- oct 07, 2009 • 12:49h
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Perder la tabla. Perder la chaveta. Fundirse. Quimbarse. Patinar. Quemarse el coco. Eufemismos cubanos que no significan pero se conectan con “volverse loco”. Candy. Telarañas en el tejado. Toys in the attic. Orate de remate.
Un amigo de infancia toma alcohol y se vuelve un loco político. Saca un carnet ripiado que asegura es del Partido. Se faja con la familia para delicias de todo el vecindario (vive con su madre, como yo, como todos). Grita, con la misma voz coagulada y psico-rígida de Eliecer Ávila, que el país está podrido porque los dirigentes son unos corruptos que no le dicen la verdad a Fidel (Raúl aún no entra en su imaginario etílico). Habla de que hay que meter mano dura para mejorar las cosas (me recuerda mis lecturas del Ché). Llora casi siempre al final.
Me da una pena innombrable (tiene cuatro o cinco años menos que yo). La misma pena que me da exponerlo en parte ahora aquí.
En 1990 yo también iba a ser un loco político. Todo el tiempo polemizaba en público (estupidez de quien no tiene ni pizca de astucia). Tiraba puyas e ironías. No cabía en ningún ambiente. Una vez casi me entro a golpes con el chofer de una ruta 10.
Ese día me senté en el contén percudido de Concha y Luyanó. Me miré las manos. Temblaban. Con esas manos de amar hubiera podido estrangular a mi oponente. Por nada. Por una resolución inoperante del Ministerio de Transporte (firmada seguramente por uno de esos ministros sin voz ni voto). El odio había triunfado en mí. Mi vida en aquel infierno de década sería breve y violenta.
Decidí que no. Que era preferible abandonar a tiempo el país. Ser otro. Hacerlo otro. Recuperar la paz y el amor y, sobre todo, el deseo de ser bueno y vivir. El placer y la libertad. Y así lo hice. Salí de Cuba. Todavía no me animo del todo a regresar. Temo por mi cordura en términos de biografía y escritura.
El loco político en Cuba es todo un género que pasa por el periodismo pero no se agota sobre el papel. Caricaturas, chistes, comedias de personajes populares tenidos por carismáticos (para mí son siempre patéticos y expresan un dolor trágico diferido).
A mi alrededor, las personas más bellas y lúcidas que conozco están todas en riesgo mortal de cruzar la frágil línea de la insania. Casi ninguno quiere reconocerlo, pero, como en el “Aullido” de Allen Ginsberg, zozobrando entre la depresión, la nada cubana y la euforia, somos un barco borracho que en cualquier momento no flota más.
Tanta vida varada. Vaciada. En los peores casos, viciada.
Un holocausto silente. Porque nadie se atreve a narrar ese páramo de panorama. No nos narramos a nosotros mismos en tanto generación histórica. Creemos (con razón, ¡y con ejemplos concretos!) en la inutilidad de la virtud. Chocamos brownianamente hasta que el mareo nos inmuniza contra una desesperación injustificada, ya casi innata, constitucional.
Y así dejamos correr este tiempo de descuento como si en silencio tuviera que ser, con la enferma esperanza de un día despertar y ser aquel otro “nosotros”, tan vital y sano que ya nadie recuerda dónde ni cuándo mutó o se mutiló, pero que igual fue muy radiante y real.
Nuestra desmemoria en esto no miente.
Abro la ventana del patio.
Esta noche mi amigo de infancia ha vuelto a gritar antes de caer rendido de tanta bronca y alcohol. Llovió un poco por la tarde y la noche es fresca y fulminante, el cielo muy hondo. Dan ganas de amar y reír y llorar. Pero las palabras me traen ese tam tam rotundo del odio.
Basta medio instante de miedo para no estar nada seguro de haberme ido del todo del país. Los estertores de la rabia y la locura repican de nuevo en mis oídos. Una orgía de ira incesante. La paz y la libertad eran sólo una pesadilla con pasaje de vuelta a casa: la última tentación de Orlando Luis.
Cierro la ventana del patio.
Y tú, ¿estás ahí afuera también?
¿Tienes una remota idea de lo que tecleo aquí adentro por ti o por mí o por ambos o por todos o por ninguno?
Noche insana insular, insulada: jardines invencibles de la locura.
Por favor, no me dejen gritar ahora con la misma mueca de muerte que en 1990. Por lo menos tengan la misericordia de mirar hacia cualquier otra parte y no escuchar mis aullidos.
Orlando Luis Pardo
La Habana





Me gusta, me gustó tu post, pero a Pomar, pomorito, no lo entendí, hazte entender, no tengo yo, tu intelectual nivel.
Oye Veroco, y si alguien piensa y quiere escribir que Pomar está hablando mierda, ¿hay que ser Huebert Matos o el Conde de Montecristo?
Y que conste, no es esa mi opinión, aunque no esté de acuerdo con lo que dice ni cómo lo dice.
Me censuran…
Un pase a tierra fuerte.
La cosa está mala de verdad cuando la cogen con Orlando!
Orlando me recuerda la canción “Vincent”, con la diferencia que es cubano. Toda esa sensibilidad viene sin fragilidad, con una fuerza de tres pares y una inteligencia sutil que pudiera pasar por inocencia. Sabe que el odio causa más daño al que odia que al odiado, quien a veces hasta se regocija por ser considerado tan importante. Perdonar no significa olvidar. Dejemos esa carga y concentrémonos en lo necesario, el cambio.
Querido Orlando,
Un buen día, cuando menos lo esperemos, de repente, toda esta locura que teneís ahora en Cuba va a finalizar. Será como un parto, con dolor, y tal vez con alguna violencia.
Después de eso vendrán días muchísimo más aburridos, y le contarás a tus hijos tus peripecias contra Fidel, mientras ellos bostezan.
Echarás de menos la incertidumbre, la esperanza, la vorágine, la necesidad de tener valentía y los temores que tienes ahora. El mundo es mucho más interesante en épocas complicadas.
Estás a punto de ser protagonista de hechos interesantísimos. No dejes que se te escapen y, por favor, cuentanos todo.
Querido Veroco. Me alegra mucho que este señor Pomar haya sido el pionero de Los disidentess segun tu. Estoy buscando informacion de este mambi y no encuentro nada. Entonces dimele a este abocuito, sin eufemismos, que esta lucha no es de el solo, que es paticipativa y que sus comentarios son bien divisorios y tremenda reverenda porqueria. Saludos hermano y un abraso mas grande para ti.
Y para todos esos que se preguntan quién es Pomar: es un tipo que se fajó no con el chofer de una guagua, sino con el régimen. Es uno de los disidentes históricos de principios de los 90, echado para alante de verdad, en la época que no había blogs ni internet. Así que dejen la verraca adoración del Pardo Lazo, y respeten a un cubano de los buenos, que por lo menos no ha llenado la bandera de líquido seminal.
Pardo te felicito por tu escrito. Me identifico totalmente con tu estado. A jorgito pomar, brother sabes que no te conocia, pero despues de leer este comentario tuyo, en el cual noto senales de envidia, insensibilidad y mucho odio, me tome el trabajo de visitar tu blog. Asere me di cuenta que a pesar de ser un pedante y escribir un Monton de porquerias incoherentes; me di cuenta que estas chiflao, quemao, tostao, loco de la mata de coco. Un abrazo
Orlando Luis, hasta ahora siempre te leía, con interés, con mucho interés, pero hoy me has conmovido profundamente, Este texto es incluso ajeno a ti, es un síntoma, es verdaderamente, en el mejor sentido, un anónimo. Gracias. Un abrazo fuerte desde la lejanía.Yoyi
Hay que preguntarle a Pomar cómo logró el carnet del PCC.
¡Muy bueno Orlando Luis! He sentido muy de cerca las mismas cosas, pero las describes brillantemente.
Jorge A. Pomar, ¿qué dices? ¿quién eres?
con algo hay q llenar las ansias de hacer, la avidez de probar y hasta la barriga, pedirle a alguien revertir la obstinación y el vacío en algo productivo y enriquecedor es una demagogía pero es lo q diría a un amigo, q la decadencia solo sirve para salir de ella, a tu amigo, ayúdalo, no importa las causas, los alcohólicos necesitan ayuda.
El mensaje profundo del autor en síntesis: “Pobrecito yo, tan culto, erudito, contextual, evocativo, posmoderno, lírico, hiperestésico, sutil, exquisito, original, animalitario, abstruso, farandulero, edipiano, esnob a matarse…”.
Orlando Luis Pando, demasiado nebuloso y pedante, escribe mal, piensa peor y siente pésimo. No por gusto sus pacientes lectores suelen recomendarle más claridad, coherencia, concisión y menos cursilería metafórica…
Pendiente caucasiano del negro catedrático Manuel Cuesta Morúa, más conocido por “Kalule”, no en balde este niñato literario ha pasado ha ser de golpe y porrazo la pluma más preciada y asidua en Encuentro en la Red.
Orlando Luis, que viene a llenar un creciente vacío, se ha ganado el puesto en reemplazo de Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Rafael Rojas, Antonio Ponte, Vicente Echerri y un largo etcétera de autores de primera línea que, a la vista de la escandalosa censura imperante en Infanta Mercedes # 43, han tenido a bien ir mandándose mudar uno tras otro.
Éxodo discreto pero a la larga notorio. ¿Por qué? Échele el lector no más un vistazo a los titulares de hoy (07-10-2009) para convencerse con sus propios ojos de lo bajo que ha caído la revista digital de la AECC. Tan bajo que de hecho tumban ya el rastrero listón del Granma y La Jiribilla.
Si dispone de tiempo y gandinga para soportarlo, hurgue en el contenido de los artículos y verá que se trata de algo más que una falsa impresión. La crisis no es sólo de tanto y pecunia.
Su aséptica cobertura del concierto de Juanes
–y sobre todo del debate sobre la extraña carta de apoyo al evento en la Plaza firmada por 30 reos de la Primavera Negra a instancias de Espinosa Chepe, objeto ahora de una evidente operación de limpieza en EER– no permite albergar la menor duda: finalmente, la presidencia de la AECC se ha quitado hasta la hoja de parra retroprogre…
Saludos,
El Abicú
Como no odiar aquel o aquellos que han hecho que tenga que vivir fuera de mi patria, como no odiar aquellos que nos quitaron todos nuestros bienes cuando mi padre decidio darme una vida mejor, como no odiar aquel que oprime mis hermanos.
Si alguien lo sabe por favor que me lo diga porque el odio es lo unico que me mantiene esperanzado de que algun dia los verdugos probaran su propia cuerda.
Excelente..y triste
Muy bueno. deprimente como tantas realidades de la Cuba castrista y con un mensaje muy sano.
No debemos permitir que el odio domine nuestras vidas, pero cómo lograrlo en Cuba? Cómo vivir sin fundirte, quemarte, quitar el plo?
Es imposible si no has entrado en el juego de la doble moral conista cubana.