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Memorias de un guerrillero cubano desconocido (fragmento)

  • sep 01, 200923:04h
  • 26 comentarios

Pasó algún tiempo hasta que yo volviera a jugar a los partisanos, pero con tanta repetición en los matutinos escolares volví a convencerme de que yo quería ser como el Che y que una simple retirada de cobardía, provocada por el instinto de conservación, no disminuye a ningún héroe, como demuestra nuestra historia reciente.

Mi carrera de guerrillero, como la de algunos otros amiguitos, fue muy bien guardada. Un buen día, cuando aún no había entrado en la adolescencia, alguien me rumoró al oído que Velasco Alvarado, el presidente de Perú, me había invitado a visitar su país. Lo primero que pensé fue que el tal Velasco se estaba volviendo loco porque sólo a un demente se le puede ocurrir invitar a un niño que no conoce; bastantes niños peruanos habría para invitar en Perú y seguramente mejor educados. Después supe que la invitación no era para mí, que yo iba colado pero como el tema era de viaje me preparé con urgencia porque a ciencia cierta, mis ideales, confundidos como los de muchos cubanos, estaban más cerca de Marco Polo que del Che Guevara.

No me gustó de tan impresionante aventura su carácter secreto, tenía que ser en silencio por mantener la sencillez de un guerrillero. Claro que terminé violando las reglas clandestinas porque me encanta el chisme y porque considero ridículo viajar sin presumir. Creo que a partir de ese momento comencé a diferenciarme de los llamados “modestos”.

Viajamos varios amiguitos revolucionarios y un escolta, pero mantendré sus nombres alejados de tan importantes intentos parranderos para evitar problemas. El vuelo fue fascinante, más sabiendo que viajar era un derecho exclusivo de los hombres libres, los confiables. Los llamados gusanos, los que habían partido a Miami, esos no viajaban, se largaban por cobardes. Yo había montado aviones para viajar a Santiago de Cuba, pero nunca un avión tan grande. Estaba tan impresionado que hasta el traje y la corbata me parecían cómodos. Me comporté como mi madre ordenó: calladito y obediente durante toda la turisguerrilla.

En aquel entonces yo pensaba que viajar a otros países era como visitar otro mundo con cosas totalmente diferentes, que la gente vivía en cuevas o en naves espaciales, que volaban o flotaban como en mis sueños. Pero no, al abrirse la puerta de la nave se me apareció una ciudad cualquiera. Lima era como La Habana cuando el cielo está nublado, y todo el tiempo caía una especie de llovizna que no mojaba ni molestaba. La gente hablaba mi idioma, aunque con un ritmo bastante diferente y usaban un “pues” que simpáticamente me salía hasta en la sopa. Pero los colores, pues, sí que eran novedosos.

Según nos paseaban, la ciudad me iba atrapando, contándome aquellos enigmáticos secretos que fácilmente envuelven la imaginación de cualquier niño: un montón de gente, nuevos sabores que se movían desde la pachamanca al ceviche pasando por un dulce que sabía como a jabón de lavar, el casco histórico, un enorme fuerte a la orilla del mar, testimoniales museos de arqueología, la pesca en clavado de los pelícanos, y todo eso, envuelto en el fantasmagórico temor de estar constantemente acechado por un terremoto, hicieron de mi viaje algo fascinante.

Mi primer encuentro con el capitalismo fue con el chicle Adam’s, los caramelos «Halls», las jugueterías, el tobogán del parque de diversiones, el tren del terror, la casa de los espejos, los comerciales de televisión y los muñequitos de Popeye el marino. En mi Cuba infantil no existía nada de eso, los chicles estaban prohibidos, el tiovivo del parque Acapulco permanecía roto desde que se inauguró, en la casa de los espejos del extinto Coney Island sólo se perdían el detergente y el agua, y de los muñequitos ni hablar porque Mashenka andaba jodiendo con su oso, Elpidio Valdés se la pasaba peleando con los españoles, y Matojo, que era mi preferido, me aburría con su voz de vieja enamorada. En aquel entonces, qué ídolo de historietas iba a superar a Fidel Castro.

Nos quedamos en un hermoso vecindario, en una hermosa casa con un hermoso jardín, tras un hermoso muro y con un hermoso perro gran danés que llevaba por nombre Rocco. Rodeados de tanta hermosura comenzaron a aparecer las cosas desagradables: no se podía salir a jugar pelota en la acera porque en Lima raptan a los niños, no podíamos decir en público que éramos cubanos porque la prensa nos acecharía, no podíamos acercarnos a la puerta de la calle porque la CIA nos podía matar, y no podíamos invitar a nadie a la casa por temor a no recuerdo qué. De todas las restricciones sólo la última molestaba porque me pasaba las mañanas en la ventana vigilando a una niña que transitaba a diario con una mochila de cuero negra.

Nunca supe si iba para la escuela, pero era poco probable porque no usaba pañoleta. Varias veces me pregunté si mi desconocida amiga sería pobre o Testigo de Jehová, ya que los Testigos de Jehová eran los únicos que no usaban tan honorífica insignia pioneril porque, según me enseñaron, estaban confundidos o eran contrarrevolucionarios, y los pobres porque, fuera de mi país, la educación no es gratis y los niños nacen burros. Pero, burra o contrarrevolucionaria, me hubiese gustado conocerla, cargar su mochila y conversar con ella. Es más, creo que fue mi primer amor platónico.

Pasaron unos días hasta que llegó el momento de conocer a nuestro invitador. Nos condujo al encuentro uno de sus hijos que curiosamente romanceaba con una rubita cubana. No es que se comentara mucho, lo recuerdo porque a los cubanos nos encanta el comadreo. El muchacho presumió con elegancia su auto y su manera de conducir al estilo Fórmula Uno, recorrimos una gran distancia por una autopista gigante y como dos peajes. Si el Alvarado junior me hubiese sobornado con un par de chicles Adam’s, le hubiese contado que mi compatriota hembra estaba derretida por sus adornos y sus encantos de varón.

La reunión entre guerrilleros estuvo muy interesante, una casa de campeonato, una comida de cine y una piscina de lujo que no pude disfrutar porque había un perro manchado que me espantaba y aunque alguien gritó: «No se preocupen que no hace nada», hiciera o no, le tengo miedo a los perros y decidí no mostrar mis dotes de nadador.

En pocas palabras: el presidente estuvo como todo un presidente. Una conversación trivial en la que yo sonreí sin abrir la boca, el señor mandatario pensaría que entre sus invitados había un muchachito imbécil, pero preferí callar por miedo al papelazo y por no parecer lo egocéntrico que soy, sobresalir era peligroso y un solo error me podía poner de patitas en La Habana. Pero eso no se lo conté a mi madre, que días antes de salir de Cuba, me había hecho leer un libro sobre las famosas líneas de Nazca y las culturas precolombinas. A ella le hacía ilusión pensar que tenía un hijo culto que podría hablar tendido sobre Illapa, Inti o Viracocha, las deidades Incas que representan la luna, el sol y el Dios creador. Se comentó sobre la sencillez, la modestia y la humildad de la revolución cubana hasta que por fin se enfocaron en las rutas, el presupuesto y los preparativos de nuestra expedición. No recuerdo si fue allí o después cuando se entregaron un fusil AKM de fabricación polaca, una subametralladora israelita UZI, un fusil 2,2 con mira telescópica, mochilas, gorras y un montón de cosas que se repartieron según el nivel de responsabilidad de sus futuros portadores. Quiero imaginar que fue allí porque haber entrado a un país extranjero, cargando con todo ese arsenal, sería un acto verdaderamente irresponsable y violatorio del derecho internacional. Pero no importa, algo sí me quedó claro: sólo manejan el arte de vivir aquellos que hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha.

Unos días después de la importante reunión comenzamos una expedición a la que alguien se empeñó en llamar con el ridiculísimo y sarcástico nombre de «Pioneros por el Amazonas». Parecería que el autor de tan insulsa frase no sabía que los niños cubanos no pueden salir de Cuba, ni siquiera acompañados de sus padres, a no ser en salida definitiva del suelo patrio, o en contadísimas delegaciones culturales o deportivas, pero era lógico y no lo voy a juzgar por eso, los políticos cubanos nunca saben nada o se hacen los que no saben.

El Cuzco es un alarde de energía, un derroche de culturas. Y la ciudad, con sus calles adoquinadas, el colorido vestuario de sus habitantes, y sus paredes de piedra, lo convertían en un lugar de sueños. Montar el tren fue una experiencia única y Machu Picchu fue el colofón porque su altura me provocó un soroche que me dejó como imaginé que quedaban las víctimas que los Incas ofrendaban con maíz y hoja de coca en sus fiestas a Inti Raymi.

Hubo algo que a los demás les encantó: dar de comer a las llamas. Es cierto que son animales inofensivos pero me provocaban cierto miedo porque yo las veía como un cuadrúpedo extraño perdido entre el caballo, la oveja, el conejo, y hasta se me parecían a aquel dromedario sucio y flaco que subsistía en el zoológico habanero comiendo caramelos rompequijá.

Otro lugar inolvidable fue el desierto. Al menos yo nunca había visto tanta arena junta, mucha más que en cualquier playa, y se me hacía poderosamente curioso caminar y ver que unos segundos después el aire borraba todas mis huellas.

Después de esta experiencia nuestro grupo voló hacia Iquitos, otrora puerto importante cuando la fiebre del caucho. De allí salimos para el Amazonas donde tomaríamos una lancha para navegar por el caudaloso río hasta adentrarnos en la selva. No había puesto un pie en la embarcación cuando alguien jocosamente llamó nuestra atención sobre una mujer que lavaba su ropa en el afluente. Casi muero de estupor al ver que aquella «compañera» llevaba sus senos al aire y estos se movían con total libertad al ritmo de su oficio lavandero como si fueran los columpios de casa de mi abuela. Hasta ese momento yo sólo había visto las teticas de mis hermanas, insignificantes al lado de aquellas cosotas bailoteantes, por lo que no pude evitar fijarme sin querer hacerlo y por más que tratara de mirar hacia el firmamento azul de los poetas, mis ojos me traicionaban y corrían despavoridos a clavarse en los oscuros pezones de aquella exageración femenina. Pienso que aquella experiencia despertó mi afición por la pornografía. Ante tamaño sobresalto, la cámara de filmar, que era toda mi responsabilidad, cayó del bote al agua. Por suerte tuvo rápido arreglo y no pasaron males peores.

Nuestro capitán de fragata nos dio un largo paseo hasta un enclave turístico en el medio de la selva. Un hotel de construcción rústica pero inmejorable que me hacía recordar los chalets de las cacerías en Cuba, había hasta un tucán amaestrado y creo haber pensado que si la cosa era así, me encantaría la selva. Pescamos y comimos pirañas, vimos las anguilas y al rato nos fuimos a dormir.

Al otro día la cosa empezó a complicarse, salimos en canoas largas pero muy estrechas; si aquello se viraba, la familia de las pirañas que habíamos pescado la tarde anterior se desquitarían dándose tremendo atracón de carne cubana y en especial de la mía porque de seguro tengo la fibra muy bien condimentada por el exquisito arroz con pollo a la chorrera que mi mami preparaba los domingos.

Por fin, después de mucho rato de sufrir en silencio, llegamos a la orilla. Podría decir que desembarcamos cargados de ilusiones al estilo de Colón; pero en mi caso fue un naufragio. Aterricé de nalgas por no tocar el agua repleta de pirañas, anguilas y nutrias que son unos bichos espantosos parecidos a las ratas. Caminamos adentrándonos con dificultad por la tupida amazonía peruana en busca de asentamientos indígenas, yo me caía constantemente porque no miraba para el suelo y siempre estaba esperando el repentino ataque de jaguares, monos, serpientes u oficiales de la CIA.

A esas alturas echaba de menos la seguridad del hotel de paso y no quería estar en ese oscuro lugar donde nada se me había perdido. Mientras nos acercábamos al corazón de la selva, nuestro guía, para darle sabor al momento, nos decía que seríamos las primeras personas del mundo «civilizado» en tener contacto con los indígenas. El encuentro fue amigable, tuvimos un intercambio de regalos como muestra de afecto: trajes, plumas, flechas, arcos, cerbatanas, espejitos y otras cosas. Me sentí tan emocionado como pienso que se sienten los extranjeros que visitan mi país en busca de jineteras.

En una demostración de precisión los indígenas lanzaron sus dardos venenosos con enormes cerbatanas; y nosotros contestamos el gesto derrochando ráfagas de UZI y AKM. Nuestra sola presencia los hacía más humildes y salvo alguna risilla nerviosa por tanta pechuga desnuda de las indias, casi me echo a llorar por el dolor que provocaba en mí la sensibilidad hacia los aborígenes.

Nuestra experiencia colonizadora iba perfecta hasta que vimos escondidas en una esquina un montón de latas de cerveza y una radio grabadora. Es más, a los farsantes indios les gustaba más el chicle que a mí y esto desinfló mi globo de respeto, de fantasía y de inocencia. De algo tienen que vivir pero aquel show en el medio de la selva me decepcionó bastante. Yo estaba lleno de lodo de los pies a la cabeza y mantenía una imagen grotesca, me parecía a Robinsón Crusoe después del paludismo. Había recorrido medio mundo para que aquellos tipos sin dientes se burlaran de mi candor. Me disculpan los filántropos y los ecologistas pero yo me quedo con los estafadores del cemento; por eso entiendo a la jinetera que le roba a su cliente que se cree Diego Velázquez. A la selva no vuelvo más.

A nuestro regreso a La Habana nuestra guerrilla fue recibida con honores por haber puesto en alto el nombre de los pioneros. Por mi tremenda inmadurez política de entonces y de hoy, no entendí mucho; pero lo de guerrillero errante me gustó.

Pasó tiempo hasta que volviera a sentirme pasajero de un vuelo internacional. A los doce años de edad otra misión importante sonaba deliciosamente en mis oídos al brindarme la posibilidad y el honor de llevar nuestro estandarte, esta vez hasta México. Otro pasaporte, otras fotos, otras vacunas. No me gustan las jeringuillas, pero con tal de viajar soporto hasta violaciones. Me encantan los preparativos de un viaje, comprar ropa nueva, e ir al sastre, los planes para el visiteo y todo eso.

Ya sabrá usted que cuando uno viaja, la gente le sugiere lugares, comidas, lecturas, etc. Yo me había comprado hasta una bolsita para los chicles porque ya había averiguado sobre la existencia de ese vicio capitalista pero nada, intento fallido. Una vieja indecente frustró mi viaje al país de los aztecas por entender que sus hijos tenían más condiciones que yó. Me tuve que quedar como se quedan las novias de telenovela vestidas y en la puerta de la Iglesia. Bueno, en la iglesia no, porque las creencias religiosas entonces también estaban prohibidas. Mi único consuelo fue escuchar las historias de mis amiguitos que fueron, ver las fotos y agradecer regalitos baratos.

Dicen muchos dentistas que el chicle es dañino pará la dentadura; pero tengo que reconocer la pena que sentí al dejar a mis amiguitos con todos sus dientes sanos por no haber probado la toneladas de chicle que prometí traerles.

Juan Juan Almeida
La Habana

*Memorias de un guerrillero cubano desconocido,
Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2009, pp. 10-18.

El libro puede pedirse, por el momento, aquí. Cómprenlo, que vale la pena.

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26 respuestas
Comentarios

  • Maria del Carmen dice:

    JuanJuan yo si creo en ti, vivi 14 anos con un hombre que vestia uniforme y de alto grado hasta que me di cuenta de la realidad. Hay quien se entera primero que otro y nadie tiene derecho por eso a decir que mientras vivia bien tenia los ojos cerrados, cada cual despierta en un momento determinado y hay que apoyar la honestidad de reconocer la mentira en la que estuvimos metidos.
    Mi respeto para ti, ojala que te acaben de dar el permiso de salida .

    Mis saludos a tu esposa e hija

  • el andino dice:

    tuve la oportunidad de conocerlo e incluso si no estoy equivocado vivio en san antonio de los baños ,la habana y era hasta donde lo conoci alguien normal y si cambio de parecer y critica al regimen que lo haga eso es algo normal que alguien de izquierda pase a la derecha lo contrario si no existe,nadie de laderecha pasa a la izquierda y seamos un poco tolerantes.

  • Para Gustavo dice:

    El no busca un cambio de paz, el sigue tratando de luchar su buena vida, sin importale un c_omino el problema de los cubanos.

    Simplemente no me pudo identificar con su egocéntrica causa, y me apena por el pueblo cubano que ha tenido que pagar y paga la vida de ricos de estos comunistas ladrones de dinero ajeno.

  • Gustavo dice:

    Tuve la oportunidad de conocer a Juan Juan en la Habana. Realmente es una gran persona, sencilla y muy agradable. El no tiene la culpa de haber nacido en la casa de un Comandante. Hay personas que lo recienten y lo critican.
    Hay que abrirle los brazos a TODOS que tienen el valor de criticar el regimen comunista cubano.
    Un saludo democratico desde Montevideo, URUGUAY para todos los cubanos de buena fe buscan un cambio en Paz.

  • odalisanchez dice:

    y el no tendra la culpa de como vivio, no habra “pecado” de obras, pero si de omision, es decir, estubo entre esa gente y nunca hizo nada. Ya se sabe que es dificil, pero mas dificil es para los demas, y al final todos nos disculpamos y por eso cuba esta como esta, en mano de esos viejos mafiosos.

  • Ecgalup dice:

    Que distinta es la infancia de la mayoria de los cubanos

  • klm dice:

    me parece que no tiene sentido que despues de tantos anos escriba esto, no es logico quejarse ni criticar la oportunidad de siendo un nino poder viajar a otro pais a conocer al presidente, no es logico despues de 40 anos publicar un libro criticando el regimen que te hizo persona y del que disfrutastes tantos privilegios, precisamente por la posicion que ocupaba su padre, quizas si hubiera sido otro tipo de persona quien hubiera escrito el libro lo justificaria pero no el hijo de un cmdte de la revolucion.

  • [...] —Dos fragmentos de su libro aquí y aquí. [...]

  • Anónimo dice:

    pero el pobre juan juan ahora es cuando escribe. Nadie se ha fijado que en las fotos sale con un pullover Lacoste, !pobrecito Juan Juan!!

  • Alberto Novoa dice:

    Las personas con dos dedos de frente y que se respeten esto debería repugnarles, es lamentable ,anti estético,y un alto signo de mal agradecimiento ,mi comentario se sale de lo personal ,sé que las personas dignas tanto de derechas ,de centro ó de izquierdas en su interior pensarán y sabrán que clase de tipo este aunque lo utilicen y lo manipulen (al tema me refiero)

  • la ecuatoriana dice:

    me encanta como escribes….. todos son unos descarados q solo viven para ellos, tu dejaste de vivir como ellos y por eso te sacaron y haces esto ahora, pero no importa, lo mejor q te pudo pasar fue q te sacaran por mala cabeza q tu eres…..

  • UBALDO CRESPO dice:

    Que casualidad, hoy estaba pensando en un libro famoso de mis años de juventud, “LA GRAN ESTAFA”, escrito por Eudocio Ravines un Nicaraguense comunista que se desengaño cuando se dio cuenta precisamente de LA GRAN ESTAFA. Juan Juan Almeida es Hijo del Comandante Almeida que aunque es Vicepresidente de Cuba y algunos lo consideran como el 3 detrás de Fidel y Raul ha vivido mas relacionado con la farándula que con la Revolución. Hoy en día este HEROE LEGENDARIO está separado de su familia que dio origen a Juan Juan y sus familiares actuales viven llenos de privilegios. Mi opinión es que existen muchos Juan Juan incógnitos en Cuba que podrían a llegar a ser una GRAN DIFERENCIA en el futuro de la Isla al darse ellos cuenta de LA GRAN O GRANDISIMA ESTAFA QUE ES EL COMUNISMO.

  • Maniel Rodriguez dice:

    Despues de disfrutar las mieles del poder y haber crecido en la opulencia dentro de la miseria , encima ahora se le hace una propaganda en PD, para que se le compre el libro, Que coño que se joda, que se joda,que no venda ni un libro que para leeeeeer novelas ya estan todas las estanterias de la librerias llenas.

  • Lori759 dice:

    Como dicen en algún comentario, “si hubiese seguido en la buena vida, seguro se hubiera callado”. Pero bueno, es uno más que al parecer logró entender que el proyecto donde su padre fungió de No.3 es un montón de estiércol,con el perdón del estiéscol. Yo también tengo una prima que tuvo un romance con un hijo de Pepín Naranjo y era rara la semana que no la pasaban viajando en helicóptero para Cayo no se que y no se cuanto y cuando faltaba al trabajo por andar en las orgías de los jerarcas le resolvían los certificados médicos para justificar las ausencias. Sus alumnos se quedaban sin sus clases y eso no importaba en lo más mínimo a los que debían preocuparse porque todo marchara con la “pureza del comunismo”.

  • El Titán dice:

    a mi escuela no llegó ninguno…. no “ninguno de esos” como dice pepe; no, no llegó nada… y es porque como mismo JJ dice: “los niños cubanos no pueden salir de Cuba, ni siquiera acompañados de sus padres, a no ser en salida definitiva del suelo patrio”… como tampoco cualquier médico puede dejar su puesto para convertirse en “médico del equipo Cuba” y ahora Comisionado de Besiball…. del carajo la cosa… VIVA CUBA… JAMA Y LIBERTAD

  • pepe dice:

    y parece que JJ no sabe, o al menos no aclara, que eso de los viajecitos a países capitalistas para niños destacados no era para todos. A mi escuela nunca llegó uno de esos.

  • pepe dice:

    I agree with Iskan
    si hubiese seguido en la buena vida seguro se hubiese callado.

  • El Niño Atómico dice:

    Y nadie se ha dado cuenta que el rifle que tiene el niño en la foto es americano.

  • Pepito dice:

    Me encanta el teermino (para asentuar sin tilde en este teclado roto) TURISGUERRILLA, quizas el titulo debio ser: Memorias de un tirisguerrillero……da igual si lo conocen o no, estoy seguro que son mas los turisguerrilleros desconocidos que los que si.

  • Nic dice:

    La verdad que Juan Juan escribe bien. Quiero decir, el texto se deja leer fácil porque está escrito con gracia y desenfado. Yo también tenía el mismo prejuicio del blóguer y me esperaba una descarga farragosa, insustancial, con pretensiones de insider que nos revela todos los misterios del Santo Grial. Nada de eso, afortunadamente…. Cierto que, de cara al público cubano, nada de lo que nos cuente nos puede asombrar. Son cosas que o ya sabemos o bien nos podemos imaginar. De ahí que esperar revelaciones trascendentales es hacerse falsas expectativas. No obstante, y a juzgar por el avance dado por Ernesto, nos ofrece información relevante (personal y de primera mano) sobre la vida de privilegios de la cúpula castrista. Viniendo del hijo del N.º 3 histórico, no deja de tener su interés, sobre todo para el público no cubano. El valor testimonial del libro no se puede poner en duda. Tiene además el valor añadido de la gracia, la ironía y el cinismo. ¿Qué más? Hay que agradecerle también que se aparte de lo que se entiende por ‘canon cubano’ actual, una manera de escribir entre bloguera y ensayística que me parece muy bien, a no ser cuando propende a una uniformidad de estilo generacional a veces excesiva. JJ es él mismo. No quiere ser otro. No pretende una originalidad a toda costa y sin embargo resulta original con sus simpáticas cabronadas. No digo que sea la hostia ni el non plus ultra, pero sí que tiene mucha buena mala leche. Voy a comprar el libro, a pesar de la crisis. Gracias, Ernesto.

  • roxana dice:

    Soy peruana y vivi la epoca de Velazco y les digo que dictador que fue nunca tan tremendo como los Castro, los colegios privados nunca los cerraron , lo quisieron hacer pero los mismos militares tenian a sus hijos en colegios privados y no pudieron hacerlo, yo estudie toda mi vida en colegio privado velazco o no. El estuvo desde 1968 hasta 1974 que luego tomo el mando Morales Bermudez (le dio un golpe a golpista jajaj) porque Velazco ya estaba muy comunista y Morales era milico pero de clase alta, asi es el ejercito peruano unos son pobres y otros de plata. Y porque Velazco se quizo ir a la guerra con chile y parece que unos no quisieron. La cosa es que la dictadura fue fea pero nunca como cuba, nunca se paso hambre, nunca quitaron las tierras para dejarlas improductivas, se las dieron a los campesinos con titulos de propiedad. Ahora me doy cuenta que Velazco estaba en panales comparado con Fidel y chavez.

  • Lilian dice:

    Una pena que no esté en amazon.com o en librerias. Los gastos de envio fuera de España son prohibitivos.

  • Iskan el Cubano dice:

    Quizás lea el libro por el morbo de ver escrito un relato sobre la vida que se daba/da la clase dirigente en Cuba y no porque aun no lo conociera, pues tuve el dudoso privilegio de estudiar en una escuela donde yo era de los pocos de extracción obrero campesina y todavía recuerdo las narraciones de vacacione fabulosas en María la Gorda, los cayos, la ciénaga, yates, Europa, en fin, algo de lo que se lee en el fragmento…

    Pero, como soy bemba´é trapo, al ver este caso no puedo dejar de pensar en Del Pino, Norberto Fuentes, Alcibiades Hidalgo, hijos, familiares y cualquier ex -miembro de la élite que, una vez defenestrados o a punto de serlos, sufren una carambola ideológica, una conversión al vapor y terminan escribiendo libros, artículos e historias truculentas, convertidos en expertos en “aquello”.

    Nada, debe ser mi paranoia.

  • pedro pan dice:

    bueno, ?quienes iban de paseo al extranjero? ?los hijos de papa? o cualquier hijo de vecino? aclara eso Juan al cuadrado.

  • El Niño Atómico dice:

    Creo que a no ser que diga algo de los verdaderos misterios (Camilo, el 26 de julio, el 13 de marzo o la traición de Humboldt 7, por ejemplo), todo esto lo sabemos. Por eso es que no está preso.

  • Raskolnikov dice:

    Me pregunto por qué este señor no está preso, cuando dice mucho más en este libro que lo que dijo Pánfilo. Raro, ¿no? Yo me quedo con Pánfilo. No necesitó escribir nada, lo dijo: ¡Jama y Libertad!