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Poco alpiste para tanta jaula

  • ago 25, 200920:35h
  • 1 comentarios

Crecen los rumores sobre la posible desaparición del sistema racionado de productos alimentarios. Entre el temor y la espera, algunos aseguran que para comienzos de 2010 ya la cuota de sal y azúcar serán historia pasada y que la liberalización de esos —y otros— alimentos, se nos viene encima. Quienes se asustan ante tal posibilidad no se imaginan una vida sin el subsidio del Estado, sin las muletas de lo subvencionado. Yo misma nací inscrita en una libreta donde se anotaba cada gramo de lo que debía llevarme a la boca. Si hubiera crecido sólo con lo reglamentado, tendría un cuerpo más enclenque del que exhibo ahora. Por suerte, la vida tiene mayor cantidad de opciones que las cuadrículas donde —cada mes— el bodeguero marca las mínimas raciones que nos tocan.
Un simple cálculo me lleva a pensar que si los 66 millones de libras de arroz que se distribuyen cada mes, por el racionamiento, fueran a parar al mercado libre, los precios de éste último bajarían. Se podría decidir entonces si en lugar del repetitivo cereal se compran papas o verduras y ya nadie exclamaría “me llevo todo lo que me dan a casa, antes que dejarlo en la bodega”. Además, no existiría la sensación de que nos regalan algo y sobre todo el sentimiento de culpa que nos impide protestar o criticar a quienes garantizan esas pequeñas porciones. El mercado racionado debería quedar para esos que padecen un impedimento físico, psíquico o han quedado desempleados. En fin, debe dirigirse a quienes necesiten de la seguridad social para sobrevivir.
Aunque la idea parece simple de decir, el cuello de botella de su aplicación es que los salarios siguen ajustados a los alimentos subvencionados de la “libreta” y carecen de objetividad ante los precios liberados. Decirle a una familia cubana que a partir de mañana no tendrá las limitadas cantidades y las dudosas calidades que recibe por la bodega, es serrucharle el pedazo de piso sobre el que está parada. El alpiste, además de restringido, es difícil de eliminar, pues erradicarlo sólo puedo hacerse una vez que se abran las puertas de la jaula. De ahí que la noticia que en realidad esperamos no es la del fin del racionamiento, sino la del cese de la minusvalía económica que nos obliga a él, de la expiración de una relación paternalista que nos mantiene como pichones dependientes y… hambrientos.

Yoani Sánchez
La Habana

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1 respuestas
Comentarios

  • mbtmiami dice:

    Hace 38 años que sali de Cuba y para sorpresa de los que lean este comentario la vida era igual entonces, fui parte de los primeros niños que vieron nacer la mentada libreta de racionamiento, tengo 56 años la descalabrada Revolucion Castrista llego al poder cuando solo tenia 5 años de edad y no he visto nigun cambio (positivo claro esta) desde entonces las nuevas generaciones siguen igual, hasta cuando? me pregunto muchas veces. Solo me resta decirle a Yoani que ella para mi es una herue no han podido callar sus teclas, es admirable todo una mambisa. Que Dios te bendiga Yoani Sanchez. Un saludo y abrazo caluroso desde Miami, FL “Sin Patria Pero sin AMO” Mayra