Un dudoso amanecer tocó a mi puerta un campesino de espaldas anchas, lento andar, y experto en hacer dinero porque tras preguntarle ¿qué vende usted, buen señor? clavó su mirada en la mía levantando su diestra al cielo como lo haría un profeta y, yo, por escuchar su cuento chino terminé comprando un pollo viejo, sucio y congelado con sabor a pescado ahumado. Claro está, me intoxiqué, pero creo que fue el destino porque más tarde aprendí a cocinar. Digo, si así se le puede llamar a achicharrarse los dedos.
—Ring, riiiiing – interrumpió mi meditar el ruido del auricular – Juanito —era la voz sonriente de un excelente trovador a quien le falta la suerte pero le sobra talento— hermano, echa p’a acá a conversar y nos reímos un rato …
“En menos del cantío de un gallo” a su mesa fui a parar y, después de una tarde divina y de otra noche regalada, salté sobre mi Bucéfalo…, mejor decir Rocinante, y regresé a Nuevo Vedado listo para descansar.
Era casi media noche, las calles estaban desiertas y en la esquina de mi casa titilaba la luz del semáforo. ¿Titilaba? Tal vez no me fijé bien, tal vez estaba fundida; pero yo paré en la esquina de 41 y 26, miré hacia un lado y al otro, y para ahorrar combustible, y porque ya es una costumbre, agarré la 41 en direccion contraria —aunque media cuadra solamente.
De la nada aparecieron dos autos con el aspaviento que forma Bruce Willis en acción. Y lea bien, dije acción pudiendo decir action. De un auto Lada patrullero saltaron tres ruiseñores.
—Los documentos, Juan Juan.
—Pero oficial, ¿todo este revolico por media cuadra contrario?, coj….- no me dejó terminar: —Los documentos, Juan Juan.
Así sucedían los hechos cuando también de la nada y tras un serio valvular apareció un auto Geele de donde se vino a bajar mi buen amigo El Instructor.
—Juan, tenemos que conversar.
—¿Conversar?
Después de un p’aquí y p’allá llegamos a Villa Marista y comenzamos el ritual: el militar de la entrada, izquierda, derecha e izquierda, el tenebroso garaje, la incómoda escalerita con su descanso a tres pasos y el salón indescriptible con listones de madera. Horrible lugar, por Dios. Y yo no sé si será porque esta fue la única escuela que convirtieron en cuartel, pero no logro entender por qué allí todos siempre miran con síntomas de malhumor.
—Lee, el acta de detención. Fírmala.
—¿Desorden público? Perdón, no te lo puedo firmar.
—Sácate las cosas de los bolsillos.
—……………
—Firma el acta de tus pertenencias.
—Discúlpeme, amigo mío, tampoco la voy a firmar.
Y ahí comienza lo peor porque firmes o no firmes: las manos detrás, la escalera verde, angosta y demasiado empinada. Suba usted, camine usted, pase usted, camine usted por aquí, deténgase usted, contra la pared, entre usted por esa puerta, quítese la ropa, tenga siempre este cartoncito, de ahora en lo adelante su nombre será ese numerito, póngase esta otra ropa…
Pensativo me vestí: las vueltas que da la vida, la Biblia es una historia exacta sobre una profecía confiable pero me sentí una suerte de profeta equivocado, lo mismo que el hábil guajiro que me vendió un pollo podrido con sabor a pescado ahumado. Sí, yo dije una vez en Facebook que me vestiría de negro el día 10 de diciembre, por luto, sí, por luto. Y mire usted, lo cumplí; pero con ropa de preso.
Y así dejé de pensar y regresaron los, venga usted, camine usted, deténgase usted, contra la pared, camine usted, las manos detrás, deténgase usted, contra la pared, venga usted, deténgase usted, contra la pared, camine usted, deténgase usted, contra la pared, esta es su celda, entre usted… La verdad, yo nunca imaginé que cupiesen tantas ordenes en un solo amanecer.
Mi celda era un cuarto decente de más o menos 3 x 3, un baño que, aunque sin agua, tiene ducha, lavamanos y una taza. A un costado de la puerta, y no donde debe estar (en el baño), hay una llave de agua que sirve para llenar cubos, solo cuando viene el agua, para poderse bañar, lavar y hacer descargar la taza. En una esquina una litera de dos pisos, yo me alojé en el de abajo porque la luz no se apaga y la de arriba, que estaba vacía, me cubría de la claridad. Pero en el centro de tan reducido espacio, y debajo del bombillo como una turista en topless tomando el sol de la playa, había una triste cama y sobre ella un señor con 1, 2, 3, 5, 10…, en fin, un señor todo tatuado. Trigueño de pelo y piel, de cara alargada, envejecida, sin dientes, no usaba ropa de preso, reposaba en calzoncillos y mostraba su órgano reproductor, o mejor sería decir una exageración de órgano reproductor, que lo mismo daba si andaba en calzoncillos, o desnudo.
—Buenas noches —me horrorizó.
—¿Buenas?
—¿Por qué te trajeron aquí?
—No tengo la menor idea
—Sí, claro, aquí todos somos inocentes. Tengo 40 años y llevo 18 preso. Entré por hurto y sacrificio de ganado, me enredé en una bronca, le di una puñalá a un imbécil y ahora mi próximo imbécil me intenta enredar en un problema de drogas. Yo soy el 339, no sabemos el tiempo que estaremos aquí así que… Me gusta compartir, me gusta la limpieza, me gusta el orden. Si quieres fumar, fuma, tengo cigarros. Y si quieres bañarte, para cuando venga el agua, tengo jabón. ¿Cuál es tu nombre?
Estuve callado un rato mirando su pinta de malo y por dentro me cagué. Jabón, cigarros, este tipo me ofrecía todo lo que en las películas nunca se debe aceptar. Y ya lo dije aunque no debo, tenía deseos de cagar pero el agua no la ponen hasta las 3 de la tarde y si le ensuciaba el baño a este tipo singular y amante de la limpieza, igual me podía…
—Mi nombre es Juan Juan.
—No, chico, tu número, el del cartoncito.
—Ahhh, no sé, déjame ver – y buscando lo encontré -, mi nombre es 447.
De pronto tocaron la puerta y dije adelante, por favor pero mi compañero de prisión sonriendo me aclaró: —oye, cuando toquen la puerta solo tienes que escuchar. Abrieron la ventanita de la puerta, gritaron mi número, contesté, y la voz de afuera ordenó: Prepárese.
¿Qué me iba a preparar? Así pasamos varios toques, silencios, 447, soy yo, prepárese, salga, las manos detrás, contra la pared, por aquí, camine, deténgase, contra la pared, las manos detrás, por aquí, entre aquí, siéntese ahí, este es el doctor, le van a medir la presión, párese, las manos detrás, contra la pared, camine por aquí, las manos detrás, contra la pared… En fin, otro montón de mandatos, otro montón de “al doctor”, y un sinfín de interrogatorios. Pero mi fiel instructor sin revelar el motivo de mi inexplicable detención, y casi a punto del chantaje me pedía tranquilidad, me enseñó unas cuantas cartas que del extranjero enviaron amigos desconocidos pidiendo mi liberación y rápido me replicó:
—No te dejes manipular por el show de la prensa extranjera, no le hagas más el juego al enemigo, no le…
Nada, parece que mi gran amigo “El Instructor” o no ve o no quiere ver. ¿Por qué le será tan difícil entender que solo pretendo viajar para visitar a mi doctor y estar junto a mi familia? No sé, quién lo pudiera explicar, aún alcanzo a recordar lo último que hablé en mi cuarto, ¿cuarto?, camarote, ¿camarote?, calabozo.
—¿Por qué te sacan y entran tanto? – preguntó curioso mi reo consorte.
—No lo sé —contesté—, debe ser para joder. Yo no he cometido delito, yo sólo quiero viajar para abrazar a mi hija, hacer el amor con mi esposa y visitar a un buen doctor. Ya he sacado tres carteles pidiendo mi libertad; pero nada, solamente he conseguido aumentar la represión.
—¿Por eso cojeas, por eso te cuesta trabajo levantarte de la cama?
—Sí, estoy jodido, mi hermano, no es ninguna puñalada ni rastro de riña ninguna.
—¿Y por qué no te dejan salir? ¿Y por qué no escribes cartas? —increpó mi acompañante mostrándome su cara humana y contradiciendo a Lombroso sin saberlo.
—Ya las escribí; pero nadie me contesta. Y créeme, los entiendo, no hay nada que contestar a una persona que necesita ir al doctor y estar junto a su familia.
—¿A quien le has escrito cartas?
—A todos y a todas las instancias legales de este país. Incluso publiqué una carta buscando solidaridad en las personas de este mundo.
—¿Y le escribiste a Fidel?
—Mira, hermano, tú aquí llevas 18 años y no sé si te enteraste que Fidel Castro renunció.
Y nuevamente interrumpió la voz segura de un guardia seguida del toc, toc, toc del golpe contra el metal: 447, recoja sus cosas, se va.
No lo podría ocultar, sentí alegría y tristeza cuando aquel hombre tatuado y con cara de delincuente, se puso de pie, me abrazó, me dio un gran beso y me dijo:
—Oye Juan, ojala que te dejen salir y que puedas estar con tu familia. Y si vas a ese doctor y te arregla esa cojera, nunca te olvides de mí, envíame un refresco frío.
Lo otro fue: 447, salga, contra la pared, las manos detrás, camine, por aquí, contra la pared, continúe, entre por esa puerta, cámbiese de ropa, salga, camine, por aquí, baje por esa escalera.
Juan Juan Almeida
La Habana





Que buen escrito!
Yo estuve por esos días en la habana y salimos el día 10 con Yoanis, Reynaldo, Claudia y otros. en una pequeña peregrinación por el zoológico de la Habana, todos vestidos de negro menos yo, que se me olvido el detalle de la ropa, pero Juan Juan estaba desaparecido. Yoanis y los demás intentaron localizarlo durante todo el día sin resultado. Mas tarde Brenda (Una de las hermanas de Juan Juan) nos confirmo lo que todos temíamos, que se lo habían llevado para Villa Marista.
No me pude despedir de Juan Juan, pero espero que para cuando yo regrese a la habana ya le hayan permitido salir a encontrarse con su familia y a atenderse su enfermedad crónica.
mira juan juan yo se que es una experiencia muy cruel pero te aseguro que no te va tan mal para como te trataron se ve que no te tienen mucha mala voluntad pues si mi memoria no me falla por mucho menos que salir con un cartel a la calle por tan solo tener un folleto de los derechos humanos
en cuba en el ano en que todos eran muy felices entre algunos tu el gobierno revolucionario te mandaba a prision por 8 anos
solo por tener ese documento eso sin contarte que en villa te daban vuelta hasta que te encontraban tu relacion con otros casos como ellos dicen y alli estan presos desde siempre padeciendo mucho mas que otros que an vivido tan bien siempre, pero ahora se les acabo la apadrinacion de la revolucion .y estan padeciendo mucho como el resto de la poblacion por eso te apoyo aunque todos sabemos que no es algo que todos aqui hacemos culpandote por tu relacion con la revolucion pero reconosco esta mal pues ya eres parte de este pueblo que se levanta encontra del abuso y la dictadura castrista a tu manera claro pero te aplaudo y aprecio todo tu efuerzo y creeme te costara caro pero tu pueblo empesara a creer en ti gracias a tu esfuerzo y sacrificio.
He leído con mucha atención el libro de Juan Juan “Memorias de un guerrillero cubano desconocido.”
A Juan Juan le han hecho sufrir mucho. Pero no ha hecho nada malo. Sólo quiere reunirse con su mujer y su hija, y visitar a un doctor.
Querido Juan Juan, te prometo que podrás salir de Cuba, porque los que te lo prohiben se están quedando sin TIEMPO; y tú eres joven y te sobra el tiempo.
Cuanto sufrimiento provoca el fanatismo.
Es injusto que los atropellos cometidos por
la pseudo-izquierda pasen inadvertidos para el
mundo.
Caballero, ?Que saben de la presentacion de Buena Fe en Miami? El cantante del duo, el que siempre habla es graduado de la Escuela de la Contrainteligencia Militar en Santiago, es abogado pero instructor de contrainteligencia que arresto a varias gentes. Si Manuel Artime vuelve a vivir y ve a un abogado de la Contra inteligencia Militar de Raul Castro, metido a cantante en un teatro que lleva su nombre saca de alli a Hugo Cancio a latigazos. Hay que llamar la atencion de lo que esta pasando. ?No es logico que el que vaya a ese concierto sepa ese detalle?
> … ahí, este es el doctor, le van a medir la presión
~
Cui’dese bro que dicen que siempre hay mas tiempo que vida
~
Camilo Lo’pez