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Una lectura cubana de ‘The Tempest’ (apuntes)

  • ene 19, 201001:21h
  • 1 comentarios

Entre el carrusel de alegorías, puede entreverse una figura más, punteada por diferentes centros luminosos. Porque aquí hay ocultismo, ritos dramatizados e historia del poder —o de lo que que pasa siempre con el poder. Retamar, que copió a un montón de gente para esbozar su Calibán, no fue lo bastante arriesgado: en La Tempestad hay toda una historia de la Revolución fracasada, y esa isla shakespeareana es un tubo de ensayo más complejo que el supuesto dilema del Tercer Mundo.

Una Revolución despoja a la Historia y a la Naturaleza de su inocencia: es ciclón, es venganza, es dominio, y tras ella una tierra de fantasía nunca volverá a ser la misma. Da igual si el reparto incluye hermanos que se traicionan, elfos y torturadores, exiliados e intrigantes, utopía y mascarada, dicha y ruina, tragedia y farsa. Dentro de la tempestad, los actos ya no son buenos ni malos: hay sólo una cadena de efectos.

Ariel y Calibán son los extremos de algo parecido a la Historia; ambos están sujetos al Político como Mago. La trama se vive entonces como un sueño liberador hasta que el esclavo, que ha concebido la ilusión de la condición humana, muestra su rostro vengativo y obliga a actuar para desbaratar el complot. Si Calibán gana, lo peor gana: es la barbarie, la traición, la violación. Ariel es el paradigma del diálogo, Calibán es el paradigma de la violencia.

Un rito moderno es también eso que acaba por desterrar la ilusión del dominio moral sobre la Naturaleza o sobre la Historia. La utopía es por ello pre-moderna; una especie de cañona voluntarista que termina en bellaquería y destrucción, en justificaciones para la muerte heroica, en energía decepcionada.

Encerrada en la isla, resultado de un experimento pedagógico que no excluye momentos de decepción, Miranda ha ido trenzando sueños renovadores que necesitan del contacto con el recién llegado. Pero incluso el enamoramiento de Miranda y sus conversaciones con Ferdinand sobre la irrealidad del mundo han sido diseñados por Próspero, el mistagogo.

Hay un momento en el que la Revolución, ese golpe de estado disfrazado de fábrica de sueños, sólo consigue entenderse como mascarada. Es en la mascarada donde Calibán y los bufones quedan al descubierto para el gran público.

Ernesto Hernández Busto
desde Miami

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1 respuestas
Comentarios

  • Sigmund Freud dice:

    Ayer postee un comentario aqui…… hoy no lo veo……. incumpli alguna regla del blog????