A la cotidiana “vida secreta” (muy poco secreta) de Fidel Castro y a su entrevista con Oliver Stone dedica hoy Mauricio Vicent dos páginas de El País.
Mañana sacaremos por acá algunos datos de ese entorno familiar casi idílico, de los que Mauricio ni Stone están enterados —o no quieren enterarse.
Foto: Paris Match, citado en Noticias 24 (H/T: Blog de Emilio Ichikawa)
PD: Juan Abreu, en su blog, sobre el estilo Vicent:
El único propósito del intrascendente, memo, bobalicón y hagiográfico reportaje de Mauricio es disminuir el impacto mediático de la paliza a Yoani Sánchez y sus compañeros.
Después de este regalo de dos páginas ilustradas la escuálida tira que dedica al secuestro y atropello de Yoani pasa inadvertida. Y si no, es una delicia comparar el tono complaciente y enamorado en que está redactada la cantata al gran Líder con la manera en que nos dice Vicent que a Yoani la apalearon.
Para empezar, la paliza no es algo que sucedió… no señor, es algo “que la bloguera cubana denunció”. “Según narra en su blog”… continúa Vicent… ¿molestarse en acudir a la fuente apaleada, Yoani? ¡Por San Ramiro Valdés! Pero qué va a pensar el Comandante. ¿Ver los moretones, las pruebas de la golpiza?
De eso nada mulata.






¿Alguien le habrá recordado los videitos que le tienen guardado, para que publicara alguna piltrafa y la pusieran el primera plana y así contrarrestar la noticia de Yoani?
Si, como dice Abreu, que asco!!
Yo quisiera no tener que verlo nunca, ni oir su nombre y pensar que hay quienes le lamen el culo’ Que tristeza ver a donde va este mundo cochino.
Viva Cuba libre de la dictadura de los castros!
Maria Elvira va a tener otra foto que mostrar del hijo Fotografo-personal-enJefe, Alex Castro, en sus programas con la ex-nuera que habla mas que ella.
Toda la razón, D. Abreu… Habría que aclararle a M.V. que ha cruzado la delgada línea roja, y ha dejado de ser simplemente un ilustre ejemplo del más repugnante periodismo claudicante y retozón ante un dictador – y ha pasado a ser un agente abierto y declarado del castrato. Algún día le enseñaremos este repugnante panegírico – y le preguntaremos (amablemente) por los porqués y los CUÁNTOS…