castrismo Cuba soviética Cubazuela Cultura DD HH deporte disidencia economía EE UU-Cuba En Cuba España-Cuba exilio historia y archivo Internet & ITC

PD

En Cuba

PD en la red

Cuba: una catástrofe en ciernes

  • pd
    Editor Jefe
  • ene 28, 201011:05h
  • 3 comentarios

Por KENNETH A. CHANDLER, The New York Post, 27 de enero de 2010

Mucho se ha escrito con posterioridad al devastador terremoto en Haití sobre la condición de Estado fallido de ese país. Pero muy cerca, al oeste de Haití, otra catástrofe humana se está gestando: la de la Cuba de Fidel Castro.
La Habana es una ciudad que da pena: la que fuera una capital elegante y próspera, ha sido arrastrada a la ruina por 51 años de negligencia deliberada y aislamiento. Un país que ha sido saqueado por una sucesión de potencias extranjeras, dictadores vernáculos y mafiosos importados de Estados Unidos, languidece ahora en un extraño limbo temporal donde poco ha cambiado en más de medio siglo.
Su gente desempeña las rutinas diarias privada de bienes de consumo, alimentos nutritivos, puestos de trabajo significativos o una vivienda apropiada; la mayoría nació después de la revolución que catapultó a Castro al poder en 1959. Ahora, gracias a una rígida censura, se ven en buena medida condicionados a aceptar su empobrecida cotidianidad.
Prosperidad es la última palabra que viene a la mente cuando uno ve a los cubanos vestidos con prendas que hace años pasaron de moda. Hasta los zapatos se lavan y se cuelgan en las tendederas, junto con las camisas y los pantalones.
Si uno escucha a los cómplices de Castro —aquellos entre la élite política y empresarial cuya lealtad es asegurada con beneficios no disponibles para los cubanos de a pie— la situación económica de la isla es únicamente culpa del embargo que EE UU impuso después de la revolución.
Cubanos más reflexivos ofrecen discretamente una explicación diferente: ellos culpan a los irresponsables experimentos de Fidel con el comunismo: su confiscación inicial de propiedades de ciudadanos cubanos valoradas en 25.000 millones de dólares, y la nacionalización de todas las empresas, medidas que obligaron a la clase media a huir a Miami; también, su insensata decisión de enviar a 300.000 cubanos, de una población de sólo 11 millones, a combatir en las guerras africanas en las década de 1970 y 1980; o su alianza durante la Guerra Fría con los rusos, quienes una vez que se derrumbó la Unión Soviética dejaron al país en quiebra y abrumado de tecnología anticuada.
Todo el mundo sabe en Cuba que este statu quo no puede durar. Pero nadie sabe cuándo ni cómo terminará. La estructura política, como los carcomidos edificios de La Habana, parece sostenerse por la fuerza de la costumbre y poco más.
La maltrecha salud de Fidel lo ha confinado a vivir a la sombra de la vida pública. Su hermano Raúl es ahora “el Hombre”: luchando por mantener a la familia pegada al poder, según la técnica de dos pasos adelante y uno atrás. raúl ha permitido el uso de teléfonos celulares y el acceso a Internet a aquellos pocos que pueden pagarlos. (Pero no trate de conectarse con la guarida de los imperialistas ni con muchos otros sitios; son inaccesibles).
“La Revolución” es invocada sin cesar en los canales de televisión, que de tan aburridos rayan en la frivolidad. Un segmento reciente en un programa matutino de noticias dedicó seis minutos a la recién finalizada cosecha de limones, la cual encomiaba como “un triunfo de la cooperación entre los trabajadores socialistas”.
No hay publicidad en Cuba —a menos que se cuente como tal la propaganda, omnipresente en la televisión y pintada en las paredes, que convoca a las masas con consignas estalinistas que harían sonrojarse a un norcoreano. Vallas en las carreteras proclaman el aniversario 51 de “La Revolución”, con glamorosos retratos de Che Guevara y otros “combatientes por la libertad”, todos responsables en diversos grados de poner a Cuba de rodillas.
Mientras tanto, el habanero medio continúa su mundanal vida, haciendo cola en tiendas cuyos estantes suelen estar vacíos, esperando en largas filas por los autobuses de fabricación china que nunca parecen llegar, o tratando de adelantar en autos americanos de los años 1950 que eructan humo negro, contribuyendo a la asfixiante calidad de un aire que deja la ciudad cubierta de hollín.
En las zonas densamente pobladas de la Habana Vieja, menos de la mitad de las viviendas tienen conexión al alcantarillado urbano. La mayoría de los edificios están tan erosionados que su reparación se ha vuelto imposible.
El gobierno afirma que el 96 por ciento de los cubanos son propietarios de sus viviendas. Se refiere a los estrechos apartamentos donde los miembros de varias generaciones de una misma familia se ven obligados a convivir. Aun si esa cifra fuera cierta, nadie parece saber quién es el dueño de las áreas exteriores de esos antaño majestuosos edificios, de modo que nadie asume la responsabilidad por su mantenimiento.
Muchos temen que, cuando este régimen finalmente se derrumbe, una ola de exiliados regrese de Miami a reclamar las propiedades que Castro les robó.
Cuba vive en un limbo: su ruinosa economía centralizada es por ahora sostenida por el otro dictador delirante de América Latina. Hugo Chávez envía a la isla petróleo a cambio de los médicos cubanos despachados a Caracas.
Para las calamidades de Cuba el día del juicio se está acercando. Se necesitará un esfuerzo internacional para poner de nuevo a este país sobre sus pies.

Kenneth A. Chandler es el presidente de Chandler Regan Strategies y ex editor y director del New York Post.

[Traducción: Rolando Cartaya]

Publicado en
3 respuestas
Comentarios

  • Fabian Pacheco Casanova dice:

    El derrumbe total de la oligarquia castrista esta a la vista. Los Argumentos de Mr. Chandler son bien traidos, pero los hechos se quedan corto. Con una ayuda internacional consistente en favor de la sociedad civil en Cuba exigiendo respeto a Los Derechos Humanos seria primordialmente la solidaridad requeridad por los hombres y mujeres que dentro de la isla luchan por su enmancipacion. Descarto la posibilidad de una caida a lo Poloco, de acuerdo con Grabiel…Fabian Pacheco Casanova.

  • Cuco dice:

    Buena aproximación viniendo de un extranjero! aunque me atrevo a decirle a Chandler, sin ánimo de pedantería que “el esfuerzo internacional” tal vez se lo tengan que ahorrar. Nosotros lo único que necesitamos es que nos dejen trabajar en libertad. Toda ayuda para fortalecer las instituciones futuras sí que sería bienvenida, pero creo que recursos no nos faltarán en esa “islita”…

  • Gabriel dice:

    El análisis es correcto y las conclusiones también. Por eso se echa de menos que el autor suministrase datos más concretos demostrando la quiebra económica cubana.

    Hay muchos y muy bien documentados.

    La historia de la Cuba revolucionaria es la de un tren que se encamina al precipicio desde hace medio siglo, y nadie se asusta … porque todavía no ha caído.

    Dentro del tren no se percibe nada, pero desde fuera se ve con toda claridad. Cuando quieran frenar será demasiado tarde.

    Y seguimos con la misma pregunta clave ¿Cómo será el cambio en Cuba? ¿Repentino pero pacífico como en Alemania Oriental?¿O mucho más repentino y violento como en Rumanía?

    Por mi parte, lo que descarto es un cambio a la polaca, con una lucha agónica por la libertad, que se prolongó más de diez años.