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Líderes de una revolución alternativa

  • feb 22, 201001:48h
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Durante los últimos cincuenta años el liderazgo en Cuba ha sido patrimonio de una sola persona. Esto ha traído como consecuencia que la definición de líder esté distorsionada y la dinámica de liderazgo sea equívoca. Las trabas directas sobre las libertades políticas y de expresión han ocasionado que personas que en sociedades abiertas hubieran podido redimensionar sus discursos, hayan tenido que alterar sus propuestas para llegar a diferentes minorías dentro de la sociedad cubana.

Sumado a lo anterior, a Fidel Castro se le llama en los medios masivos de difusión “Máximo Líder”, lo cual implica una carga semántica importante: perpetuo, poderoso, omnipresente. Noción radicalmente opuesta a los intereses de las nuevas generaciones y que va en detrimento del concepto que los más jóvenes pueden hacerse del liderazgo y por ende, del líder.

El sistema de valores de la sociedad cubana, sobre todo de los que nacieron después del año 1975, se vio seriamente conmocionado después de la desintegración de la Unión Soviética. La consecuencia directa de este derrumbe sobre la economía cubana propició el resurgimiento del negocio familiar privado, fundamentalmente el alquiler de habitaciones, la gastronomía, el comercio ilegal de artículos de la canasta básica, la entrada de remesas del exterior y un auge que podríamos llamar astronómico del mercado negro e informal; todo ello tolerado en mayor o menor medida por el Estado. Esta nueva ola de personas económicamente independientes del sistema y el surgimiento del llamado “trabajador por cuenta propia” dieron al traste con uno de los pilares de la doctrina comunista: la propiedad social sobre los medios de producción; y por ende calaron la ideología de las generaciones que crecieron en el centro de estos cambios.

Es por todo lo anterior que de forma más o menos sutil en Cuba las voces jóvenes se niegan a ser calificadas como líderes o revolucionarias —otra de las palabras que ha bifurcado su semántica adquiriendo una connotación social y política opuesta a la original: revolucionario es aquel que apoya la Revolución cubana de 1959 y a sus líderes históricos— y prefieren calificativos menos enérgicos como “vanguardia”, “ciudadano independiente”, “performer”, “periodista independiente” o “artista independiente”. Todos estos términos hace referencia al concepto “por cuenta propia”, que prioriza “la independencia total de la actividad realizada con respecto al Estado”. En otros casos se asumen como revolucionarios marcando su diferencia de la línea oficial a través de la negación de la Revolución como proceso histórico: revolución implica cambio mientras que el estado y el gobierno representan el status quo; por tanto la Revolución Cubana ya no es revolucionaria.

Atendamos, por ejemplo, a la dinámica artística. En los años 90 comienzan a surgir dentro del país las galerías independientes: Espacio Aglutinador (1994) —fundada por Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez— donde se pretendió ante todo eliminar la llamada “curaduría oficial”, más cerca de la Moral Socialista que del Arte. También por esa época se conforman grupos performáticos que presentan una visión crítica de la sociedad cubana y hacen énfasis en las libertades individuales: el grupo de acción callejera y poesía Omni-Zona Franca (1997), Tania Bruguera funda la cátedra de Arte-Conducta (2002). Surgen publicaciones impresas independientes: la revista Vitral (1995), bajo la égida del Centro de Formación Cívico Religiosa y fundada por Dagoberto Valdés, quien es a la postre separado del consejo de redacción (2007) e inaugura un año más tarde Convivencia en formato digital; la revista literaria Diáspora(s) (1997-2002), por Rolando Sánchez Mejías, Carlos Alberto Aguilera y Pedro Marqués de Armas. Se renueva, además, el movimiento de periodistas independientes —entre ellos Raúl Rivero, Pablo Pacheco y Tania Quintero— que pretendió sobre todo darle cobertura a aquellos eventos ignorados por la prensa oficial: promocionar la sociedad civil cubana, dar espacio a las columnas de opinión política libre y cubrir los movimientos de oposición política, poco conocidos entre los ciudadanos debido al control estatal sobre la información y la represión política.

Este auge de la producción cultural y periodística alternativa se vio seriamente afectado entre otras causas por el fracaso del sueño de la “Glasnost” y la “Perestroika” en Cuba, la emigración de muchos de los artistas, la institucionalización de los proyectos, la censura de los medios y la represión —que tuvo su máxima expresión en el año 2003 con el encarcelamiento de 75 opositores al régimen, entre ellos 20 periodistas independientes, condenados a penas de hasta 30 años de privación de libertad. Todas estas amenazas calaron a la incipiente sociedad civil, que se vio obligada a “matizar” el discurso, a negar el discurso anterior, a radicalizar posturas o simplemente a buscar nuevas vías de difusión para sus propuestas, entre ellas el formato digital.

A partir de 2005 nuevas publicaciones alternativas surgen con ayuda de la tecnología informática y potencian su difusión en Internet: la revista literaria Cacharro(s) (2003-2005), por Jorge Alberto Aguiar Díaz, Orlando Luis Pardo Lazo y Lizabel Mónica; 33 y 1/3, por Raúl Flores y Jorge Enrique Lage; se incursiona en la prensa digital y los sitios webs publican los trabajos de la prensa alternativa, vanguardista de la publicación digital en sitios administrados desde el extranjero como Cubanet, Cubanuestra y Cubaencuentro; se funda la revista Consenso (2004) cuya webmaster sería tres años más tarde la precursora del movimiento blogger dentro de la isla: Yoani Sánchez de Generación Y, y se convierte la tecnología en el soporte para la voz de una generación que no encuentra ningún otro medio donde expresarse con entera libertad.

La llegada de la era digital abrió una grieta en el muro de control estatal sobre la información, y esa ruptura del cerco llegó a cambiarnos la vida. El mundo de la informática abrió posibilidades infinitas —aun no estamos ni a mitad de camino— y a pesar de las leyes que impedían al ciudadano cubano obtener por vías legales computadoras —al menos hasta el 2008— o acceder a Internet gracias al eficiente mercado negro se salía poco a poco del desamparo tecnológico. Una imprenta, un radio o una grabación en cassette, además del terrible riesgo legal que suponían, necesitaban una infraestructura mucho más compleja que un documento de Word en una memoria flash. Los jóvenes supieron aprovechar esta ventaja que les permitía algo más que burlar la censura: saltarla completamente como si no existiera. Sin embargo el carácter underground de las producciones digitales alternativas —blogs, revistas e incluso envíos masivos de email por correos .cu— agudizaron el antagonismo entre el discurso oficial que se muestra en los medios masivos de difusión, y esta otra visión de la realidad condenada a los kilobytes, los “sin tierra” de la red.

Mientras el acceso a información “independiente” se desarrolla y, a pesar de las enormes limitaciones, el acceso a Internet por vías “no autorizadas” aumenta, el uso de celulares y de cualquier tipo de soporte de información se generaliza —sobre todo en las capitales— el discurso oficial no sólo mantiene su línea, sino que extrema su discurso sin intención aparente de “diálogo” con los más jóvenes: la dirección histórica de la revolución se propone en la práctica como la única capaz de conducir el país. Sin embargo, por razones naturales, el futuro de Cuba pertenece a una nueva generación que, a pesar de no haber sido educada en condiciones de libertad, ha sabido encontrar subterfugios libertarios. La tecnología, los celulares, las computadoras no están llegando a Cuba por voluntad política, sino porque la tecnología nos invade lentamente y el siglo XXI se abre paso dentro de esta islita.

Un nuevo líder le habla al cubano, uno democrático y autónomo: la información. Cuba es el país con menos conectividad del hemisferio occidental. Según cifras del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, sólo poco más del 10 % de la población tiene acceso a la Red —en esta estadística se toma en cuenta tanto el acceso a la red local nacional como a Internet. A pesar de ello los jóvenes han encontrado en los blogs, los periódicos digitales y las revistas online, un instrumento invaluable para la libertad de expresión. Sin embargo la difusión no está restringida al acceso, sino que los soportes digitales —memorias flash, cds, dvds, tecnología Bluetooth y tarjetas SIM– se han convertido en los mayores diseminadores de una información que impresa en papel se considera delito, pero que en datos electrónicos es ignorada por el Código Penal.

Claudia Cadelo de Nevi
La Habana

*Una versión de este artículo, en inglés, fue publicada en la revista Americas Quaterly. Agradezco a Claudia Cadelo su autorización para publicar aquí la versión en castellano.

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8 respuestas
Comentarios

  • oscar canosa dice:

    La Internet y la camara de video son los baluartes en contra de la censura. Los otros medios de difusion se prestan a la desinformacion.

  • leo dice:

    Miriam Celaya opina sobre los que pretenden definir cómo deben ser y qué deben hacer los bloggers. El enlace a la entrada: http://www.desdecuba.com/sin_evasion/?p=771

  • Amadeus dice:

    La cuestión de estas estadísiticas es a veces engañosa. Por ejemplo tener una cuenta de email y usarla por medio de un café internet o la computadora de la oficina, no es lo mismo que tener una computadora en casa y acceso propio a la red. A eso es lo que se llama “acceso a internet” o “penetración” y es lo que se toma como referencia.

    En Cuba mucha gente tiene un cuenta en yahoo o gmail y tal vez pueda navegar en internet en un hotel, pero eso no significa nada. Sin embargo, mirando en el World Internet Usage, Cuba tiene un 12% de acceso, un diferencia mínima si la comparamos con Haití que tiene 11% (not too bad!) o con la República Dominicana con 32%.

    La realidad es que muy pocos cubanos tienen una computadora propia y los que la tienen, tampoco tienen accesos a al internet, de ahí lo que siempre se discute acerca del uso del internet en Cuba y que idiotas como Pascual Serrano o Rafael Reig pretenden justificar con cifras y datos de ciencia ficción.

  • ErnestoRM dice:

    Muy bueno, queda para la historia.

  • maite dice:

    Muy buen artículo, pero creo que debía matizar que el 10 % es la cifra en las encuestas del que tiene acceso a correo electrónico pero censurada la autorización a navegar libremente por internet.
    Es lo que sé por familiares y amigos como Sandra Ceballos, fundadora de la primera galería independiente Espacio Aglutinador (1994) que tiene acceso a correo, escribir y recibir mails pero no puede surfear libremente a causa de la censura digital.
    Tampoco menciona la Revista DE CUBA de la que editaron dos números y que recibió mención en el 2002 (Mención Especial Mariah Morse Cabot de la Universidad de Columbia en Nueva York. Fundada por Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso.
    En Cuba son necesarios ordenadores y soportes de memoria para que la información y el trabajo de los bloggers y periodistas tenga divulgación en la población, sino “la distribución” queda en un grupo reducido en el interior, y sucede lo de siempre, lo que sucedía en los 80 con los libros que llegaban del extranjero: circula la información en espacios reducidos y ese fenómeno no es democratización de la información que es lo que es necesario en Cuba.

  • Lordi dice:

    Buen artículo que echa por tierra la teoría de la secta. Sé de dos blogs a los que no les caerá nada bien este post: uno se escribe en la Habana pero a través de wordpress.com (“del imperialismo”) y el otro está en la Ile de France.

  • “Y en eso llegó el Doctor, manejando el cuatrimotor”. Ahora deduzco cuáles son las verdaderas intenciones del nuevo reino del desCONcierto cubano. Señor Información, vastas y hermosas son las lagunas de tu reino parcelado, “no dejes que se haga siempre tu voluntad, Líbranos…”