- nov 01, 2009 • 17:07h
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La completa
Una mueca, otra más, pasan sin pena
ni gloria por el borde niquelado
del mostrador: cabezas de pescado
empolvadas con lástima y maicena
aboyando en un mar achicharrado
como si el fiel fogón fuera de arena
y el pescador sacara una docena
hasta el plato, sirviendo con cuidado.
Hombres solos. Se come por dos pesos.
Risas; fragilidad de voces quedas.
Como castrados ángeles traviesos
sobre la mesa corren las monedas.
Toisón brilloso de mondados huesos
y antigua sarta de doradas ruedas.
[En su blog]



