Una docena de adultos, algunos con unas cuantas libras de más, corrían al trote por un campo deportivo. Un par de ancianos con dificultad arrastraban una bazooka y un cañoncillo que parecía sacado de un museo de armas usadas en la Segunda Guerra Mundial.
Patético. Varias personas miraban con más asombro que admiración las maniobras de guerra de un grupo de reservistas cansados y sudorosos que se ejercitaban para una supuesta agresión de los gringos. Estos juegos de guerra formaron parte de Bastión 2009.
En algunos barrios de La Habana, el ejercicio contó con la participación de los vecinos, quienes entre risas (y algunos con Ipod en los oídos) iban corriendo de manera distendida hacia un supuesto refugio antiaéreo. Ante la pasividad de los civiles, un oficial de verde olivo, panzudo y con voz de trueno, altoparlante en mano arengaba desesperado: “Pónganle interés, si se comportan así en caso de un ataque aéreo yanqui, son hombres muertos”.
Desde los balcones de sus casas, los más jóvenes se burlaban al ver a personas mayores corriendo con alpargatas rotas y fusiles AKM de calamina. “Si la 82 División de los americanos los ve, les cogen lástima”, comentaba un moreno mientras se reía a mandíbula batiente.
El presidente de Cuba, Raúl Castro, sí se lo tomó en serio. Alabó la calidad de las maniobras y una vez advirtió que en caso de una agresión militar de Estados Unidos, “somos invulnerables militarmente”. Pero en las respuestas que Barack Obama diera al cuestionario enviado por la bloguera Yoani Sánchez, no está contemplado ningún acto hostil o agresivo por parte de su país. Al contrario.
A decir verdad, una inminente guerra con los americanos es algo que siempre ha estado en las calenturientas cabezas de los hermanos Castro. Pocos cubanos se lo han tomado en serio. Al contrario de Fidel Castro, para quien los yanquis, de forma taimada, en la primera oportunidad enviarían sus F-16 y sus bombas inteligentes contra ciudades cubanas. Pero después de la crisis de los misiles en 1962, cuando la antigua URSS retiró los cohetes a cambio de que Estados Unidos no agrediera la isla, el vecino norteño solamente ha utilizado la baza de la guerra sucia contra Cuba.
El ejército regular cubano participó por vez primera en su historia en una guerra fuera del territorio nacional en 1975, en el conflicto de Angola. Antes habían enviado hombres y armas a cualquier zona del planeta donde hubiese beligerancia, ya fuera en el Congo, Argelia o Siria.
Angola fue como un pasatiempo para Fidel Castro. En los 15 años de intervención cubana, desde un sillón de un puesto de mando en el reparto Nuevo Vedado, junto a una enorme maqueta del campo de batalla, repleta de soldaditos de plomo, tanques y cañones de juguetes, puntero en mano, dirigió las principales batallas que tuvieron lugar en suelo angoleño. Y, además, estuvo al tanto del número de potes de helados y paquetes de bombones que debían ser enviados a los soldados en el frente de batalla.
De esa etapa, repleta de nostalgia para cientos de militares ahora jubilados, cuando pertenecían a unas fuerzas armadas que llegaron a tener un millón de hombres movilizados, y la Unión Soviética nos enviaba grandes cantidades de suministros bélicos, aún se mantienen en pie maniobras como Bastión.
En la versión de 2009, se pusieron en práctica varios ejercicios para neutralizar al “enemigo interno”. Un participante que prefirió el anonimato, comentó que se probó el uso de helicópteros, con enormes redes, que se utilizarían en lugares abiertos para atrapar opositores, en caso de manifestaciones callejeras.
A falta de la agresión del Norte que nunca llega, el ejército de los Castro se adiestra para una guerra donde el enemigo principal son los cubanos que piensan diferentes. Mala señal.
Iván García
La Habana






No me extraña la falta de seriedad con que seguramente la mayoría de la gente se tomó ese ejercicio de guerra. Me parece verlo. A pesar de la comedia que fue hay, por supuesto, motivos para preocuparse si realmente fue un ensayo para reprimir a la población.
Lo que se puede ver con claridad es como los fascismos de izquierda o de derecha se perfeccionan en el arte de controlar muchedumbres.
el enemigo principal son los cubanos que piensan diferentes, esa es la clave.
El problema cotidiano del cubano no es el jueguito este de las batallitas de los castro,sino que comer cada dia que amaneze