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  • mar 06, 201007:12h
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The Economist: “Cuba and the United States, honeymoon cancelled”.

PD: Traducción de Rolando Cartaya:

Luna de miel cancelada

Regresa la desconfianza tradicional

De la edición impresa de The Economist, 4 de marzo de 2010.

Los cubanos que venden libros de segunda mano en los puestos improvisados de la Plaza de Armas de La Habana se entusiasmaron cuando Barack Obama resultó electo. ¿Podrían estar muy lejos millones de turistas norteamericanos?, se preguntaban. Se rumoró entonces que los vendedores se estaban preparando para colocar en el mercado parafernalia americana prerrevolucionaria: revistas Life, carteles de Coca-Cola, o periódicos de la época de la Guerra Hispano-Americana.

Sin embargo, ha quedado demostrado que las esperanzas de que Obama y su homólogo cubano, Raúl Castro, pusieran fin a 50 años de relaciones congeladas entre los dos países, eran demasiado prematuras.

Obama rompió el hielo con algunos gestos. En abril pasado su gobierno levantó las restricciones impuestas por George W. Bush a las visitas y las remesas de los cubano-americanos. También dijo que permitiría a empresas estadounidenses proveer servicios de telecomunicaciones a Cuba. Discretamente, apagó el rótulo electrónico instalado en la fachada de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, que había estado presentando noticias (propaganda, se quejó el gobierno cubano, y levantó una barricada de banderas para bloquearlo). La administración Obama también reanudó las consultas sobre cuestiones prácticas como la inmigración, que habían sido suspendidas bajo el gobierno de Bush.

La última ronda de conversaciones tuvo lugar a finales de febrero. Se vieron ensombrecidas por dificultades familiares. Los funcionarios estadounidenses exigieron la liberación de Alan Gross, quien trabajaba en La Habana bajo contrato con la USAID, y fue arrestado en diciembre. Su familia afirma que estaba ayudando a grupos de la comunidad hebrea en Cuba a establecer conexiones satelitales a Internet. Las autoridades cubanas lo acusan de espionaje.

La delegación estadounidense también se reunió con un grupo de disidentes, lo cual provocó una furiosa declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores: los visitantes estaban menos interesados en mejorar las relaciones que en “promover la subversión para derrocar a la Revolución cubana”.

Cuatro días después de las conversaciones, Orlando Zapata, un disidente encarcelado, murió bajo custodia en un hospital de La Habana, al cabo de 85 días en huelga de hambre, como protesta por el trato recibido en la cárcel. Eso provocó una airada reacción de las organizaciones internacionales de derechos humanos. Cientos de policías impidieron a los disidentes, salvo un puñado de ellos, asistir a los funerales de su compañero en la población del oriente de Cuba donde residía.

Zapata, albañil de oficio y nacido en una familia pobre, fue detenido en 2003 durante una ola represiva contra el pequeño movimiento opositor cubano. No era de los disidentes más conocidos, y fue inicialmente condenado a tres años por “desacato a la autoridad”, sentencia que se elevó a 25 después que tomara parte en protestas dentro de la prisión. Raúl Castro dijo lamentar la muerte de Zapata. Pero el gobierno insistió en que era un delincuente común y su muerte sin duda cubrió de vergüenza a Castro, así como al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien estaba en ese momento de visita en Cuba, pero rehusó condenar el hecho.

Sin embargo, pocos cubanos, por más descontentos que estén con los fracasos cotidianos del gobierno comunista, se atreven a enfrentar el hostigamiento infligido a los opositores activos.

Aquéllos que desde Estados Unidos sostienen que el embargo económico norteamericano sólo sirve para apuntalar el régimen de Castro, esperaban que el equipo de Obama estuviera de acuerdo con ellos. Pero ha quedado claro que la administración no está dispuesta a enfrentarse con los partidarios del embargo en el Congreso. Los intentos para levantar la prohibición de viajar a la isla a todos los estadounidenses se han estancado. “Hicimos un gran esfuerzo inicial, pero no hemos conseguido nada” del gobierno cubano, lamenta un funcionario del Departamento de Estado. Castro ha sido enfático en cuanto a que el sistema comunista de Cuba no será negociado con Estados Unidos.

En diciembre un juez de Miami ratificó las condenas a largas penas de prisión a dos de los cinco agentes cubanos arrestados en 1998 por espiar a grupos de cubanoamericanos anticastristas. En enero, la administración incluyó a Cuba en una lista de 14 países cuyos pasajeros deben someterse a revisiones antiterroristas adicionales antes de volar a Estados Unidos.

Esto provocó una protesta diplomática cubana, y las primeras manifestaciones contra Estados Unidos organizadas por el gobierno a lo largo de la isla desde que la enfermedad obligó a Fidel Castro a delegar la presidencia en 2006. Cuando Raúl Castro anunció el arresto del Sr. Gross, dijo que era una demostración de que la administración Obama pretendía derrocar al gobierno de Cuba y no se diferenciaba de sus predecesores.

Aun antes de empezar, la luna de miel ha terminado.

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