- jun 02, 2009 • 11:02h
- 11 comentarios
Después de unos cuantos presidentes de derechas, procedentes de un partido que nació como extrema derecha para acabar abarcando el centro político, en El Salvador ha llegado al poder un político de izquierdas al frente un partido que conserva toda la parafernalia de la extrema izquierda. Pero Mauricio Funes no va a poder gobernar como si fuera Castro, ni tan siquiera como si fuera Chávez.
Uno de los grandes problemas de El Salvador son los tópicos, la repetición de lugares comunes como si fueran verdades. Ni el partido que ha perdido las elecciones era ya de extrema derecha (aunque hubiera nacido como tal), ni el partido que las ha ganado va a poder gobernar como un partido castrista, porque para gobernar como Castro hay que poder conquistar el poder como él, por las armas y no con los votos. El candidato del FLMN tendrá que compartir el poder con un Parlamento activo donde sus enemigos de ayer, sus rivales de hoy, están bien representados y son la mayoría.
Aunque para la prensa española ARENA siga siendo el partido del Mayor D’Aubuisson, éste lleva años muerto y antes de morir ya no era el mismo líder carismático que se alzó en armas. La gente fuera de El Salvador lo olvida, pero ARENA llegó al poder electoralmente varias veces, y sus resultados rara vez fueron cuestionados. Desde la autoridad que le daba ser férreamente anticomunista, D’Aubuisson llevó a cabo un proceso de paz con la guerrilla que acabó con los guerrilleros instalados en una oposición civil, sentados en el Parlamento, abriendo negocios en las calles e intercambiando ideas (y a veces insultos) en vez de balas con el poder… Ambos bandos supieron ceder. Reconozcamos a ambos ese mérito, pero recordemos que tras el fracaso de la última ofensiva guerrillera —en 1991 si no me falla la memoria—, la derecha podría haber impuesto condiciones más estrictas para la reintegración de la guerrilla a la vida civil.
El FMLN, que nació como fusión de distintos grupos armados y civiles, fue una de las guerrillas más sofisticadas de Centroamérica y fracasó como proyecto civil durante muchos años. Dieciocho años después de su última ofensiva guerrillera, ha llegado al poder; pero para hacerlo ha debido pacificar su lenguaje, escoger un líder que no estuvo en la guerrilla, que podía hablar a las clases profesionales y que hace aún nueve meses ni siquiera era miembro del partido. Funes es un viejo izquierdista pero también un viejo civilista que está más cerca de Lula que de Chavez, y que no desea alarmar a una clase profesional que está entre las mejor preparadas de Centroamérica. Tal vez aparezcan voces diciendo que es un Kerensky, y tesis conspirativas diciendo que los comandantes lo van a manipular, pero precisamente porque ha llegado al poder de forma electoral, porque desea ser respetable, porque quiere gobernar y sabe que podrá hacerlo si colabora con el Parlamento, porque no tiene detrás una guerrilla, que fue desarmada hace años y ha engordado en el llano, ni tampoco un ejército como Chávez, Funes querrá ser eso: un presidente respetable.
En El Salvador se ha producido algo que debería ser más común en Latinoamérica. Un gobierno ha convocado en su plazo legal elecciones, un candidato oficial ha perdido y ha reconocido su fracaso, ofreciendose a colaborar con el nuevo presidente; un civil ha llegado al poder sin efusión de sangre y una guerrilla que en tiempos fue parte castrista, parte guevarista, parte comunista ortodoxa, se ha reconvertido en un partido que tiene, tanto si le gusta como si no —y creo que les gustará— que gestionar civilmente una sociedad civil. Dos partidos se han enfrentado electoralmente y han rebajado sus demagogias para centrarse en los problemas reales del país.
¿Puede hablarse de un triunfo castrista, porque los ganadores sean de izquierdas? No, por las formas… el triunfo de una ofensiva guerrillera, el poder total, la entrada de los guerrilleros barbudos en San Salvador, como antes en La Habana o en Managua, hubiera sido un triunfo castrista… Tampoco por los resultados, ya que el ganador tendrá que compartir el poder. El relevo del poder ha sido una fiesta cívica a la que han acudido hasta los viejos rivales pasados del poder a la oposición. Pero también han faltado algunas caras. Tal vez porque no son muy amigos de las fiestas cívicas, ni Chávez ni Evo estuvieron allí.
Juan Carlos Castillón
Barcelona
Foto: Jose Cabezas / AFP/Getty Images
PD: Juan Carlos Castillón estuvo en El Salvador a principios de los ochenta y vio de cerca la creación de ARENA y su primera campaña electoral.





Yo creo que Mauricio Funes es un buen hombre y que esta mejorando el país.En América hay dos izquierdas: la pragmática y racionalista de Lula en Brasil,Vazquez y Mújica en Uruguay,Nestor Kirchner en Argentina,Lagos y Bachelet en Chile,Lugo en Paraguay y Funes en El Salvador y otra maximalista y radical representada por Chavez, Morales,Correa y Ortega.No metamos a todos en el mismo saco.
Convincente y muy buen enfoque de Castillon, como siempre suele hacer. Concuerdo con la primera entrada de Tellechea, que el apoyo Eisenhower-New York Times envio un mensaje contundente para darle el triunfo decisivo a la guerrilla armada. Vale decir que el trato positivo dado a los Comunistas cubanos por Batista en la efervescencia de la Guerra Fria influyo al 5to piso del State Department para convencer a Eisenhower del embargo de armas a Batista.
Anonino,
y usted esperaba que hiciera algo diferente? desde luego que toda la culpa seria de los antiguos gobernantes. No es asi como gobiernan todos estos izquierdosos?
La culpa de todo es de ellos los enemigos que no son de la izquierda. Ahora este Sr. le achacara la culpa de todos los males de El Salvador a los antiguos gobernantes de derecha, y todas la cosas buenas seran lo que han hecho los lideres de la izquierda. Por que habria de sorprendernos tales declaraciones ? No es este un mienbro de los comunistas? Y ademas comentarista de CNN.
Lo primero que hizo este elegido izquierdista fue a acusar a sus antecesores de corruptos, la misma cartilla de los izquierdosos.
Parece una persona honesta. Tal vez por eso no se aparecieron los populistas y demagogos del área. Ojalá pueda demostrarlo y los salvadoreños progresen en calidad de vida.
Y una de sus primeras decisiones sera establecer las relaciones comerciales y diplomaticas con la tirania cubana.
Despues ya sabmos, ira a Cuba a retratarse con el tirano sonriente y discutir las realciones bilaterales con el hermanito heredero. Otra porqueria mas izquierdista de America Letrina.
Muy bueno el análisis de Juan Carlos Castillón. Esa es la mejor manera de enfocar el muy manipulado tema de las relaciones entre la Cuba del castrismo tardío y las nuevas izquierdas latinoamericanas. La mejor, entre otras cosas, porque es la que más molesta a la Habana.
Y la corbatica azul y blanca del niño también es muy patriótica. Sí, los marxistas y adictos de Fidel Castro, también son padres. En Cuba, próximamente, le pondrán el pañuelo de Pionero.
Magnífico análisis. Funes fue más un candidato de hastío cívico y descontento que de ideología y todo indica que va a gobernar como un prágmatico populista.
Ni por votos ni por armas: Fidel Castro llegó al poder como protegido de la Casa Blanca y The New York Times. Las únicas armas que influyeron en esa victoria política (y no militar) fueron las que el gobierno de Eisenhower le incautó a Batista, la primera vez que los EE.UU. había declarado un embargo contra un gobierno con cual mantenía relaciones amistosas. Ese repudio público y notorio le dio a conocer tanto a Batista como al pueblo cubano que Fidel Castro contaba con el apoyo de Washington. Fue desde ese día que cobró fuerza la caravana castrista.
Lo más bonito es el tete del niño, que con su camisita blanca hace juego con la bandera.