- mar 21, 2010 • 13:07h
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Rafael Rojas en La Razón (México): “Matarse en Cuba”:
Dos artículos aparecidos en Granma, “Para quién la muerte es útil”, de Enrique Ubieta, y “Cuba no acepta presiones ni chantajes”, de Alberto Núñez Betancourt, trasmiten con nitidez la racionalidad del poder. Ambos definen a Zapata y a Fariñas como delincuentes —el sociólogo argentino Atilio Borón (Página 12, 1/3/10) hizo su contribución desempolvando la teoría estalinista del “lumpen proletariado” como base social de la “contrarrevolución”— con el propósito de justificar el no reconocimiento de Zapata como preso político y de Fariñas como opositor pacífico.
Sin embargo, ni Ubieta, ni Núñez, ni Borón pueden prescindir de los calificativos de “contrarrevolucionarios” y “mercenarios”, términos con que la retórica oficial designa a los disidentes. De manera que, en buena lógica, si Zapata y Fariñas son “contrarrevolucionarios” y “mercenarios” entonces no son delincuentes o lumpens sino activistas de la ampliación de los derechos civiles y políticos en Cuba. El primero, desde su celda; el segundo, desde su casa. Es decir, sin “daños a terceros”, como establecería cualquier Estado de derecho.



