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13 de mala muerte

  • mar 13, 201020:16h
  • 4 comentarios

Varias veces asalté el Palacio Presidencial. Fue a finales de los años setenta. O a principios de los ochenta, quizá. Yo era un pionero ejemplar. Sabía leer en público. Tenía adicción por la dicción. Así que marzo tras marzo terminaba siendo el narrador de los matutinos de guerra en mi escuela primaria “Nguyen van Troi”, en la curva vertiginosa frente al estadio del antiguo Club Ferroviario.
Varias veces viví aquella orate epopeya. Estudiantes armados contra el ejército presidencial. La FEU contra un régimen feudal. Fusiles y no flores fast-delivery de sorpresa gangsteril contra el sátrapa. La ciudad incivil intentando adelantarse a la barbarie barbuda de la Sierra Maestra. La muerte en pleno apogeo, dando coletazos de puta carnavalera ya a punto de cuaresma. Y lo más sobrecogedor: el relato roto de aquel aquelarre en mi voz de nueve o diez años.
El momento clímax del 13 de marzo de 1957 supongo que no tuvo nada que ver con la acción. Todavía puedo imaginar a Manzanita, a las tres y tanto de la tarde de un miércoles atravesado en su garganta, las venas rojas hasta reventar con los micrófonos masticados entre sus labios, él mismo desconectando sin saber la emisión de Radio Reloj por exceso de decibeles y entusiasmo. Manzanita del infierno anunciando para nadie una muerte en futuro que al final ningún cubano nunca ejecutó: el ajusticiamiento del General de Banes llegaría sólo dos decadentes décadas después, en su cama cancerígena de la Europa dictatorial.
Otro instante único lo he leído o soñado en alguna novela o biografía elegiaca. Estando el comando magnicida en la “madriguera” de Fulgencio Batista, con el Hombre Fuerte ya en fuga por un pasadizo profiláctico, sonó el teléfono sobre el buró presidencial. Uno de los asaltantes respondió y volvió a lanzar la bola luctuosa: algo así como ¡el mulato ha muerto, cojones, no lo llamen más a este número…!
Eso se llama poder de fabulación, desesperación narrativa, ironías de una historia que se iba quedando sin ilación y muy pronto incluso sin histología.
Luego, por supuesto, vendría la carnicería: esa característica de la cubanidad que ninguno de nuestros santos teóricos se ha atrevido del todo a canonizar. Las patrullas penetrando pasillos. Hombres arrinconados como ratas. Delaciones por decreto. Torturas tétricas. La sangre rodando escalones abajo desde el cadalso de la clandestinidad. La ciudad calcinada por su impaciencia demócrata y la Sierra Maestra brillando bélica y bucólica tras la lección.
En mi cuadra de Lawton vivía la hija de uno de aquellos mártires. Su nombre era Alicia y por entonces aún no se había largado del país. Fue alguien muy importante en mis afectos de niño. Es posible que me haya enseñado a pronunciar las primeras palabras que luego yo leería tan bien en las mañanitas memoriosas de la “Nguyen van Troi”.
Una vez le quise preguntar por su padre y Alicia en el país de las pesadillas me regañó. No quería tocar el tema con un mocoso de nueve o diez años. Siempre sospeché que ella no sabía mucho al respecto. Que a esas alturas de su padre patriota no podía decirme nada. Que a la vuelta del tiempo tal vez todo no sería más que una efeméride efímera de mis matutinos de marzo, donde invariablemente se ponían las cintas fósiles o fúnebres grabadas por Radio Reloj.
Hace años que en esta fecha siento el vacío de no protagonizar yo aquel épico asalto ante mi audiencia estudiantil. Es como si no hubiera público, excepto el virtual. Como si no quedaran palabras, excepto las inverosímiles. La muerte cubana supongo siga siendo más o menos la misma mierda, pero ahora sin nota necrológica.
Hemos extraviado la consolación que implica cualquier discurso. Los cubanos estamos 100% solos de cara al pánico de la acción.

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

4 respuestas
Comentarios

  • Abel dice:

    la foto no es de Palacio ,es de la entrada del capitolio, justo en la puerta que da a la escalinata principal,la conozco bien, mi amada Habana!

  • A mi la foto no me dice nada, no la conoci, pero su articulo me trae recuerdos que aun me
    piden una esplicacion, nadie la tiene, ? porque murieron ?.
    Nuestro pueblo a permitido muchos muertos por gusto, creo que todos somos culpables, la necesidad de mas martires por la libertad del pueblo asi lo indica, ? cuando el pueblo va a cambiar para que estos martires no sean necesarios ?, ? cuando haremos lo correcto ?
    para el bien de todos y por todos!!! Ranulfo Ramirez.

  • Luis Rubiano dice:

    Magnifico.Muy original su version. Luego que fidel se entero de la muerte en combate de Manzanita, estuvo borracho tres dias. Algo sobrenatural lo ha perseguido desde que nacio para que todo le encaje a su gusto y beneficio. A Manzanita ni Newton lo hubiera salvado aunque llegara a triunfar; de alguna manera fidel se le hubiera arrimado. Un destino griego lo acosaba. Se adelanto a Camilo, Ochoa, Frank, Che, Abrantes, Barbarroja, Sori Marin, y un etc mas largo que Chile….

  • elberraco dice:

    la foto aunque distorcionada por la perspectiva es de la entrada del Capitolio por la escalinata y las puertas de bronze con la cupula ya en el interior, no de Palacio