- feb 14, 2010 • 21:22h
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Juventud Rebelde: Graziella Pogolotti urge a dialogar con los jóvenes y a sustentar el debate ideológico “en una información de amplio horizonte, veraz y creíble”.
PD: La réplica en AFP.
Juventud Rebelde: Graziella Pogolotti urge a dialogar con los jóvenes y a sustentar el debate ideológico “en una información de amplio horizonte, veraz y creíble”.
PD: La réplica en AFP.
Bueno, el debate en Pogolotti es a chaveta, eso se sabe.
A mí no me tocó la Pogolotti como profe. Creo, aunque ahora no estoy muy seguro, que por entonces estaba sacrificándose en la Unesco con Vicentina Antuña.*
Pero una vez asistí a una conferencia de la doctora Pogolotti y no entendí ni pío. No me refiero a las ideas y conceptos, sino a la fonética misma de la conferencista. Su dislalia de fañosa con paladar hendido, herencia de su abuelo chic y sifilítico, le impedía articular las palabras con un mínimo de claridad y corrección prosódica. (Desearía que esto último se viera como una descripción objetiva y no como forma de discriminación a una figura que logró imponerse a sus numerosas deformaciones congénitas. Lo que no le perdono es su adhesión babosa al castrismo como intelectual orgánica del régimen).
Luego a Graziela Pogolotti es mejor leerla que escucharla. Pero, para leer sus últimas guanajerías dialécticas, ahora preferiría oírla y así no enterarme de nada. No es que las cosas que afirme no sean atendibles per se; es que venir a esta hora con ese recado se queda muy corto. Corto y mocho. Too little, too late.
El problema cubano es de fondo, no de forma, como quiere hacer ver GP. Allá lo que hace falta es un cambio radical de modelo y eso sólo parece depender de la solución biológica. Ella bien que lo sabe. Allá ni siquiera es posible ese diálogo intergeneracional que propone GP mientras exista el miedo a las consecuencias de hablar alto y claro.
No hay más que ver que una prestigiosa intelectual, como lo es la Pogolotti, para decir un par de cosas diferentes –y no tan críticas– se sienta obligada a citar varias veces a Fidel Castro (por lo menos, dos veces), llegando incluso a ponerlo a la altura de Lenin. Ella, menos que nadie, ignora que el gran problema de Cuba ha sido FC. Y sin embargo lo cita para que no haya caída. Sabe que como único le aprueban la publicación de su trabajo es exaltando la personalidad del Führer. O sea, eso que se conoce como crítica de fresa y chocolate; o de la croqueta está dura pero no por culpa del Comandante. O como creo que dijo más arriba Cubapro, jugando con la cadena pero con el mono no.
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*Tal vez estuviera ya como asesora del grupo Teatro Escambray, cuya tarea consistía en adoctrinar a los campesinos, contrarrestar la influencia de los Testigos de Jehová o ‘persuadirlos’ a abandonar la finca para irse a vivir al bloque de apartamentos en el poblado estilo soviético. Y ahora se quejan de que el campo está despoblado. Pero ese es otro tema.
Puedo llegar a entender que ciertos intelectuales y académicos de la isla no quieran pasar sus últimos años en el “plan ostra”. Pero a veces el silencio oportuno nos protege de nuestras incontinencias.
Fui alumno de la dra Graziella Pogolotti, a quien no he dejado de admirar como intelectual de una generación que se fue extinguiendo a la sombra de aquel estigma que condicionó la libertad de expresión y nos inoculó la autocensura que llevamos dentro: “contra la revolución nada”. Su artículo –bien intencionado, creo- y fundamentado en evidencias inocultables, padece el mismo síndrome de la objetividad selectiva que el resto de los pensadores oficiales menos capaces. Esto es, no agarrar al toro por los cuernos, o en buen cubano, jugar con la cadena sin molestar al mono. El balance actual de la “Revolución cubana” no puede seguir midiéndose por las buenas intenciones de un programa fundacional que se incumplió. Los resultados hablan por si mismos y no necesitan traducción a ninguna lengua. La dra. Pogolotti conoce como pocos la puntiaguda pirámide de poder del estado cubano y la verticalidad de su política. No queda ya espacio intelectual para arremeter –con credibilidad- contra “los males”, si se ignoran selectivamente las verdaderas causas y se omiten los nombres de los responsables.