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Una elección robada

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    Editor Jefe
  • Sep 06, 200916:22h
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Por Victor Sebestyen*

Berlín Este, Domingo, 7 de mayo de 1989

Era día de votar en las elecciones municipales germano-orientales y todo parecía ir yendo normalmente. Los resultados no eran precisamente reñidos. Cuando se anunciaron, avanzada la tarde, la lista del Frente Nacional de candidatos oficialmente aprobados —los comunistas y sus partidos hermanos— ganó el 98,6 por ciento del voto. En algunos distritos el régimen gobernante durante los últimos cuarenta años probó ser incluso más popular: en Erfurt, alcanzó el 99,6 por ciento y en Magdeburg un impresionante 99,97 por ciento, aunque en Dresden consiguió un mero 97,5 por ciento. Los resultados estaban en línea con las elecciones locales previas, marginalmente mejores que los votos correspondientes de cuatro años antes. Los oligarcas comunistas, ponderando los eventos desde sus chalets de Wandlitz, se pronunciaron satisfechos. Un editorial del órgano del partido Neues Deutschland declaró: “El pueblo de la RDA está determinado a continuar… con éxito por el camino hacia una sociedad socialista avanzada y a fortalecer la patria socialista. Existe una relación de confianza sólida y estrecha unidad entre el Partido y el Pueblo… Los resultados son un paso hacia una mayor perfección de nuestra democracia.”

El hombre a cargo de la comisión electoral, Egon Krenz, de 52 años, aparente heredero de Erich Honecker y arregla-problemas-en-jefe del Partido, parecía contento cuando declaraba que la votación se había conducido enteramente del modo apropiado. Krenz, que había sido un apparatchik comunista durante toda su vida laboral, tenía unos desafortunados y prominentes dientes y por ello recibía el apodo de “Cara de Caballo” en toda Alemania del Este, incluso en los círculos del Partido. Hablando con el estilo al que la mayoría de sus oyentes estaban acostumbrados, dijo: “Los resultados … son una declaración impresionante de apoyo a las políticas de paz y socialismo del Partido de la clase trabajadora.”

Votar en Alemania del Este era un proceso diferente al ejercicio del sufragio en una democracia occidental. En un centro de votación germano-oriental, los votantes se presentaban frente a una mesa de dos o tres funcionarios de la comisión electoral, presentaban sus documentos identificativos y se les daba una papeleta. Votar por un candidato aprobado oficialmente era sencillísimo: simplemente se doblaba el papel y se colocaba dentro de una caja junto a la entrada del centro de votación. Votar de otro modo era desalentador y requería coraje. Había que cruzar la habitación para marcar una papeleta de voto en una cabina para voto secreto, frente a la que al menos un, y a menudo dos, “Vopos,” Volkspolizei o Policías del Pueblo se mantenían en pie. Los nombres de esos votantes se anotaban cuidadosamente y las consecuencias podían ser serias para ellos y sus familias. Se enfrentaban a la expulsión o a la degradación en el trabajo. Los estudiantes podían ser expulsados de la universidad. Con total seguridad, serían vigilados estrechamente por la Stasi.

Los germano-orientales se habían acostumbrado a este proceso electoral a lo largo de cuatro décadas. Generalmente, se conformaban de manera obediente, o no se tomaban el asunto con mucha seriedad. Pero en esta elección había una diferencia. Más gente que antes se había arriesgado y votó valientemente contra el régimen. En esta ocasión un número apreciable de gente sabía con seguridad que los resultados estaban amañados. Por primera vez, en unos pocos centros de votación, los votos se monitorearon. Un pastor luterano de 46 años y voz suave de Berlín Friedrichshain, el Padre Rainer Eppelmann, y unos pocos curas más habían pedido al gobierno que grupos de la Iglesia pudiesen ejercer el derecho consagrado en la constitución de la RDA de que el público observase la emisión de los votos. Se les unieron activistas de unos pocos grupos pacifistas sin experiencia y organizaciones medioambientales que eran toleradas, aunque apenas, por el régimen. El gobierno asintió. Fue un grave error.

Tan pronto como se anunciaron los primeros resultados, los observadores se dieron cuenta de que la elección era un fraude. Sus predicciones sobre la cantidad de gente que había votado contra los candidatos oficiales diferían ampliamente de las pretensiones oficiales. En términos generales, ellos sostenían que entre el 9 y el 10 por ciento había votado No. Entre la gente joven y los estudiantes la cifra era mucho más alta —en algunos lugares, espectacularmente. En la Escuela de Bellas Artes de Berlín, 105 estudianes votaron contra los candidatos oficiales y 102 a favor. Sin embargo, el recuento oficial indicaba 98,5 a favor. En Dresden, el jefe del Partido Hans Modrow sabía que el cuádruple de la cifra publicada oficialmente había votado contra la lista aprobada, pero declaró las cifras amañadas como una cuestión de rutina.

Honecker y sus secuaces se dieron cuenta rápidamente de que no tenían que haber permitido que los observadores se acercasen lo más mínimo a los centros de votación. Durante varios días la televisión de Alemania Occidental estuvo llena de reportajes bien informados sobre cómo se habían amañado las elecciones. A menudo se repetía el punto de que unas semanas antes en la Unión Soviética había habido unas elecciones de algún modo libres —al menos el recuento parecía haber sido correcto. En Polonia estaban previstas unas elecciones dentro de un mes donde se iba a permitir que se presentase una oposición genuina. Sin embargo, en Alemania Oriental el régimen persistía con una anticuada elección robada al estilo del bloque soviético, donde se esperaba que gente inteligente se creyese que apenas un ciudadano cada cien se oponía al régimen.

Esta fue la primera vez en que la televisión de Alemania Occidental jugó un papel serio en la política de la RDA. La mayoría de los germano-orientales la veían —excepto alrededor de Dresden, donde por algún motivo no había cobertura. Aquella área se llamaba El Valle de los Desorientados. Las caras de muchos presentadores germano-occidentales eran tan familiares como las de los presentadores de su propia televisión. En general, la gente miraba la televisión de Alemania Occidental por entretenimiento; la televisión de Alemania Oriental era excepcionalmente aburrida y jamás mostraba películas ni series americanas. Hasta entonces, los noticieros de Alemania Occidental había tenido un impacto marginal, pero eso estaba empezando a cambiar. Los televidentes podía ver interpretaciones alternativas de la realidad de Alemania Oriental emitidas en sus salas de estar y en su propio idioma. Si querían —y cada vez más gente lo quería— podían ver media hora del boletín de noticias de las 7 de la tarde en la ZDF de la Alemania Occidental, seguida de la emisión de las noticias oficiales del Este a las siete y media, y de las noticias de las ocho y el programa de asuntos de actualidad del canal ARD de la República Federal.

La disponibilidad de medios de comunicación occidentales en Alemania del Este habría de tener un profundo efecto, comenzando por la respuesta asombrada e irritada a la elección fraudulenta. Aparecieron manifestaciones espontáneas, pero pacíficas, en las principales ciudades, al principio reuniendo sólo puñados de personas. Las alegaciones de mala práctica electoral llovieron sobre los comités del Partido por todo el país. La propaganda gubernamental pretendía que eran “calumnias infundadas inspiradas en los medios de comunicación occidentales y agentes del imperialismo en un intento de difamar al Estado.” Sin embargo el público sabía que versión de la verdad alemana era la creíble. En la iglesia de Berlín Friedrichshain, una semana tras la votación, se reunieron 400 personas para formular una carta pidiéndole al gobierno que lanzase una investigación oficial sobre la conducta en las elecciones. Cuando abandonaban la iglesia aparecieron camiones de la Stasi. Fueron atacados por los guardias de seguridad con palos y porras. Se llevaron unos veinte a los cuarteles de la Stasi, donde fueron apaleados más a fondo.

Más tarde los jefes comunistas admitieron el fraude. Alguien en la dirección había calculado que habría una proporción de “disentimiento” del 5 al 7 por ciento. “Sin embargo los jefes de distrito estaban convencidos de que el Partido quería mejores resultados.” Günter Schabowski dijo: “las cifras fueron inventadas. Los funcionarios lo aceptaron… como su tarea en la vida y se pusieron a ello. Los hicieron por hábito y por disciplina hacia el Partido.”

Los jefes del Partido en Berlín no necesitaban de ninguna elección para que les dijesen que la oposición estaba creciendo. Reportes precisos de la Stasi sobre el nivel de descontento llegaron a Mielke, aunque no está claro cuántos se mostraron a Honecker. Uno, presentado por un oficial de alto rango en los cuarteles de Normannenstrasse de la Stasi, indicaba que siempre habían habido gruñidos y quejas entre los trabajadores, pero ahora

el descontento económico está desacreditando al régimen… Los trabajadores están expresando abiertamente sus dudas sobre la objetividad y credibilidad de las hojas de balance y resultados económicos publicados por los medios de difusión masiva de la RDA. Frecuentemente los trabajadores exigen que les mantengan informados sobre los problemas y sus soluciones… cuando hablan con visitantes de Alemania Occidental desprecian las capacidades productivas de su propia economía y las condenan… En un grado creciente, las manifestaciones de indiferencia y resignación están aumentando. Los ciudadanos de la RDA que vuelven del extranjero en visitas familiares glorifican Occidente… y, en general hablan de la superioridad del capitalismo.

Un informe que aterrizó sobre el despacho de Mielke por la época de las elecciones locales, preocupó al jefe de la Stasi. Este sí que llegó al resto del liderazgo supremo. Decía que había un aire de tristeza y depresión dentro de los rangos bajos y medios del propio Partido. “Hay una desmoralizacion extendida,” decía. “El Pueblo ya no cree en los objetivos del Partido y del gobierno. Tales actitudes eran especialmente evidentes entre aquellos que hasta entonces eran socialmente activos pero se han vuelto … cansados, resignados o finalmente han abandonado.” Aparentemente con la misma eficacia de siempre, la Stasi calculó el número de opositores en un informe enviado a Mielke y, en esta ocasión, circuló hasta Honecker unos días despues de las elecciones. Había 160 grupos desperdigados —“incluyendo pacifistas, feministas, ecologistas… participan 2.500 personas y 600 están en posiciones de liderazgo… el núcleo duro del activismo lo forman 60 personas.”

Era una subestimación, pero no excesiva en los primeros días del verano de 1989. No emergió nadie como figura inspiradora, a la manera de Lech Walesa en Polonia, o con la reputación de Václav Havel, en la República Checa. Algunos pastores protestantes eran políticamente activos, como Eppelmann en Berlín, que había sido albañil y había pasado nueve meses en prisión por negarse a hacer el servicio militar. Como mucha gente que acabó en el clero de Alemania Oriental, Eppelmann se recicló como estudiante de teología por razones prácticas, más que espirituales: “Me pregunté, ¿en qué te puedes convertir para lograr una vida de lucha, e incluso feliz en este país? La única respuesta que se me ocurrió fue: pastor. Unicamente el estudio de la teología fue capaz de ofrecerme un poco de libertad mental.” Christian Führer, pastor de la bella y famosa Iglesia de Nikolai en la segunda ciudad de Alemania Oriental, Leipzig, había fundado originalmente un grupo pacifista a mediados de los ochenta para hacer campaña por el desarme nuclear a ambos lados del Telón de Acero. Al principio el régimen permitía esos grupos pacifistas, e incluso los fomentaba, pensando que eran inofensivos y tan irritantes para el Oeste como el Este. Sin embargo la congregacion de Führer se convirtió en una espina clavada en la carne de Honecker. Comenzaron manifestaciones sistemáticas después de los rezos cada lunes por la noche a partir de la semana de las elecciones amañadas. Al principio sólo asistían unos pocos cientos; pero durante el verano la cifra creció hasta los miles.

Sin embargo, las iglesias estaban fuertemente comprometidas con el régimen y sólo unas pocas querían tener algo que ver con la política de la oposición. El biólogo Frank Eigenfeld deseaba fundar un grupo pacifista en Halle, unos 140 kilómetros al sudoeste de Berlín. “Teníamos problemas básicos con las iglesias,” decía. “Teníamos problemas para encontrar habitaciones para que se reuniese la gente. Dependíamos de parroquias para que apoyasen nuestros esfuerzos y ayudasen a facilitar salas para los grupos de base. En la mayoría de los casos era difícil encontrar apoyo. En Halle unicamente tres de un total de catorce parroquias nos facilitaron espacio para nosotros… la mayor parte de las iglesias no querían saber nada de nosotros.”

El grupo secular más conocido fue la Iniciativa para la Paz y los Derechos Humanos, establecida por la artista de 43 años Bärbel Bohley y su socia Werner Fischer. En enero de 1988 fueron arrestadas en una manifestación que marcaba el aniversario de la muerte de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, dos de los fundadores del Partido Comunista Alemán y heroes del panteón marxista. Su ofensa fue desplegar una bandera donde se ponía con letras grandes uno de los lemas más famosos de Luxemburgo: “La libertad es la libertad para pensar distinto.” A Bohley le dieron la opción de permanecer en la cárcel o abandonar el país. Después de que unas cuatrocientas personas se manifestasen en Berlín protestando por el tratamiento que recibía, alcanzó un compromiso con el Partido que necesitó de la aprobación del mismísimo Honecker. Se fue a vivir a Gran Bretaña durante seis meses, hasta que le permitieron volver. En mayo de 1989 estaba de vuelta en Alemania Oriental dirigiendo nuevos grupos de protesta y comités de ciudadanos que el régimen calificaba como “grupúsculos ilegales.”

Sin embargo, poca gente estaba interesada en negociar con los comunistas o alcanzar un compromiso con ellos. Algunos jóvenes emprendedores germano-orientales buscaban nuevas maneras de mostrar cómo se sentían. Cinco días antes de las elecciones municipales, la televisión de Alemania Occidental había emitido una transmisión especial desde la frontera entre Hungría y Austria. Los soldados húngaros estaban cortando la alambrada —el Telón de Acero— y abriendo la frontera con Occidente. Era un espectáculo extraordinario, que les mostró a algunos germano-orientales cómo salir de su nación-prisión. Si no podían escalar sobre el muro, hacer un tunel bajo él, o volar sobre él, quizás había una manera de rodearlo. Unos pocos, al principio, empezaron a hacer su camino hacia Hungría, confiando en que nunca tendrían que volver a la RDA.

*Tomado de Victor Sebestyen: Revolution 1989, The Fall of the Soviet Empire, Weidenfeld & Nicolson, agosto del 2009.

10 respuestas
Comentarios

  • Alejandro dice:

    Pero si nadie se lo cree, Gabriel. Nadie, ni el que escribe el titular en Granma con la cifra.

    Por cierto, la frase que más me llama la atención de lo que dice Guicho: “Fueron los comerciales, no las noticias.” Saquen sus propias conclusiones.

  • Gabriel dice:

    Querido Güicho,

    Muchísimas gracias por la información. Ahora tendríamos que preguntarle a un cubano como es posible que se crean el 99% de voto unido.

    Gabriel

  • Karamchand dice:

    Lástima que no haya un sitio o personas que compartan materiales como este y otros para los cubanos que estamos en Cuba, sería una posibilidad real de hacer llegar estos materiales a los cubanos de la isla, a traves de sitios como http://www.mininova.com u otros como w4share o simplemente poniédolos a disposición para ser bajados con emule, etc. Entiendo que viola los derechos del autor, pero el bien mayor y el daño mínimo al autor ameritarían poner en práctica esa idea.

  • Woland dice:

    Tiene toda la razón Güicho… pero me temo que la (re)escritura de la historia es imparable. Debe haber mucha pasta en forma de grants y positions y publications y y y para estudiar y divulgar la Heroica Lucha del Pueblo Alemán contra la Dictadura Comunista, etc.

  • Güicho dice:

    Amigo Gabriel,

    puede que te arruine la imagen que tienes de aquello, pero lo cierto es que la historia en realidad se parece más al marabú que al laurel. Como sabemos de nuestra tierra natal, la mecánica social bajo un régimen totalitario sigue ciertas reglas que resultarían anómalas en otras condiciones. A la hora de la verdad, e incluso de la mentira, Radio Bemba era la mejor emisora en la RDA, como en cualquier otro “país hermano.” Hubiera sido muy bonito que el pastor Eppelmann clavara sus objeciones a las elecciones en la puerta de su parroquia y que el pueblo desfilara para leerlas. Pero no fue así. Tampoco fue que los medios de la RFA crearon el estado de opinión en la RDA.

    Es más simple que todo eso. Mucha gente votó en contra y sabía que otros tantos actuaron igual. Por ejemplo, de diez parientes y conocidos quizá tres o cuatro. Ese era el nivel de descontento -completamente legal- que propiciaba y permitía la alucinación perestroikosa de la consciencia colectiva germano-oriental. Y entonces los vejetes del buró político se salieron con un 98 o 99%.

    En fin, sucedió al contrario: los medios occidentales se hicieron eco de la voz popular en el este, y usaron como referencia confirmativa a los testimonios de los observadores disidentes. A Eppelmann y demás sociales, dicho sea de paso, en la RDA no los conocía casi nadie que no trabajase para la Stasi. El nivel de penetración de esos grupos por la Stasi –como se vio a lo largo de los años siguientes, cuando se estudiaron sus archivos secretos– era bestial: entre 30 y 70%. Del top ten de los cabecillas disidentes en 1989 ocho eran chivatientes, incluyendo tanto al líder democristiano como a su colega socialdemócrata.

    Mientras, los pánfilos germanos sólo sabían una cosa con primitiva certeza: del otro lado todo era mejor. Ese es el verdadero mérito de los medios de comunicación de la RFA. Fueron los comerciales, no las noticias.

    Luego el gobierno germano-occidental tuvo el acierto de prestarle 500 millones de crédito blando a los húngaros. Y ahí sí que empezó a joderse el comunismo ario.

    Ese marabú tiene tallos -y talles- que merecen mucho más que un comentario.

    Saludos

  • Gabriel dice:

    Querido Güicho,

    Por lo que veo has sido testigo presencial de los hechos.

    ¿De verdad todo el mundo sabía que era un fraude nada más anunciar los resultados?

    No fué necesario que se conociese el testimonio de los observadores a través de los medios de comunicación germano-occidentales?

    Acabo de leer el libro. Lo que se reproduce aquí es el capítulo 35 de un total de 48 capítulos.

    Este libro es una descripción magnífica sobre la lucha cívica por lograr el fin del Comunismo en Europa del Este, que no se logró simplemente como un regalo de Gorvachov. Estoy deseando que salga la versión en español para hacérsela llegar a todos los cubanos que pueda.

    Gabriel

  • Güicho dice:

    Bastante aceptable descripción inexacta.

    Una semana antes de aquellas elecciones desfilamos por el 1ro de mayo. Eramos un batallón cubano dentro del regimiento de la universidad. Pasamos frente al primer secretario del partido en la tribuna central cantando enérgicamente:
    Dónde estás
    que no te veo
    y si te veo
    te meto el deo!

    Fuimos especialmente aplaudidos. El anunciador oficial elogió por los altavoces el temperamental entusiasmo de los camaradas caribeños.

    Luego votamos en aquellas elecciones municipales -fueron las primeras donde participaron los extranjeros en sus repectivas localidades de residencia, algo inédito en Europa y que debía mostrar cuán democrática era la RDA. No entregué el boleto directamente, fui hasta la cabina y dibujé en la boleta un “gallito de Morón” (genitales masculinos con patas de gallina.) No había ningún Vopo, ni dentro ni fuera de la sala. Y los pocos otros votantes que pude ver también usaron las cabinas. Cuando anunciaron los resultados todo el mundo sabía que era fraude al descaro. Después ya no me ocupé del tema, tenía que conseguir una grabadora antes del verano para mi hermano en Cuba.

  • Gabriel dice:

    El siguiente fragmento me ayudó a abrir los ojos:

    “en Alemania Oriental el régimen persistía con una anticuada elección robada al estilo del bloque soviético, donde se esperaba que gente inteligente se creyese que apenas un ciudadano cada cien se oponía al régimen.”

    Trasladando el tema a Cuba.

    ¿Esperan que gente inteligente se crea que en las elecciones en Cuba menos de una persona de cada cien vota en contra de la revolución?

    Es obvio que las cifras de más del 99% están amañadas.

  • CS dice:

    Nunca debemos olvidar que la Republica Chilena despues de la caida de Pinochet dio asilo a Honecker.
    Nunca debemos olvidar que las iglesias protestantes en Cuba-y lo mismo se puede decir de la iglesia catolica-no se preocupan por la libertad politica de los cubanos.
    Tambien se debe acordar que mucho antes de los eventos relatados miles de obreros en la Alemania comunista fueron masacrados por las calles, esta idea de que no habia conciencia politica antes de las transmisiones de la television de la alemania occidental no es lo mas certero. Y la alzada en Rumania? Y los albaneses?

  • El Niño Atómico dice:

    Otra muestra de los “strikes” que tiene el pueblo de Cuba en contra suya. Isolación geográfica y control gubernamental de los medios de comunicación.