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Pérdidas y ganancias

  • feb 16, 201018:37h
  • 5 comentarios

Más allá del fácil pesimismo, o del sentimiento de ocaso cultural que nos invade al comparar la actualidad con las décadas de los 50-60 del siglo XX, atravesando la queja frecuente por la ausencia de creadores relevantes o la escasez de obras maestras, hay un temblor, mucho más inquietante, que casi se confunde con un rasgo distintivo de la contemporaneidad. El tema puede plantearse como la destrucción de la trama cultural, del tejido creativo y la sociabilidad intelectual que rigió toda la gran época de los ismos y que tiene su punto culminante en el paréntesis europeo de entreguerras, prolongándose hasta los movimientos contestatarios de los años sesenta.

Tal vez no se haya juzgado en perspectiva, con suficiente claridad, el devastador influjo ejercido por los totalitarismos en la sociabilidad cultural europea —y, por extensión, en el resto de Occidente. Pero no hablo de un fenómeno exclusivo de las sociedades totalitarias. El capitalismo post-industrial y su tendencia a la “democratización” de la cultura también contribuyó a enrarecer la relación directa entre los creadores, así como la relación de todos ellos con el público. La institución fue muchas veces el resultado de un pacto tranquilizador entre el creador y sus espectadores, y si bien por un lado profesionalizó la creación artística, por el otro desequilibró toda la lógica cultural basada en un tejido espiritual o de afinidades electivas inseparables de la creación misma.

Nociones como élite, bohemia, cofradía, secta de artistas fueron las primeras víctimas de la “normalidad” cultural. En su lugar, asistimos hoy al espectáculo del narcisismo, a la degradación de la crítica, a la pérdida de puntos de referencia. Formas de sociabilidad espontáneas, que funcionaron como caldo de cultivo de las vanguardias, acabaron defenestradas en nombre de la contemplación del creador en el espejo de su ego y la divinización del mercado.

Es cierto que había en las vanguardias un lado antisocial, casi sectario. Pero en ellas latía también un modo más libre de ver la sociedad y de relacionarse con el producto de la creación.

En el caso cubano corremos, creo, el peligro de asumir un trasvase post sin experimentar a fondo las libertades emblemáticas del artista moderno. Pero no es sólo un problema de los artistas. Hoy el creador cubano no tiene más remedio que intentar colocarse en un mercado ajeno, normalizado por exigencias perentorias de “encaje” y succès, que lo obligan a ensayar poses demasiado incómodas y a asumir certezas prestadas sobre el arte, la sociedad y el dinero.

En ese escenario tan poco edificante, Internet es todavía —confío— un territorio provisional donde podríamos practicar libertades olvidadas —o nunca experimentadas. Por una vez, y debido a las “particularidades” totalitarias de un sistema defasado en lo esencial político tenemos la posibilidad de experimentar la democracia como privilegio provisional y revisar al mismo tiempo las mentiras del pasado y las falsas promesas de un futuro aplazado en nombre de una utopía descompuesta.

Ernesto Hernandez Busto
Barcelona

Foto: Un pieza de Jenny Holzer en Margulis Warehouse, Miami.

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5 respuestas
Comentarios

  • Woland dice:

    Magnífico artículo, bróder. Breve y profundo. He recordado ahora lo que sentí viendo “Die Manns” (la serie sobre la vida de Thomas Mann y su familia) – esa decadencia cultural inapelable, lograda tras sólo ¡12 años! de peste parda.

  • Baltasar Santiago Martin dice:

    Yo si creo que toda sociedad es una piramide en lo cultural, donde la ancha base es de pan y circo, y en el tope se encuentra la elite por vocacion y por sensiblidad, no por poder economico; y el caso de Cuba es un claro ejemplo, porque hay tabla rasa en cuanto al dinero:todos somos pobres alla adentro.
    La gran diferencia entre hoy y otras epocas es que los posibles mecenas del arte son cada vez menos cultos, menos elite, culturalmente hablando.
    Gloria y Emilio Estefan no apoyan el ballet ni el teatro en Miami, porque sus gustos esteticos no llegan a esas alturas; ahi tienes un buen ejemplo de elite caja contadora que no es elite de alta cultura.
    El drama no es ese fatalismo social que es la inevitable existencia de una elite, sino la mediocrizacion de la misma, por lo que cada vez hay menos mecenas y mas vulgaridad.

  • Mori dice:

    …Nociones como élite, bohemia, cofradía, secta de artistas fueron las primeras víctimas de la “normalidad” cultural. En su lugar, asistimos hoy al espectáculo del narcisismo, a la degradación de la crítica, a la pérdida de puntos de referencia….

    Desde esta perspectiva cultural -de la internacional pesimista y del victimismo totalitario del siglo xx-se sigue considerando imposible el entreteniminto, refinamiento y mimo como condicion intrinseca en la gran instalación total(lease pimer mundo).Quien ha logrado entrar en el sistema mimador, sea por inmigración o por nacimiento, participa inmediatamente en el reparto de los medios actuales de impulso hacia arriba.La instalación autoinstalante trasciende unidades politicas y sociales como Estados, Naciones, Pueblos y Economia nacionales y las reúne en una ciudad-mundo de nuevo cuño todavía no descrita en aspecto esenciales. quiza por eso el museo de arte contemporanéo-lugar privilegiado para la auto-representación del sistema-posee la extraña capacidad de mostrar el fin permanente del arte por su ocaso en la artificiosidad de la superinstalación que habitamos, en este reino del capital toda posible oposición es una criatura de las propias situaciones contra las que se dirige. Al hablar de…tejido espiritual o de afinidades electivas inseparables de la creación misma… sólo puede pensarse en un estricto carácter ecuménico.
    http://3.bp.blogspot.com/_zhY1NUqCKHg/SFUoEASHMbI/AAAAAAAAFTI/cU_2TDqRkiQ/s400/1.jpg

  • oscar canosa dice:

    No se fajen. Si lo hacen bien, Internet va a “tener” para todo el mundo.

  • alina brouwer dice:

    de acuerdo.
    a.b.