Ramos
Miami
Foto: A shrimp boat returning from Mariel, Cuba, filled with Cuban refugees, lands at Florida’s Key West Naval Base on April 30, 1980. AP.
© Este fragmento pertenece al libro inédito Cuerpos al borde de una isla; mi salida de Cuba por Mariel. No puede ser reproducido en ningún otro sitio, salvo con autorización expresa y por escrito de su autor. Los fragmentos publicados no son consecutivos.
PD: Entregas anteriores:







[...] —A buen ritmo. [...]
[...] —A buen ritmo. [...]
Anonimo, como que “estaban claros de que aquello con el paso de los años se convertiria en lo que hoy es, una dictadura totalitaria y criminal”
Como con el paso de los anyos? Aquello YA era una dictadura totalitaria y criminal desde comienzo de los anyos sesenta? Y usted se creen critico de la Revolucion, etc. y se ha tragado todo sus mitos? Segun usted, cuando comenzo a ser una “dictadura totalitaria, etc” en el anyo 90? Ay, Cuba
http://vocescubanasdesdeelviejocontinente.blogspot.com
Soy la del comentario anterior, no se porque me pone anonimo
Esto no fue mas que otra idea diabolica y bien pensada del gobierno cubano, muy facil fue salir de la “lacra” de paso vaciar un poco las carceles, menos problemas, menos gente que alimentar y dar atencion medica y por sopuesto abrir la puerta del mar caribe a aquellos que por sus ideas ya sabian que no tendrian lugar en esa sociadad y partirian sin pensarlo, fue muy facil para fidelito quitarse de encima a todos aquellos que pudieran perturbarlo a nivel nacional por sus ideas, porque estaban claros de que aquello con el paso de los años se convertiria en lo que hoy es, una dictadura totalitaria y criminal.
Interesante saber los detalles de como sucedio aquello…Fue una estrategia semejante a la del ’94.
Besos, rey.