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Ojo, no pinta

  • sep 18, 200917:02h
  • 9 comentarios

Para Milo

Y sigue el miedo a la oscuridad. Un miedo viejo que hemos pagado con creces y cruces. Ya perdimos dos guerras de independencia por ese “factor negro”, por ese mismo fantasma, que el castrismo usa hoy para desalentar los inevitables cambios de la sociedad cubana.

Esa es otra de las enseñanzas que nos deja el affaire Pánfilo. Fidel Castro, como todo buen hijo de hacendado, le teme a los negros. Por eso siempre los ha tenido a raya, por eso reprimió durante tantos años las religiones afrocubanas y sólo se atrevió a autorizarlas cuando supo que las tenía bien penetradas. Por eso se ensaña hasta el absurdo con los opositores de piel oscura, asesina jóvenes que intentan robarse una lancha, y le da dos años de prisión a un hombre que pide comida. El pecado original es ser negro: carne de cañón para luchar por los derechos de una raza allende los mares, nunca en monte propio.

Que eso suceda en Cuba es algo que podemos aceptar si tomamos en cuenta que se trata de un país que ha vivido, durante las últimas cinco décadas, de espaldas al mundo, aislado y ajeno a los grandes cambios que ha vivido nuestro planeta, uno de ellos, quizás de los más importantes, es la emancipación de una raza que ya cuenta con uno de los suyos, de los nuestros, como presidente del país más poderoso del mundo. Recordemos que si en los EE UU la población de origen africano es alrededor del diez por ciento del total de sus habitantes, en Cuba esa cifra ronda la mitad. No en balde el castrismo tiembla, no en balde los castristas intentan conjurar el “efecto Pánfilo”.

Lo que resulta chocante, triste y vergonzoso, es que ese terror castrista por el “factor negro” encuentre eco no ya entre sus voceros en el exterior sino en portales que se ufanan de ser sitios para la reunión y el acercamiento de los cubanos. Cuando uno lee descripciones de Pánfilo que no van mas alla del borracho, vago y marginal, en un país que lleva medio siglo usando la marginación como arma de castigo y juego político, en una economía con altísimas tasas de subempleo y desempleo, en una sociedad con alarmantes niveles de alcoholismo; uno no puede menos que sentir la incomodidad de una pregunta: ¿existirán todavía personas que miran con añoranza aquella práctica de los pueblitos del centro de la isla, aquella tradición de matar las tardes paseando por el parque, con los blancos por dentro y los negros por fuera, o al revés?

Los estereotipos raciales, usados para describir a Pánfilo, van más allá de los insultos personales y se utilizan, también, para anunciar el fin, la decadencia, o la irremisible pérdida de una cultura, la nuestra, la de todos, que para algunos sólo puede ser blanquita, organizada, y de ser posible, castiza.

No tiene sentido detenerse ahora en el análisis de estos castristas que intentan meternos miedo con el “factor negro”. Los Glenn Millers de la cultura cubana pueden entonar cuantas serenatas a luz de la luna quieran, al final ese patrimonio que pretenden defender les hará saber, con muchos colores, negro incluido, que eso no es jazz.

Lo importante ahora es celebrar la liberación de Pánfilo, y recordar dos cosas. Una es que haber sido discriminados —por orientación sexual, o capacidad intelectual, digamos— no inmuniza contra el ejercicio de la discriminación. Todo lo contrario, obliga a los que la han sufrido a vigilarse constantemente, a escoger bien sus palabras, y a ser muy cuidadosos para no regalar a los demás lo que se ha sufrido en carne propia.

La otra cosa es desarraigar de una vez, y por todas, el miedo al “factor negro”. Nada de esencialmente malo hay en ese color. Como dice mi amigo Alexis Romay: En la dulce y tibia oscuridad de sus vientres, todas las madres fueron negras.

César Reynel Aguilera
Montreal

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9 respuestas
Comentarios

  • César Reynel Aguilera dice:

    Marcelo,

    Como en todo, hay marginales y marginales.

    Yo veo a Pánfilo más como un marginado que como un marginal. En realidad, si miramos bien los criterios que algunos usan para definir a Pánfilo como un marginal nos damos cuenta que esos criterios (desempleo, color de piel, alcoholismo, etc.) los comparten tantos cubanos que Pánfilo, lejos de ser un marginal, se convierte en un “mainstream”.

    El que sí es un marginal es Fidel Castro, que es un asesino (menos del 1% de la población lo es), un psicópata (alrededor del 1% de la población lo es), un bola de churre (casi ningún cubano ama la suciedad corporal), un tirano (un por ciento reducidísimo de los gobernantes lo son) y un ladrón (alrededor del 10% de las personas lo son). Cuando todas esas marginalidades se combinan en un solo desperdicio, Fidel Castro, nos damos cuenta que estamos en presencia de una aberración estadística; sin embargo, esa ha sido la bandera -barbada y cochina- que muchos cubanos decidieron ondear.

    Cosas de blancos, ellos se entienden.

  • Marcelo Salas dice:

    Disculpa si tengo que polemizar, a Pánfilo le aplicaron todo el rigor del régimen de forma arbitraria, una tragedia de la que no va a librarse donde está ahora. Pero eso no muda el hecho de que Pánfilo es un marginal, y seria un marginal en cualquier país capitalista o de cualquier otra índole.

    Es necesario denunciar la dictadura por sus desmandos, pero nadie necesita morir de amores por una figura pintoresca como o Pánfilo.

    Que Pánfilo viva su vida, pero no esperen milagros de ese desperdício ni intenten convertirlo en bandera, y eso independe de color, orientación sexual, religión , etc.

  • César Reynel Aguilera dice:

    Gilberto,
    El honor es mío, y sí, claro que puedes poner lo que quieras en facebook. Te soy sincero, si hubiera leído antes el artículo de Patterson no habría escrito mi texto, el que él escribió usa el choteo de una forma magistral.

    Bustro,
    ¿Tú crees que se pueda lograr un besito de Valerie? Casto y puro, lo juro, pero un besito, ¿eh? Dime. Y felicidades, hermano, por ese Milo, y por esa libertad de Pánfilo. Hay que seguir.

    Camilón,
    Parece que el sanatorio para Pánfilo es una fórmula de compromiso, pero de todas formas: “centinelas, alertas”. Hug, bro.

    Zoé,
    Amiga, la otra clave son ustedes, las mujeres. Beso.

    Manuel,
    Que conste que El General no está entre los negros de mi cubanía; prefiero los Alexis y los Dihigos.

    Cubanita,
    Si me dices tu nombre te pongo en mis favoritos. Me encanta tu blog.

    Muchas gracias a todos.

  • Zoé Valdés dice:

    Esa es la clave.

  • gilberto dihigo dice:

    Cesar te felicito abordaste un tema que siempre algunos intelectuales u otros no tan intelectos tratan de esconder. Lo hiciste con franqueza e inteligencia, me precia tenerte entre las personas de mis contactos de Facebook y te pido permiso para colocarlo tambien en Facebook en mis notas. Un abrazo y mis respetos

  • Camilo López dice:

    > celebrar la liberación de Pánfilo …
    ~
    en realidad le hicieron una jugadita bien jodidita. Meterlo en un hospital mental, lo que puede volverse en algo peor para el podre hombre aunque sea un “borracho”
    ~
    No entendí porque Elizardo, buen conocedor de las prisiones, los “hospitales mentales” y las jugaditas de los Ks, consideró eso “mejor”, pero no tengo tiempo/mente para leer su opinión
    ~
    Saludos
    C

  • Alexis Romay dice:

    Hermano, gracias por el texto, la cita y la dedicatoria.

    Y vaya un fuerte abrazo, en mi nombre y el de Milo.
    AR

  • El insólito duelo relámpago de 12 horas de Almeida y el traslado de la cárcel al manicomio de Pánfilo demuestran la verdad de ese “miedo a la oscuridad” que el autor le imputa a Castro, y también la determinación del régimen de no permitir que nada desluzca al concierto de Juanes.

  • Cubanita dice:

    Muy cierto. Hace falta ese ensayo en inglés, para colgarlo en todos lados, y que las masas de tontos útiles se den cuenta que el comunismo, en el fondo, no elimina estereotipos ni discriminación. Todo lo contrario; les saca todo el provecho que puede.
    Esas cosas se eliminan por otras vías, entre ellas, la conciencia individual de la persona, pero nunca con falta de libertad; digo yo.