- jul 12, 2009 • 23:25h
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Fernando García, en La Vanguardia: “La crisis bloquea a Raúl Castro”. Copio y pego porque el artículo es sólo para suscriptores:
La crisis bloquea a Raúl Castro
El presidente cubano está volcado en la amplia remodelación de las estructuras y mecanismos del poder; una reestructuración que empezó en febrero de 2008 con un aumento de la cuota militar en el nuevo Consejo de Estado
FERNANDO GARCÍA | La Habana | 12/07/2009 | Actualizada a las 00:08h | Internacional
Cuba está amuermada. La crisis interna y la recesión global, agravadas por el efecto de los tres ciclones del año pasado, bloquean las grandes reformas económicas del Gobierno y las esperanzas de los cubanos. A punto de cumplirse tres años del retiro de Fidel por enfermedad y dos del anuncio de “cambios estructurales” por Raúl, las consignas de resistencia y ahorro desplazan los mensajes de confianza y éxito.
El presidente cubano está volcado, eso sí, en una amplia remodelación de las estructuras y mecanismos del poder; una reestructuración que empezó en febrero de 2008 con un aumento de la cuota militar dentro del nuevo Consejo de Estado; que siguió en marzo pasado con la destitución de una docena de miembros del Gobierno, incluidos los presuntos sucesores del castrismo, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, y que aún está por completar mediante un mayor adelgazamiento de la administración y la implantación de modos de gobierno más legalistas y menos arbitrarios.
Cuando el 2 de marzo explicó ante el Politburó del PC las deslealtades que le obligaban a expulsar a Lage y Roque –así como al ex secretario personal de Fidel, Carlos Valenciaga, al vicepresidente Otto Rivero y al jefe de Relaciones Internacionales del partido, Fernando Remírez–, Raúl Castro apuntó y empezó a poner en práctica algunos cambios sustanciales en la política doméstica: uno, se acabaron las carreras meteóricas de los “dirigentes probeta” que, como los fulminados aquel día, saltaban a las más altas puestos responsabilidades desde puestos destacados en la Juventud Comunista; dos, las órdenes y decisiones de los dirigentes deben basarse en la Ley, no en las órdenes u “orientaciones” de más arriba; tres, hay que ordenar y completar las leyes para saber a qué atenerse. Se trata de institucionalizar la política.
Tales cambios son de calado, pero de efecto lento. Lo mismo que el reparto de tierras, la adecuación de los salarios a la productividad y las recientes decisiones de legalizar el pluriempleo y subir el sueldo a los maestros.
Tal como destacan todos los analistas, el desfavorable contexto externo, con Venezuela sufriendo a tope la bajada del petróleo, así como la propia penuria financiera de Cuba, la corrupción y las inercias burocráticas frenan y amenazan unos planes que en definitiva se ven cortos.
Los empresarios extranjeros y algunos profesionales cubanos claman por más reformas: algunas prometidas hace largo tiempo, como la unificación de las dos monedas y la reducción de los subsidios en pro de una economía más moderna; otras más peliagudas políticamente pero cruciales, como la atracción de más inversiones extranjeras y la legalización de los negocios privados. Un artista local decía ayer con gracia: “Ahora que los cubanos esperábamos probar un poco del capitalismo, va el capitalismo y se jode. A este paso, cuando nos decidamos ya no quedará nada”.
La posibilidad de inocular ese poco de capitalismo o bien reducir el estatalismo de la economía, sin renunciar al socialismo, está en el centro del debate interno y puede explicar el retraso del Sexto Congreso del PCC, que Raúl Castro anunció para el último trimestre del año pero ya es muy difícil preparar para entonces.
Todo, no sólo el congreso, parece retrasarse a causa de esos debates y de la situación económica. Una crisis que a duras penas se va sorteando mediante draconianos límites en el gasto; dilaciones en los pagos y transferencias al exterior, y, ante todo, mediante unas duras medidas de ahorro energético que la población está pagando con millones de litros de sudor. Y los apagones –ahora circunscritos a los centros de trabajo– pueden ir a más, se avisa. En la isla no se ven protestas públicas, más allá de puntuales desahogos, pero tampoco se palpan las esperanzas de hace un par de años. El tiempo pasa y los cambios no se notan. Hay mucho calor y bastante muermo.




[...] ilusoria, ha quedado saciado. En su lugar ha llegado la época del “muermo político”, como señalaba agudamente un corresponsal en La Habana. Sigue la represión política, la economía se contrae, no [...]