Penúltimos Días

En busca del Che interior*

Noviembre 17, 2009 · 26 Comentarios

por Michael Casey

(…)

La vida adulta de Omar Pérez López puede definirse como una lucha por encontrar ese elusivo estándar moral, por descubrir el Espíritu esencial del Che. La suya ha sido, al mismo tiempo, una vida de dolor y de búsqueda interior, modelada poderosamente por la distorsionada mitologización cubana del Che. Ese combate se ha endurecido por el conflicto que tuvo con el régimen castrista y por su relación única con Ernesto Guevara. En 1989, cuando la vieja Cuba dejaba paso a la nueva Cuba postsoviética, Pérez, quien tenía por aquel entonces veinticinco años, se enteró por primera vez de que el sobresaliente Guerrillero Heroico, una figura de marquesina frente a la que él y todos los cubanos habían vivido constantemente, era su padre.
Aunque nunca ha sido probado, hay pruebas creíbles que sugieren que Omar Pérez López es un hijo no reconocido del Che. Sin embargo, durante casi dos décadas, Omar evitó cuidadosamente llamar la atención, aprendió cuatro idiomas, ganó reconocimiento internacional por su poesía, vivió dentro y fuera [de Cuba] como un expatriado y se ordenó como sacerdote budista.
Ahora, cuando los cubanos se enfrentan a un futuro sin Fidel Castro y tienen que lidiar con las contradicciones de un sistema político cerrado que presenta un rostro socialista mientras se relaciona con capitalistas extranjeros, Pérez emerge como la voz de la conciencia, como un retorno al perdido espíritu de la revolución. Invocando los valores espirituales de su padre, pide el retorno auténtico del proyecto guevarista del Hombre Nuevo. Al mismo tiempo, condena a los que usan falsamente el nombre del Che para abrillantar sus credenciales revolucionarias mientras lo explotan en su beneficio personal, nombrando explícitamente a sus supuestos medio hermanos como culpables.
Con esa postura, Pérez parece destinado a convenirse en un intruso en los asuntos de la rama principal de la familia Guevara, una institución casi oficial en Cuba. Los hijos de la viuda del Che, Aleida March, son conocidos por sus irritados ataques contra aquellos que comercializan o lucran con su imagen. Y sin embargo, justificando los cargos de Pérez de hipocresía, también controlan una vasta operación comercial internacional, vendiendo libros y otros productos ligados a los derechos que la familia mantiene sobre el nombre de Ernesto Guevara. Al mismo tiempo, los cinco hijos del fotógrafo Alberto Korda están enfrascados en su agria y muy politizada pelea personal sobre los derechos mundiales de la icónica imagen del Che. En medio de toda esta pelea de mal gusto, Omar Pérez, antimaterialista, plantea cuestiones importantes y oportunas sobre el verdadero espíritu del Che.

*

Su historia comienza, sin embargo, mucho antes: en 1963, el día que Lilia Rosa López, una hermosa estudiante habanera de periodismo, de veinte años, se citó su amiga Ida Pérez. Cuando Lilia encontró a Ida en la recepción del instituto petrolero donde trabajaba, ésta estaba leyendo La técnica del golpe de Estado de Curzio Malaparte. En manos de una recepcionista, el pesado texto también atrajo la atención del Che Guevara, que estaba allí realizando unas gestiones del Ministerio de Industria. Aparentemente, el Che no era un fan del italiano Malaparte, un antiguo fascista reconvertido posteriormente al comunismo. Che le dijo a Ida que le traería otro libro. “Fue entonces cuando comenzamos a satear (flirtear en la jerga local),” me dijo López durante una entrevista en su casa de Malecón.
Tras esa primera reunión —cuenta López—, el Che regresó a la oficina de Ida con el libro prometido para ella y otro para López: se trataba de Corazón, una obra de otro italiano decimonónico, Edmundo de Amicis. Comenzó una breve, “esporádica,” relación. Y entonces, a mediados de 1963, antes incluso de que se diera cuenta de que estaba embarazada, sus reuniones se interrumpieron abruptamente mientras que los compromisos del Che comenzaron a llevarlo a largas giras mundiales. Ernesto Guevara y Lilia Rosa López no tuvieron más contacto.
Lilia Rosa dijo que planeaba tener un aborto pero no pudo realizarlo. Mientras, se separó de su esposo, bebedor empedernido. Poco después del nacimiento, sin embargo, éste regresó para reclamar la custodia del hijo, entregando un certificado de nacimiento completo en el que inscribió su propio nombre por nombre de pila del niño como un fait accompli. Preocupada por la vergüenza de su familia y aterrorizada por las consecuencias políticas, Lilia Rosa no le reveló el secreto a nadie sino a sus más próximas confidentes —asumiendo que no saldría de ahí. Sin embargo, decidida a asociar al niño de alguna manera con su verdadero padre y dotada con una gran habilidad para hacer conexiones, logró que un funcionario retocase el certificado de nacimiento con un nuevo nombre de pila. Como inspiración, escogió un libro que el Che le había prestado: el Rubaiyat del poeta persa Omar Khayyam. Junto a otra memorabilia del tiempo pasado con el famoso revolucionario, López me enseño su ejemplar del libro, que, según dijo, su amante nunca recuperó. Una dedicatoria en bolígrafo negro dentro de la portada dice: “Al Doctor Guevara, un poeta de la vida y del sueño eterno.” Firmado “Cáceres, México 1954,” el libro parece haber sido un regalo de un amigo de Ciudad México justo antes de la histórica reunión con Castro.

*

Hasta que Omar tuvo veinticinco años, siempre creyó que su padre era Benito Pérez, quien murió poco después de que surgiera la sorprendente historia alternativa. Pero la verdad es que el joven no se le parecía en nada y en cambio sí tenía un insólito parecido con una de las caras más conocidas del mundo. Cuando me reuní con Omar, ahora con cuarenta y dos años, en noviembre de 2006, el parecido seguía presente. Era imposible —ciertamente después de largas investigaciones mirando el mismo rostro— no encontrar una chocante familiaridad en los oscuros, expresivos ojos y en el cabello largo a la altura de los hombros del hombre que me saludó en la entrada del bar de mi hotel en la Havana Vieja. Y como estaba a punto de descubrir, la apariencia de Omar Pérez no era su único parecido con el Che.
“Empecemos desde cero,” comenzó. Tuvimos que empezar con el momento del ajuste de cuentas, el que surgió de la relación de Pérez con un grupo de poetas, novelistas, ensayistas y artistas que exploraban nuevas ideas políticas y culturales para el incierto futuro de su país. En ese corte transversal de la escena intelectual cubana, había algunos que intuyeron la historia excitante que concernía al joven —presumiblemente a través de la red de contactos que incorporaba a su madre periodista. Una cosa condujo a otra. “Me lo dijeron,” cuenta Pérez. “Era algo bastante conocido. No era un secreto para nadie, excepto para mí.” No fue sino hasta algún tiempo después que su madre le confirmó la historia.
Algunos escépticos ven con sospecha lo oportuno de la historia —como si hubiera sido sembrada para desequilibrar a Pérez. De cualquier manera, su primera respuesta fue olvidarla. “Probablemente fue un shock demasiado profundo para que yo tuviera una reacción consciente,” dijo. También porque “en aquel momento no tenía la paciencia necesaria para reflexionar sobre aquello.”
La mayor parte de su energía estaba dedicada a un grupo de escritores, que llevaba el nombre de Paideia, una palabra griega que significa a la vez educación y cultura. Sus miembros tenían algunas ideas atrevidas sobre cómo abrir los campos artístico y literario cubanos protegiendo al mismo tiempo sus raíces izquierdistas. Discutieron esas ideas en un ambiente intelectual rarificado y esquivaron el tipo de urgente activismo en el que se estaban embarcando los jóvenes de otros lugares. Mientras los miembros de Paideia discutían a los posmodernos europeos y sopesaban las teorías del marxista italiano Antonio Gramsci, los partidarios de Vaclav Havel tomaban las calles de Praga, los estudiantes chinos ocupaban Tianamen y los berlineses del Este se preparaban para derribar el Muro que dividía su ciudad. Había cierto “surrealismo en esa actitud,” dice el analista Jean-François Fogel en un post de su blog en español sobre literatura latinoamericana. “En una isla herida por el colapso de la Unión Soviética, en medio de una vida de carencias totales, esos jóvenes cubanos pensaron que la cosa más importante a debatir era la filosofía y el arte.”
Aún así, si alguien iba a desarrollar una postura más confrontacional a medida que Paideia encontraba mayores restricciones a su actividad, ese era Omar Pérez. “En su forma de interactuar, ya fuera con las autoridades o con nosotros mismos, Omar era entre nosotros el más radical”, recuerda su amigo el también poeta Rolando Prats-Páez. “Recuerdo su impaciencia ante lo que percibía como un exceso de diplomacia y su desdén paternalista hacia cualquier cosa que pudiera pasar como demasiado parecida al compromiso o puramente táctica.”
Los lectores encontrarán similitudes entre esta descripción y la conducta enérgica de su padre putativo. Pero Prats-Páez nos previene contra una lectura post facto que atribuye demasiado determinismo biológico a los rasgos personales del joven poeta. Él y otros del grupo sospecharon de lo oportuno de la historia-del-hijo-del-Che, que perturbaba su movimiento y colocaba a su carismático líder en una situación difícil. Pérez ya nunca sería el mismo. “Verdadera o falsa, esa historia hizo de Omar un rehén de una identidad simbólica que él mismo había creado,” dice Prats-Páez. “Omar no necesitaba ser hijo de nadie, él ya era alguien por sí mismo. Alguien más lo necesitaba. Tuvo lugar una castración: la de un individuo y la de toda una generación que estaba embarcada en escribir su propia historia.”
Ya fuera de origen genético o por cualquier otro motivo, el desafío de Pérez le colocó en una ruta de enfrentamiento con el estado cubano. En 1991, con el corte de la línea soviética de suministros y las finanzas en su punto más bajo, él, Prats-Páez y otros seis jóvenes firmaron el manifiesto de Tercera Opción —un título que parecía adelantado a su tiempo, como si adoptase la terminología moderada de Tony Blair y Bill Clinton. Ofrecía un programa mínimo de liberalización política que respetaba los fundamentos socialistas de la revolución Cubana, descrita como una “alternativa democrática” a las soluciones de mercado libre “neoanexionistas” respaldadas por Estados Unidos. Ese camino, argumentaban los autores, era la única garantía para la auténtica “independencia económica, soberanía política, justicia social y derechos humanos.”
Aunque estaba empaquetada dentro de un marco deliberadamente socialista, el manifiesto de Tercera Opción provocó una rápida respuesta del régimen. En la Asamblea Nacional del Partido Comunista, tres meses después de que fuera firmado, un miembro veterano del partido atacó la “visión pequeño burguesa” del grupo y su “lectura mediocre de la historia.” La represión se acentuó y acabó provocando que varios de sus partidarios escaparan a un exilio extranjero —se repartieron por el mundo en lugares como Ciudad de México, Sao Paulo, Vancouver, Barcelona y Miami— mientras que algunos de los que se quedaron acababan en la cárcel.
El tratamiento aplicado a Pérez, el más locuaz del grupo disidente, pareció al principio suave. Que su identidad secreta fuera o no un factor en ello, no está claro. De cualquier manera la presión de su madre sirvió de algo, ya que obtuvo permiso para que su hijo acudiese a unos cursos en Siena, Italia (Aquel fue su ultimo acto de apoyo. López se distanció de las controversiales políticas de su hijo. No se volverían a hablar durante más de una década). Sin embargo, inmediatamente después de regresar a Cuba, Omar Pérez recibió la orden de acudir a un campo de trabajo en la provincia de Pinar del Río, donde pasó un año recogiendo tomates. El campo, apodado Francia, seguía el modelo, como tantos otros a lo largo del país, de uno establecido en la península de Guanahacabibes por el ministro de industria Che Guevara en 1962. Creado siguiendo los planes del Che de cultivar una ética revolucionaria entre los empleados ministeriales, ese campo recibió a funcionarios estatales y directores de fabrica que se confesaron “culpables de errores y transgresiones cometidos en el desempeño de sus tareas.”
Sí, reconoce Pérez, es irónico que el hijo del Che pasara un tiempo en un sistema penal diseñado por él. Pero con intuición filosófica añade: “¿Qué es la ironía? Ironía es el tipo de signo que esconde algo. Es la luz falsa que te dice que detrás de lo cómico de la existencia, existe algo que aprender. No es tan sólo burla o ridículo. Es un signo”.
Para el recluso Pérez, su detención era una señal para contemplar mejor su parentesco. Y en ese esfuerzo encontró el apoyo de Hilda Guevara Gadea, la hija mexicana del primer matrimonio del Che, que trabajaba por aquel entonces como bibliotecaria en el centro cultural de la Casa de las Américas. Al encontrar a Hilda “por primera vez tuve la oportunidad de hablar con alguien más que había estado cerca de mi padre, y de hablar de él como una persona, no como un icono,” declaró Pérez.
Hildita, como se le conocía, era la oveja negra de lo que puede ser descrito como la primera familia de la revolución Cubana. Cuando Hilda Gadea trajo a la hija de tres años del Che a la Habana fue cálidamente recibida por su ya famoso padre, cuyas cartas a su hija mayor revelan un cariño genuino. Pero después de que él muriera las relaciones con el lado cubano de la familia se rompieron —en parte, parece ser, debido a su conducta alocada. Se casó con un izquierdista mexicano y paso un tiempo en Italia, autoexponiéndose y exponiendo a su hijo a un mundo fuera de la burbuja protectora erigida alrededor de sus medios hermanos cubanos. Su hijo mayor, Canek Sánchez, se convirtió en músico de heavy metal y ahora es un activista político del exilio cubano en Francia.
Hildita, la mayor de los hijos del Che —tenía once años cuando él murió—, conservaba un recuerdo relativamente claro de éste, y se convirtió en una fuente válida de información para Pérez. Como un espíritu afín, igualmente rebelde, ella le ayudó a luchar para encontrar su lugar en el mundo. “Era una persona no convencional. No quería ser de ninguna manera una de los representantes de su padre en la tierra… Desde luego quería a su padre pero no era muy diplomática al hacerlo,” me contó Pérez.
Hilda también tenía un lado oscuro, autodestructivo: cierta predisposición a la bebida y a los arrebatos depresivos. Y le ocultó un gran secreto a Pérez: tenía cáncer. Tres años después de conocerse, un tumor cerebral la mató. “Fue otro shock,” cuenta Omar. “Tienes que descansar un tiempo y hacerte algunas preguntas antes de apresurarte a algún tipo de proyecto, o trabajo, o lo que sea. Así que ella se murió y yo seguí.”

*

A partir de ahí la trayectoria personal de Omar Pérez lo conduciría al budismo y eventualmente a eso que ahora describe con una afinidad psicológica con su padre. Pero buscó deliberadamente el anonimato. Afortunadamente vivía en Cuba. Sólo en un lugar con una prensa fuertemente amordazada una historia tan jugosa como la suya podía permanecer al margen de las indagaciones de los periodistas. Su nombre aparece brevemente en un par de las biografías del Che más logradas, pero está ausente de la mayoría. Tiene una referencia de una sola línea en la entrada “Che Guevara” de la Wikipedia, y unas pocas webs anticastristas han mencionado la historia del hijo ilegítimo del Che cumpliendo condena en uno de los campos de trabajo fundados por su padre. Aparte de esas pocas referencias, Omar Pérez está fuera de la pantalla de radar del Che.
Y sin embargo ha tenido una vida pública propia. Tanto su apreciada poesía como su trabajo como traductor le han garantizado cierto estatus en círculos literarios, tanto localmente como en el exterior. Ensayos y artículos suyos, y sobre él, han sido publicados en diferentes lenguas, junto a entrevistas en las que habla sobre poesía y filosofía. Pérez, que habla fluidamente en inglés, francés, holandés e italiano, ha hablado y leído su obra inspirada por el Zen en conferencias, se ha reunido con editores extranjeros yvivido durante algún tiempo en Italia y Holanda. En todos esos lugares la cuestión de su ascendencia rara vez surge.
La decisión de Pérez de aislar su conexión con el Che del resto de su vida le ha permitido crear su propio espacio intelectual de una forma que nunca podrían los hijos de Aleida March. “Tuve la oportunidad de vivir, por decirlo así, una vida normal. Y creo que esto es lo que mi padre idealmente desearía para sus hijos,” me dijo durante nuestra primera reunión.
Los otros descendientes del Che, aquellos oficialmente reconocidos, comparten la misma inteligencia y agudeza. Pero aunque crecieron con privilegios y protegidos, sus identidades quedaron sumergidas en el mito del Che. Asociados para siempre con las representaciones oficiales de su padre como hombre amante de su familia, los hijos del Che Guevara se encontraron ligados a la construcción pública del mito del Che. Y esto continuó hasta la edad adulta. Los dos hijos mayores, Aleida y Camilo, acudían frecuentemente a acontecimientos oficiales en todo el mundo en su condición de “hijos del Che.” Para algunos, son nobles guardianes del legado paterno, que esparcen por el mundo su gran obra mientras impiden que codiciosos capitalistas exploten su imagen. Para otros, son oportunistas que viven de su nombre. Ninguna de las dos etiquetas es justa. Es fácil olvidar que los chicos Guevara March están obligados a compartir su padre con millones de personas.
Cuando me vi con Aleida Guevara, doctora y portavoz de facto de la familia, compartió los recuerdos íntimos de su padre y habló reflexivamente sobre los desafíos de vivir a su sombra. Pero cuando le pregunté si alguna vez la familia reconocería a Omar Pérez, su tono se cambió por uno de desdén. “Lo primero es que mi padre fue completamente respetuoso con todos sus hijos, siempre. Nunca tuvo relaciones con nadie más, nunca,” dijo. “Segundo, amaba a mi madre mucho y ni siquiera se casó con ella hasta que tuvo un divorcio legal de su primera esposa, Hilda Gadea. ¿Cómo pudo, pues, tener una aventura con otra mujer y tener un hijo? ¡Esa es la mayor de las estupideces!”
Después, dando marcha atrás, adoptó un tono más simpático, aunque paternalista, hacia Pérez. “Mire, tuvo problemas con el servicio militar y su madre se inventó eso para sacarlo, pero dejémoslo ahí. No dijeron más sobre el tema y el pobre hombre ha tenido todas esas dudas en su cabeza… Le dijimos que si quería podía tener un estudio de DNA, y que no tendríamos ningún problema con ello. [Pero] no nos respondió.”
Cuando le trasmití eso a Pérez se sorprendió. Afirmó que nunca había recibido ni una simple llamada de la familia de Che Guevara sobre ninguna materia, mucho menos una invitación a hacerse una prueba de ADN. No tenía ni idea de qué hacer con esta aparente y largamente pospuesta oferta, dirigida a través de una tercera parte no conectada —que tendrá que ser informada si esta cuestión llega alguna vez a buen puerto. Pero tuvo una aguda réplica a la afirmación de su supuesta hermana respecto a sus motivos. “¿Se cree que se puede inventar eso frente a la Seguridad y escapar? ¿Cree ella que me creerían? Como que digo: Soy el hijo de Che Guevara, y dirán, de verdad, okay, bien, te dejamos ir.” Se rió. “¿Por qué no intentas decir que eres el hijo de un Kennedy? A lo mejor te sirve de algo. Pruébalo.”

*

Pérez no tiene el menor deseo de iniciar una pelea pública con sus supuestos hermanos. Prefiere que le dejen en paz para explorar sus conexiones con el Che como parte de su búsqueda religiosa. A mediados de los noventa, luego de sus problemas políticos y mientras continuaba aceptando su identidad. Pérez conoció un monje francés admirador de Che Guevara que le convirtió al budismo zen. (El monje Kosen Thibaut, también conocido como Stephane Thibaut, acababa de publicar un libro, Revolución interior, cuya portada superponía la imagen de un monje meditando con la del Che de Korda). A partir de ahí, ayudado por las herramientas analíticas y meditativas de esa religión, comenzó a desarrollar una perspectiva única sobre el legado del hombre al que cree su padre. El valor de las ideas que ha desarrollado descansa en el enfoque que dan a la dimensión espiritual del fenómeno del Che y su interrelación con el ser humano de carne y hueso que está detrás del mismo. Eso le da un marco de trabajo para comprender distintos aspectos de ese fenómeno, ya sea el idealismo reflejado en la imagen de Korda empleada como bandera política, o la fuerza de la conducta humana colectiva que mantiene el icono a la vista del publico y lo ha convertido en objeto recurrente de la moda.
Aplicando la perspectiva de Pérez al icono, encontramos que la idea y la imagen del Che se mezclan en una fuerza que tiene que ver con un profundo deseo humano, el deseo de ser lo que ese hombre y esa imagen representan.
Pérez cree que el Che buscaba una esencia espiritual parecida al nirvana durante sus campañas guerrilleras finales, una idea que explicó planteando una cuestión sobre la atadura humana a la existencia material. “¿De hecho cual es el punto final de contacto? No es precisamente difícil afeitarse la cabeza y decir adiós a tu familia. Pero a lo largo de la vida tienes que afeitarte la cabeza unas cuantas veces, y has tenido que despedirte de tu familia unas cuantas veces, como mi padre hizo —también él se afeitó la cabeza, desde luego no como un monje budista pero se afeitó la cabeza [para disfrazarse]— tal vez entonces, cuando estás en medio de ninguna parte, en medio del Congo o de Bolivia, tal vez entonces descubres otro tipo de conexión. Y esa conexión es mucho más fuerte, mucho más resistente que el amor a las mujeres, a la bebida, al triunfo o a cualquier cosa. ¿Qué es eso? Eso es lo que el budismo ha estado estudiando durante 2500 años… tiene que ver con nuestra esencia real, porque es aquello a lo que estamos tratando de conectarnos, a lo que creemos que somos realmente. No es nada menos que eso.”
Antes de poder aspirar a comprender lo que Che buscaba cuando dejó Cuba, Pérez tuvo primero que reconciliarse con la angustia personal que esa partida le había provocado retroactivamente. Estaba en 1995 pero había regresado emocionalmente a 1965, al momento en que un niño de un año identificado como el hijo de Benito Pérez fue abandonado para siempre por un padre biológico al que nunca conoció. Habiendo superado su “resentimiento infantil” por el abandono, estaba listo, dijo, para aplicar su perspectiva budista a la misma pregunta que todos los interesados por el Che e historiadores habían meditado durante cuarenta años. ¿Por qué abandonó Cuba el Che? La conclusión de Pérez: su padre estaba “huyendo.” No era la fuga del miedo o de la responsabilidad per se, sino “de la mediocridad,” de una sociedad cubana que estaba perdiendo su impulso revolucionario que él esperaba que la hubiera conducido a la utopía y estaba cayendo bajo el control de un estado paternalista autoritario. Aún así, era un acto de escape y como tal, mantiene Pérez, refleja un fracaso humano universal.
“¿Por qué se va siempre la gente? Nos vamos en algún momento. Dejamos nuestras esposas: dejamos nuestros hijos: dejamos nuestro trabajo por un trabajo mejor o peor.” El poeta sorbió su cerveza. “Abandonamos todo por algo nuevo. Cambiamos de religión, creencias —políticas, ideológicas— así que no es algo que puedas decir que es característico de una persona o personas, o un rasgo histórico. Es un rasgo humano, el dejar unas cosas por otras. No es sino cuando comencé a mirarme y comencé a decirme, esto es algo que yo también habría hecho; no es algo tan famoso pero es lo mismo, que comencé a comprender cosas.”
Y así el hijo olvidado del Che logra algo raro: lo humaniza. Encontrando una debilidad común, desmitifica y revela al hombre detrás del icono. No sólo desafía a los críticos de Guevara, que insisten que detrás del velo descansa un monstruo, sino que restaura una dignidad al Che que está ausente del mito oficial cubano del revolucionario sin tacha.
Pérez dice que ahora quiere revivir el interés en el Hombre Nuevo ideal del Che y ve como una tarea filial el intentarlo. Para explicarlo, cita una línea de la Eulogia de Dylan Thomas, el poema del escritor galés a su padre muerto: “Hasta que yo muera seguirá junto a mí.” Dice pensar en esta línea en el contexto de un hijo que asume la responsabilidad por la empresa familiar. “Ves, la empresa de mi padre, obviamente, no es material. Y esa es probablemente la primera virtud de su abandono, porque tenía que dejar claro que ese tipo de empresa no estaba conectada con el materialismo o incluso con la materia. Sino que tenía que ir más allá de la misma.”

Enlaces relacionados:

Néstor Díaz de Villegas: El hijo perdido.

* Estas páginas que Juan Carlos Castillón me ha hecho el favor de traducir al español pertenecen al capítulo 11 (pp. 285-297) de Che’s afterlife. The legacy of an image, Vintage, 2009. Es una lástima que la prensa que se ocupa de asuntos cubanos no le haya prestado atención porque se trata de un libro interesante por muchas razones: esta detallada mención del “caso Omar Pérez” (a quien dediqué en su momento la “Epístola moral a un revolucionario Zen“), como ejemplo, y las alusiones al proyecto Paideia. (Para mayores detalles sobre Paideia, el dossier especial de Cubista que Casey también cita en su libro.)

PD: Las páginas del libro original (en PDF, ventana nueva) para quien prefiera leerlas directamente en inglés.

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26 Comentarios ↓

  • juan carlos castillón

    Misticismo: ¡cuántas fugas de la realidad se realizan en tu nombre!

  • Ric

    Los “valores espirituales del Ché”?????? Bueno, bueno… Si yo fuera este señor, trataría de que nadie se enterara de que mi padre es un infame asesino (y por si fuera poco, con un insoportable mal olor, contado por numerosas narices testigos).

  • CS

    De acuerdo con Ric. ¿Asi que hay algo de zen en fusilar a centenares, asi que el carnicero de Cordoba estaba huyendo porque Cuba se habia convertido en un estado paternalista y autoritario?
    ¿Habra algo mas autoritario que las ejecuciones en la Cabana sin juicios autenticos? ¿Habra algo más paternalista que la mentalidad marxista del argentino?

  • Néstor Díaz de Villegas

    Creo que finalmente ha llegado el momento perfecto de reeditar o volver a subir esta pequeña obra maestra que tú mismo publicaste en otro momento. Parece que se te olvidó:

    http://www.penultimosdias.com/2007/01/25/el-hijo-perdido/

  • pd

    No, querido Néstor, no lo he olvidado.
    Incluyo la mención. (Supongo que somos una de esas “webs anticastristas” a las que se refiere Casey, pues no conozco otro sitio donde se haya tratado el asunto).

  • Güicho

    Tiene que haber más vástagos del cretino heroico. Las grouppies verdeolivas eran inmunes al piojo y la ladilla.

  • Mariana

    Para el Che primero estaban sus ideales y la revolucion en si misma, por eso no se le puede juzgar descontextualizando sus acciones.

    Porque si vamos a descontextualizar las cosas de esa manera entonces los militares norteamericanos y de Europa que expusieron sus vidas en la segunda guerra mundial para salvar al mundo de Hitler, asi como los que hoy en dia siguen exponiendose para contrarrestrar el terrorismo, los cuales no les tiembla la mano para disparar a todo lo que se mueva si es sospechoso, pues tendriamos que decir que son asesinos y eso seria una injusticia, aunque hay una pequeña diferencia, el Che no lo hacia por un salario sino por sus ideales, mientras que los otros si lo hacen por una paga, asi y todo arriesgan sus vidas igual y muchos de ellos han muerto como heroes en el campo de batalla.

    Entonces decir que el Che era un asesino me parece que esta mal.

    Hay que recordar que cuando la revolucion triunfo habia cualquier cosa menos estabilidad politica, y para poder asegurar ese triunfo ellos creyeron necesario cortar de raiz con los males y los peligros que pudieran revertir ese triunfo, porque señores, despues de haber estado en la selva tropical cubana soportando hambre, mosquitos, persecusion, bombas, balazos era natural que defendieran ese triunfo a como diera lugar, asi que la mentalidad guerrillera que ya traian de la Sierra la llevaron a las ciudades y asi fue como actuaron, sin contemplaciones con el enermigo.

    Hay un pasaje que el Che vivio en Guatemala que le sirvio como ejemplo para una vez estando en Cuba y habiendo triunfado asegurarse de que no se cometiera el mismo error. Cuando al presidente electo democraticamente de Guatemala que no recuerdo el nombre ahora, le dieron un golpe de estado el cual fue patrocinado por la CIA, el Che estaba en ese pais y tuvo que refugiarse en una embajada creo la de Mexico, y cuando estudio el ambiente politico se dio cuenta de que ese presidente electo dejo que los militares del antiguo regimen permanecieran en cargos publicos en nombre de la democracia, y ese fue el fallo, el error, porque esos mismos militares que eran los enemigos del presidente fueron los que llevaron a cabo el golpe de estado y le arrebataron la presidencia instaurando una dictadura de derecha en Guatemala.

    Entonces el Che aprendio la leccion, y por eso en Cuba no se toco el corazon para mandar a fusilar a todo el que olia a traidor, y aunque si se cometieron injusticias porque la pena de muerte es algo muy fuerte y ser chivaton no merece esa condena, el caso es que muchos de los fusilados si fueron asesinos y torturadores del gobierno de Batista y segun el juicio de los mas radicales si merecian el paredon.

    cordialmente, Mariana.

  • Clarita Barton

    Mariana, mija, el pecado del Che no es haberse batido en buena lid, aunque las batallas fueron mucho menos pintorescas que esos bosques tropicales con mosquitos gigantes que tu pintas. El pecado del Che es haber fusilado inocentes, a empleados del antiguo régimen que nada habían hecho, sólo porque tenía el sartén por el mango y le gustaba la sangre.

    ¿Qué hay de malo en admitir que a un hijoeputa le gusta la sangre? Hay miles de ellos. El mismo Che lo dice, me voy a convertir en una fría máquina. En el ensayo sobre el Hombre Nuevo, aparecido en la revista Marcha, uno ve la mente de un estúpido, singado, embrutecido por largas lecturas de marxismo. ¿Por qué no verlo como es? ¿Por qué idealizarlo?

    Sin que le doliera el alma vió cómo se marchaban, igual que perros, del país donde nacieron, los grandes intelectuales, poetas, músicos, intelectuales. Ese es su pecado. Traicionó a Raúl Chibás, y lo vio marcharse a Nueva York con su familia. Eso es lo que lo delata como un singao. Vio cómo metían en cana a Huber Matos, ¿dónde estaba entonces el idealista?

    Llegó a un país que no conocía, ¿por qué aceptó decidir el destino de los hombres y mujeres de un país desconocido? ¿Por qué fue a África a revolverlo todo, y a Bolivia, a tirar tiros, si era un humanista?

    El presidente se llamaba Jacobo Arbenz, y era tan hijodeputa como el Che. Infórmate mejor, es el primer cabrón de esa época que quiso formar un gobierno socialista. Esa es la razón que el Che estaba en Guatemala. Y es es la razón que Fidel estaba en Colombia en el 48: para matar, para formar el caos y joder a tanta gente como pudieran.

    Y bueno, ahora, ¿por qué después de 50 años no entregan el poder? Pues porque lo que buscaban era eso, el poder para siempre, para no soltarlo jamás. Es muy simple, no hace falta ser un genio para entenderlo.

  • Leonel Manzur

    Mariana, se ve que no viviste la epoca de los “Juicios Revolucionarios” sin ninguna garantía procesal; bueno, si vives en Cuba no debes saber que significa eso.
    Es verdad que había esbirros que no merecian menos que ser fusilados, pero también cayeron muchos inocentes, víctimas de falsas acusaciones y venganzas que el Guerrillero Heroico estaba muy apurado como para verificar.

  • oscar canosa

    Siempre he preferido “seremos como el Che!” que “Viva Fidel!”.

  • mara

    PObre Omar, ha enloquecido. El poeta brillante, el joven intectual lúcido que conocí, idiotazado por budismo marxista -rara idiotez- y castrado intelectualmente por la espirtualidade de un hombre que no tenía espiritualidad, no al menos en el espíritu de los fundadores del espiritualismo místico.

  • Maniel Rodriguez

    El Che que ha sido mitificado por la izquierda mundial no era mas que un pijo como se le conoce aqui en España, cojio y con el dinero de su padre y una moto empezo a caminar por media susamerica , lo que el Che no callo en los vicios que tiene dicha poblacion y que hacen que siempre este jodida aunque la culpa siempre recaiga sobre los EEUU.

    En el transcurso de la revolucion antes de su trinfo ya el Che junto con fidel y otros ya dejaban ver con sus practicas que no eran precisamente unos santos si no lean sobre las ejecuciones de la sierra maestra y sobre como se implanto el terror revolucionario en la montaña, me aventuraria a decir que murienron mas guajiros y civiles que militares propiamente dichos porque aparte se que algunos no compartiran mi opinion y me caeran en pandilla pero la revolucion no se olvide que se hizo en cuba un pais donde los militares se cambiaban de bando cuando les rozaban las balas.

    Lo que pasa es que la propaganda oficial se a encargado durante años a multiplicar muertos , victorias, etc.

    El Che siempre es y sera un asesino, un oportunista que vio en Cuba un pais donde llevar a cabo a base de sangre inocente en la mayoria de veces su sueño, veo bien que fidel se lo quitara del medio, tambien como hizo con Camilo y otos mas , estos fueron complices y giraron la cara cuando la revolucion traicionaba a su pueblo y si no preguntenle Huber Matos y a otros que si lo vieron venir.
    El Che esta donde tiene que estar bajo tierra , como estaran dentro de poco y lamentablemente por muerte natural los hermanos Castro , espero y deseo que algun dia todo desendencia que halla tenido el Che la envien para Argentina a descansar .

    En la Cuba del mañana no hacen falta.

    Viva Cuba Libre y muerte para todos esas alimañas.

  • Ric

    Mariana debe ser otra hija perdida. Perdida en todos los sentidos. Ojalá nunca se encuentre, porque si lo hace se muere de la pena.

  • Gabriel

    Al final nos quedamos con una duda tremenda:

    ¿Es o no es hijo de El Che?

    Con las pruebas de ADN supongo que se podría resolver con mucha facilidad.

    ¿A qué esperan?

  • Francotirador

    Mariana,
    En la selva con los famosos mosquitos y los arbustos de la Sierra ya decia: “Aqui estoy en la manigua cubana sediento de sangre y oliendo polvora”
    No me suena eso como palabras de un idealista, no?
    A proposito, ya se compro la camiseta del Che y su boinita negra?

  • Anónimo

    Ay caballero!!! este muchacho tiene trauma infantil, no conocio a su padre y encima cuando se entero quien era se quedo en shock.
    Que sabra el de fusilamientos, si aqui todo el mundo se entero despues que salio de Cuba que el Che a parte de asmatico era un asesino..
    Yo creo que no hay que cogerla con el.

  • Coralia Manso

    A quién le importa la vida de este bastardo, falso budista, q en Cuba bastante q le hizo la pelota junto con Sigfredo Ariel (alias MENTITA) a Iroel el iletrado. No entiendo.

  • Avileño

    Detesto al Che. Es el hijoeputa imortado que más caro nos ha salido. De las pajas mentales del tal Omar prefiero no opinar…él mismo con su mecanismo.

  • Manuel A. Tellechea

    “[E]l caso es que muchos de los fusilados si fueron asesinos y torturadores del gobierno de Batista y segun el juicio de los mas radicales si merecian el paredon”.Mariana

    “Es verdad que había esbirros que no merecian menos que ser fusilados…” — Leonel Manzur

    ¿Será posible que a estas alturas todavía puedan justificar ese impetu sanguinario y extra-jurídico, nuestro equivalente de la “ley de linchamiento”, que embruteció a nuestro pueblo y nos llevó al hecatombe nacional?

    Todos eran inocentes ante la Ley, primero, porque fueron sancionados bajo el inconstitucional precepto de ex post facto, segundo, porque la pena de muerte había sido abolida por la Constitución de 1940, y por último porque ninguno de los condenados fue juzgado ante un tribunal competente con las garantías correspondientes: los acusadores improvisados ni reconocían a sus supuestos “verdugos”: todo era una gran farsa, un “circo romano” como bien lo calificó uno de sus víctimas, y la página más negra en la Historia de Cuba que ha manchado a todas las demás.

  • Manuel A. Tellechea

    “Segundo, amaba a mi madre mucho y ni siquiera se casó con ella hasta que tuvo un divorcio legal de su primera esposa, Hilda Gadea”. Aleida Guevara

    Otra “virtud revolucionaria” — rechazar la bigamia.

  • Refugios místicos

    [...] no me parezca mala gente, Omar Pérez (supuesto hijo ilegítimo del Che, según el reciente libro de Michael Casey) me causa cierta irritación. Reconozco que es un problema mío: suelen irritarme todos los pseudo [...]

  • Joe Peceta

    Perez, preparate para este otro shock… tu padre no se escapo de Cuba, tampoco lo echaron, y nunca fue traicionado por nadie dentro de Cuba. Tu padre fue trastornado por las ansias del poder totalitario y el odio ante el liberarismo del capitalismo, y la discapacidad de controlar a las gente como corderos, obligandolos a trabajos en campos de concentracion como en el que te tuvieron. ERA UN ASESINO COMUNISTA.

  • Pepe

    Veo que muchos odian al Che, en particular por los fusilamientos de La Cabaña, episodio muy conocido, alrededor del cual se han tejido infinidad de historias.

    Pues bien, yo soy un absoluto enemigo de la pena de muerte, en cualquier versión y bajo cualquier circunstancia. Yo no enviaría al patíbulo ni a los asesinos nazis ni siquiera a alguien que hubiese asesinado a toda mi familia. Simplemente la pena de muerte es lo peor que hay, sea contra quien sea.

    Habiendo dicho esto, es claro que ustedes que odian al Che por sus ajusticiamientos en La Cabaña y en Sierra Maestra, no lo hacen con honestidad intelectual, sino que lo odian con las vísceras.

    Ustedes ven la vida del Che con muy poco, o ningún criterio crítico y con total falta de discernimiento. Carencia total de contexto, ignoran las circunstancias y tergiversan la realidad. Ustedes simplemente sienten y, acto seguido, acusan, juzgan y sentencian: asesino, monstruo, verdugo, cobarde, totalitario, sanguinario, etc.

    Todos estos epítetos los lanzan sin una criba razonada, sin sensatez y sin análisis histórico. Simplemente al que ajusticia, al que asesina, le llaman así “asesino”, “verdugo”, “despiadado”.

    Ya es hora de que estudien la historia, pero no para justificar asesinatos, penas capitales, ni nada de eso. Ya es hora de que estudien la historia universal, para que contextualicen las historias particulares de cada pueblo.

    Entonces aprenderán que la guerra es de lo peor que hemos hecho los seres humanos, precisamente porque en la guerra suceden todas esas atrocidades: juicios sumarios, linchamientos físicos y políticos; separaciones forzosas; exilio; desapariciones, etc.

    Hablar de los ajusticiamientos que hizo el Che en La Cabaña, y acto seguido, espetarle con simpleza lo sanguinario que fue, demuestra la ignorancia en cuanto a Historia Universal y del contexto histórico en que sucedieron tales crímenes.

    Mencionar sus propias palabras de estar lleno de odio y convertirse en una fría máquina de matar, estar sediento de sangre, para después, con tales palabras, querer demostrar su carencia de humanismo y de sensibilidad, haciéndolo mostrar como un monstruo, es descontextualizar y simplificar al máximo lo que es una batalla real.

    Ustedes quizá quieran o prefieran mucho más a un luchador al estilo de Leon Tolstoi o del legendario Gandhi.

    Indudable es, como lo decía Gandhi, nuestros enemigos también son humanos.

    Esto es, cuando los matemos o ajusticiemos, al estilo del Che o de muchos otros que lo han hecho en sus luchas independentistas y libertarias, habrá viudas y huérfanos que llorarán su ausencia, sí, llorarán la ausencia incluso de un asesino, porque ante todo es su pariente y es válido y justo que le extrañen con cariño y con dolor.

    De la misma manera que Gandhi nunca quiso mandar matar a ningún soldado británico porque los comprendía como lo que eran, seres humanos, a pesar de ser, al mismo tiempo, brutales asesinos conquistadores de su querido pueblo.

    Esto no lo pudo o no lo quiso comprender el Che en La Cabaña, pero no por eso hemos de ajusticiarlo nosotros y asesinar su memoria impunemente. Pensemos y actuemos como Gandhi y no ajusticiemos al Che aunque él mismo haya ajusticiado a otros, incluso a nuestros parientes cercanos y amigos queridos en La Cabaña.

    En primer lugar, porque su lucha era otra, completamente diferente a la de aquellos autómatas que salen todos los días de sus casas a explotar a otros. Así como el Che mataba a sus enemigos, estaba dispuesto a ser asesinado por un mundo mejor para todos.

    Esto no resta un ápice lo equivocado e inmoral del acto de matar, pero marca la diferencia en cuanto a aquellos que asesinan y exponen la vida por un mundo mejor, pero mejor para ellos y sus amigos y sus parientes, y para nadie más.

    En segundo lugar, porque, (y lo repito, la guerra es lo peor que hemos inventado) una vez inciada una guerra, la lógica cambia y los actos quedan constreñidos, el margen de maniobra se reduce tremendamente y como consecuencia la primera víctima de una guerra es el espíritu humanista. Pues la guerra es el todo o nada. En ese contexto es que hemos de juzgar los fusilamientos de La Cabaña.

    Es rídiculo que los críticos del Che argumenten que los juicios en La Cabaña fueron sumarísimos y que tal parece que en eso radique lo criminal de su conducta. Eso es ser ridículo e infantil y sobretodo, deshonesto intelectualmente.

    En primer lugar, poco importa si se hicieron juicios sumarísimos o si se hicieron juicios absolutamente objetivos y justos. Eso no cambia en nada un fusilamiento, haya sido contra un inocente o contra un cobarde y criminal esbirro de Batista.

    Los juicios de Nüremberg se hicieron, aparentemente, en una corte objetiva, “decente”, transparente, bajo todas las de la ley. Y de cualquier modo, terminaron ajusticiando a muchos, de los cuales no estaba clara la responsabilidad y otros culpables quedaron libres. Pero aunque los juicios de Nüremberg hubiesen sido perfectos (que no lo fueron) de cualquier modo hubieran terminado en la sentencia de muerte de muchos asesinos nazis. Esto, de cualquier modo esta mal.

    Si el Che hubiese hecho juicios perfectos, tal vez en lugar de fusilar a cientos, hubiese fusilado a decenas. De cualquier modo esta mal.

    Los que conozcan la historia de todos los países, sabrán que se han forjado con ajusticiamientos. Aún para conquistar la libertad, muchos han muerto y otros mas han perdido precisamente eso, su libertad.

    Esto no hace que los ajusticiamientos sean aceptables ni menos aún deseables. Tampoco significa que encarcelar a los disidentes sea aceptable y benéfico.

    Habla de que tenemos que comprender las causas que nos llevan a la guerra, a la guerrilla y al terrorismo, para evitar que nos lleven a nuevas guerras, guerrillas y terrorismo. Y la única manera de evitarlo es con honestidad intelectual y material.

    El Che la tuvo. El Che cometió actos que son inaceptables. Hoy día la Revolución Cubana, ese imperfecto ensayo de liberación, sigue cometiéndo errores y abusos.

    Juzgar al Che y/o a la Revolución Cubana con simples epítetos de “sanguinarios”, “dictatoriales” es carecer de honestidad y de rigor histórico.

    Hay que aprender y estudiar la historia universal del hombre para entonces juzgar en su contexto a un fenómeno tan complejo como lo es una revolución y para hacerlo también con algo que es lo más complejo del universo: un ser humano. El Che fue un ser humano, ni más ni menos.

    Y en ningún momento olvidar que el Che comabtió contra (y la Revolución Cubana aún lo hace) uno de las organizaciones criminales más abyectas y sanguinarias de la historia dela humanidad: el complejo político-militar de EEUU, una bestial y brutal y fría máquina de muerte y destrucción. Ésta sí, juzgada con cabal honestidad, no se le puede conocer de otro modo.

    Si os parece que el Che fue brutal, sanguinario y cruel dictador, echad una mirada a sus en´enemigos y el Che os parecerá un niñito jugando a las guerritas en el jardín de su casa.

    Si la Revolución Cubana os parece una dictadura, mirad hacia la fina y eficiente dictadura mundial que es el complejo militar-corporativo-político de EEUU y sus aliados en UK, Alemania, Israel y otros tantos.

    Un saludo y recordar que el que juzga, debe ser honesto y congruente con sus actos y sus pensamientos.

  • Cristina

    Si dejáramos la obesesión con el Che, ya muerto y no conocido por los más jóvenes, o sea que se queda un poco en las brumas, el me dijeron, yo creo,…y miráramos a los maestros de hoy día, a las personas que nos pueden dar luz en este mundo, otro gallo cantaría. Y de qué manera!!

  • Pepe

    Cristina, una cosa es la obsesión, otra muy distinta el interés genuino.

    Aquí no hay obsesión, sólamente interés genuino, por lo cual tu comentario no es oportuno.

    Entre otras cosas, porque tanto el Che como los “maestros” de hoy en día tienen mucho que enseñarnos.

    Preguntad a un físico moderno si está dispuesto a olvidarse de Demócrito, Aristóteles o Kepler para mejor atender a los “maestros” de hoy en día. Se reirá de ti.

  • luna

    El Che no tuvo nunca, como Fidel Castro, un pais imperial a sus pies, si no, esos dos juntos hubieran jodido mas que toda la maquinaria fria y brutal que usted dice que es Estados Unidos. Eran matones de barrio, por suerte, con escasos recursos y una islita para ensayar sus cabronadas. Pobre del mundo si Fidel tuviera un pais con recursos en sus manos. A esta hora todos estariamos cantando con Ala en el paraiso.

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