Penúltimos Días

La SINA está pariendo un corazón

October 1, 2009 · 6 Comentarios

Por fin.
Después de medio siglo de mentecata pacatería (parónimo de pánico político), un grupúsculo de artistas cubanos (no es necesario insistir en si son o no intelectuales, en si suman o no 200) estrecha manos con los top-funcionarios de la SINA sin más ni más.
Se asume que recibieron luz verde gubernamental, pero eso es lo de menos (para eso también se es un asalariado estatal).
Lo rentable de este relato es otro relato que queda obsoleto ipso facto: “Abuelito, ¡no existía el lobo feroz…! Todos éramos un poco Caperucita.”
Léase, hemos vivido dentro del idilio patrio (a ratos pétreo y a ratos pútreo) de una nana infantil.
Estábamos ensartados en la sartén falsa del escualo y la sardina: en la esquina azul, Goliat; en la esquina roja, David (boxeo de retórica retro entre un imperialismo y su concomitante revolución).
Léase, nuestra historia tiene una histología hilarante.
De manera que ahora, por fin, el neo-intervencionismo Born in the USA ha resuelto otra vez las cosas a nombre de los cubanos.
Porque, si disidentes, opositores, periodistas y bloggers independientes (con o sin filiaciones políticas) estrechan las mismas manos que estrechó la variopinta comitiva oficial (sean miembros o no del PCC o la DSE), entonces ya no hay razón ontológica para que, en breve, nos estrechemos las manos a solas entre los cubanos: con todos y para mejor de todos.
La transición, como era predecible y políticamente incorrecto de describir, será de arriba hacia abajo y no al revés.
Un cambio cancaneante, con calma y continuidad: calabaza, calabaza cada cual para su casa (y los niños descarriados al calabozo, claro).
Personalmente, paso de las propuestas presuntamente populares y prefiero los proyectos pactados entre profesionales.
En cualquier caso, la economía mundial manda: nuestra Realpolilitk o Raúlpolitik no puede ponerse a estas alturas a tentar suertes con la ruleta (sea rusa o bolivariana).
Como desafinara Juan Formell al término del concierto del otro Juanes en la Plaza de la Revolución: “duélale a quien le duela” (que en una traducción apurada podría entenderse en Washington como “dólares a quien dé dólares”).

Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

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