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“Un asunto sensible”, de Miguel Barroso: una reseña

  • oct 08, 200911:39h
  • 26 comentarios

La mayor parte de las narrativas de la Revolución cubana, tanto a favor como en contra, parecen indicar que un 31 de diciembre Batista se fue, todos lo vimos en la segunda parte de El Padrino, y el primero de enero ya existía un sistema socialista en Cuba, con Castro como jefe indiscutible y el Partido Comunista como partido único. Y sin embargo entre una dictadura y otra, sin existir un periodo de libertad real, hubo por lo menos un tiempo de experimentos, de cambio, de luchas por el poder entre facciones —que se extendió incluso después de Playa Girón y llegó hasta mediados de los sesenta. Un periodo histórico que aunque ya se ha estudiado, no ha atraído a muchos escritores de ficción a pesar de estar lleno de ambigüedades y de personajes que por sus destinos trágicos bien hubieran podido servir de base a incontables novelas. Aunque no estoy seguro de que debamos hablar de “ficción” o de novela al hablar de este libro, si bien aparece en una colección de narrativa. Aquí, como en el Nuevo Periodismo de Capote, Mailer o Thompson, es difícil distinguir dónde acaba el documento y dónde empieza la ficción, o incluso si existe esa ficción; como en el Nuevo Periodismo de los años setenta, también aquí el narrador se convierte en personaje.

El libro tiene en portada un charco de sangre a los pies de una escalera. Es una foto tomada en un portal habanero y en ella el hijo de los porteros mira el horrible manchón. La ilustración de portada es en blanco y negro, como la foto original, pero la sangre ha sido coloreada. Es de un rojo oscuro, siniestro. Las páginas finales del libro nos muestran al autor entrevistándose con la viuda de un jerarca comunista, Joaquín Ordoqui, que pasó los años finales de su vida encerrado, bajo arresto domiciliario, por una traición que no cometió, y que además todo el mundo sabía que no había cometido.

Lejos de indignarse frente a un sistema que perpetra ese tipo de actos, la viuda defiende el comunismo, defiende la Rusia Soviética, defiende incluso a Stalin. Todo lo que le pasó a su esposo fue un error pero el comunismo, quizás no tanto en la Cuba de Castro como en la Rusia Soviética, es indiscutible. No hace ni seis meses leí una entrevista idéntica entre la viuda de otro agente del Komintern, Cy Oggins, y otro narrador, Andrew Meier, en su libro The Lost Spy. Miguel Barroso no ha leído ese libro y dudo que Andrew Meier sepa de la existencia de Joaquín Ordoqui, pero las dos entrevistas son prácticamente intercambiables: dos ancianas, que no son tontas, y que sin embargo no quieren condenar un sistema que sabemos criminal, que ha destruido a sus esposos y a ellas mismas, porque hacerlo supondría renunciar a los sueños de su juventud y anularía el sacrificio de sus esposos.

Entre la portada llena de sangre y la anciana llena de recuerdos hay unas muertes brutales, las de de Humboldt 7, y dos crímenes de Estado perpetrados con deliberación y conectados entre sí: el juicio y fusilamiento de Marcos Rodríguez, al que todos menos Valls llamarán “Marquitos” en el texto, y el arresto domiciliario y la destrucción de la carrera de Joaquín Ordoqui, uno de los dirigentes históricos del PSP.

La historia podría ser breve y fácil de resumir, aunque todos los cubanos de hace una o dos generaciones la conocen y probablemente creen que no necesitan de ese resumen, ni de este libro. En 1957, cuatro supervivientes del asalto al Palacio Presidencial efectuado por el Directorio Estudiantil fueron asesinados por los policías de Esteban Ventura Novo cuando estaban escondidos en un piso franco del número siete de la calle Humboldt. Siete años más tarde, en los primeros años de castrato, coincidiendo con una de las periódicas peleas entre Castro y Rusia, que en clave interna se traducían como pugnas entre el Movimiento 26 de Julio y los viejos comunistas del PSP, un joven comunista fue procesado y fusilado por traicionar a aquellos cuatro dirigentes del Directorio.

El joven es, desde luego, Marquitos, y los que conocemos a los cubanos sabemos la forma en que el diminutivo cariñoso se puede convertir en mote despectivo con sólo un cambio de la voz. Entre los entrevistados, sólo Valls se referirá a él como Marcos Rodríguez, sin diminutivo, y no es casual que sólo Valls continúe defendiéndolo al cabo de los años.

Meses después del juicio a Rodríguez, los protectores del joven comunista, una pareja de viejos militantes del partido que habían trabajado para el Komintern y disfrutaban de la confianza de Rusia, cayeron en desgracia aunque nunca fueron juzgados o condenados por ningún crimen, supuesto o real. Entre otras acusaciones se formuló una que ya era rutinaria dentro del bloque soviético y en la que nadie creía: la de ser agentes de la CIA.

Hace ya algunos años Barroso escribió otro libro sobre Cuba. Era un thriller escrito a la manera de las novelas negras americanas: Amanecer con hormigas en la boca, que trascurría en la Habana en que se perpetraron las primeras muertes de este libro, la inmediatamente anterior a la caída de Batista. Era un libro que, sin dejar de seguir las convenciones de la novela negra, resultaba atípico en su presentación de una Habana que no compartía ninguno de los tristes tópicos tantas veces repetidos en otros libros y filmes sobre la Habana de los años 50. Se trataba de un libro en el que, como telón de fondo, aparecía una ciudad bien documentada, sin anacronismos. Barroso sin ser historiador, ni pretender escribir una novela histórica, lograba hacer el retrato de una sociedad que está a punto de desaparecer y lo ignora. Ese cuidado al detalle, que tan a menudo falla cuando se trata de escribir sobre la Cuba republicana, reaparece también en este texto. Su libro anterior sobre Cuba era una novela; éste recupera los métodos de la novela, e incluso de la novela de género popular, la novelas de espías —no falta una cita sacada de James Bond—, o la novela negra, para una trama que ciñe la realidad histórica documentada.

Esta historia, ya lo dijimos, podría ser breve y fácil de resumir pero en manos de Barroso dura cuatrocientas páginas, quizás porque resumir una historia es también falsearla y aquí el autor, una vez encontrado un tema que lo intriga (¿cómo fue posible fusilar a un comunista en la Cuba de 1964?), se resiste a dejar que se le escape hasta haber agotado todas sus posibilidades, todos sus efectos colaterales, todas las verdades ocultas por una “verdad oficial” en la que es difícil creer.

Vemos primero cómo tropieza con el tema y por qué le interesa; cómo sigue el juicio a través de los documentos y cómo el trabajo de archivo se convierte en trabajo de campo a medida que pasa de los papeles, siempre falseables, a unos testimonios a los que el tiempo hace por lo menos tan discutibles como los documentos oficiales. Aparece gente conocida tanto en Madrid (el hijo de Ordoqui), como en Miami, (un anarquista al que todos los miamienses reconocerán a pesar del cambio de apellido, y un Jorge Valls que aparece con su nombre real y no muy distinto del que todos recordamos). A lo largo de las páginas se suceden las entrevistas con el hijo de una de las víctimas de Humboldt; con el hijo de Ordoqui, con la viuda de Ordoqui… El narrador va a Cuba y se entrevista con Phillip Agee, que le deja caer dónde encontrar una prueba; visita Miami y se encuentra con un Valls al que la amistad le hacer recordar a un Marcos Rodríguez distinto al que todos los demás recuerdan: viril y de voz profunda, e incluso buen poeta; visita Guatemala y tras dar muchas vueltas encuentra y se entrevista con Carlos Manuel Pellecer, un viejo dirigente comunista pasado al anticomunismo más extremo, que le permite trazar el origen de la acusación lanzada contra Ordoqui.

Así, de prueba en prueba, de entrevista en entrevista, la anécdota de cómo un pequeño miembro del comunismo cubano anterior a Castro, fue usado por este como cabeza de turco para demostrar al resto de su generación quién mandaba en Cuba, se convierte también en una serie de reflexiones sobre la memoria, el recuerdo (no, no es lo mismo), el mito y la realidad, y sobre todo en un recordatorio de cómo la gran historia está demasiadas veces compuesta de las pequeñas tragedias: esos niños que crecen sin amigos porque sus padres están bajo arresto, ese joven poeta que va a la cárcel por defender un amigo, esos otros niños que crecen sin padres, esas mujeres que envejecen sin el ser querido, esos asesinados de Humboldt 7 a los que gente que no les soportaba en vida convirtió en mártires de su causa, toda esa gente de la que alguien por fin recuerda el nombre y los apellidos.

Entrar en la historia de Cuba, sobre todo en su realidad más reciente, incluso cuando no se trata de asuntos sensibles, es tarea peligrosa para cualquier escritor. No estoy seguro de que Miguel Barroso fuera plenamente consciente de ello cuando se topó con el tema de este libro. Es peligroso no sólo por lo que puedes descubrir, sino sobre todo porque estás entrando en un terreno vedado y minado que te deja a merced de las críticas de aquellos que se creen con más derecho que un extranjero a contar esa misma historia, incluso sin haber escrito nada, a menudo por el simple hecho de tener unas memorias personales, haber conocido (aunque sea lejanamente) a alguno de los personajes, o tener un acento y una partida de nacimiento que los sitúa en el mismo lugar de los hechos. No dudo que aquí pase lo mismo.

Sin embargo hay demasiado poco escrito seriamente, o al menos publicado, sobre aquel momento concreto de la historia de Cuba en que eran muchos los que conservaban las esperanzas, en que no se concebía que la dictadura futura pudiera ser peor que la que se marchaba, en que no se creía que la Revolución recién instalada fuera a comerse tan aprisa a sus propios padres y a devorar a sus hijos. Lo que hay escrito sobre esos años ha sido demasiado a menudo recopilado desde la pasión, desde el ansia de revancha o incluso desde la veneración al amigo caído; rara vez desde la memoria y, desde luego, casi nunca desde la memoria objetiva. La narrativa cubana está llena de textos que se dicen historia y no son sino memorias personales; que se dicen biografía o autobiografía pero quedan en ajustes de cuentas, que se dicen novela sin rebasar los ataques personales en clave, y en una clave rara vez sutil… No seré yo quien critique a sus autores. Han sufrido, tienen derecho a chillar y negárselo sería inhumano. Pero ese derecho al sufrimiento, al pataleo, no les convierte en testigos creíbles ni en buenos historiadores. Es a la luz de esos otros libros que aprecio mejor lo que Barroso ha hecho con este caso.

Un asunto sensible. Tres historias cubanas de crimen y traición
Miguel Barroso,
Mondadori, Barcelona, 2009

Juan Carlos Castillón
Barcelona

Publicado en
26 respuestas
Comentarios

  • Raule dice:

    interesantisimos todos los comentarios, en Cuba no recuerdo que jamas, repito, jamas, se haya dicho una sola palabra, repit.o, una sola, sobre este caso, yo diria que son pocos los que quedan que recuerden algo, yo me quedo con la duda siguiente: para ir a estudiar al campo socialista a principios de los 60, habia que ser un comunista a carta cabal, o de plena confianza. Lo otro que me queda por especular es si no se pudo entrevistar, o se intento, a oficiales del gobierno de Batista que vivian en Miami, el mismo Ventura por ejemplo, y no a manera de condenar a nadie, no era el objetivo, sino de llegar a la verdad, porque entre los que dirigieron el operativo si tenia que saberse la fuente de la informacion. gracias.

  • Jacinto dice:

    ¿Es difícil encontrar este libro? He intentado comprar uno para enviarlo a un amigo cubano y me ha resultado imposible.

  • DIANELIS dice:

    Al fin se abre un capitulo de la inocencia de JOAQUIN ORDOQUI y esposa ,que es una prueba mas al mundo de la barbarie que le a tocado vivir a Cuba por tanto anos .Es importante que se vallan desemplovando el dolor y la pena de una familia que fue traicionada por un sistema que destruyo la moral y honra que habian levantado en su trayecto politico ( aunque no he simpatizado nunca con sus criterios ).,he de reconocer el ultraje y desmoralizacion que recibieron.
    Pues admiro a su escritor y agradesco que le haga saber al mundo del dolor y humillaciones de nuestro pueblo.
    Convencido el mundo de la inocencia de JOAQUIN ORDOQUI MESA y EDITH GARCIA BUCHACA

  • juan carlos castillon dice:

    Por partes:
    A Maite. El autor habló con el hijo de Fructuoso, así como con el hijo de Ordoqui, con las viudas, con todos los supervivientes que estuvieron dispuestos a hablar. Y si nos atenemos al libro no siempre fue fácil encontrar a algunos testigos, sobre todo del caso Ordoqui,
    A Cesar. El libro no recuerdo que especificase la célula a la que pertenecía Marcos, y ese es un dato que busco en las actas del juicio, de donde también saco el error de “Chaplin” por “Chaple.” Las actas están llenas de ese tipo de erratas y por ejemplo a Jorge Valls le llaman Jorge Vals como se pronuncia, con una sola l…

    Sobre la homosexualidad de Marcos Rodrígues y su supuesto enamoramiento de una de las víctimas se ha hablado bastante –y dado por alguna personas como motivo de lo sucedido. Pero hay decenas de tesis sobre lo expuesto y el libro no es un catálogo de las mismas sino que el autor se limita a seguir aquellas que desde la distancia le parecen más lógicas, más fiables y más probables… y a la hora de hacer crítica literaria yo debo ceñirme a lo que cuente un libro y a cómo lo cuenta no a lo que podría haber contado.

  • Dexter dice:

    Marquitos era homosexual, enamoradísimo de Fructuoso Rodríguez.

  • maite dice:

    En los comentarios se habla de los presuntos culpables, o culpables, por delación y ocultamiento de pruebas, pero no se dice nada de por qué esperaron hasta 1964.
    El affaire y la sospecha se conocían desde los primeros días de 1959 en que se saldaron cuentas de la manera màs cruenta y brutal, sin embargo, ésta quedó impune. La madre de Joe Westbrook se quejaba de que nadie escuchaba sus razones y argumentos para que se hiciera justicia.
    Hay quiénes hablaban de las rivalidades entre el Directorio y el PSP, éste último apoyó a Batista después del asalto al Palacio Presidencial, en aquel momento histórico era Carlos Rafael Rodríguez ministro -sin cartera- de Batista, así escuché contar la historia.
    Carlos Rafael Rodríguez fue el primer esposo de Edith García Buchaca.
    Escuché a personas mayores en La Habana, decir que el problema de Ordoqui y García Buchaca estaba relacionado con la microfracción.
    Ordoqui vivía en arresto domiciliario en una finca en las afueras de La Habana. No estuvo “preso”, como los opositores al règimen que sufrieron largas penas en càrceles inmundas de la dictadura. Joaquinito era muy buena persona y seguro sufrió todo el ostracismo que mantuvo a sus padres fuera del juego del poder, después de haber estado ocupando altos puestos.
    A este matrimonio estalinista los enjuiciaron porque Martha Fernàndez, viuda de Fructuoso que trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores y la madre de Joe Westbrook, junto a Faure Chomón, presentaron “pruebas” o testimonios ante Fidel Castro sobre la delación de Marquitos.
    Entonces no quedó màs remedio que hacer una farsa que son los juicios políticos en todas las dictaduras, a saber las irregularidades de ese juicio, si realmente era el culpable qué pruebas se aportaron, o si los testigos o testimonios sufrieron infartos imprevistos o resbalaron con una càscara de plàtano antes del juicio….
    Edith García Buchaca tuvo altos cargos en el Ministerio de Educación y Cultura y quiso imponer el realismo socialista, era una ideóloga de la línea dura y fanàtica del PSP, tenía poder de decisión y envió a Marquitos a estudiar a Checoslovaquia para sacarlo de circulación y protegerlo. El chivatazo llega a la policía y por eso los cazan a tiros y los rematan en ese edificio.
    Pasaron cinco años, y en 1964 decidieron procesarlo. Es posible viniera bien el caso para “resolver” otros problemas referentes a las las alianzas de partido y a las pugnas y luchas por el poder entre comunistas, Directorio y M-26 de julio que no era una amalgama castrista como movimiento. También en éste momento estaba el asunto de la microfracción y los prosoviéticos.
    Sería interesante que entrevistaran a Martha Fernàndez, es la viuda de Fructuoso Rodríguez asesinado en Humboldt 7ella y el hijo de ambos, Osvaldo viven en Miami. Espero el autor del libro haya recogido su testimonio sobre los hechos.
    Y según testimonios que he escuchado Marquitos era miembro de las Juventudes Socialistas o había sido miembro. Lo màs terrible e increíble en la historia, es la versión de la supuesta homosexualidad del acusado y que todo había sido un problema de celos.
    Gracias Juan Carlos Castillón por tan buena reseña.

  • César Reynel Aguilera dice:

    Juan Carlos,

    ¿El libro se refiere a la célula central de la Universidad de la Habana? Amparo Chaple (no Chaplin) y Antonio Massip eran militantes por la Universidad, por eso pregunto; y si es así, si el libro asegura que Marcos era militante por la Universidad, entonces creo que hay un error.
    Las actas del juicio no valen como prueba de la militancia de Marcos, si algo caracteriza los juicios del castrismo es precisamente eso: poner en sus actas lo que necesitan y no lo que es verdad.
    El PSP era, valga la redundancia, una organización muy organizada, y llevaba registro de todas esas cosas como militancias, cotizaciones, colaboraciones, etc. A mí siempre me ha llamado la atención que Fidel Castro nunca haya pasado de lo verbal a la hora de demostrar la militancia de Marquitos.
    Hasta donde yo sé Ordoqui y Buchaca estaban el Méjico cuando los sucesos de Humboldt 7, si eso es así, no veo como Marcos pudo haberle dicho a ellos donde estaban los asaltantes de Palacio.
    Muchas gracias por tus aclaraciones, y estoy de acuerdo contigo, lo de la objetividad de la literatura del exilio es un tema bien amplio que toma tiempo, no hay apuro.
    Saludos
    CRA

  • Ric dice:

    Buena aclaración.

  • juan carlos castillon dice:

    De Marcos, perdonadme por usar el nombre en vez del diminutivo pero se me hace cuesta arriba llamar con un diminutivo a alguien asesinado, aunque fuera un asesinato judicial, se han dicho muchas cosas, porque después de muerto el cuerpo se mató la imagen y el recuerdo, y como es normal unas afirmaciones contradicen directamente a las otras… pero lo de su romance con Edith Gracía Buchaca ni aparece en el libro ni me parece creible… si de algo se ha acusado a Marcos primero en su juicio y después en casi todas partes es de ser homosexual… en el juicio se ridiculizo entre otras cosas su forma de vestir, su afición hacia formas de cultura que chocaban con el ambiente bronco de los grupos armados… claro que en la Cuba de aquel momento, e incluso de generaciones después, la mejor forma de arruinar una reputación era precisamente esa…

    Sobre la militancia comunista de Marcos Rodríguez, el libro indica que no era del partido, por la edad, sino de la Juventud Socialista, algo que confirman las actas del jucio
    cuando el procesado declara pertenecer a la CELULA CENTRAL y haber trabajado dentro de la Juventud Socialista con Raúl Valdés Vivo, Amparo Chaplin, Antonio Masip y otros… aunque se apartó de la disciplina de la misma antes del 13 de marzo.

    Sobre la literatura del exilio y su objetividad hay mucho que decir porque esa literatura es abundante, variada, de todas las formas, tendencias y estilos, con muchos más matices d elos comunmente aceptados por los que la ven desde fuera, y hay mucho que decir. pretendo decirlo aunque no ahora, en la y obligada brevedad de una respuesta rápida. No creas ue escurro el bulto, sencuallmente tengo que sentarme a eescribir con calma y a organizar mis recuerdos de los que es la historiografía de Miami…

  • Alejo dice:

    Propongo esto para la proxima “Cita del Dia”:

    “Pero le digo, con toda la objetividad de que soy capaz, que este no es un blog “sectario”.
    [...]
    PD, sin embargo, es un lugar con un credo editorial, lo cual no tiene nada de malo.”

    – EHB

  • elena dice:

    Agradezco las dos puntualizaciones.

  • Ric dice:

    Lo que sé de todo este asunto es totalmente superficial comparado a lo que saben el autor del libro o Castillón, además, no he leído el libro, pero yo tenía entendido que Marquitos era amante (secreto) de la García Buchaca, y que él le dice a ella –sin querer o queriendo, no sé– dónde están los muchachos, y es ella quien hace la denuncia secretamente.

  • pd dice:

    Como viene al caso, me permito recordar esta cita, que apareció en este blog hace años:

    http://www.penultimosdias.com/2006/09/05/la-cita-del-dia-7/#more-356

    Remite al excelente archivo de Antonio Rafael de la Cova sobre el “caso Marquitos”.

  • César Reynel Aguilera dice:

    Juan Carlos,
    ¿Tiene el libro alguna prueba documental de la militancia de Marcos Rodríguez en la Juventud Socialista antes de los sucesos de Humboldt 7? Muchos dicen que Marquitos era del Partido, pero en realidad, por su edad, le tocaba ser de la Juventud. Si el libro no tiene esa prueba, entonces, al menos, ¿En qué Comité de Base le dieron la entrada?, ¿En la Universidad?, ¿En alguno de los Comités regionales? ¿Era un militante secreto? (cosa que dudo).
    Por lo demás, no creo que Marquitos haya delatado a nadie, y mucho menos que lo haya hecho por órdenes del Partido. No porque el Partido sea una organización con principios sino, precisamente, por lo contrario. Hasta ahora todos los análisis que he leído sobre el papel de Partido Socialista en la revuelta castrista adolecen —a pesar de la seriedad y el pedigrí de los analistas— de una gran limitación: Insisten en ver al Partido en la superficie de esa palabra; quieren verlo como una organización política, como un partido, cuando en realidad el PSP siempre fue, es, y será, una organización de inteligencia, de espionaje, que vive, vivió, y vivirá, en el interregno de una moral de la que reniegan, la “burguesa”, y otra que siempre está por llegar, nunca llega, y termina siendo sustituida por la moral del líder de turno.
    Es esa negación de la moralidad “burguesa” la que echa por tierra conceptos, o referencias a conceptos, tan importantes como justicia, agradecimiento, amistad, familia, etc. Una vez alcanzada esa negación un comunista está listo para entender y aceptar cualquier injusticia que se comenta contra él/ella y, más peligroso aún, que él/ella tenga que cometer contra alguien. Las palabrejas que ellos usan para llenar ese vacío moral son tan tontas como abnegación, entrega, renuncia, etc. El aporte del castrismo a ese diccionario son los términos relacionados con los órganos reproductores de los “machos”.
    El PSP, como organización de inteligencia, no necesitaba (en caso de que haya decidido hacerlo) de Marcos Rodríguez para hacerle saber a la policía de Batista donde estaban esos cuatro muchachos. Usar a Marquitos era dejar un rastro demasiado evidente, y el Partido siempre ha sido muy cuidadoso en esas cosas. Lo que sí podría encajar con el modus operandi del PSP, y de Fidel Castro (un amoral natural por razones psicológicas: es un psicópata), es acusar injustamente a Marquitos, para levantar una columna de humo que bien podría esconder algo mucho más “abnegado”.
    En cuanto a la falta de objetividad de los cubanos que escriben sobre ese tema, estoy seguro que se trata de un mantra creado para evitar que los cubanos escriban, o publiquen, sobre ese tema. Los más dulces detractores de Solschenizyn, por ejemplo, usaron esa misma “falta de objetividad” para posponer la aceptación de una obra que de no haber sido por la guerra fría bien podría haber pasado, a pesar de su inobjetable calidad, inadvertida. Nadie le exige objetividad al diario de Ana Frank. Los cubanos, sin embargo, estamos condenados de antemano a esa palabra. Y muchas veces nos condenamos nosotros mismos, dentro de nosotros mismos, y escribimos, cosas como esta: “haberse emancipado de un síntoma habitual: casi todo lo que se escribe hoy día sobre literatura cubana gira, en última instancia, en torno a esa otra “gran ficción” que se llama Revolución Cubana”. Una frase, y una palabra, emanciparse, poco justas si tomamos en cuanta dos cosas: Una, la mayor parte de los escritores cubanos de hoy evitan “el tema” porque saben que los editores españoles no lo compran si viene con la etiqueta de “Made in Cuba”. La otra es que una de las cosas más impresionantes que tiene la obra José Manuel Prieto es la certeza de que, como con todos los buenos escritores, los temas lo escogen a él, y no al revés.
    Saludos
    CRA

  • Son asesinos también los que tramaron la muerte de Batista, su esposa e hijos menores en el Palacio Presidencial.

    ¡Qué desventura que Ventura no pudo hacer un “mártir” de Fidel Castro!

  • Woland dice:

    Excelente review, D. Castillón… Tendré que buscar el libro. ¿Te refires al de Humboldt 7, Dexter?? Por cierto, he recordado ahora “Clandestinos” (http://www.tu.tv/videos-ext/1T_5Q-XvSA0-cuba-clandestinos-film-pelicula-cubana).

  • Me resulta curioso que este libro aparezca mientras Encuentro se desmantela a toda prisa, segun me han dicho. Bueno, nada, es una simple opinion de un “maldito” gallego, como dice Elena.

  • Serious dice:

    Oye, “happy cat”, no juegues con esto.

  • Dexter dice:

    Fue el director de cine Fandiño quien debía entregar una carta de Marquitos a los Ordoqui, antes de hacerlo, cogió terror y se la entregó a Alfredo Guevara, quien se dirigió a Europa -bajo órdenes de Fidel Castro-, para llevarse a Marquitos a Cuba. Pero los Ordoqui sí son culpables del asesinato grande. Eso está más que probado.

  • pd dice:

    Querida Elena:
    Puede usted opinar aquí con entera libertad, ya lo sabe, y ha ejercido siempre ese derecho.
    Pero le digo, con toda la objetividad de que soy capaz, que este no es un blog “sectario”.
    Ahí están sus casi 14 mil entradas para probarlo –y su variada lista de colaboradores.
    PD, sin embargo, es un lugar con un credo editorial, lo cual no tiene nada de malo. En ese sentido, le recuerdo el motto de la revista Polemic, que tanto comparto: «Polemic is sympathetic to science, hostile to the intellectual manifestations of romanticism, and markedly anti-Communist.»
    Eso no es sectarismo, son principios.
    Un saludo cordial,

  • juan carlos castillon dice:

    Sí lo he entendido y he bromeado al respecto. Me gustan las bromas y lamento que haya pensado que he tratado de callarle la boca en vez de bromear… A mí no me gusta callarle la boca a nadie porque ya hay demasiados censores y policías en le mundo como para unirme a ellos y además de forma gratuita; y sí me gusta bromear con todo el mundo.
    Lo que pasa es que el humor pasa difícilmente de lo hablado a lo escrito, es el tono de la voz lo que a menudo cuenta más. En cualquier caso, me doy cuenta de que posiblemente la he ofendido y lamento haberlo hecho. Mis disculpas por ello.

  • elena dice:

    Gracias por la respuesta pero déjeme que le diga sobre el sectarismo del que he escrito:
    no me refería ni al crítico ni a su trabajo sino al lugar. Parece como si usted no hubiera leído que sus palabras me han animado a la lectura del segundo libro de Barroso.
    La cuestión de su amistad con el autor, que desde luego no es necesaria a la hora de hacer una reseña, no hace falta hacerla pública. Ahora bien, si lo dice para callarme la boca… pues estonces nada que decir. Para otra vez lo tendré en cuenta. Y para rematar esta cuestión, me alegro de su amistad porque la amistad es de las mejores cosas que nos pueden suceder.
    Si he dicho sectarismo es porque he tenido algunas veces esa sensación en el blog de EHB en lo que a ciertos autores cubanos se refiere. Ya ve que aun teniendo esa sensación, entro, leo y doy opinión. Pero si la cuestión es, como en otras tantas cosas, el manido y cansino ‘y tú más’ , nada, a aguantarse y a callar.
    El sectarismo existe. Unos tratan de serlo lo menos posible, otros no tienen vergüenza de serlo descaradamente.
    Disculpe si mis palabras le han parecido mal. Creía que éste era un lugar donde se podía dar opinión.

  • Diana dice:

    Me ha gustado mucho esta reseña llena de agudas observaciones, sobre todo su perspicacia al apuntar algunas de las trampas laberínticas para intentar narrar la historia cubana,

  • juan carlos castillon dice:

    Ah, es que cuando escribí la reseña no sabía que Barroso era rojillo… cómo sólo lo conozco desde hace ocho años y no solemos hablar de política no había salido el tema en ninguna conversación y el maldito me había engañado… ahora mismo le pido (¿qué digo le pido? a ahora mismo le exijo) a Ernesto que retire la reseña :-)

    Naturalmente bromeo… La novela anterior era buena (y el filme que salió de ella no era malo) y este libro también lo es…

    Por lo demás la derecha cubana, si es que Hernández Busto es de derecha, no ha sido nunca tan sectaria como la izquierda cubana a la hora de publicar gente y EL DIARIO DE LA MARINA no tuvo empacho en publicar poemas de Guillen, mientras que HOY nunca publicó nada de Baquero… En el mismo Miami, EL DIARIO DE LAS AMERICAS, de propietario nicaragüense pero redacción mayoritariamente cubana, a pesar de ser conservador en su línea editorial, no tuvo problemas en publicar a columnistas que estaban en lo personal a favor de muchas posturas que su propietario, tambien en lo personal, rechazaba … mostrando con ello su editor una dignisima y elogiable neutralidad total en las columnas de opinión personal de la que tanto han carecido otros periódicos que juegan a ser liberales…
    Sirva esto de homenaje a. D. Aguirre.

    NO creo que el sectarismo político deba ser una variante a considerar a la hora de hacer la crítica de un libro… los libros son buenos o malos… y poco más. Y yo, sin ir más lejos, he tenido a lo largo de mi carrera sólo editores de izquierdas y eso que en política estoy ligeramente a la derecha de Atila…

  • elena dice:

    La portada me parece excelente. Y es que la mancha de sangre es muy, pero que muy alargada…
    Me gustó ‘Amanecer con hormigas en la boca’ y después de leer a Juan Carlos Castillón, leeré ‘Un asunto sensible’. Sé de la historia, me contaron muchas cosas en la isla cuando viví allí, y he leído, visto y hablado (con personas bien cercanas a Joaquín Ordoqui-hijo) algunas más estando de nuevo acá.
    ¿Será que van a ser los malditos ‘gallegos’ los que vayan abriendo caminos para ir comprendiendo mejor la recién historia de la isla? …
    Me alegra que en este lugar no hayan sido sectarios con la obra de Barroso por su condición de socialista y colaborador de uno de los gobiernos presidido por Rodríguez Zapatero.

  • liborio dice:

    Despues de estar un buen rato buscando en las tiendas de libros online aca en Holanda… al fin lo descubri en pre venta en mi sitio preferido de libros de estudio… el problema al encontrarlo fue q aca lo clasificaron como una obra de ficcion … un detective…. le ronca el mango!