- sep 08, 2009 • 14:10h
- 7 comentarios
Ese concierto de Juanes ya me molesta en el dedo gordo del pie. Al principio fue una molestia de zapato nuevo, pero a medida que el tiempo pasa —y las noticias se acumulan— el cuero, lejos de domarse, duele más.
Juanes dice que quiere cantar en la Plaza de la Discordia y al principio, como era de esperarse, le dicen que no. Amaury Pérez intercede, habla con Silvio, hacen valer su influencia política, explican que el concierto es por la paz, y de pronto llega la autorización.
Cayó la Plaza sin un disparo ante el hombre de la “camisa negra”, se rindió la explanada donde tantas derrotas fueron convertidas en victorias, el único espacio al que el tirano moribundo puede aferrarse para pensar que alguna vez lo quisieron. Ahora el último recuerdo que tendrá de ese asfalto pisoteado es el de una multitud amnésica que aclama a un cantante colombiano. Plaza rendida en vida.
Crece la idea, Juan Formell —que siempre ha querido ser de la gran escena— se suma al coro sin desafinar. Silvio Rodríguez glosa de inmediato el carácter ambiguo de la palabra paz (¿ausencia de guerra, nirvana espiritual, tranquilidad de camposanto, capital de Bolivia?), y Pablo Milanés explica, con gestos que nadie alcanza a descifrar, que estará en huelga de silencio mientras Pánfilo esté preso.
En el resto del mundo las cosas van en comparsa. En Colombia los terroristas liberan rehenes y se habla de paz. En Miami, como era de esperarse, un puñado de viejitos decide quemar discos de Juanes. Al final desisten ante el hecho comprobado de que ninguno de ellos tiene, o escucha, un disco posterior a la época del vinilo.
Pero no importa, ya Juanes es un héroe que ha decidido retar el inmenso poder de esos cuatro caballeros retirados que la propaganda castrista ha convertido una vez más en “el intransigente exilio” de Miami.
Juanes cantará a pesar de los helicópteros antimotines que esos señores controlan, por encima de las tropas especiales, los gases lacrimógenos, y los francotiradores en las azoteas que están bajo el mando incondicional de esos aguerridos tomadores de café del Versailles.
En España la actitud del colombiano alcanza visos de “¡No pasarán!”. El País le da cobertura de primera plana a su valentía y Julio Iglesias —¡Julio Iglesias!— se apresta a declarar que ese concierto no es político. ¿Como tampoco lo fue aquella competencia de Eurovisión? Derrota total para los viejitos del Versalles, al que se le ocurra quemar un disco de Julio lo mandan para el “boarding home”.
Hasta aquí ese concierto era un roce, un juanetito, otra de esas peleas, como la de Elián, que el exilio tiene perdidas antes de empezar. Juanes cantaría, y en el momento oportuno, Raúl Castro y Mariela, como de casualidad, harían acto de presencia para apropiarse simbólicamente de un cariño y una legitimidad que andan buscando con menos éxito que un ciego en una discoteca.
Pero entonces despertó la momia. Desempercudida, transfundida y vesta del mismo color que la paz y los cisnes. Recibe a un grupo de jóvenes venezolanos, a un funcionario chino. Hummm… Reuters corre enseguida a decir que los cubanos recibieron con alivio la noticia del regreso. ¿Cantan los cisnes negros antes de morir?
Recuerden que falta el gesto. Falta esa imagen que todos esperan y que por razones ajenas a la voluntad del castrismo no ha podido suceder. El momento ideal para ejecutarla habría sido el VI Congreso del Partido, pero dos palabras se han interpuesto: centralismo democrático. La sucesión dinástica ha chocado con una ola de rechazo a todos los niveles del PCC, una ola que puede resumirse en una frase: “si el próximo Comité Central va a ser seleccionado por pruebas de ADN, y niveles de plomo en sangre, yo no tengo nada que hacer en la organización, aquí tienen mi carné”. Palabras que repiten, de una forma u otra, tantos militantes que ha sido necesario explicarle a Machado Ventura, dos veces, que no alcanzan las balas para fusilar a tantos “traidores”. En el pueblo hay muchos Camilo, y en el Partido sobran los Gromikos.
Pero falta el gesto y es ahí donde empieza a supurarme la inflamación del dedo. A mí que Juanes o Nieves den un concierto en La Habana —para legitimar a Raúl Castro— me tiene sin cuidado. A fin de cuentas el segundo, cuando habla y no mata, tiene el don de ir por la vida borrando el recuerdo de su existencia.
Lo que sí me pone gato es la pesadilla de que en lo mejor de ese concierto, una vez comprobado que la afluencia es masiva y reina la felicidad, la momia decida —embullada por jóvenes extranjeros, arrastrada por un García Márquez que habrá hecho escala en La Habana, o para darle un beneficio de Reuters a su pueblo— hacer acto de presencia, levantarse, saludar humildemente a los miles que habrá ordenado dislocar con antelación y, ya en el momento cumbre de ese orgasmo planificado, agarrar la mano de su hermanito para levantarla en ese gesto kitsch que vendría a coronar la iconografía castrista.
Sé que es una pesadilla improbable, un mal sueño sin lógica. A estas alturas de la despedida a la momia un brazo le debe pesar tanto como un camión; además, tenemos la promesa del tal Juanes: el concierto no es, nunca será, un acto político. Y los cubanos sabemos que en nuestro país eso significa algo tan simple como que en el escenario, y sus alrededores, no puede haber un sólo hombre con muertos.
César Reynel Aguilera
Montreal
Foto: tonemaster, en Flickr.





Es de verdad lo mejor que has escrito. Me voy a dormir tranquilo
!!! QUE VENGA JUANES !!….., eso es lo que el pueblo cubano quiere.
sirvio, comoquiera lo de los militantes me recordo a felipito y su ”yo voy a decir que no estoy de acuerdo..”
por favor vean el video de “eskuadron patriota “, decadencia , ese es el que deberia cantar en la plaza , no el tonto de Juanes , deberia darle verguenza esta posteado en pd
Concierto apolitico, Si Juanes permite que se politice se embarrara mucho mas
No le conviene…
Muy bueno!
Espero que sí, que la momia se aparezca para despedirse de su pueblo que lo ama, pero que se vaya de una buena vez.
¡¡¡Brillantísimo!!!