- jul 18, 2009 • 22:09h
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La gente humilde, envejecida o dejada sola en medio de la estampida, jóvenes de ropita hecha a mano con tela nacional, caras sin cámaras, los sin palabras ante los medios de prensa (les da miedo la prensa), los últimos fieles con fe de nuestra iglesita católica, los únicos capaces de llorar un viernes de julio a media mañana, llorar llorando y no con uno de esos simulacros de dolor discursivo racionalista, llorar a lágrima viva y con los cachetes colorados (como la antigua tierra cubana).
¿Qué hacíamos todos allí? Yo disparaba. Tiré más de mil fotos. 1959 o 2009 jpg’s de pequeño formato. Se me llenaba la tarjeta y tenía que borrar ipso facto las imágenes subexpuestas o sin mucho foco o quemadas o repetidas. Sé que fui mejor que todas las agencias especializadas. Lo vi todo, lo sentí todo dentro de mí: en los pómulos, en la garganta y debajo del esternón. Un alef somático y ciego del futuro cubano. Sentí infinita lástima e infinita conmiseración, sean o no sinónimos. Fui devoto, fui un sacerdote asesinado, fui hereje, fui dios, fui el verdugo del Padre Mariano. Me aparté de los reporteros y del ataúd. Busqué detalles olvidados dentro de la gran catedral asimétrica. Vi tanta gente linda y acobardada. Paladeé tantas canciones hermosas y lánguidas. Capté tantos labios moviéndose al mismo compás, en un murmullo secreto y sensual. Los amé a todos. Cándida y canibalescamente. Creo que estuve en trance. No me pregunten ahora en trance de qué.
El audio fallaba cada dos oraciones, personal pésimo o sutil sabotaje o qué sé yo. Algunas personas gritaron: “¡No se oye…!” y por instantes se rompía la magia del salón. Estábamos de tanto en tanto en un estadio, arena de gladiadores píos, en una tribuna abierta si no de reafirmación por lo menos de resurrección. Un tercio de todo lo dicho allí la audiencia se lo perdió. Acaso eran palabras para el resto del mundo, para los grandes órganos de micrófonos democrática y lujosamente logotipados. En fin.
Fui todos y fui ninguno, por supuesto, excepto el estilo sonriente del Cardenal. Anunció cosas muy serias a nombre de la policía cubana. Los criminales ya estaban confesos. Su lenguaje sacro no incluía piedad hacia los culpables, y yo intuí en esa rudeza un aplauso a priori para la aplicación de la pena máxima. Me asusté. También criticó las maniobras manipuladoras de la prensa internacional. Me asusté aún más. Lo siento, no pude evitarlo. Pero aquel hombre que hablaba desde el púlpito me transmitió el pálpito de una guerra inmanente inminente (incluso un guerra sancta en tiempos de paz, porque de todo soporta nuestra jerga politiforme).
Los fotógrafos profesionales hicieron zafra con la cara del Padre Mariano horizontal (uno se quejaba por lo bajo del reflejo en el vidrio que dificultaba su encuadre). Yo no me atreví a mirarlo. El director de Palabra Nueva, la revista de la Arquidiócesis de La Habana, se notaba en un puro nervio mientras toreaba la jauría mediática. Lo vi hacer varias fotos, pero en la distancia le salían bastante oscuras. No me atreví a darle algunos consejos comunes: usa las opciones manuales, abre el diafragma y sube la sensibilidad… En una de esas fue él quien se dirigió a mí: “Ningún fotógrafo del lado de acá”, y me señaló un cordón al borde de los asientos.
La muerte violenta me remite enseguida a los años noventa. No quiero recapitular. Hubo de todo. Asesinatos casi jugando, por tedio, por una moneda al azar, acaso por reflejo de la televisión. En masa, en privado. A la autoridad, al pueblo. En altamar, en la calle, en una guagua, en la cárcel, en bicicleta, en el aire. Provincianos serial-killers de pacotilla que se suicidaron sin que el director yanquifóbico Michael Moore los incluyese entre sus “estúpidos hombres blancos”.
Pensé que sería ideal no terminar aquella reunión allí. Podríamos sencillamente sentarnos a la orilla del mar, entre los Castillos de La Fuerza y de La Cabaña, como un gesto público contra la maldad colectivizada que rebota en las manifestaciones violentas de lo individual que, a su vez, culminó en el crimen de los dos sacerdotes cubanespañoles.
Respirar todos juntos el salitre y el exceso de radiación, ese sol venenoso que uno de estos veranos nos va a reventar en plena cara como una granada de fabricación doméstica. Hablar un poco, recuperar el habla secuestrada por décadas de monologuismo e introspección familiar. Decir sílabas, sólo sílabas, con una vocal sin demasiadas consonantes podría ser suficiente: “yaaaaaa”, por ejemplo.
No sé qué más. Tal vez darnos las manos como en el saludo formal de misa. Un abrazo tan cercano que nos permita descubrir que el Otro también es real. Que estamos aquí. Que sobrevivimos. Y entonces mirarnos a los ojos sin tanto deseoso culposo ni hipocresía ni pánico a la verdad y susurrar infinitamente un “síííííí”, por ejemplo. Una simple sílaba donde quepa todo el dolor disimulado por nuestra indolencia. Donde quepa todo un país en estado crítico pero ojalá que aún muy querible: una Cuba crasa disimulada por tantas tontas teorías sobre nuestra cubanidad.
Orlando Luis Pardo
La Habana





Magnifico Orlando, me llego al corazon! ahora falta que sea verdad , en tanta mentira rondante en Cuba, que cogieron al culpable?. No sera otro cuento mas, que nunca resolvamos? es mucha coincidencia, dos sacerdotes españoles muertos en tan poco tiempo. Que descansen en paz por la MIsericordia de Dios, Amen
Casi-o-oea Cuando dices Cuba te refieres a los hermanos Castro o al pueblo de Cuba-
Viva Cuba Libre
[...] que j’ai pu lire sur le Père Mariano a été écrit par Orlando Luis Pardo Lazo, à travers ce texte et ce reportage photos paru sur le blog d’Orlando de Voces [...]
Deben fusilar a los asesinos.
A qué tantos miramientos con vulgares criminales confesos.
¿A qué se le teme para fusilar bestias despiadadas? ¿ A la opinión pública mundial? Nada de eso. Crímenes impíos: fusilamientos ipso facto. Cuba debe mantener su sociedad limpia de esta canalla tóxica.
Un relato que me hace pensar. Saludos cordiales.
Cosas como estas nos hacen salir de nuestros huecos, nos hacen sentir el dolor colectivo que alivia un poco el nuestro. Muy bueno el reportaje.
Me conmovi. Me aprieta el corazon. LLoro. !Hasta Cuando ! ! Como me dueles Cuba….
Vivido. Lived. Deserva emprobamiento. Ahora, wassup con los parrocos asesinados? Por que tanto misterio?
Pero por fin, ¿Quién lo mato? Es cierto que fue una secta satánica. Dicen que van a derramar la sangre de cinco curas para conjurar cincuenta años de dictadura.
Sinceramente gracias OLP por tus palabras, magnificas, me conmovieron de verdad, pero no tienes ni idea de lo que hubiera encontrado y transcripto el mismísimo día que hemos encontrado muerto a nuestro cura aqui en Regla.
RIP Padre Mariano.
David Chapet.
Muy bueno Orlando. Creo que lo captaste todo y no necesariamente en la tarjeta digital de tu cámara.
Saludos,
MI
Querido Orlando,
Este texto te salió magnífico. ¿Sabes por qué?
Por que tiene pasión y tomas partido. Eso es esencial para escribir directo al corazón. Creo que esa es la única manera de escribir bien. El resto sólo son fuegos de artificio.
Conmovedor y fiel.