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A ras de una primavera blanca

  • Mar 21, 201001:04h
  • 7 comentarios

“¿En qué país vivimos?”, pregunta mi madre de casi 75 de cara a nuestro obsoleto televisor. “Bienvenida al justo tiempo humano que nunca fue”, le digo, y cambio la retransmisión de la Mesa Redonda por el noveno inning del play-off de béisbol. Se acaba este campeonato y el equipo estrella de la capital cubana parece inspirado en la semifinal.
Pero mi madre queda conectada con el otro canal y pregunta sobre esas Damas de Blanco que nadie defiende al otro lado de la pantalla. Ella es católica de domingos y “casitas de misión”, pero ningún fiel en Lawton se atreve a explicarle qué piden dichas señoras de iglesia en iglesia. Tampoco la homilía abunda en por qué la policía o el pueblo o ambos les impiden a empujones cada peregrinación.
Es muy tarde en Cuba, casi medianoche, y con el último frente frío se condensa un silencio nórdico al que sólo la TV sobrevive. Deshabitamos una barriada fantasma, de zombis espectadores pero ya no expectantes. El arte de la espera aquí es pura falacia argumental. Lawton languidece póstumo a la par que pacífico.
No tengo ganas de responderle a esta hora a mi madre. Se aterraría si descubre que su hijo único posee información peligrosa al respecto. Apenas reporto que se trata de familiares de periodistas presos desde el 2003, por lo que como dolientes tienen tácitamente cierto estatus de inmunidad moral. De lo contrario, por mucho menos las hubieran condenado con mil y una pruebas por desacato o escándalo público o peligrosidad.
“La política es el negocio de los muertos”, mi madre parafrasea sin saberlo a otra madre de letras en Las iniciales de la tierra. La veo tomar sus pastillas y sprays, y se acuesta sin mayor post-data para mi pequeño speech. Es evidente que he declarado detalles de más. Hablo mucho en los interrogatorios (contrario a Jesús Díaz, yo soy un novelista frustrado) y hay instancias de poder (paternalista o materno) ante las que cualquier diálogo sobra.
De pronto me he quedado solo en la sala, visionando la victoria de tinte azul insípido de los Industriales. Entonces cambio clandestinamente el canal y las veo a retazos entre diplomáticos y musiquita de suspense socialista. Damas indomables de un blanco que sobrevive a los ripios de ese reportaje ridículo y radical.
Para añadirle fuel a mi fotoblog Boring Home Utopics, una vez hice fotos a las Damas de Blanco, en la Quinta Avenida de Miramar. Y cuando comenzaron a corear “libertad, libertad” bajo el reloj roto de Calle 10, casi me escondo de cuerpo completo dentro de mi Canon digital.
Tras aquella coraza estuve disparando sin respirar varios minutos, hasta rebosar la tarjeta de 1 gigabyte. No podía creer que yo estuviera entre aquel grupito femenino que resolvía sin esfuerzo el nudo gordiano de la Revolución Cubana: manifestarse en público de manera espontánea.
Sea neutro, a favor o en contra: es sabido que no poder desviarse de la disciplina gubernamental es el talón totalitario de Aquiles que debilita a cualquier autoridad.
Durante estos días vuelvo a saber de ellas por chismes de pasillo y acera, por sms que rebotan anónimos en mi móvil, por los titulares y píxeles y tribulaciones de la prensa extranjera acreditada oficialmente en La Habana, y ahora resuenan incluso en la engañosa voz gangosa de Randy Alonso y en el desparpajo por despecho o encargo de Reinaldo Taladrid.
Cuba queda entonces, por supuesto, a la espera de las reflexiones del ex-Premier en el periódico Granma o como postre en un portal de internet. Todo el mundo tiene algo que aportar o apestar acerca de este descolor sagrado, un blanco que remite al respeto de las religiones afrocubanas (en tanto los gladiolos de gladiadoras permanecen por el momento menos fichados).
Dada la coyuntura extrema interna y la candente campaña internacional, las Damas de Blanco, como en una pesadilla política de Stephen Vincent Benét, marcan un hito de género para el futuro de nuestra historia tan machistoide. Así, mientras los hombres se exterminan por idioteces más o menos ideológicas, la savia sabia de las hembras sigue siendo un garante de civilización: sus cromosomas X-X aún tienen el coraje de dar a luz un nuevo tipo de lucidez, de parir otra patria no tan patéticamente patriota como la del siglo XX, y de no parar a menos que les pase por encima todo el peso podrido de la ley.
Con sus atrevidas aventuras por los barrios altos y los marginales de La Habana 2010, las Damas de Blanco durante una semana se robaron la tea prometeica de la acción. En términos dramáticos, ellas sin duda son una fuerza actancial, protagonistas agónicas de un efímero ensayo de revolución ciudadana. El eterno Estado cubano, o nuestro pueblo en tanto su vocero de verde oliva o civil, no puede sino jugar a la riposta, interpretando el rol secundario de la reacción.
Las alternativas no parecen ser otras que el entendimiento (esa virtud ninguneada ante todo conato contrario de opinión) o el aniquilamiento (esa perversión que los cubanos profesan tan pródigamente contra el enemigo supuesto o real). Un oráculo de derechas diría que hoy hay demasiados intereses institucionales que insisten en que la odisea del odio dure más allá del retorno a la Isla de Ítaca. Una pitonisa de izquierdas diría que la nación sigue en peligro de invasiones bárbaras como medio siglo o medio milenio atrás.
“¿En qué país viviremos?”, le pregunto a la pregunta de mi madre de casi 75. “Bienvenidos al injusto tiempo humano que nunca dejó de ser”, me digo, y el pitido del patrón de pruebas me resucita en medio del insoportable silencio de la medianoche.
Finalmente apago el televisor y yo también me voy a la cama, deseándole buena suerte en esta etapa final a mis ídolos de Industriales, rogando para que ningún couch negocie con muertos en la próxima bronca sobre el terreno de nuestra novela de necio aprendizaje nacional.

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

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7 respuestas
Comentarios

  • Yanelys dice:

    Siento pena por las Damas de Blanco, a las cuales no se le suma el pueblo aún sintiendo deseos de gritar Abajo Fidel!!
    En nuestra patria impera el régimen del terror!!!

  • Yanelys dice:

    Ernesto: aquí te dejo una noticia interesante!
    Saludos

    http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/20/espana/1269110176.html?a=886485af7851a410e203fee3682189b4&t=1269157942&numero=

    Los Etarras que no encuentren en Cuba, seguro que andan en Venezuela en “misión” o “colaboración”… lol

  • Alex Ben Rod dice:

    General de Ejército Raúl Castro Ruz,
    Presidente del Consejo de Estado y de Ministros
    (Elegido democráticamnte por su hermano)

    Querido Raúl:

    Nos dirigimos a Ud con la satisfacción del deber cumplido; acabamos de regresar de cumplir otra misión encomedada por el Partido y los compañeros de la seguridad del estado (G-2). Siempre nos hemos sentido seguros de que la Revolución es invensible y que protege a sus hijos; por eso es que nunca hemos vacilado en dar un paso al frente como tropa de choque ante cualquier provocación de la contrarevolución así se vista de blanco y sean un montón de viejas físicamente débiles.

    No obstante, querido general, quiero compartir con Ud. algunas preocupaciones que han surgido entre algunas compañeras que hemos participado recientemente en las misiones asignadas con motivo de la fuerza que están tomando los grupúsculos contrarevolucionarios mal llamados “disidentes”.

    Primeramente, nos preocupa que siempre somos las mismas compañeras y compañeros los que vamos a estos actos de repudio; nunca vemos a ningún dirigente de la revolución presente para que nos apoyen moralmente. En segundo lugar, tampoco vemos a familiares de nuestros dirigentes participar con nosotros (aunque eso sí, algunos si se prestan par salir con el equipo de pelota a los eventos internacionales). Creo que para que nos sintamos más seguras, algunos de nuestros generales más famosos (incluyendo los dirigentes históricos que quedan junto con sus hijos tan revolucionarios ellos) deberían participar con nostros en estos actos de repudio para poder frenar juntos la gusanera controlada y financiada por el imperio.

    Por otra parte, nos preocupa grandemente que hay mucho “pueblo” con teléfonos que tienen camaritas fotográficas y muchos periodistas extranjeros en cada uno de estas misiones. No sé si Ud se ha enterado, querido general, pero las fotos de algunas compañeras están siendo divulgadas por todo el mundo y tememos que sean utilizadas contra nosotras en el futuro en algún juicio que pudiera existir. Lo correcto sería que nos retrataran a todos juntos: los dirigentes y las tropas de choque. De esa forma le damos un claro mensaje al mundo de que somos soldados revolucionarios enardecidos obedeciendo órdenes directas de los jefes que aparecen en las fotos junto a nosotras (lo de pueblo espontáneo no se lo cree nadie; basta con filmar los balcones aledaños para darse cuenta que ese pueblo está seriamente observándonos desde la distancia). ¿No le parece fantástico, querido general? La moral de nuesta tropa se elevaría. El mundo sabrá entonces que no somos lo que nos llaman: fuerzas fascistas, camisas pardas, paramilitares, etc., sino soldados de la Revolución cumpliendo nuestras obligaciones según son asignadas por nuestros aguerridos jefes de la seguridad del estado y el partido.

    No debemos ser responsables legales de los que se nos ordena (eso debe ser un asunto de nuestra conciencia). Los jefes, los que viajan, los que reciben delegaciones en fastuosas recepciones, los que viven en mejores lugares (y casas), los que andan en carros siempre, deben ser los responsables legales de estos hechos. Si no hubieran cámaras, no estuvieramos preocupadas y entenderíamos que nuestros jefes son personas muy importantes que no tienen tiempo para estar presentes en estos asuntos; pero no es el caso: ¡Nos están filmando y fotografiando todos los días! Además, uno que otro de estos blogueros se están dando cuenta que somos los mismos siempre…

    El otro día, a una compañera le informaron que un primo de ella la reconoció en un video que ponían en la televisión de la gusanera de Miami. El primo llamó y no sabe el escándalo que se formó en su casa (creo que el primo mandaba dinero y amenazó con no hacerlo más). A otro compañero lo llamó su padre (quien vive acá, por el Malecón creo yo) y le dijo que le daba verguenza que su hijo estuviera reprimiendo a mujeres indefensas; no hubo forma de convencer al viejo que las señoras son gusanas contrarevolucionarias.

    Reiteramos nuestra disposición a servir a la Revolución; eso sí, en el futuro, si esto se acabara porque la contrarevolución y sus peones logran derrocar nuestros logros de 50 años, las responsabilidades no pueden ser de nosotras mientras los jefes y sus familiares se han ido del país con los bolsillos llenos de dinero a buscar refugio seguro (que seguramente ya han comprado de antemano).

    ¿Se acuerdan del 59?

    No way, José! – como dice un vecinito que viene de Miami a visitarnos ocasionalmente.

    Estamos preocupadas con tantas camaritas filmando y tomando fotos de nuestras caras…

    En nombre de todos los compañeros que participamos en estas misiones “voluntariamente” de barrio en barrio, de pueblo en pueblo y, a veces, de provincia en provincia, revolucionariamente,

    Ariadna Cambiablusita

  • renzo el gitano dice:

    ..es un extraordinario texto….

  • raidel dice:

    Wow brother, sigue escribiendo, que lo haces bien. Quizas algun dia tus novelas se publiquen para leer en el mundo entero. Te exhorto!!!!

  • PolO dice:

    27 fotos de la represión a Las Damas de Blanco: http://www.fotos.emol.com/?G_ID=13813#

  • Lori Díaz dice:

    Orlando te veo un tanto confundido en la interpretación del tiempo que te ha tocado vivir. Pienso que me gusta tu manera de escribir, pero me gustaría mucho más si fuera más convincente tu palabra.