En Stratfor, revista de estudios estratégicos, George Friedman ilustra un análisis titulado “La utilidad del asesinato” con los hipotéticos ejemplos de Hitler y Fidel Castro.
Los ejemplos de Hitler (en 1938) y de Castro (en los últimos 50 años) apuntan hacia una pregunta más rigurosa: ¿Cuándo comerse un peón?
Asesinar a Hitler en 1938 habría sido un regalo a los judíos, haberlo hecho con Castro en los últimos 50 años habría sido un regalo a los cubanos. Un principio importante y maldito de la geopolítica es que las buenas partidas no se ganan otorgando dádivas a los que sufren.
En 1938 Hitler era visto, por la inmensa mayoría de los políticos del mundo occidental, como la posible solución para un mal peor: Stalin.
Fidel Castro, por su lado, nunca ha sido una amenaza real a los intereses o la seguridad de los USAs. Si algo evaluaron los americanos, desde el principio de la llamada revolución cubana, es que la bravuconería del guajiro, por muy real y auténtica que pudiera parecer, nacía, y sólo podía nacer, en Moscú.
Siguiendo esa misma lógica, Fidel tendría todo el derecho de mandar a asesinar a, digamos, Bush. ¿Adónde iríamos a parar por ese camino? Eso es empezar a jugar con fuego. Hitler es diferente. Esa es una dimensión más allá de toda comprensibilidad. ¿Y por qué no asesinar a alguien como Henry Kissinger, responsable de la muerte de tantos vietnamitas? ¿Acaso no han muerto más iraquíes tras la invasión norteamericana que durante la tiranía de Saddam? En fin, ya se sabe que mientras más se revuelve la mierda, tanto más apesta.
Los ejemplos de Hitler (en 1938) y de Castro (en los últimos 50 años) apuntan hacia una pregunta más rigurosa: ¿Cuándo comerse un peón?
Asesinar a Hitler en 1938 habría sido un regalo a los judíos, haberlo hecho con Castro en los últimos 50 años habría sido un regalo a los cubanos. Un principio importante y maldito de la geopolítica es que las buenas partidas no se ganan otorgando dádivas a los que sufren.
En 1938 Hitler era visto, por la inmensa mayoría de los políticos del mundo occidental, como la posible solución para un mal peor: Stalin.
Fidel Castro, por su lado, nunca ha sido una amenaza real a los intereses o la seguridad de los USAs. Si algo evaluaron los americanos, desde el principio de la llamada revolución cubana, es que la bravuconería del guajiro, por muy real y auténtica que pudiera parecer, nacía, y sólo podía nacer, en Moscú.
Siguiendo esa misma lógica, Fidel tendría todo el derecho de mandar a asesinar a, digamos, Bush. ¿Adónde iríamos a parar por ese camino? Eso es empezar a jugar con fuego. Hitler es diferente. Esa es una dimensión más allá de toda comprensibilidad. ¿Y por qué no asesinar a alguien como Henry Kissinger, responsable de la muerte de tantos vietnamitas? ¿Acaso no han muerto más iraquíes tras la invasión norteamericana que durante la tiranía de Saddam? En fin, ya se sabe que mientras más se revuelve la mierda, tanto más apesta.
SERIE TV SOBRE 638 INTENTOS FRUSTRADOS ASESINATO FIDEL
http://www.ansa.it/ansalatina/notizie/fdg/201002222141368802/201002222141368802.html