- mar 18, 2010 • 23:30h
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Vicente Echerri en El Nuevo Herald: “El remedio de la libertad”:
De algunos he olvidado sus nombres, pero no su sufrimiento ni sus historias. Más de 40 años han pasado de mi estancia durante una semana en el Departamento de Seguridad del Estado (Santa Clara, Cuba) como preámbulo a mi ingreso en la cárcel y aún puedo ver las celdas de aproximadamente 6 x 9 pies donde se hacinaban hasta 12 hombres. En la que me pusieron había un condenado a muerte y un muchacho de 14 años. A este último lo acusaban de haber escrito un letrero contrarrevolucionario en el baño de su escuela, hecho que él negaba aunque lo incriminaba el testimonio del perito calígrafo. A mediados de noviembre de 1968, llevaba cerca de dos meses en ese antro, fingiendo ser un hombre (a fin de estar a la altura del ex infante de marina que habían cogido a tiros en el intento de sacar a unos fugitivos del país y quien se reía de su próximo fusilamiento), para luego volver a ser un niño y empezar a llorar clamando por su madre. Solían interrogarlo de madrugada y volvía a la celda hecho un guiñapo, con huellas de maltratos físicos y mentales.



