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Palabras en la presentación del documental “Lo pasado es prólogo” de Joaquín Pérez Rodríguez*

  • Feb 10, 201019:20h
  • 5 comentarios

Cuba es un país de gestos simbólicos. La Protesta de los 13, contra Alfredo Zayas, es uno de esos gestos. Todo comenzó con la denuncia de peculado en la compraventa del Convento de Santa Clara, por el que aparentemente se había pagado un sobreprecio. El 19 de marzo de 1923, Rubén Martínez Villena, Jorge Mañach, Calixto Masó, Juan Marinello, Félix Lizaso y Paco Ichaso, entre otros, protestaron. Fue en un acto en el que hablaría un ministro de Zayas. Martínez Villena lo increpó y los 13 se levantaron y se fueron. Denunciaron la corrupción, y lo presentaron como un acto de desagravio a la República. El aparato de consagración del Partido Comunista magnificó el acto y hoy lo recogen todos los libros de historia.

La protesta del Parque Central es mucho más significativa. En febrero de 1960 el país estaba dividido y desconcertado. Un momento confuso. No se sabía si Cuba se movía en dirección del comunismo. Hubo una cascada de conflictos y denuncias en 1959: Pedro Luis Díaz Lanz, Urrutia, Huber Matos. En febrero de 1960 fue el episodio del Parque Central y en marzo de ese año Luis Conte Agüero denuncia por radio la infiltración soviética y tiene que asilarse en una embajada.

La ignorancia de los cubanos en materia ideológica era abismal. El anticomunismo era escaso. Salvador Díaz-Versón, Ernesto de la Fe. Muy pocos.

En 1941 el Partido Comunista asesinó al líder trotskista Sandalio Junco e hirió a Charles Simeón en un acto en el que conmemoraban la muerte de Guiteras. Ambos eran ex comunistas. Junco era un líder negro del sector de los panaderos que había vivido en la URSS, donde se desencantó.

Uno de los pocos anticomunistas de Cuba en los años cincuenta era Raúl Roa. Publicó artículos contra el gobierno de Jacobo Arbenz, a quien bautizó como “Napoleón del Caribe”. En esa época estaba bajo la total influencia de Aureliano Sánchez Arango, al que Roa, siempre excesivo, comparaba a Goethe. Decía que éste requería de un Eckerman que eternizara las conversaciones con Aureliano, como había hecho el secretario de Goethe.

Las memorias de Eudocio Ravines, La gran estafa, fue el primer libro anticomunista que circuló profusamente en Cuba. El peruano había sido dirigente comunista internacional. Cuba no tenía una literatura semejante, pese a la Guerra Civil española y los 1000 combatientes cubanos que pelearon en ese conflicto, casi todos en el ámbito comunista, como Rolando Masferrer.

De ahí el significado de la protesta del Parque Central, que fue también fue un acto de desagravio a Martí y a la República.

Alberto Müller, Manuel Salvat, Joaquín Pérez y el resto de los jóvenes universitarios que participaron estaban vinculados a la Agrupación Católica Universitaria y luego estuvieron entre los líderes de la oposición armada a la entronización del comunismo en Cuba. En cierta forma, ese acto de calle fue un bautizo de fuego. Para muchos habaneros este episodio fue un aldabonazo que los alertó contra el comunismo que llegaba. Unos decidieron luchar, otros, emigrar.

Este documental, como el reciente recordatorio del Congreso Mariano en Cuba en 1959, son episodios que los cubanos que los vivieron quieren dejar como legado a las generaciones posteriores y como rastros de su paso por la vida. Las guerrillas campesinas del Escambray, Playa Girón, los grupos de infiltración, las Unidades Cubanas del Ejército norteamericano durante la Crisis de los Misiles, el Presidio Político histórico, son episodios que no queremos que se olviden del todo.

A la cúpula dirigente cubana le sucede algo parecido. Publican memorias. Los generales cuentan sus batallas: Angola, Etiopía, las guerrillas, el Che. Es como si los protagonistas de esta larga lucha supieran que se nos acaba el tiempo y queremos dejar constancia de lo que hicimos.

Es verdad que en esta lucha de la memoria contra el olvido somos los demócratas de la oposición quienes hemos llevado la peor parte, pero nos queda al menos el consuelo de que hicimos cuanto pudimos.

Carlos Alberto Montaner
Miami-Madrid

*Lo pasado es prólogo, por Alberto Müller.

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5 respuestas
Comentarios

  • 13 de marzo dice:

    Atencion estamos convocando una marcha mundial para el 13 de marzo del 2010 en favor de la libertad de todos los presos politicos cubanos, asi como la condena por la muerte de Orlando Zapata Tamayo. siguenos en: http://www.twitter.com/13demarzo

  • “… en esta lucha de la memoria contra el olvido somos los demócratas de la oposición quienes hemos llevado la peor parte…”

    Jejeje… que tome fitina

  • “La protesta estudiantil. Parque Central de la Habana. 1960-2010”
    Supongo que es este el docunmental que sugieres, además lo firma el mismo director. Hasta donde lo he visto no figura con título rotulado de “lo pasado es prólogo”. Lo veré en su totalidad, pero de ya me parece de mala factura por su estética.
    Gracias por la sugerencia.

  • Sergio dice:

    ¿Que no fué ese mismo Raúl Roa el que después se convirtió en uno de los grandes de Fidel Castro? Si es así, de poco le sirvió el haber sido tan anticomunista.

    ¿Y de verdad cree Montaner que los comunistas tomaron el poder en Cuba? Lo cierto es que fué Fidel Castro el que tomó el poder y terminó por eliminar al patido comunista tradicioal, el PSP, y creó su propio partido “comunista”, fiél a él, primero que a Moscú y sin ningún poder, excepto el que él le otorgaba. Un espejismo. La mayoría de los nuevos comunistas cubiches era gente que nunca en su vida lo fué y entre ellos algún que otro anticomunista de antaño. Cuando el problema de la microfacción los viejos comunistas quisieron sacar la cabeza otra vez, pero Fidel los puso en su lugar. Esa mezcla ideológica que Fidel creó: marxismo-leninismo, junto a nacionalismo y patriotismo, fué solo el ropaje que necesitaba. Pero más retórico que real. Lo importante era lo que ha logrado. Mantenerse en el poder por encima de todos y de todo, y encima tener la adulación de muchos extranjeros, comunistas, anticomunistas o lo que sean. De Cuba es mejor ni hablar hasta que un dia conozcamos todos los hechos. Siento que hay mucho que no conocemos. Y la cuestión comunismo-anti-comunismo pasó a la historia. A cambiar el disco, que ya se rayó.

  • No. El consuelo de haber tenido la razón.