- oct 30, 2009 • 12:11h
- 5 comentarios
En su blog de la BBC, Fernando Ravsberg traza hoy un cuadro (demasiado) idílico de la ética cubana y el valor de la palabra empeñada en los tratos económicos. En pocas palabras, su visión de “el último reducto en el mundo en el que aún se cierran tratos sin papeleos, donde basta la palabra de un hombre o de una mujer como garantía de que se cumplirán los acuerdos” es falsa, por incompleta.
Acierta cuando apunta que el catastrófico sistema político que viven los cubanos de la isla está detrás de tanta “virtud” (“El asunto es que casi todos los negocios que se hacen son ilegales, lo que impide que puedan avalarse jurídicamente”) pero le falta la contraparte violenta que rige esos acuerdos tácitos al margen de la ley.
En este bonito paisaje campestre (“los ‘guajiros’ cubanos venden y compran sus casas sin cambiar el nombre de la propiedad de la vivienda. Increíblemente todos respetan el trato sellado tan sólo con un apretón de manos y una botella de ron compartida como amigos”), por ejemplo, falta el machetazo que, como espada de Damocles, rige en silencio el pacto verbal, en caso de incumplimiento.
El que no paga o el que no cumple un acuerdo establecido al margen de la ley sabe que le puede pasar cualquier cosa, y en ese sentido los cubanos son también (sin ánimo de entrar en psicología tropical) uno de los pueblos más violentos que he conocido.
Por supuesto, entre los ditirámbicos elogios de la apertura de la prensa cubana y sus oficialísimas “trovas” contra el embargo, este artículo de Ravsberg se agradece. Si no fuera por el momento de la conclusión o “cierre”, esa mirada hacia el futuro plagada de nostalgia anticipada y conclusiones más que discutibles:
Sin lugar a dudas habrá entonces más orden pero en contrapartida la “palabra” se devaluará en el mercado de valores sociales, tal y como ha pasado en el resto del mundo, donde sólo se confía en aquello que sirve como prueba en los tribunales.
Estoy seguro de que en ese futuro anticipado los cubanos serán más felices cuando el imperio de la ley respalde sus tratos, en lugar de confiarse a una palabra efímera… y peligrosa, más propia del Antiguo Régimen que de una sociedad moderna. Costará trabajo adaptarse, supongo, pero ahí es donde la sociedad saldrá ganando.




Maniel, habría que explicarle a Ravsberg, habida cuenta de aún no se ha enterado, que significan las frases “pasarle una línea a alguien”, “meterle el pie a…”, “agitar a…”, “pasarle vareta a…”, “tumbarle algo a…”, “aquí, en la luchita”, “resolver”, “matar la jugada”, “tener conectos” y decenas de giros populares que datan de la década de los 60.
Va y, pese a su larga experiencia en costumbres insulares, ni siquiera conozca la connotación despectiva que se le da en el hampa habanera a la palabra “punto” aplicada a turistas: “memo”, “tonto del culo”, tipo fácil de timar…
Saludos,
El Abicú
Lamentablemente si algo ha perdido o hemos perdido muchos cubanos es la palabra , pero no tan solo la palabra, la honestidad, la integridad ,la lealtad, la coherencia,la disciplina y sobre todo el respeto hacia los demas.
En la cuba de ahora todo vale si hay que templarse una burra se hace con tal de resolver, el barbarao de la esquina que te vendio los popis que se jodieron al 3 dia no te devuelve el dinero y que haces o lo matas o lo dejas correr y lo unico que puede hacer es apretarle la mano de nuevo cuando venga con celulares de la yuma.
Esta imagen tercermundista es la que le gusta a todos estos periodistas quemapetroleo como si algo bueno hubiera en Cuba.
Cuba sera una potencia el dia de mañana y eso donse reflejara como todo con datos y por escrito.
Los apretones de manos pa la reuniones con los socios.
Ache pa la cubania.
Viva Cuba Libre.
Llevas razón, Ernesto: menudo paleto que nos ha salido el Ravsberg. Tanta ingenuidad viene a corroborar lo que sabe cualquiera que haya tenido frecuentes roces en la Isla y en Occidente con escritores, artistas, académicos, científicos, funcionarios, reporteros e incluso sociólogos y etnólogos extranjeros: raras veces superan los prejuicios sobre el régimen con que se apean del avión.
De hecho, lo normal es que la estancia sólo les sirva para reforzarlos. Un fenómeno de estrabismo psíquico adquirido, por llamarle de algún modo, que guarda estrecha relación también con la formación “progresista” de ellos mismos y –notoriamente en el caso de los intelectales– de su público receptor desde la infancia en los países desarrollados de origen.
Amén de la hipocresía y perversidad naturales del ser humano, demasiado propenso a sacar partido de una miseria ajena que en la relación de marras ratifica, por un lado, su eurocéntrico complejo de superioridad y, por el otro, los mantras multicultis de moda en Occidente.
Inasequibles al entorno, europeos y norteamericanos tienden a ver en Cuba lo que quieren ver. Y cuando no les queda más remedio que rendirse a la evidencia, rizan el rizo al vacío teórico-historiográfico hasta enfilarlo por el ojo de la aguja apologética del progrerío. Como ha hecho Ravsberg, que no figura precisamente entre los cubanólogos más estrábicos.
Tensando un poco la cuerda, diría que por regla la capacidad de percepción de la realidad criolla es inversamente proporcional al nivel cultural del huésped. Por contra, ya en los años 70 no era casual toparse de vez en cuando con rústicos africanos de aldea desternillándose de risa frente a vidrieras de Galiano, San Rafael, Obispo…
Y una pareja de campesinos del Tirol bábaro, o sea, montañeses de casaca verde, Dirndl (vestido típico de las mujeres) y sombrero alpino con pluma, me contó que ya durante la maniobra de aterrizaje en Rancho Boyeros le bastó con hacer un paneo visual del estado de los campos aledaños para concluir que la agricultura cubana era un desastre mucho peor que el de la extinta RDA.
A propósito, la ideología suele surtir aquí efectos paradójicos: en mis años de intérprete del MINBAS tuve sobrada ocasión para persuadirme de que los Ossis (erredeanos) solían ser mucho más implacacles con el castrismo que los Wessis (errfeanos). Lucidez que, según me parece hoy, se invirtió de golpe y porrazo tan pronto se les acabó la euforia por la caída del Muro de Berlín…
Saludos,
El Abicú
Parece que FV esta fumando algo ultimamente o tiene amnesia selectiva, como puede escribir que en la Cuba Castrista hay etica y se cumpen los acuerdos cuando el gobierno no cumple con la Constitucion del 1976!
Apropiada coletilla.