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Racionamiento versus raciocinio

  • jun 08, 200910:17h
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Aunque no ha sido difundido oficialmente, fuentes vinculadas al comercio interior confirman los rumores acerca de un nuevo racionamiento de los ya muy racionados alimentos de la “canasta básica subsidiada”. Según la información, que se propaga rápidamente de boca en boca, asistiremos a una nueva contracción de una cartilla cada vez más desabastecida. Así, se dice, desaparecerán los escasos productos “adicionales” que se venían distribuyendo, como las pastas (espaguetis y/o macarrones), las galletas de sal y las dos libras “extra” de arroz “por consumidor” que —a un precio de 90 centavos cada una— se habían venido entregando mensualmente.

Los granos, sean frijoles o chícharos, corresponderán a 10 onzas per cápita. Igualmente se distribuirá una libra de pollo mensual solamente a los niños y a los ancianos. A las personas comprendidas entre los 13 y los 65 años se les destinará picadillo de soya y/o mortadella. Todos —niños y adultos de cualquier edad— recibiremos una asignación, mínima pero regular, de tilapia. La distribución de los productos cárnicos, claro está, se realizará (me encanta la frase que sigue) “en dependencia de las disponibilidades”. Se especula también acerca de otro posible recorte en la asignación de huevos hasta quedar en solo cinco por persona cada mes. Es preciso aclarar que la referencia anterior sólo se aplica a la ciudad de La Habana, provincia privilegiada con los mayores beneficios de la generosa cartilla.

En medio de las informaciones y de las conjeturas que se mueven a partir de ellas, me viene a la memoria el preclaro Pánfilo, protagonista de un brevísimo pero espectacular video que recientemente ha dado la vuelta al mundo, y percibo la necesidad de revalidar su sonado y corto estrellato. Cuando tan esclarecido borracho del Vedado plantó bandera ante la cámara, arrebatando un espacio que no le estaba destinado, no sabía —y tampoco nosotros— que estábamos por perder incluso el dudoso derecho a comer “pollo viejo” hasta en su estado embrionario. ¿Quién nos iba a decir apenas unas semanas atrás, atrevido Pánfilo, que tu etílico y valiente raciocinio sería tan prontamente superado por una miseria mayor que la que denunciaste entonces?

Miriam Celaya
La Habana

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