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Olvidar Festival

  • dic 14, 200920:16h
  • 2 comentarios

No fui al Festival. O, mejor aún, me fui del Festival.
La Habana de este trigésimoprimer diciembre del ya no tan Nuevo Cine Latinoamericano perdió su tradicional atmósfera peliculera. Y no por falta de calidad en la muestra (si bien cada año es más comercial y menos de autor), sino por falta de audiencia, de ese público itinerante que coincide de cola en cola (con o sin credencial) y que disfruta quedarse callado en la sala a oscuras al menos durante las dos horas de este o aquel film (el cubano medio, por lo general, comenta en vivo las escenas con un ansia participativa del que carece en el resto de su vida civil).
No hubo invierno y eso le quitó swing al evento. De todas formas, me confundí caminando junto a mucha gente nueva por las aceras de El Vedado (las otras sedes recuerdan una morgue de mugre) y, a ratos, sobre todo en el perímetro del Hotel Nacional, un aire de Primer Mundo mercantil pero nada mediocre brilló en alguna mirada o en una media conversación.
Por lo demás, en una tanda medianochera del Yara para ver “la última de Almodóvar”, casi me arrebata la cámara un jenízaro anti-jpg, de los muchos que se abalanzaron incluso contra los periodistas acreditados por el Comité Organizador, pues no querían imágenes del empuja-empuja del público versus los policías, pugilato que es acaso lo único vivo que persiste tras tres interminables décadas de festival.
Una tarde de cumpleaños en el Payret, la peste a peo me paró de la butaca a mitad de un bodrio cuya nacionalidad proto-bolivariana prefiero omitir. Por cierto, pocas horas después, de vuelta a casa en una ruta P-9, un señor mayor iba sentado con mierda líquida chorreando de su entrepierna. Me dio una pena infinita. Nos alejamos al punto opuesto del ómnibus articulado, pero igual tuvimos que bajarnos varias paradas antes de la nuestra para poder respirar.
Por lo de menos, no encontré conocidos en las colas. Lo cual es lógico, pues en muy pocas ocasiones me topé con colas. De manera que casi siempre pude comprar entradas en la taquilla y así ahorré los bonos de mi “pasaporte” hasta que, al final, me ha sobrado media docena de visas cinematográficas ya caducas.
Según pasan las películas, uno comienza a olvidar nombres y directores (si es que se supieron alguna vez), con riesgo de meternos dos veces en la misma proyección. Otras ya las tenemos en digital y no nos animamos a verlas en pantalla grande, salvo al monstruo de Lars von Triers. De todos modos, por ninguna propuesta en concurso voté. La abstención es estética. Viva la vacilación.
Tampoco nada me impresionó, ni me preocupó enterarme de los resultados del Jurado, si es que hubo Jurado esta vez, ni capté rebumbio alguno en la prensa local al respecto. Me limité, supongo, a escapar en lo posible de este continente en 2-D, y me fui, sin carteleras ni sinopsis, a fisgonear entre los captions de las muestras menores de Polonia, Noruega, Japón, Italia y Alemania. Me dediqué, pues, al decimoséptimo arte del desvío, a refrescar el imaginario inmóvil de la Latinoamérica de los últimos 35 años o milímetros. (Un documental sobre los próximos 50 años del ICAIC me pareció más emotivo que los últimos 50 años del ICAIC).
Fue el Festival más breve de la historia de la humanidad, Día de los Derechos Inhumados incluido (no oí apenas comentarios sobre el nerviosismo policial que contagió hasta a las acomodadoras, cada vez más paranoicas con sus linternas). En definitiva, fue un Festival efímero. Tal vez no empieza del todo todavía.
Mientras tanto, al otro lado del túnel, en la República Artística de Alamar, de espaldas a las cámaras y micrófonos de Cuba y su festinada extranjería de fin de año, el Estado acorraló con patrullas y ambulancias a los actores más auténticos de este mes no tan cinéfilo como cínico. Esa tal vez sí sea la primera secuencia de una película cuyo guión, trágico o comediante, dependerá ahora de nuestra solidaridad con la soledad en que ha quedado Omni-Zona Franca y, por supuesto, también de nuestra insubordinación ante los misteriosos ministerios que lanzaron a ese ejército de extras contra los penúltimos protagonistas del siglo XXI posnacional.

Orlando Luis Pardo
La Habana

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2 respuestas
Comentarios

  • ibrahin odonis dice:

    por que razon tiene que estar preso oscar elias bicet ?y tantos presos politicos creo el regimen gosa de total impunidad ante sus acciones

  • ibrahin odonis dice:

    saludos grasias por la libertad de cuba toda esa tempestad rovolucionaria quedara atras el futuro no es de ellos