Penúltimos Días

La noche

Noviembre 10, 2009 · 16 Comentarios

Hay muchas, o la misma que se va transformando. Cambiando de piel como una lagartija.
La noche del olor a jazmín que crecía junto a la ventana que daba al pequeño jardín y al portal de Teresa Carretero.
La que formaba cuerpos en la penumbra, cuerpos de rajas supurantes y largos cabellos perfumados.
La que tenía textura de animal marino y manos maternales y aterciopeladas.
La agonizante noche mágica que aparecería muchos años más tarde en Orlán Veinticinco.
La que peinaba los miedos.
La de olor a lluvia próxima que libera manadas por el cielo.
La que pasaba en vela, leyendo, amarillas y de un misterioso fervor.
La asfixiante de los veranos que entraba a chorros y me encontraba sudoroso sobre las tablas de la cama, doblado sobre mí mismo, tratando de chupármela. Convertido en círculo (en Miami hice una serie de dibujos al carboncillo con ese tema): un círculo cerrado, jubiloso, perfecto, un cuerpo sin principio ni fin. Lo más que conseguía era pasar la lengua por el glande. Y un atroz dolor de espalda. Me faltaban elasticidad y unos cuantos centímetros. Si pudiera, me la chuparía de vez en cuando. No tanto por el placer sexual sino por experimentar esa suerte de eternidad basada en el hecho de ser una esfera.
La noche de las conversaciones interminables bajo la bombilla de la esquina de Cuarta y F (luz repleta de insectos) con los amigos: tierna, carcajeante, conspirativa, llena de paisajes remotos y sueños acelerados.
La noche del primer beso, temblorosa y al principio algo repugnante pero luego incomparablemente dulce y veraz e irrepetible.
La noche del terror a la muerte: ¡voy a morir algún día, voy a desaparecer, dejaré para siempre de ver, de respirar, de tocar, de oír!
La noche de las enloquecidas carreras persiguiendo a El Zorro y los gritos de mi madre mandándonos a dormir.
La noche horrible de las guardias, durante el Servicio Militar Obligatorio, en las que me hacía pajas para pasar el tiempo y conjurar la soledad. Siempre el sexo contra la angustia y el desamparo.
La noche de carnaval, anal y multitudinaria.
La noche de los tibios tejados.
La noche de los campos en Pinar del Río, que se derrama como en la novela de Kawabata. Había ido hasta un caserío perdido: Piedras; a pasar una temporada con mi hermano Tati que estaba allí alfabetizando. Las piedras pulidas del arroyo, la madrugada que fuimos a los pantanos a cazar jicoteas. El sabor de la carne de jicotea, almizclada y rotunda. Mi maravilloso tirapiedras. El sabor de los pájaros. El esplendor del cielo. El terror a los alacranes, los mosquitos zumbando detrás de la tela del mosquitero. Las tetas de la muchacha. La montaña de mazorcas de maíz. El trencito chocheando a través del mar de marabú. Las espinas largas y moradas. Los tinguilillos, los judíos, las bijiritas, los cernícalos, los carpinteros, las garzas devorando las hinchadas garrapatas. La baba de las reses. La verga enorme del caballo. La yegua cuyos ojos se dilatan y cuyo sexo humea. Y la caminata entre el polvo fabuloso del terraplén carcomido de la misma luna que años después encontré en Nueva York en La noche estrellada de Vincent. Los árboles animados y las historias de fantasmas, el jinete sin cabeza y la dama de blanco.
Noches.
Muchas, o la misma, que van y vienen dentro de mi revolviendo y manchando y recuperando y muriendo y naciendo y que de tarde en tarde florecen.

Juan Abreu
Barcelona

*Juan Abreu ha accedido amablemente a publicar aquí este fragmento de un libro de memorias, “Debajo de la mesa”, cuyo manuscrito he tenido el privilegio de leer hace unos días.

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16 Comentarios ↓

  • Desterrado

    Son unas memorias impregnadas de la inevitable nostalgia nacida en el destierro.Bravo por Juan !

  • Juan Anibal Trespanier

    Sigue sabiendo donde esta la laguna aunque tu no quieras publicarme. Que es eso de automamarse. Aberracion malsana.

  • Pablo

    Este Juan Abreu es un magnífico escritor, gracias por esta página.

  • Tatino

    Horripilante, no soporto a J. Abreu, me marea.

  • Anónimo

    carnaval anal???????

  • Maniel Rodriguez

    Con el pensamiento politico del Sr.Juan Abreu en la mayoria de casos estoy de acuerdo, pero lo que no entiendo ni hallo correcto es su manera de escribir, supongo que las personas que no gozamos de esa cultura intelectual de los aqui presente, no sabemos ver a ese magnifico escrito cuando se quiere automamar la pi…. o glande para que el Sr.Bustos no me censure el comentario.

    Esa manera de expresarse era aqui y en Cuba deformacion sexual , una autofelacion mal hecha lo que tiene este hombre.

    Pero de todas maneras creo que si la mayoria dicen que es un magnifico escritor pues bueno pa la tonga yo me lo creo.

    Habeces no hallo esa linea diminuta que separa el arte, de la vulgaridad y lo obceno.

    No obstante Juan ashe pa ti.
    Y sigue con el dolor de espalda.

  • Anónimo

    anal??? y multitudinario????

  • el berraco

    abreu NO es pornografico…….es un gozador criollo. Me imagino la jodedera organizada en las escuelas del campo, los guardafronteras y los servicios militares……que hacer a los 15, 16 o 17 a~os? ante tanto tiempo disponible, en espera de la invasion que no llego……bugarrones, maricones y heteros, a templar por la libre p’a matar el aburrimiento

  • oscar canosa

    But I could have told you Vincent….

  • elena

    Lo de “habeces” me ha llegado hasta lo más profundo. Impacto total.
    Lo de la escuela cubana es insuperable…

  • Jorge A. Pomar

    Juan Abreu, original sin copia otra vez en esta penúltima descarga freudiana de “La noche”. Registro lírico-onírico-existencial con denominación de origen: lleva su sello inconfundible y deja en el paladar literario del lector exigente un genuino, añejo regusto neobaudelairiano.

    Esa acrobática autofelación, que choca en la infancia con la censura paterna y epata en la adultez a sujetos con sensibilidades demasiado convencionales, no pasa de ser un instinto masturbatorio primigenio (léase bestial), a cuya inapelable urgencia onanista alguna vez, como los animales de corral, todos los criollos normales –hembras y varones, hetero- y homosexuales– cedíamos de un modo u otro durante nuestra adolescencia.

    Abusivamente alargada, no huelga aclararlo, por la rigurosa separación de sexos imperante en los internados castristas, donde la masturbación recíproca era el plato fuerte de los esporádicos toqueteos furtivos entre los novios. Retrocediendo en el calendario, mi Alter Ego, macho moderno en activo y sin tacha, confiesa recordar que de párvulo, sin duda por ser los de nuestra madre demasiado pequeños, sentíase atraído hasta el babeo espontáneo por la conturbadora hermosura de aquellos ubérrimos senos que las jóvenes lactantes cardenenses ocultaban mal detrás de un escueto pañal blanco.

    La autofelación apenas pudo intentarla debido –¡mal pensados!– a una insuficiencia física que lo inhabilita para los espectáculos contorsionistas. Tan compulsiva era su pomariana obsesión que desarrolló un agudo complejo carencial con morbosos episodios de solitaria angustia sadomaso en el baño de la cuartería al constatar que, por más que tratase de estirárselas, jamás aquel par de uvas pasas alcanzaría el tamaño envidiado.

    De aquella inenarrable frustración infantil nos quedaría a la postre una persistente, notoria predilección por las chicas tetonas que sólo empezaría a diversificarse cuando, tras desertar de nuestra última escuela paramilitar en el verano del 66, a duras penas logramos matricular en la Universidad de La Habana. A partir de ese instante feliz dejamos de pertenecer para siempre al club de Onán.

    De golpe y porrazo Juan Abreu acaba de obrar el milagro de devolvernos a los tres el raro placer –a menudo estropeado hasta el desencanto por tanto poemario machacón y presumido– de la verdadera poesía: la introspectivo-contemplativa, inspirada y desviadamente veraz, la transgresora, anárquica, iconoclasta, irreverente y profanadora, la que desnuda al inconsciente y no se compadece ni siquiera de las peores desvergüenzas del yo poético.

    Finalmente, no nos engañemos: como de costumbre, este infante terrible, abicuerilmente prosaico de la poesía exiliar con sede en nuestra muy encantadora y babilónica Ciudad Condal, parece que no moja en política con esta descarga erórtica de “La noche” pero en realidad empapa hasta el tuétano.

    Porque Juan Abreu ablanda adrede la tenaz costra de mitos y prejuicios provincianos que lastra también a cierto anticastrismo pacato predominante en la Diáspora, trasnochadamente decimonónica en su anodino, hipócrita afán de pureza e idealidad mambisa a ultranza. Por tanto, no podemos menos que agradecerle aquí una vez más esa tarea de Sísifo al poeta maldito de “La noche”…

    Pomar, el Abicú y su Alter Ego

  • oscar canosa

    Oye, pero para auto-mamarsela hay que tener un machete del carajo!

  • Maniel Rodriguez

    Elena.

    He de declarar abiertamente que en mi etapa estudiantil perdi mucho tiempo enganchado a las guaguas, robando mango, jugandoa las cuatro esquinas en mismo patio de la Villena, bañandome en la cuevita del tiburon, por eso ” Habeces” meto pa 500 sin mas espero no haberte dejado conmocionado.

    Viva Cuba Libre.

    Ashe pa la cubania.

  • elena

    Como no soy ‘cubania’ “meto pa 500″ me queda lejos. No soy capaz de comprender, qué le vamos a hacer… pero abeces, aunque no lo crea, me conmociono.

  • Juan Anibal Trespanier

    Por favor no confundir Cubania con Cubaneo. La chabacaneria, chusmeria y mariconeria, aunque rimen con Cubania, no son mas que Cubaneo, que a su vez es el producto de una educacion falta de etica, moral y civica ciudadana. Ahora cuando hablamos de Cubanidad, desgraciadamente hay que incluir a todos, buenos y malos, porque somos naturales de esa zona geografica que es el archipielago Cubano con su extension al sur de la Florida y parte de New Jersey.

  • Maniel Rodriguez

    Elena nada que mis disculpas por mi falta de ortografia, no lo tomes como un referente de la escuela cubana, aunque por tu nombre si tu escuela es la que yo conozco donde se puede pasar de curso arrastrando asignatura.

    Tapate con colcha.
    Juan Anibal espero que tu comentario vaya dirigido a la narrativa de Abreu.

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