castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

historia y archivo

PD en la red

Repensando la Historia (Introducción)

  • Feb 08, 201009:05h
  • 15 comentarios

La historia sólo puede escribirse bien en una sociedad libre.
Voltaire

Esta sección estará dedicada a documentar varios eventos importantes realizados en nombre de una revolución democrática, inspirada en la prédica de José Martí. Esa revolución fue traicionada, incluso antes de tomar el poder. La historia fue entonces escrita por los vencedores. Los artículos son el resultado de un proyecto de investigación de más de veinte años sobre el período insurreccional de 1952-1959 en Cuba, realizada por el Dr. José Álvarez, profesor emérito de la Universidad de la Florida. Los resultados muestran el lado oculto de la revolución que tomó el poder el 1 de enero de 1959. La página web del proyecto se titula “Repensando la Rebelión Cubana de 1952-1959”. Los párrafos siguientes explican las razones y los objetivos de ese proyecto.

-o-o-o-

El día que Fulgencio Batista tomó el poder por la fuerza en la madrugada del 10 de marzo de 1952, yo tenía once años de edad y era un estudiante de sexto grado, interno en un colegio católico de Santiago de Cuba. Cuando la noche cayó sobre la ciudad, ya en manos de los usurpadores, me encontraba observando el Parque Céspedes desde una de las ventanas del dormitorio, preocupado por el futuro de Cuba. Me involucré en la lucha contra la dictadura, especialmente después de fundarse el Movimiento 26 de julio en 1955. Cuando Batista huyó el primero de enero de 1959, yo había acabado de cumplir 18 años. El tiempo entre esas dos fechas estuvo lleno, primero, con las acciones de un niño que fingía ser un adolescente y después con las de un adolescente que pretendía ser un adulto. Después de casi siete años de lucha, me sentí como Baudelaire: “Tengo más recuerdos que en mil años de vida”.

La felicidad fue compartida por casi todo el mundo. Todos fuimos testigos del deseo del pueblo de construir un país mejor, de fortalecer la nación cubana. Esa unidad no duró mucho. La lucha con mi familia, algunos de mis amigos, y mi fuero interno duró casi tres años.

El sueño estaba intacto, pero la realidad golpeaba duro; yo estaba preocupado por una serie de medidas implementadas que eran contrarias a la agenda revolucionaria, tal como la habíamos entendido durante la rebelión: las elecciones prometidas fueron suspendidas indefinidamente, la toma de los sindicatos por dirigentes comunistas era sancionada por el gobierno, la nacionalización del sistema educacional, la confiscación de la propiedad privada independientemente de la probidad de su origen y la denigración de quienes se negaban a seguir apoyando al régimen, incluso aquellos cuyas credenciales revolucionarios eran incuestionables, como era el caso del comandante Huber Matos y otros en un número cada vez mayor. Íntimos amigos comenzaron a abandonar el país o regresaban a la lucha armada, ahora contra el gobierno revolucionario; la mayor parte de los últimos terminaban en la cárcel o frente al pelotón de fusilamiento.

Busqué y encontré la tranquilidad en mi fe inquebrantable en que los sacrificios del pasado no podían haber sido en vano. ¡Mis compañeros muertos habían dado mucho más que dinero! Las injusticias individuales tenían que considerarse en contexto, como pequeñas imperfecciones o manchas temporales en el sol. La realización del proyecto revolucionario de Cuba compensaría con creces los inevitables errores cometidos ante los enormes desafíos.

Ese era mi estado mental hasta la primera noche de diciembre de 1961. Dirigiéndose a todo el país, Fidel Castro proclamó el carácter comunista de su revolución y confesó que había sido comunista durante la mayor parte de su vida. La “revolución insospechada” tocó a su fin. El indecente desviste ideológico de Castro, lleno de oportunismo, fue la gota que derramó la copa de mis desacuerdos ocultos. No hay peor muerte que el fin de la esperanza, y no había ya esperanza alguna para que la revolución volviera a su curso original. Resultaba obviamente doloroso que Fidel Castro estaba decidido a ir tan lejos como fuera necesario, y a hacer lo que fuera necesario —mentir parecía algo normal en él— para mantener el poder absoluto que había adquirido.

Llegaba así el final de mi lealtad al régimen de casi tres años. Las playas de la Habana del Este ofrecieron sus arenas a un hombre roto una semana antes de cumplir 21 años. Mi análisis de los últimos acontecimientos, junto con el comportamiento de Castro, me llevaron al convencimiento de que en realidad Castro no estaba confesando su fe en el comunismo sino que proclamaba una nueva: el castrismo —lo cual hacía la situación aún peor, porque el país quedaba a su merced.

Después de mucho reflexionar encontré fuerzas para volver a casa y enfrentan al mundo y a mi familia. Contrario a mis expectativas, encontré amor y comprensión en casa, pero lo opuesto fuera de ella. Durante más de siete años antes de que finalmente pudiera abandonar el país, fui condenado al ostracismo, rechazado y discriminado, principalmente por oportunistas que ni siquiera habían participado en la lucha.

Desde entonces, me interesó saber CUÁNDO la revolución se había desviado de su curso original. Luego me pregunté QUÉ había realmente sucedido. Quería averiguar qué o quién me había quitado la juventud y había robado la vida de tantos amigos y conocidos. Había más. Estaba consciente de que la necesidad de buscar la verdad no era una empresa individual. Era un esfuerzo colectivo, una motivación de los miembros de mi generación y otras generaciones. Necesitábamos averiguar. La experiencia de la década de 1950, y su secuela, habían abrumado a mi pueblo, y todavía estábamos buscando una explicación y una salida.

Necesitaba saber la verdad, no la interpretación política que ambos lados cambian con los vaivenes de los vientos, o que brotaban de profundas heridas que obstaculizan una evaluación objetiva. Salí en busca de la verdad total, llana y real, sin importarme cuán dolorosa o cuán alejada de mis creencias anteriores o actuales o de las interpretaciones históricas pudieran resultar. Y busqué la verdad con la misma pasión de antes. Lo que pudiera esperarme no me preocupaba. Demasiados años, la mayoría de ellos fuera de la isla e inmerso en la vida de una universidad liberal estadounidense, me habían dado la facultad de analizar los hechos con cierta distancia. No iba a experimentar de nuevo la debacle que siguió a la confesión de Castro en 1961. Y aquí necesito agregar una advertencia: la liturgia no incluiría un exorcismo de mi pasión por Cuba. “Cuba es —en palabras de Guillermo Cabrera Infante— un paraíso del que huimos tratando de regresar” y todavía no sólo amo sino que tengo fe en Cuba y los cubanos.

Por último, hubo un motivo más personal para emprender este proyecto de investigación: mis padres. Quería decirles cuánto sentía haber sido parte de la convulsi?ón histórica que arruinó su fortuna y la felicidad de nuestra familia y la de todas las familias cubanas.

Tener una suscripción y el hábito de la lectura diaria del Diario de la Marina no hizo reaccionarios a mis padres. Ganar dinero trabajando horas interminables en un negocio honesto e invertir los retornos sabiamente no era un crimen contra la clase trabajadora. Mi capacidad para analizar lo que consideraba la realidad cubana en aquel momento, fue el resultado de los estudios en las mejores escuelas pagadas por mis padres. Quiero decirles cuánto les debo.

Mis padres no leerán estos libros. Mi padre murió de tristeza a los 68 años, dos años después de su llegada a los Estados Unidos en 1969, cuando se dió cuenta de que el retorno iba a tomar mucho tiempo. Inmigrante español, amaba tanto a Cuba que no podía vivir lejos de ella. Mi madre murió recientemente, a los 94, y estaba incapacita para leerlos. Poco antes de su muerte, durante una de mis visitas que le hice en Gainesville, Florida, en uno de esos momentos cortos de lucidez que tenía le dije que yo estaba reuniendo personas que querían volver a Cuba. “¿Deseas volver?”, le pregunté. Sus ojos brillaron y tuvo la oportunidad de abrir su boca para decirme convincentemente: “¡S?í!” La abracé llorando y ella lloraba, y me di cuenta de cuánto ambos amábamos a Cuba y cuánto y por cuánto tiempo habíamos sufrido por ese amor, y porque un dictador despreciable había engañado a nuestro pueblo.

Al cerrar esta Introducción y este capítulo de mi vida, que he compartido con los lectores para que comprendan parte del drama cubano, quiero decirles a mis padres que, además de las razones que he explicado anteriormente, me comprometí en este proyecto de investigación porque, después de tantos años, creo sinceramente, como Javier Cercas en su Anatomía de un instante, haber comprendido que yo no tenía tanta razón y ellos no estaban tan equivocados; que no soy y nunca fui mejor que ellos, y que no puedo serlo ya.

José Álvarez
Wellington, FL.

Nota: Esta introducción y todos los acontecimientos que se irán cubriendo a lo largo de esta semana aparecen originalmente en inglés en Cubanology. El autor y los gestores de ese sitio han querido que la versión en español aparezca en este blog.

Publicado en
15 respuestas
Comentarios

  • es mas justo que en un pais aya 2 ricos y millones muertos de hambre? mi querido amigo cuba es actualmente una isla como casi el 100% de alfabetizacion codeandose con usa. te pregunto esa misma situacion tendria con algun otro regimen diferente al que tiene. mexico es un pais mucho mas grande que cuba mucho mas su produccion economica y me pregunto tiene los mismos resultados que cuba, por que tu dices que el regimen de cuba no sirve y el de mexico si, aunque haya elecciones en los regimenes democraticos no sirve de nada esta farsa si usa. es el que se roba toda la riqueza y sus achichincles como tu que son capases hasta la mas vil de las humillaciones con tal de lograr el bocado que esta bajo la mesa.
    el comunismo de china y la gran URRS se desplomo precisamente por las ingerencias continuas de los imperialistas y por haber dejado a otros hombres en el poder como tu comprenderas son abortos de la humanidad vque deben vomitarse. etc etc etc. cuba si usa no

  • Cuco dice:

    La historia de José Alvarez es la de miles de cubanos que se enfrentaron siendo apenas unos niños al peligro y a la muerte. Que sepan esos que se tratan de burlar hoy de este hombre que ese es el espíritu de muchos cubanos de hoy día…

  • Lo más interesante y acertado del discurso apócrifo es que define a FC como fascista, un fascista que se viste del ropaje comunista para establecer una dictadura personal.

  • CS dice:

    Si ser honesto es no ser cubano, entonces no soy cubano. Si despreciar a las crueldades de una lucha de clases es no ser cubano, no soy cubano. Si ser cubano significa respetar como parte integral de la patria esos energumenos que participaron y participan en actos de repudio, no soy cubano.
    Si ser cubano significa que tengo que repetir que la constitucion de 1940 es una obra maestra cuando contiene idioteces economicas como establecer que los sueldos siempre debe subir 1% mas de la inflacion, entonces no soy cubano.
    Ahora bien, si ser cubano significa nacer en Cuba y que mis padres nacieron en Cuba y que sufro en lo mas intimo cuando pienso en las salvajadas cometidas contra Oscar Biscet y Antunez y Ferrer y los presos politicos y Martha Beatriz Roque, entonces soy cubano y a mucha honra.

  • Abel dice:

    CS no te entiendo, para que opinas del tema de Cuba si no te sientes cubano, hablas de “ese pais”. Conozco hijos de cubanos criados aqui que se sientes mas cubanos que tu.
    Hace tiempo lo intui, hoy me convenci. No pierdas mas tu tiempo en estos temas ,no los sientes tuyos,tu realmente no conoces el tema de Cuba. Eres incapaz,por una simple razon….no eres cubano. Solo destilas odio por los poros, quizas inculcado por tu familia trasplantada.
    Disculpa mi sinceridad,pero no respondas mas preguntas en nombre de mi pais de nacimiento . Te adelanto que tambien me siento norteamericano por adopcion y de corazon.
    La constitucion del 40 fue extremadamente avanzada, pero a ti cualquier cosa que huela a derechos de los trabajadores ,las mujeres, etc, te parece una innominia, una depravacion, un desperdicio, todo en pro de la pureza Republicana a la norteamericana de hoy, todo un desatino.
    Si los Democratas se equivocan los Republicanos no van lejos, son mas populistas y manipuladores que los mismos Democratas.

  • CS dice:

    Yo le puedo responder a su pregunta. La razon que ha pasado todo lo que ha pasado en Cuba, es por la mentalidad izquierdista que siempre ha dominado a ese pais.
    Cualquier pueblo tan bruto de haber redactado un documento izquierdista como la constitucion de 1940 estaba firmando su sentencia de muerte, de alguna manera u otra.

  • oscar canosa dice:

    Hmm, FIU. Otro protectorado de El. Ya veremos.

  • Güicho dice:

    A Díaz-Balart lo mordió más de un piojo de Hipólito-Castro. A la hermana, unas cuantas ladillas. Fue inevitable, como el F1 de tan intrépido cruce genético: Fifín.

    En cuanto al post, cotiza bajo con esa letanía introductoria de “revolución traicionada.” La misma cantaleta-pataleta de los maleantes perdedores del M-26-7 y el DR. Desde el momento en que te metes a terrorista revolucionario ya estás en la cloaca. Y no hay mierda buena y mierda mala, sólo mierda.

  • Verdadero orgullo debe sentir el profesor Álvarez por haber ayudado a hundir a la patria cuando era un mero niño. Claro, como era un niño entonces, se le puede excusar su ingenuidad. Pero a estas alturas, hay que ser un niño, por lo menos intelectualmente, para todavía defender la tesis que la Revolución fue “traicionada”.

  • Anónimo dice:

    No se de donde saco ese cuento el anonimo 16:37.Todo el bienestar que tenian todos estos delincuentes en la prision de Isla de Pinos , se debio a la influencia de este Diaz Balart.

  • Sergio dice:

    Sí, tal parece que ese discurso fué escrito muchos años después. La primera vez que lo vi fué a principios de los noventa, en el Diario Las Américas.

  • No dictó dicho discurso en la Cámara Rafael Díaz-Balart, ni tampoco se pronunció contra la Amnistía de 1955 en ninguna ocasión pública. El “profético” discurso no fue comentado o reproducido en ningún periódico contemporáneo, ni tampoco aparece en la Gaceta de las sesiones del Congreso, y el primero en “recordarlo” años más tarde fue, precisamente, Díaz-Balart.

  • Anónimo dice:

    Para Penultimos Dias, por la importancia del documento

    Discurso contra la amnistía en 1955

    Discurso pronunciado por Rafael Díaz Balart, Representante a la Cámara de Cuba, en el Capitolio Nacional en mayo de 1955.

    “Tiene la palabra el doctor, Rafael Díaz-Balart, líder de la mayoría parlamentaria del Congreso de la República de Cuba:

    Señor presidente y señores representantes:

    He pedido la palabra para explicar mi voto, porque deseo hacer constar ante mis compañeros legisladores, ante el pueblo de Cuba y ante la historia, mi opinión y mi actitud en relación con la amnistía que esta Cámara acaba de aprobar y contra la cual me he manifestado tan reiterada y enérgicamente.

    No me han convencido en lo más mínimo los argumentos de la casi totalidad de esta Cámara a favor de esa amnistía. Que quede bien claro que soy partidario decidido de toda medida a favor de la paz y la fraternidad entre todos los cubanos, de cualquier partido político o de ningún partido, partidarios o adversarios del gobierno. Y en ese espíritu sería igualmente partidario decidido de esta amnistía cualquier o de cualquier otra amnistía.

    Pero una amnistía debe ser un instrumento de pacificación y de fraternidad, debe formar parte de un proceso de desarme moral de las pasiones y de los odios, debe ser una pieza en el engranaje de unas reglas de juego bien definidas, aceptadas directa o indirectamente por los distintos protagonistas del que se esté viviendo en una nación.

    Y esta amnistía que acabamos de votar desgraciadamente es todo lo contrario. Fidel Castro y su grupo han declarado reiterada y airadamente desde la cómoda cárcel en que se encuentran, que solamente saldrán de esa para continuar preparando nuevos hechos violentos, para continuar utilizando todos los medios en la búsqueda del poder total a que aspiran. Se han negado a participar en todo proceso de pacificación y amenazan por igual a los miembros del gobierno que a los de la oposición que deseen caminos de paz, que trabajen en favor de soluciones electorales y democráticas, que pongan en manos del pueblo cubano la solución del actual drama que vive nuestra patria.

    Ellos no quieren paz. No quieren solución nacional de tipo alguno, no quieren democracia ni elecciones ni confraternidad.

    Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar la más cruel, la mas bárbara tiranía, una tiranía que enseñará al pueblo el verdadero significado de lo que es la tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años.

    Porque Fidel Castro no es más que un psicópata fascista, que solamente podría pactar desde el poder con las fuerzas del comunismo internacional, porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el ropaje seudoideológico para asesinar, robar, violar impunemente todos los derechos y para destruir en forma definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y jurídico de nuestra República. Desgraciadamente hay quienes, desde nuestro propio gobierno, tampoco desean soluciones democráticas, y electorales, porque saben que no pueden ser electos ni concejales en el más pequeño de nuestros municipios.

    Pero no quiero cansar más a mis compañeros representantes. La opinión pública del país ha sido movilizada en favor de esta amnistía. Y los principales jerarcas de nuestro gobierno no han tenido la claridad y la firmeza necesarias para ver y decidir lo más conveniente al Presidente, al gobierno y, sobre todo, a Cuba. Creo que están haciéndole un flaco servicio al presidente Batista, sus ministros y consejeros que no han sabido mantenerse firmes frente a las presiones de la prensa, la radio y la televisión. Creo que esta amnistía, tan imprudentemente aprobada, traerá días, muchos días de luto, de dolor, de sangre y de miseria al pueblo cubano, aunque ese propio pueblo no lo vea así en estos momentos.

    Pido a Dios que la mayoría de ese pueblo y la mayoría de mis compañeros representantes aquí presentes, sean los que tengan la razón”.