
Mi abuela me hablaba de él con el mismo arrobo que décadas atrás sus padres le habían contado el viejo sueño de El Dorado. Me revelaba su masa entre amarilla y naranja, seca en la primera mordida pero grata y suave una vez dentro de la boca. Su juego preferido consistía en explicarme el canistel, tarea ardua, pues no hay nada tan difícil como entender un sabor que nunca se ha probado. ¿Ana, a qué se parece?, le preguntaba yo, porque sólo la comparación podía ayudarme a acorralar el aroma de esa fruta ausente de mi vida. “Como un mamey, pero más rico”, era la parca frase que lograba arrancarle antes de que se callara.
Muchos de mi generación conocimos ciertos sabores de oídas, descritos por quienes habían atesorado en su memoria gustativa al níspero, el caimito, el marañón y la guanábana. Esa habilidad para activar las papilas gustativas con algo que nunca habíamos masticado, nos ayudó durante los años más duros del Período Especial. Sobre la litera de hierros oxidados de un albergue en Alquízar, yo refería para un grupo de muchachas cómo eran aquellas frutas que no habían ni siquiera probado. El cuento se repetía cada semana en una improvisada tertulia donde los temas principales eran “sexo y comida”. Esta última, verdadera obsesión de todas las quinceañeras allí reunidas.
Pasó el tiempo y hace una semana mi madre se apareció en casa con tres canisteles. Los había comprado a un campesino en un precio que excedía el de toda una jornada de trabajo. Pensé primero en Ana, que murió hace más de veinte años y en las últimas décadas de su vida no volvió a ver la dorada redondez que tanto la angustiaba. Teo fue quien dio la primera mordida e hizo un gesto raro antes de confirmar “Es como un mamey”. Después regresó a su cuarto sin ver la indecisión en mi rostro. ¿Lo pruebo o no lo pruebo? ¿Y qué tal si no se parece a lo que me contaron? Felizmente, resultó ser a la medida de aquel canistel que —mientras salivábamos las dos— mi abuela me había narrado.
Yoani Sánchez
La Habana





Todas estas frutas hoy ausentes de la vida cotidiana de los cubanos, eran comunes y estaban al alcance de todos antes de la robo-ilusion castrista. En Cuba habia diferentes variantes de mangos, y muchas otras frutas que hoy se desconocen en la isla. El mismo libelo Granma recordo hace solo unas semanas atras en una noticia, la escasez de frutas en Cuba.
Solo hay que mirar este panorama tretico de las frutas aunsentes de la mesa en un pais tropical, donde no existen inviernos fuertes ni frio severo, para darse cuenta de lo inepto, destructor, y malvado que es el sistema comunista. Todo lo que tocan lo destruyen. Que en un pais con un suelo tan propicio para la agricultura, con un clima tan agradable y bendito durante todo el año, tengan que escasear las frutas, da una idea del estado miserable de la agricultura en Cuba. Esta gente comunista son como el Rey Midas al reves. Todo lo que tocan lo destruyen.
Rusia antes de la cacareada maldita revolucion de Octubre, era exportadora neta de trigo producido en Ucrania. Despues de 60 años de Comunismo real en la difunta URSS, todavia tenian que salir al mercado internacional de los paises capitalistas a comprarle el trigo a Canada, USA, Australia o Argentina para poder abastecer el mercado domestico. Si miramos el vasto espacio territorial de la antigua URSS con 12 meridianos y 12 zonas de tiempo, uno se pregunta como pudieron ser tan ineptos que no podian ni producir el trigo suficiente para alimentarse a si mismos?.
Si alguna vez se hubiera llevado a cabo la cacareada destruccion del capitalismo de que tanto hablaban en su estupida propaganda, adonde irian entonces a comprar el trigo para alimentarse?
Si no existia el “maldito imperialismo” entonces como harian el pan?
En una de las casas que tuve en Miami, mi mama sembro una mata de canistel que mantuvo en una maceta por muchos años, parecia un bonsai entonces. En mi patio crecio y dio frutos cantidad y muy sabrosos porque en Miami se dan casi todas las plantas nuestras. El estupido que me compro la casa lo primero que hizo fue cortarla por la ignorancia de no saber de que arbol se trataba y eso que era cubano. Joven y casi recien llegado le paso lo mismo, que no tuvo la ocasion de conocerlo en su infancia.
No es raro que los cubanos de menos de 50 años no sepan qué es. Tampoco saben qué es la chirimoya, el anón, la guanábana, el marañon, el caimito blanco y el morado, el níspero, el mamoncillo y otras tantas cosas. Recuerden que no sólo fue el cordón de La Habana el que arrancó las frutas para sembrar café, en uno de los grandes aportes del “Genio” a la agricultura, sino también el “campo cañero típico”. Ese campo tenía unas medidas estándares, que jugaban con los arados, los tractores rusos, las carretas, las combinadas cañeras, etc.; para que fuera óptimo su cultivo y cosecha en cuanto al tiempo, combustibles, etc. No sé quién fue el animal que propuso eso, pero si sé quién fue el estúpido poderoso que lo promovió y que hizo que todos lo aplicaran en toda Cuba. El caso es que si encontraban en medio del campo típico, una mata de anón de 50 años de existencia, la tumbaban y ya. Inteligentes que eran. Los resultados son estos: se perdió la riqueza de árboles frutales de Cuba.
Ojalá paguen por eso.
el canistel es una mierda… ya lo comprobarán si lo prueban un día….
Creciendo en La Habana, escuchaba a mi padre hablar de los espárragos con una devoción que inspiraba más la envidia mía (al no conocerlos) que la imagen que él pretendía describir. Su descripción no dejaba duda del suculento plato preparado por las manos tiernas y expertas de mi madre ya fallecida. Desafortunadamente, los nuevos tiempos no daba espacio para estos alimentos cargados de “tanta desviación ideológica”.
Pasaron los años, emigré como buen cubano amante de la libertad, sofocado por la diaria opresión… a pesar de haber nacido después del desgraciado 59!
Mi padre me visitó en mi nuevo contexto. Llegó viejo, cansado… pero con el mismo amor de siempre por mi. Me deshice en atenciones. Un día le quise dar una sorpresa: compré los espárragos más frescos y grandes que encontré en un mercado dominical local…
Mi esposa los preparó deliciosamente… lo servimos con elegancia… Le había dicho a mi querido viejo que tenía una sorpresa especial para él. Lo llevé de la mano hasta la mesa… lo acomodé en la silla de la cabecera. Todos nos sentamos a su alrededor. Yo lo observaba ansiosamente; me moría por ver su cara de felicidad al reencontrarse con sus famosos espárragos. Estaba convencido que le iba a dar una gran alegría al mejor padre del mundo.
Más de cuarenta años habían pasado por su vida. Llegó la hora de la verdad: coloqué el plato cubierto delante de mi padre, lo destapé lentamente… mi corazón rebozaba de alegría en anticipación a la sorpresa immensa que le daría a este hombre tan especial en mi vida.
Mi padre… sonriendo algo nervioso y mirando los enormes tallos verdes aún humeantes… me preguntó: “¿Qué son?
Rabiando de impotencia, con un dolor indescriptible, lentamente sentí las lágrimas aparecer en mis tristes ojos.
Estoy cansado, muy cansado….Pero. Para- YS, EHB, OLP, CC, IG y los otross: experimenten. Para- MC, JCC y los otross: sigan. Para todos- escriban, escriban, escriban de su Verdad, y si pueden, de La de otros.
Alejandro, su cuento parece salido de la pluma de O´Henry. Redondéelo, púlalo y se lo publico.